Como Agrónomo sé que la mayoría de la gente no piensa en quedarse sin alimentos realmente hasta que se ven forzados a hacerlo. Pero hace casi tres años no solo me tocó pasar por ese camino, sino que duró varios meses. Y esa experiencia radicalmente cambió lo que soy y quién soy.

El 2017 me embarque con Fundación Africa Dream a Zambia porque estaba especialmente interesada en cómo se producía y como se podía mejorar la producción de alimentos en ese lugar. Mi viaje comenzó con una bienvenida a 37C de calor a la sombra y 7hrs de camino de tierra muy hostil que llevaba a las profundidades de un pequeño pueblo en el corazón de la selva Africana. Allí entendí que hacer agricultura no iba a ser fácil. No teníamos agua corriente, los recursos estaban lejos, eran caros y escasos. Pensé: “debería estar llorando”, pero no lo hice. No entre en pánico, ni en miedos y ni en desazón. Me sentí más viva que nunca.

Fui inmediatamente bienvenida al llegar con emoción por los locales y los voluntarios residentes. En el momento no reconocía a nadie, pero ahora son importantes corazones en mi vida de alguna forma, las religiosas, las doctoras, los matrones locales, trabajadores del huerto y choferes. Estos seres me llevaron por una travesía que me haría experimentar de lo humano y lo divino y que, tras dos años compartiendo el día a día me ofrecía la abrumadora sensación de estar en casa.

Al mismo tiempo avistaba con cautela y de soslayo lo que sería mi vuelta a Chile; cómo resumiría el aluvión y tsunami de emociones y carencias vividas en un “me fue muy bien”. Ya en casa no cesaba de hablar de Zambia su gente y sus lugares, porque mi experiencia y la de los extranjeros con los que conversé allí cambió mi concepto de cultivos para alimentación básica de manera significativa. No creo que ni mis profesores en la Universidad entendiesen de todos estos desafíos. (¡¿Y si es así, por qué no nos preparan?!).

Un buen día le pregunté a mi padre si le aburría escucharme la cantinela, a lo que me dice: “cuando has vivido experiencias que te prueban tan al límite, abren una nueva puerta en ti, y una vez que se abre es difícil cerrarla. Lo importante es darse cuenta que no eres la única y que, aunque el resto no lo pueda entender debes tener fe que tu viaje tuvo un propósito” Como si hubiese atravesado un portal que se hubiese cerrado sin permitirme regresar al lugar donde solía vivir.

La diferencia primordial es que he notado una extraordinaria (y nueva) comprensión hacia el otro, en ocasiones no hubiese hecho caso a ciertas señales o me hubiese encerrado en mi mundo, ahora me encuentro más conectada emocionalmente a la energía de las cosas. Por ejemplo, por mi profesión me ha tocado viajar bastante, en el pasado mi reacción hubiera sido abrirme paso entre la gente agolpada en un avión e instalarme en mi asiento. Ahora no puedo dejar de ayudar a alguien a guardar su equipaje de mano, mientras que hace un par de años ese alguien hubiera sido el blanco de mis empujones. Me he vuelto más receptiva hacia los motivos del otro y esa disposición me permite explorar sin que ningún juicio de valor lo enturbie.

Intento ver la belleza en cada ser vivo, un cambio total de ser una enojada, competitiva y abatida profesional. Y lo que pone las cosas más interesantes es que ahora hay tanto que tiene sentido, vivir en su cultura me entregó una extraordinaria experiencia de despertar que me impone un gran respeto hacia ellos. Con frecuencia me encuentro leyendo libros o escuchando canciones que me embargan de emoción, como si en un santiamén hubiese comenzado a entender aquello que otros buscan por años.

También gozo de un sentido menos acusado del éxito y las posesiones. Ya no me identifico con mis logros y mi currículo, es como si ahora al sentirme sin fronteras, fuera menos rígida con mi misma. Me define un estado de conocimiento que desafía cualquier descripción externa. Ya no me importa lo mucho que conseguí, sino saberme en armonía tanto que ni mis propias etiquetas me son necesarias.

Se ha producido un cambio en mi ética personal: Ya no siento la necesidad de demostrar algo o de dar cuenta de mis creencias. He superado la obsesión de convencer a las personas sobre la verdad de mi posición y trato de ser respetuosa con la manera de ser del otro. He profundizado en algunas relaciones familiares, mientras que otras han dejado de interesarme, así como tampoco me interesa que nadie dependa de mi para su sustento emocional o de cualquier otra clase (con excepción de mis mascotas) pero a pesar de esto me he vuelto mas generosa a acoger con agrado sin prejuicios a otros que operan en una frecuencia diferente. He superado mi tendencia a culpar a los demás por lo que me sucede en la vida, ya no juzgo el mundo en términos de desafortunados accidentes o desgracias, estoy consciente que ejerzo influencia en todo y comienzo a cuestionar porque he generado una determinada situación. Creo en todo lo que tengo y necesito, y sé que soy capaz de hacer milagros cuando mi interior está en paz y que mis circunstancias no me hacen ser quien soy, sino que revelan lo que he elegido ser. Intento recordar a diario que nuestros días constituyen el tesoro mas valioso de esta vida y el modo de pasar los días nos da la medida exacta de nuestra calidad de vida. Vivo haciendo lo que me gusta y concentrándome en lo que tengo y no en lo que me falta.

Siempre he buscado la libertad; Zambia no respondía a un escape de alguna especie de cautiverio, puesto que disfruto muchísimo de aquellos años en que mi horario fue gobernado por otras personas o cosas, si no que preferí concentrarme en lo que afana mi carácter, la libertad. Libertad de ejercer y servir. Los momentos en que he gozado de libertad me han colmado de felicidad y los he vivido tan intensamente que no he podido menos que fijar mi atención a ellos en vez de compadecerme por los difíciles desafíos enfrentados a diario en terreno. Desde mi llegada a Chile y en todo este ascenso nunca he buscado un trabajo mejor remunerado, nunca, y sin embargo, lo que son las cosas, cada puesto de trabajo a los que fui ascendida me reporto mayores y mejores ingresos.

Superar los cómodos dominios convencionales y escuchar esa voz que te anima a ser mas allá de ti mismo vale la pena. Hacer el esfuerzo; yo confié en el camino, en la gente y en la Fundación y no me he arrepentido ni un solo día de mi vida.

 

Diana Vazquez

Agrónoma – ex voluntaria Africa Dream