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A F R I C A   D R E A M 

QUIÉNES SOMOS Y QUÉ
HACEMOS PARA MEJORAR
EL MUNDO

Somos una fundación que busca generar soluciones sustentables en África subsahariana con proyectos de voluntariado en las áreas de educación, salud, agronomía y más.

Nuestra misión es construir un África mejor, cooperando desde nuestras capacidades para mejorar la calidad de vida de nuestros hermanos africanos, a través del envío de capital humano para lograr nuestra misión.

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VOLUNTARIOS ENVIADOS

Nuestros voluntarios varían de todas las profesiones: médicos, agrónomos, enfermeras, educadores, sociólogos, Ingenieros, psicólogos, odontólogos, periodistas.

Números de PErsonas ACOMPAÑADAS en Africa

Nuestros proyectos se han visto reflejados en actividades y países distintos, así: Zambia, Sud- África, Mozambique, Kenia, Kenia.

Campañas de solidaridad Chile

Estas se desarrollan en la región del Bio-bio como en la Región metropolitana, hemos sido aporte en el área de educación como el área de la salud y agropecuria.

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¿Cómo? aportando mensualmente con dinero para poder llevar a cabo nuestros proyectos en África.

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NUESTROS VOLUNTARIOS

La selección de nuestros voluntarios se realiza a través del “cara a cara”, es decir somos una fundación que deseamos conocerles y que nos conozcan. Independiente de la profesión del candidato/a se privilegian los voluntariados donde nuestros voluntarios puedan ejercer su profesión, sin prejuicio que en ocasiones el entusiasmo por esta experiencia de vida de mutuo acuerdo se puede ir algún proyecto donde se sienta parte e integrado.

Nuestros voluntarios además de enriquecerse en áfrica con la cultura, tradiciones, estilos de vida, se abren a una cosmovisión nueva que una vez en Chile son capaces de transmitir en todo ámbito donde se desarrollan siendo el voluntariado profesional un plus en su carrera cualquiera esta sea.

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GABRIEL MELO

Ingeniero Electrónico voluntario en Kenya desde Marzo 2019.

MARILUNA GUZMÁN

Agrónoma, voluntaria en Kenya desde Mayo 2019.

KARLA JIMÉNEZ

Ingeniero Civil voluntaria en Eswatini desde Agosto 2019.

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NUESTRAS ÚLTIMAS NOTICIAS

También África…

Rodrigo Mercado Director Ejecutivo Africa Dream A veces nos sucede que, al retroceder en el tiempo, al analizar los recuerdos,…

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Primeros pasos en Sichili

Con el objetivo de acompañarla en el proceso de adaptación a la cultura africana, la fundación decidió darle la oportunidad a Belén de vivir durante un mes en el convento de nuestro partner local en Sichili. Dentro de unos días, Belén  deberá mudarse a la casa de voluntariado, donde comenzará una nueva etapa. Pese a esto, los días que ha vivido en el convento le han dado la oportunidad de conocer personas acogedoras y compartir con ellas tanto su cultura como sus tradiciones.

Ésta es la carta que nos escribe a un mes de su llegada a África:

“Ha pasado poco más de un mes y continúa mi aventura. Ya cumplo cuatro semanas desde que pisé África por primera vez, tres semanas desde que llegué a Sichili, dos desde que comencé a vivir en un convento donde todos los días te levantas a las 5 am y te acuestas a las 21 pm, y siete días desde que pude participar de mi primera cesárea aquí.

“El cambio es duro, difícil, sobre todo para uno que ha vivido a cuesta de su familia. Sin embargo, cada día, por muy difícil que sea, es una oportunidad de probarte lo capaz que eres de hacer muchas cosas que no te hubieras imaginado si no lo hubieras intentado. Eres capaz de vivir sola, capaz de cuidar de otros, capaz de cuidar de ti.

“Hasta ahora no solo he podido ver un pedacito de la cultura zambiana, la que no deja de sorprenderme, sino que también he tenido la fortuna de compartir y aprender parte de la cultura hindú. He comido con la mano, compartido misas eternas, he cocinado y comido comidas muy picantes, pero sobre todo he recibido mucho afecto y preocupación por quienes me recibieron estas semanas en el convento.

“Por ahora no tengo más que agradecer esta linda oportunidad y continuar intentando aportar un granito de arena a esta pequeña comunidad escondida en el centro-sur de Africa”.

Claudia Belén Caballero
Médico voluntaria Africa Dream

¿Continentes disímiles?

Janet Spröhnle
Directora Fundación Africa Dream

Me comprometí a escribir la editorial de este mes… y me ha costado. Ocurre que recorro y conozco Japón, una cultura tan fuerte, profunda y ancestral que desafía a pensar en África: la pequeñez del mundo no se condice con la  infinita variedad y diversidad de culturas y realidades que habitan en él.

Japón, un país que como el ave fénix, después de su debacle en la Segunda Guerra Mundial, se levanta en solitario e inicia un desarrollo inimaginable. Sin embargo, ese increíble desarrollo y vanguardia no le hace perder de vista sus ancestros, sus orígenes y sus ancestrales tradiciones. ¡Qué contraste con la precariedad de desarrollo de África subsahariana!, donde día a día llegan millones de euros y otras monedas, y todo se esfuma, como si tiráramos pétalos de cerezos en el torrente de un rabioso río.

Aquí la educación, el respeto, la salud, los valores, la confianza, la belleza y la limpieza son bienes sagrados. Quizás el hecho de que se levantaron autónomamente, sin intervención ni el poder de terceros, explica su avance. África, en cambio, al ser tan explotada por otros, con poderes tan corruptos y con grandes riquezas que son sólo para algunos, más bien intenta sobrevivir y, lo más triste, hasta sus creencias y tradiciones se borran o se extinguen.

Por eso existimos como Africa Dream, un sueño para este vapuleado continente.

Buscamos Voluntarios

En Africa Dream buscamos a los próximos voluntarios que partirán en octubre 2018 a trabajar en la localidad de Sichili, Zambia.

Si eres ingeniero o técnico agrónomo y estás interesado en vivir una experiencia que te cambiará la vida, postula hoy llenando nuestro formulario web.

Requisitos generales:

  • Contar con pasaporte vigente.
  • Tener disponibilidad para vivir desde 11 meses a 1 año en África. Dependiendo del tipo, de visa que se adquiera y ticket aéreo.
  • Recomendable tener alguna experiencia en voluntariado.
  • Manejo de inglés nivel intermedio/avanzado.

Aporte del Voluntario:

  • Costeo de su ticket ida y regreso al lugar de destino.
  • Medicamentos en Profilaxis
  • Examen de Ingles si lo requiere la autoridad local
  • Vacaciones locales

 Fundación Africa Dream costea:

  • Alojamiento en instalaciones de la Fundación
  • Manutención mensual
  • Traslados entre las zonas del voluntariado, asociadas a actividades de la fundación
  • Visa
  • Perfeccionamiento de inglés en Chile
  • Vacunas solicitadas para viajar

Habilidades generales del voluntario:

  • Capacidad de adaptarse a distintos escenarios de trabajo.
  • Seguimiento de proyectos.
  • Manejo básico de estadística.
  • Proactivo, autónomo e innovador.
  • Liderazgo de grupos.
  • Capacidad para trabajar y tomar decisiones en conjunto con la comunidad, y  en beneficio de sus integrantes.
  • Tolerancia para convivir con otros voluntarios.
  • Capacidad para trabajar en terreno con condiciones adversas.
  • Tolerancia a la frustración.
  • Capacidad de inclusión, reconocimiento y validación frente a distintas culturas y religiones.

Agrónomo Actividades:

  1. Producción de hortalizas.
  2. Producción de cereales.
  3. Clases y talleres prácticos.
  4. Visitas e instrucción a agricultores de la zona. (aldeas)
  5. Formación e instrucción de técnicos líderes locales.

Conocimientos requeridos:

  1. Nutrición vegetal y animal.
  2. Manejo fitosanitario.
  3. Compostaje.
  4. Técnicas de producción orgánica.
  5. Riego.
  6. Buen manejo de presupuestos e informes.

Diversidad más allá de género…

Viviana Zambrano Perroni
Directora Africa Dream

Este mes con motivo de la Conmemoración del Día Internacional de la Mujer, hemos visto en los medios muchas notas evidenciando brechas y reforzando el sentido de urgencia por acciones que aceleren un entorno con real valoración de la diversidad. Como directora del Capítulo Chileno de Capitalismo Consciente me pareció un momento oportuno para compartir en primera persona cómo puede ser trabajar en diversidad e inclusión.

¿Por qué hablar de diversidad desde la mirada de Empresas Conscientes? Porque es muy difícil pensar que se puede dar vida a una empresa consciente si uno no es consciente de sus propias restricciones, de los filtros que operan en nuestra manera de ser parte de las empresas sin nosotros darnos cuenta. Entones la reflexión que surge es, construir una Empresa Consciente requiere de personas que se hagan conscientes. Cuando se me presentó el desafío de liderar las temáticas de Diversidad en South Latin para Coca-Cola Company, lo primero que enfrenté fueron mis propios modelos mentales, tuve que “sentarme frente a ellos, observarlos” y tomar acción. No me sentía cómoda con un abordaje que pusiera sólo énfasis en las brechas de género. Prestando atención a lo que los empleados “decían y al cómo actuaban” cuando hablábamos de diversidad, nos dimos cuenta de que teníamos la oportunidad de aproximarnos de una manera diferente haciendo foco en la construcción de una Cultura de Diversidad e Inclusión en la que se valora el aporte singular. Operacionalizamos diversidad, evolucionando el concepto hacia la siguiente definición de trabajo: diversidad singular consiste en considerar a cada persona como un ser único e irrepetible (características invisibles) con un aporte propio, con competencias y motivaciones para actuar y con ciertas características visibles (género, raza, edad, religión, entre otras).

Desde ese momento a la fecha hemos creado un recorrido que ha implicado establecer líneas bases de conceptos, desarrollar habilidades para una adecuada gestión de la diversidad, evolucionar la diversidad singular hacia el protagonismo colaborativo y a potenciar la sinergia de miradas multigeneracionales en beneficio de los desafíos de negocios. Este es un recorrido que siempre abre nuevas oportunidades, ahora estamos con foco en tomar consciencia de lo que no vemos y se pone en acción cuando interactuamos con otros, los “unconscious bias” para impulsar un mundo más inclusivo. Es una invitación a reflexionar y preguntarse ¿qué ves cuando ves? ¿Verías diferente si te haces consciente de tus filtros?

La TV

Diana Vásquez
Agrónomo Voluntaria Africa Dream

Un viernes después del trabajo me dirijo a la casa de las hermanas que queda muy cerca de acá. Al llegar, advierto que la televisión está encendida y pregunto si la puedo apagar. Al recibir un sí, me dirijo hacia el aparato y ahí me paro en seco. En la pantalla se ve un hombre negro bailando en la ducha con un niño en un paisaje selvático idílico. Sonríen mientras se enjabonan eufóricamente con jabón Fa. Anuncios zambianos. Un grupo de colegiales se acerca por la calle con sándwiches untados en margarina BlueBand en la mano.

Zambia entra tan repentina e inesperadamente a esta casa hindú que me derrumbo en el sillón y me quedo mirando. La alegría en la pantalla me recuerda a los zambianos del día de la Independencia con sus bailes y hojas colgantes. Las tardes siguientes en Sichili me paso horas frente a ese televisor. Son horas instructivas en las que mis primeras impresiones de la selva se fueron ampliando y paulatinamente fueron adquiriendo perspectiva.

Ahora la pantalla está llena de hombres que bailan vestidos con pantalones y pareos de color verde chillón. Una sesión de animación del Ministerio de Gobierno. Cantan y se mecen como hierba al viento. En su ropa llevan impresa la efigie del presidente.

Y allí está el presidente en persona. El jefe de la nación. Su rostro con dientes grandes y cabeza tocada con gorro tradicional ha estado mirándome desde los carteles durante semanas enteras en el pueblo. En la pantalla es una personalidad imponente. Se dirige a su pueblo vestido con traje impecable, lleva en su mano un báculo tallado y después de su discurso lo levanta como si fuera una vara mágica e hiciera un conjuro. Pienso en la descripción que leí en A New King For Congo (1975 by V. S. Naipaul): “Cuando el guía supremo habla y coloca su báculo tallado en el suelo, el diálogo moderno se termina y entonces toma el mando el África de los antepasados […] Ha adoptado todas las posturas ideológicas y los fundamentos de su reinado no pueden ponerse en entredicho. Él gobierna, él es noble y al igual que un rey medieval es amado y temido a la vez…”. Cada vez que se emite un discurso el presidente arenga enardecido y a continuación, irrumpen estruendosos aplausos.

Una de esas tardes me encuentro con Sitali, el chico que ayuda a las hermanas a hacer el jardín. Ya nos conocemos desde antes, pero no hemos entablado conversación hasta ahora. Esa tarde, mientras me paseo por los shows de TV, Sitali quiere saber todo tipo de cosas. Se queda de pie junto al sillón con sus chanclas de plástico rosado en la mano. “¡Qué suerte tienen los chilenos!”, dice, “de tener un gobierno que les pague los viajes”. A él también le gustaría ir a Sudamérica, pero “¿quién va a pagarle el viaje?”. Le miro sorprendida y respondo: “¿Quién te ha dicho que yo trabaje para el Gobierno?”, y él contesta: “Pues entonces, ¿para quién?”. Y digo: “Para una Fundación y para mí misma”.

Sitali no entiende nada, o mejor dicho, no cree nada. Entonces, ¿quién ha pagado mi pasaje? Es una pregunta que los zambianos me formulan con frecuencia. Entre su sueldo y el nuestro hay una diferencia abismal. Tanto que no logran imaginarse que podamos disponer de una sola vez de una cantidad que ellos reunirían en un año. ¡Y únicamente para ver a su país! Tiene que haber algo detrás.

Poco a poco he ido entendiendo por qué algunos habitantes interpretan tan equivocadamente mi visita. No pueden comprender que haya venido desde tan lejos sólo para enseñarles a plantar. Para poder pagar esta travesía debía ser muy solvente, así que también tendría dinero para llevar a cabo alguna otra gran labor que se me hubiesen encomendado.

Sitali intentará en varias ocasiones calcular mi patrimonio. “¿No me podría pagar un pasaje a Chile?”, me pregunta un día y me río. Le digo que no tengo dinero. Entonces me hace una propuesta más modesta: “¿Y un televisor en color?”. Cuando también rechazo esa propuesta hace su puja más baja: “¿No es que en Chile hay muy buen vino? A todos aquí nos gusta mucho el vino. A mi padre, en particular, que ya está muy enfermo. Quizá podría traerme una botella la próxima vez”. En esta ocasión, ha ganado. Prometí traerle un vino la próxima vez.

Sigo viendo tele. Comienza el horario de telenovelas sobreactuadas y las hermanas se sientan alrededor a traducirme el argumento. Todo lo que prosigue está lleno de magia; lo de la puerta que le da los rayos de sol y los protagonistas brillan por segundos… sin verse, todo es más cursi de lo necesario, lleno de momentos extendidos, colores y planos repetidos donde la cámara va de un lado a otro mostrando el rostro de los personajes mientras la música acompaña in crescendo. Premisas que se asientan en la tradición del matrimonio por arreglo para que funcione, no deja dudas de los hindús son los maestros de las historias de amor.

Bien por un lado, porque aquí son grito y plata y están por todas las televisiones de los mercados. Además, son una manera de contar historias divertidas y sacarlos al lujo y la fantasía; historias necesarias acá de esas que a todas luces, no podrían ser tomadas en serio.

Un acuerdo mundial para erradicar la pobreza

Agustín Riesco
Director Fundación Africa Dream

Naciones Unidas (ONU) viene liderando visiblemente la lucha contra la pobreza hace muchos años. Al menos en este siglo, primero, entre 2000 y 2015, a través de los Objetivos del Milenio (ODM) y ahora con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS, 2015-2030), que son un llamado universal a la adopción de medidas para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad”. En palabras simples, es un ambicioso acuerdo entre los países, las grandes corporaciones y la sociedad civil con una clara agenda que plantea 17 Objetivos con 169 metas de “carácter integrado e indivisible” en los tres ámbitos que definen la sustentabilidad: económica, social y ambiental.

La primera y principal meta es poner fin a la pobreza en el mundo, sin embargo, también se encarga de otros puntos relevantes como erradicar el hambre y lograr la seguridad alimentaria; garantizar una vida sana y una educación de calidad; lograr la igualdad de género; asegurar el acceso al agua y la energía; promover el crecimiento económico sostenido; adoptar medidas urgentes contra el cambio climático; promover la paz y facilitar el acceso a la justicia.

A mi juicio, lo más valioso es que por primera vez todas las entidades que tienen injerencia en las soluciones a las problemáticas sobre la sostenibilidad en todas sus dimensiones, se pusieron de acuerdo en metas medibles y que serán sometidas al escrutinio público y donde todos podremos mirar y evaluar el desempeño no sólo de las naciones, sino que también de empresas y grandes corporaciones que hoy están “migrando” de alguna manera de un enfoque asistencialista y basado en relaciones transaccionales a una relación enfocada en el desarrollo humano y social, incorporando dentro de sus metas los mismos indicadores que los propios gobiernos han establecido para cada una de las metas.

Dentro de esa misma línea, las organizaciones de la sociedad civil también tenemos una hoja de ruta clara en donde podemos hacer un aporte real, tangible y medible; que vaya más allá de las legítimas buenas intenciones que emanen de una misión o visión de una organización y ponga como foco el aporte a alguna de las 169 metas establecidas.

Nosotros, como Africa Dream, nos comprometemos a trabajar incansablemente y poner nuestro grano de arena para que al 2030 erradiquemos la pobreza a nivel mundial. En eso hemos estado desde que comenzamos, e incluso nuestro proyecto agrícola en Zambia nace, en primer lugar, de una necesidad de la comunidad, pero apalancado por los ODS. Hoy, con más experiencia y madurez en el cuerpo, tenemos una ruta clara y nos comprometemos a ser agentes relevantes de cambio para lograr los objetivos de desarrollo sostenible al 2030.

Lo que realmente nos importa

Nicolás Fuenzalida Plaza
Director, Fundación Africa Dream

 

¿Por qué nos importa?

¿Por qué desde Chile gastamos tiempo, esfuerzo, dinero, redes y energía en ayudar a comunidades que están a más de 10.000 kilómetros de distancia en un continente que se ha caracterizado en las últimas décadas por continuar rotando en círculos viciosos de pobreza, exclusión y corrupción que deja infértil a casi cualquier tipo de ayuda humanitaria?

Podríamos quizás hacer un compendio de estudios que demuestren empíricamente por qué la cooperación para el desarrollo es una de las formas más sostenibles en cuanto a erradicar la pobreza. O quizás podríamos hablar de los puntos en común que tienen África y Sudamérica, de cómo compartimos una historia común y de cómo deberíamos tener un sentido de responsabilidad mutua, una empatía natural hacia todos los pueblos colonizados como fuimos nosotros.

Pero la verdad no está ahí la base de nuestra obsesión y búsqueda permanente.

Todas nuestras fuerzas las sacamos de lo que hemos visto y oído, con nuestros propios ojos, o por lo que otros han traído: por la constante búsqueda de ayuda permanente de sister Nimmi en Sichili; por la historia de superación de Nyiko en Malamulele, “el próximo Mandela”, en las palabras de nuestra Natalia; en la lucha de Silas, trabajando 24/7 por sacar adelante a su familia y comunidad en Kisumu; y por las tantas historias y vidas que cada uno de nuestros voluntarios ha tocado.

En ellos hemos vuelto a ver y oír.

Así, no son las estadísticas ni las grandes políticas de desarrollo global las razones que realmente nos mueven. Son el testimonio y los rostros de todos aquellos que han sido testigos del África que amamos.

Por ellos es que nos debemos la tarea de seguir reinventándonos, buscando con tozudez nuevas formas de llevar al continente personas que se atrevan a ir más allá, que quieran también reinventarse, buscar, equivocarse, rearmarse y volver a intentarlo.

Son aquellos rostros a quienes les debemos la tarea de seguir intentándolo.
No nos detendremos.

Ciudadana del mundo

Por Diana Vásquez, voluntaria agrónoma

Sichili, Zambia, 2018.

Fundación Africa Dream

 

Desde que era muy joven he viajado sola. He visitado varios países europeos y americanos, y siempre siento esa emoción en el estómago cuando me veo en camino. Pero en medio de mi enamoramiento con el planeta, me intrigaba muchísimo un rincón: África. El África subsahariana. Imponente, complicada, remota.

Siempre creí que era un destino para viajeros veteranos y que aún debían pasar muchos años hasta verme allí pero, como suele ocurrir con los acontecimientos que marcan nuestra vida, eso cambió de repente. Por cosas del destino, una mañana de Junio aterricé en Livingstone, Zambia, con la única compañía de una maleta llena de trastos y algo de miedo. Confieso que pasé un mes completamente desorientada en el país, que me acogió con los brazos abiertos e hizo que naciera en mí el gustito por seguir conociendo el continente. No soy para nada una voz autorizada para contar cómo es África, pues aún me queda casi todo por descubrir, pero esa idea, lejos de desanimarme, me emociona muchísimo. Es como abrir una caja llena de sorpresas que nunca se vacía por muchas que hayas sacado.

A medida que pasa el tiempo, me encuentro a más y más personas que me preguntan con extrañeza por qué viajé para allá. Que si eso es seguro, que qué se me ha perdido… Hay muchas razones o, más bien, excusas. Porque el único y verdadero motivo es que me gusta y me contenta estar aquí, con su gente en lo mío. Sé que no a muchos se les pasa por la cabeza venir a África, pero si está planteando dar un salto y tienes dudas, espero que estos argumentos sobre por qué debieras venir alguna vez te ayuden a decidir.

  1. No te debe dar miedo:Es, sin duda, la madre de todas las preguntas que me hacen. Que si no es peligroso y que si no cogeré ninguna enfermedad. Creo que decir que ir a África es arriesgado supone generalizar demasiado. Obviamente, no voy a animar a nadie que se meta en un país en guerra como Sudán del Sur o en uno que sufra una epidemia como el ébola. Pero hay infinidad de lugares totalmente pacíficos. Yo he viajado acompañada y sola, y en ningún momento he tenido ni el más mínimo problema. Muy al contrario, me he topado con gente muy amable. Por supuesto que hay gente cretina, pero como en todo el globo. África, por ser África, no se debe desechar como destino por una cuestión de seguridad. Y por si no me creen, he aquí un dato: en la lista más reciente de las 50 ciudades más peligrosas del mundo sólo figuran cuatro africanas.
  2. Porque no es tan complicado. Uno de mis miedos antes de plantearme venir a Zambia por primera vez era verme en medio de la nada sin acceso a servicios básicos, a comida, a agua, a transporte, a dinero… Ya puedo decir que esto no es un problema. Es obvio que hay que mirar bien dónde va uno y que no es lo mismo plantarte en un pueblo perdido en la estepa zambiana que a la concurrida costa de CapeTown, donde hay wifi hasta en las palmeras. Hoy en día la mayoría de países africanos poseen todo tipo de comodidades y ofertas turísticas interesantes. Es fácil sacar dinero de cajeros, encontrar transporte público o privado que te lleve de un sitio a otro, internet y teléfono, hoteles buenos y excursiones organizadas.
  3. Porque es alucinante sentirse en otra dimensión. Me encanta fijarme en tendencias nuevas y aprender, porque odio eso de que solo el Norte enseña cosas a el Sur cuando esto en realidad es completamente bidireccional. En el Sur, aún lo tengo todo por descubrir. En Zambia todo es nuevo a mis ojos todo es tan diferente que me siento en otro en otro planeta, y eso es fascinante. Los olores, los paisajes, las ciudades, los idiomas, la ropa, las comidas… hasta la luz es distinta.
  4. Porque amo la naturaleza, la vida rural y la soledad:El mundo entero tiene rincones preciosos pero la naturaleza africana es cautivante. No he dormido bajo cielos más estrellados ni he visto más animales salvajes en libertad que allí. No he conocido atardeceres más espectaculares ni he probado una vida rural tan auténtica, con todas sus cosas buenas y malas.
  5. Porque me ayuda a no convertirme en una floja: En algunos lugares donde he estado no he tenido un váter sino un agujero en el suelo, no he tenido agua corriente y me he duchado tirándome cubetas de agua por encima. No he tenido luz y la comida no me gustaba mucho… También me ha ocurrido que el calor era asfixiante, y que debo que caminar mucho para ir a cualquier lado, o que el transporte era muy sucio e incómodo… o que no comprendo en qué idioma me hablan porque hay lugares donde no se habla ni inglés. En estos casos, se recurre al universal lenguaje de signos y, con un poco de buena voluntad por ambas partes, una llega a donde quiere. En definitiva, mil situaciones que me ponen a prueba física y psicológicamente y que me obligan a salir de la zona de confort y ayudan a que no me acomode demasiado.
  6. Porque me pone en mi lugar: Cuando te vas tan lejos de casa y te rodeas de personas tan diferentes a ti, con otras prioridades, rutinas y formas de vida, te das cuenta de que lo que hasta ese momento te parecía importantísimo es, en realidad, una tontera, como una mota de polvo en el universo. Esta es una buena medicina para salir del egocentrismo que nos gobierna sin que nos demos cuenta. Hay vida más allá de nuestros problemas o de las noticias de la portada del diario. Y aunque existen miles de realidades diferentes en el continente, no deja de ser cierto que la pobreza está a la orden del día, y que en este tiempo a veces he sido testigo de situaciones durísimas que me han hecho valorar la suerte que he tenido por nacer en un país sin guerra, por haber podido ir al colegio, porque hasta hoy he comido todos los días y porque no he perdido a un ser querido por una enfermedad fácilmente tratable. Ojo, yo no estoy diciendo que haya que ir a África a observar la desgracia ajena con ese paternalismo asqueroso que no hace ningún bien a nadie. Digo que te la vas encontrar por el camino en algún momento y que, tanto si te gusta como si no, te va a hacer reflexionar mucho. En mi caso, ha hecho que reordene mi escala de prioridades, que me queje menos y me sienta más agradecida por la vida que me ha tocado vivir. Somos ciudadanos de un mundo globalizado y no nos hará mal mirar más allá de nuestras narices.

Por eso aunque África se vea como una tierra remota, insondable y complicada, una vez que la pruebas, te atrapa. Y ya nunca más quieres salir de ella.

Editorial: Transiciones

Por Rodrigo Mercado

Director Ejecutivo Fundación Africa Dream

Todas las transiciones se pueden interpretar como oportunidades esperanzadoras. Sin lugar a dudas conllevan un “re-ajuste” de la situación, ya sea personal o institucional, trayendo consigo   reconocimientos y a la vez miradas nuevas de actuar. Las transiciones nos  arrojan  a un nuevo escenario nos vamos adecuando y reconfigurando.

Hay transiciones necesarias, como por ejemplo, la de un país con 16.5 millones de habitantes donde el 21% de la población vive con menos de 2 USD dólares al día y que ha sido liderado por el político más longevo del mundo (Robert Mugabe, 93 años), quien gobernó dictatorialmente por más de 30 años la Republica de Rodesia ex colonia británica, hoy llamada Zimbabue.

Recuerdo mis viajes por Victoria Falls, Bulawayo y Harare en las dos etapas del país: en su tiempo glorioso donde el visitar era grato, económico, seguro y amigable y después de un par de años, recuerdo donde nos gritaban blanco “go home”, donde no nos vendían en los supermercados y hacíamos largas filas para comprar petróleo con los litros limitados para cruzar la frontera a Zambia. Después se experimentó la fuerte inflación (híper-inflación que llegó al 5.000%). Lo amigable se terminó, e ingresar a Zimbabue para el extranjero se complicó. Lo pude entender pues existía ese resentimiento contra el extranjero (no africano), ya que su experiencia era asociada a ser gobernados por una minoría (5% de la población).

Aunque el gobierno de Mugabe fue un símbolo de la independencia en sus inicios, este a la vez se vio lleno de corrupción, se habla de matanzas sanguinarias y de reformas agrarias que eran básicamente expropiaciones. La dimisión de Mugabe en noviembre del presente año (debido a la insurrección del pueblo), ofrece a Zimbabue la posibilidad de forjar un nuevo camino, es tiempo de esperanza y tiempo de transición.

Sin embargo, la transición debe ser acompañada, monitoreada, observada y bien conversada. Deben fijarse metas, tiempos y a la vez, se debe ir evaluando los pasos que se van dando. La transición es definitivamente un cambio. Las transiciones abarcan todo nuestro entorno, desde lo macro a lo micro. Desde lo político a lo personal. Son definitivamente oportunidades de mejoras para todos aquellos que se hacen parte de ésta.

Asumo la Dirección Ejecutiva de Africa Dream, reconociendo a todos los antecesores y a sus equipos que aportaron con distintas metas propuestas las cuales lograron con creces. La oportunidad que se me ofrece en esta nueva etapa es liderar una gestión expansiva, nuevas formas de hacer voluntariado y la sustentabilidad de la Fundación a través de nuevos socios y manteniendo informados a su vez a los ya existentes.

Es una oportunidad que nos tomará su tiempo, que se ira evaluando y que se medirá con la participación y aporte de todos Es un tiempo de esperanza, como lo es también para el bello país de ¡Zimbabue!

 

Mr. Situmbeko

Por Camila Durán, voluntaria médico Fundación Africa Dream.

Sichili, Zambia, África. 2017.

 

La prevalencia de enfermedades crónicas no transmisibles (como diabetes, hipertensión, etc.) versus la de las enfermedades infecciosas, es un indicador de salud que nos puede ayudar a catalogar el nivel de desarrollo de un país.

Aquí en Zambia, a diferencia de Chile, el número de pacientes diabéticos que me ha tocado tratar durante este año, se limita a los dedos de mis manos.

Muchos factores influyen para desarrollar esta enfermedad, uno de los más importantes es la calidad y cantidad de la alimentación.

La gente que atendemos en Sichili vive en el bush (que significa algo muy parecido a estar en las profundidades de una selva), lejos de la civilización, lejos de adquirir los alimentos en un supermercado. Aquí la gente debe cultivar su propio alimento. Es eso o nada. Su alimentación se centra en el maíz, que cuando lo muelen hacen una especie de pasta con agua que llaman Nshima. Esta es la base de su alimentación: en el desayuno comen “porish” que es Nshima pero con más agua, al almuerzo Nshima con vegetales y en la tarde, solo para los pudientes, cenan comiendo otra vez Nshima. De vez en cuando, y de nuevo, solo para los pudientes, le agregan un poco de proteínas a su dieta en forma de pollo, huevos o carne de soya.

Es por eso que ver a gente con sobrepeso es muy raro, por el contrario, casi todos nuestros pacientes son desnutridos. Por eso me llamó la atención un paciente: Mr. Situmbeko.

Mr. Situmbeko Imangolwa es un paciente de 70 años, un viejito de lo más tierno y simpático que hay. Llegó al hospital porque su diabetes estaba descompensada. Mr. Situmbeko tiene diabetes mellitus tipo 2 hace mucho tiempo, tanto tiempo, que no recuerda con exactitud cuándo empezó. Su control no ha sido el mejor, y ya vive con las malditas consecuencias de esta enfermedad: está ciego y prontamente sus riñones dejarán de funcionar.

El viejito vive muy lejos, y le es difícil venir a buscar sus medicamentos a Sichili. Viene de vez a cuando a retirarlos a la farmacia del hospital, pero si no puede venir, manda a alguien para que los retire en su nombre. Esta vez, nadie pudo conseguirle su tratamiento y se quedó sin medicinas por 5 días, razón por la cual su glicemia estaba por las nubes.

Durante su estancia hospitalaria lo acompaña Stima, su nieto de 11 años, que hace de cuidador (que es un tipo de técnico paramédico). Tener un cuidador para los hospitalizados es un requisito para ser ingresado, sin él, el paciente no tiene a nadie que lo alimente, lo lave o lo lleve al baño. En este caso, es Stima el que se hace cargo de su abuelo. Stima va en 6to grado, no habla inglés pero si se sabe los números. Es un niño tímido y amable, siempre lo vi sonriente, a pesar de estar cumpliendo una labor que no es de él. Rafael el enfermero está igual de sorprendido que yo al ver que ese pequeño niño es el cuidador. Me dice que en la ciudad está prohibido, niños no pueden ser cuidadores, ya que su lugar es en el colegio, aprendiendo, no cambiando pañales o lavando platos.

Luego de un par de exámenes me doy cuenta que Mr. Situmbeko no puede seguir con sus medicamentos por vía oral para tratar la diabetes, debe iniciar insulina para intentar controlar su enfermedad. Si ya es complicado iniciar insulina en Chile, imagínense aquí.

Luego de varias gestiones y conversaciones (donde de nuevo mis amigos de la ONG Kubuka me ayudaron desde Livingstone) pudimos conseguirnos la insulina y un glucómetro para el paciente. Pero lo difícil se vino después, intentar controlar la glicemia a un paciente en Sichili es un desafío inmenso (por no decir casi-imposible). A pesar de las mil y una explicaciones, dibujos, videos y fotos que le mostré al paciente y sus familiares, Mr. Situmbkeo seguía comiendo a deshoras, cuando le decía que debía comer un snack se comía no uno, sino cuatro mangos, y cuando le decía que debía comer en la noche, se acostaba sin haberlo hecho. A eso se le suma la labor de enfermería (crucial para el control de las glicemias y administrar la insulina), a pesar de dejar todo escrito en tablas (lo más simple y grande posible), al día siguiente, al ir a revisarlas, estaban incompletas o con información errónea.

Después de unos días, varios dolores de cabeza y muchas, muchas charlas educativas sobre la diabetes, por fin las glicemias mejoraron un poco. Cada logro se lo iba a contar a Mr. Situmbeko, pero luego de decirle las buenas noticias, una mañana me hace una pregunta que me deja descolocada: Doctora, ¿cómo es posible que si las glicemias están mejorando como dice, aún no logre ver ni un poquito de luz? Me quedé muda, nos miramos con Rafael el enfermero y me dice “parece que no le quedó claro eso”. Me acerco y le explico que las complicaciones de la diabetes no son reversibles, que la diabetes se llevó sus ojos, que ya no podemos hacer nada al respecto, pero que sí podemos evitar que se lleve otros órganos. Con su mirada perdida asiente y se queda mirando la nada en silencio.

Finalmente llegó el día. Mr. Situmbeko, Stima y sus hijos estaban muy felices y entusiasmados porque hoy volvían a su casa. Para mí no-agrado las glicemias no llegaron a los objetivos, pero por lo menos se acercaron a la meta (no se podía pedir más). Les explico a todos (de nuevo) todo lo de la diabetes y su tratamiento: cuántas rayitas de insulina poner, dónde inyectarlas, cuando no ponerla, cómo usar el glucómetro, dónde registrar las glicemias, etc.

Mr. Situmbeko

 

Cerca del medio día se van, pero antes nos tomamos una foto para el recuerdo. De izquierda a derecha: Rafael (enfermero), uno de sus hijos, yo, Mr. Situmbeko, Stima y Bridgit (enfermera).

Lo cité en 1 mes a control, justo antes de irme para siempre de Sichili. Espero con todas mis ganas ver buenos dulces resultados ese día.

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