IGNACIO VILCHES

Director Africa Dream

Hace no muchos años atrás, me tocó ir con todas las ganas del mundo a trabajar en un proyecto agrícola en el extremo noreste de Sudáfrica, llegando a la frontera que comparte con sus vecinos, Zimbabwe y Mozambique. Este proyecto se inició con dos voluntarios el año 2010, y yo vine a tomar esta posta el año 2011.

A medida que me alejaba de la gran urbe de Johannesburg, o como se conoce localmente Joburg, principal puerta de entrada a África, los caminos se iban haciendo más angostos y estrechos, el paisaje urbano cambiaba drásticamente a uno rural, rompiéndose la monotonía del paisaje al pasar por algunos campos de cultivos de mangos y cítricos, pero básicamente predominaba un paisaje más o menos natural.

Acercándome a mi destino final, después de un lago viaje de más de 8 horas, llegué a la aldea de Xitlhelani, ubicada en el departamento de Malamulele, en la provincia de Limpopo. Y comencé a ver cambios en el paisaje, con un entorno más tipo sabana africana, sin presencia de cerros. No pude dejar de notar la poca presencia de árboles. Ya era tarde, aunque no tanto, ya que en estas latitudes el sol se esconde completamente cerca de las 7 de la tarde, incluso en pleno verano.

A los pocos días, ya tenía  más o menos claro el panorama en el área. Por un lado, habían granjas productivas de frutales y hortalizas, con uso de tecnología y riego tecnificado (riego por goteo). El resto del paisaje, por no decir que la gran mayoría, estaba tremendamente intervenido por el hombre, con una agricultura campesina básica, basada en el cultivo estacional de tipo secano (de acuerdo a la temporada de lluvias que se concentran específicamente en el verano), y donde primaba principalmente el cultivo del maíz y el repollo, y luego, con menor representación, la ganadería bovina.  

Para que se den una idea, cuando hablamos de la agricultura en África Subsahariana, vemos un potencial enorme, tanto en recursos y climas existentes en el subcontinente, pero cuando nos acercamos a la realidad, vemos que están lejos de alcanzar la anhelada seguridad alimentaria. 

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), desde la Cumbre Mundial de la Alimentación (CMA) de 1996, la Seguridad Alimentaria ¨a nivel de individuo, hogar, nación y global, se consigue cuando todas las personas, en todo momento, tienen acceso físico y económico a suficiente alimento, seguro y nutritivo, para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias, con el objeto de llevar una vida activa y sana”.

Volviendo al proyecto, el objetivo de este era entregar competencias y recursos a la comunidad, en un proyecto enclavado en una comunidad educativa salesiana. Esta comunidad está dentro del colegio Holy Rosary Primary School, en donde se nos entrega una superficie de alrededor de 3 hectáreas, en las que 800 metros cuadrados fueron destinados para cada jefe de hogar, básicamente 35 mujeres y 2 hombres. En promedio tienen 48 años de edad, cada jefe de hogar lidera una familia de 7 integrantes, y de estos 3 integrantes son menores de edad.

La mujer, como jefa de hogar, cumple un rol especialmente relevante en esta agricultura campesina. Esta destacada participación femenina, es un reflejo de la realidad histórica en zonas rurales africanas. Hay muchos factores que explican esto: existencia de la poligamia, bajo nivel educacional, los hombres van en busca de mejores oportunidades laborales a la ciudad (mujeres quedan a cargo de las casas), alta tasa alcoholismo en hombres, mujeres abandonadas, entre otras causas.

En cuanto a la dieta de la población, lejos lo más importante es la harina refinada de maíz, y que es la principal fuente de energía diaria en la población, y sí o sí, está presente en cada plato del día. 

La proteína no es algo común en el consumo, dado el costo de esta, pero principalmente se consume pollo, y diversos insectos que se comercializan en las ferias locales, que son parte de la costumbre ancestral.

La pequeña agricultura familiar cumple un rol clave en el sustento familiar, no hay casa que no tenga su propia huerta, y la población adulta suele trabajar estas. Pero a medida que mejora el acceso a la educación, muchos jóvenes están optando por migrar a las grandes urbes para acceder a mayores oportunidades laborales, y con esto a mejores condiciones de vida que las que tienen actualmente en los campos. 

Hoy en África vemos enormes contrastes, con la existencia de desnutrición, así como en las ciudades se ve cada vez más, las consecuencias de una mala nutrición, con un aumento en los indicadores de obesidad en la población.

En el proyecto que llevamos adelante como fundación en Xitlhelani, tiene como fin mostrar a la gente otros cultivos para que puedan diversificar su dieta actual, nuevos métodos de producción, mejor uso del recurso agua (riego tecnificado), y el cultivar de manera sustentable, evitando el monocultivo como modelo de desarrollo. Con todo esto, se buscó entregar nuevos conocimientos, y por otro lado, a revalorizar los conocimientos y tradiciones que se van perdiendo entre los jóvenes. 

Volviendo a la realidad actual de nuestro trabajo en Xitlhelani, el proyecto sigue existiendo, y siendo un pequeño faro de conocimiento en la aldea y sus alrededores, aún cuando ya dejamos de estar presencialmente desde el 2015, y esto es porque la comunidad lo validó y tomó como propio. Con esto se cumple el principal objetivo de la fundación, que es que los proyectos puedan perdurar en el tiempo, pero para esto es clave involucrar a la comunidad en donde se insertan estos, vale decir otras ONG´s, sector público/privado y comunidad, y volver valorizar y re encantar con el mundo del campo.

Hoy sabemos que quedan muchos desafíos e interrogantes pendientes por enfrentar, y si es que seremos o no capaces de adaptarnos a nuevas condiciones climáticas, pero de manera sustentable, para lograr en el continente la ansiada seguridad alimentaria, que permita detener o al menos frenar este éxodo que hoy existe entre el campo-ciudad, o de país a país,  y así, generar desarrollo sostenible y sustentable a nivel local en la población. La migración hoy es un gran problema, y va más allá de las fronteras, asociada fuertemente a cómo se distribuyen los recursos.

Tal como lo dijo Koffi Annan, el Secretario General de la ONU hace ya casi 20 años: “El hambre perpetúa la pobreza al impedir que las personas desarrollen sus potencialidades y contribuyan al progreso de sus sociedades”. Por todo esto, nuestro objetivo como fundación, es seguir contribuyendo a proyectos que nos permitan ser parte en el desarrollo de los pueblos.  

Para terminar, como voluntarios estamos llamados a dejar una huella, no importa en qué lugar del mundo sea, hoy más que nunca tenemos que integrarnos, y dejar de actuar como individuos aislados, una verdadera paradoja cuando hoy todo es redes sociales, en un mundo tremendamente hiperconectado pero también donde la gente está “desconectada” del otro. Es prioritario avanzar en una mejor distribución de los recursos (conocimiento, alimentos, etc.), y que estos se distribuyan de la manera más justa y equitativa en nuestro planeta, y así contribuir de manera concreta a tener un mundo mejor.