Partí desde Chile hacia Etiopia a mitad de marzo de este año, ilusionada, con miedo, curiosidades, dejando atrás muchas cosas, pero motivada y muy convencida de mi decisión. Tenía muchas dudas que traté de aclarar buscando información sobre el lugar al que llegaría, pero solo logras comprender cuanto estas aquí. Llegar a Etiopía y ser voluntaria ha sido una de las mejores decisiones de mi vida. La energía que tiene la gente y el cariño que te entrega te hace ver lo simple y bello que es la vida y que muchas veces olvidas. 

Llegamos inicialmente a Addis Abeba (he viajado afortunadamente con mi pareja, Javier Fresnillo), hicimos nuestra cuarentena en la comunidad salesiana que nos recibió cariñosamente, para posteriormente emprender viaje hacia nuestra nueva residencia. Nos alojamos en Zway un par de semanas, en donde compartimos con nuevas salesianas y gente local. Finalmente llegamos Dila, nuestro actual hogar en donde tuvimos una excelente acogida, tanto de la comunidad como la gente que vive aquí. Todos quieren compartir contigo, cruzar una palabra y siempre una sonrisa que viene acompañada de una potente y positiva energía.

Inicialmente solo quería comunicarme con la gente y hacer mil preguntas, pero la barrera del idioma te frena muchísimo; pues aquí se habla en amárico, una de las tantas lenguas que se habla en Etiopía, pero es la oficial. Sin embargo, cuando empiezas a compartir no te das cuenta como aprendes y la gente se preocupa que así sea, luego hablarles un par de palabras en su idioma los hace muy feliz.

He participado de varias actividades con la comunidad, principalmente religiosas, ya que son muy aferrados a sus creencias, y si hay algo que me gusta, es que entre ellos comparten y se respetan independiente de pertenecer a diferentes religiones.

Cuando eres voluntario debes estar siempre dispuesto a conocer diferentes áreas y ayudar donde te necesiten y no encasillarse solo en tu área profesional. Actualmente estoy en diferentes actividades presentes, como participar en clases de inglés a los niños (es increíble la sed de aprender que tienen), juegos, pintar, cocinar, volver a dibujar, organizar y un sinfín de cosas, pero donde más me he centrado es en la clínica que tiene la comunidad, soy enfermera y estoy ejerciendo como tal.

Cuando comencé el impacto fue grande, comenzando con la dificultad para comunicarme ya que muy pocos trabajadores de salud hablan en inglés y los pacientes solo hablan su idioma local. Las formas de dar tratamiento son muy diferentes, las enfermedades comunes de aquí ya fueron erradicas en muchos países, como por ejemplo las mordeduras por animales principalmente en niños, y que deben vacunarse por 14 días consecutivos para prevenir la rabia. Fueron muchas cosas que no lograba entender y trataba de enseñarles; luego con el tiempo me fui dando cuenta que su cultura y forma de cuidarse es muy diferente a nosotros, por lo que solo debes respetar e intentar ayudarlos acorde a sus estilos de vida, considerando la pobreza, la falta de agua y luz, de educación, la escasez de alimento y cuanto más. Entonces si diagnosticas a un paciente de diabetes ¿cómo le propones tener una dieta balanceada? No obstante, hay otras cosas por hacer y me he sentido feliz en poder aportar desde mi experiencia. Pero si hay algo que puedes lograr es la conexión con ellos, tan solo tomarles la mano, hablarles con suavidad y dedicarles su tiempo te lo agradecen enormemente y nunca más se olvidan de ti. El cariño que he recibido ha sido el mejor regalo.

Solo llevo 4 meses aquí y me siento más motivada que nunca, agradecida de África Dream por la oportunidad y la seguridad que te entrega cuando vienes a este continente. Hay tanto por hacer y entregar, me siento realmente afortunada de vivir esta experiencia.