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Decisiones y voluntariado

Por Diana Vázquez, voluntaria agrónoma. Sichili, Zambia. Fundación Africa Dream. 2017.   Una amiga muy querida me pregunta por mensaje,…

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Pretermino

Por Pamela Herrera. Voluntaria médico, Sichili, Zambia. Fundación Africa Dream. 2017.   Ya llevo un tiempo encargada de maternidad, pero…

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Mary

Por Camila Durán, Médico Voluntaria. Sichili, Zambia, 2017. Fundación Africa Dream.   Ella es Mary. Tiene 2 años 7 meses…

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El Hospital de Sichili

Pamela Herrera Navarrete, voluntaria médico. Sichili, Zambia, 2017. Fundación Africa Dream   El clima va cambiando. Todo el mundo nos…

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Editorial: ¿Y tú, botas la comida?

Janet Spröhnle, Presidenta y Fundadora Fundación Africa Dream. Inteligencia Artificial, robotización, automatización, nanotecnología, cuarta “revolución industrial”, drones que transportan todo, autos…

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Un acuerdo mundial para erradicar la pobreza

Agustín Riesco
Director Fundación Africa Dream

Naciones Unidas (ONU) viene liderando visiblemente la lucha contra la pobreza hace muchos años. Al menos en este siglo, primero, entre 2000 y 2015, a través de los Objetivos del Milenio (ODM) y ahora con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS, 2015-2030), que son un llamado universal a la adopción de medidas para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad”. En palabras simples, es un ambicioso acuerdo entre los países, las grandes corporaciones y la sociedad civil con una clara agenda que plantea 17 Objetivos con 169 metas de “carácter integrado e indivisible” en los tres ámbitos que definen la sustentabilidad: económica, social y ambiental.

La primera y principal meta es poner fin a la pobreza en el mundo, sin embargo, también se encarga de otros puntos relevantes como erradicar el hambre y lograr la seguridad alimentaria; garantizar una vida sana y una educación de calidad; lograr la igualdad de género; asegurar el acceso al agua y la energía; promover el crecimiento económico sostenido; adoptar medidas urgentes contra el cambio climático; promover la paz y facilitar el acceso a la justicia.

A mi juicio, lo más valioso es que por primera vez todas las entidades que tienen injerencia en las soluciones a las problemáticas sobre la sostenibilidad en todas sus dimensiones, se pusieron de acuerdo en metas medibles y que serán sometidas al escrutinio público y donde todos podremos mirar y evaluar el desempeño no sólo de las naciones, sino que también de empresas y grandes corporaciones que hoy están “migrando” de alguna manera de un enfoque asistencialista y basado en relaciones transaccionales a una relación enfocada en el desarrollo humano y social, incorporando dentro de sus metas los mismos indicadores que los propios gobiernos han establecido para cada una de las metas.

Dentro de esa misma línea, las organizaciones de la sociedad civil también tenemos una hoja de ruta clara en donde podemos hacer un aporte real, tangible y medible; que vaya más allá de las legítimas buenas intenciones que emanen de una misión o visión de una organización y ponga como foco el aporte a alguna de las 169 metas establecidas.

Nosotros, como Africa Dream, nos comprometemos a trabajar incansablemente y poner nuestro grano de arena para que al 2030 erradiquemos la pobreza a nivel mundial. En eso hemos estado desde que comenzamos, e incluso nuestro proyecto agrícola en Zambia nace, en primer lugar, de una necesidad de la comunidad, pero apalancado por los ODS. Hoy, con más experiencia y madurez en el cuerpo, tenemos una ruta clara y nos comprometemos a ser agentes relevantes de cambio para lograr los objetivos de desarrollo sostenible al 2030.

Lo que realmente nos importa

Nicolás Fuenzalida Plaza
Director, Fundación Africa Dream

 

¿Por qué nos importa?

¿Por qué desde Chile gastamos tiempo, esfuerzo, dinero, redes y energía en ayudar a comunidades que están a más de 10.000 kilómetros de distancia en un continente que se ha caracterizado en las últimas décadas por continuar rotando en círculos viciosos de pobreza, exclusión y corrupción que deja infértil a casi cualquier tipo de ayuda humanitaria?

Podríamos quizás hacer un compendio de estudios que demuestren empíricamente por qué la cooperación para el desarrollo es una de las formas más sostenibles en cuanto a erradicar la pobreza. O quizás podríamos hablar de los puntos en común que tienen África y Sudamérica, de cómo compartimos una historia común y de cómo deberíamos tener un sentido de responsabilidad mutua, una empatía natural hacia todos los pueblos colonizados como fuimos nosotros.

Pero la verdad no está ahí la base de nuestra obsesión y búsqueda permanente.

Todas nuestras fuerzas las sacamos de lo que hemos visto y oído, con nuestros propios ojos, o por lo que otros han traído: por la constante búsqueda de ayuda permanente de sister Nimmi en Sichili; por la historia de superación de Nyiko en Malamulele, “el próximo Mandela”, en las palabras de nuestra Natalia; en la lucha de Silas, trabajando 24/7 por sacar adelante a su familia y comunidad en Kisumu; y por las tantas historias y vidas que cada uno de nuestros voluntarios ha tocado.

En ellos hemos vuelto a ver y oír.

Así, no son las estadísticas ni las grandes políticas de desarrollo global las razones que realmente nos mueven. Son el testimonio y los rostros de todos aquellos que han sido testigos del África que amamos.

Por ellos es que nos debemos la tarea de seguir reinventándonos, buscando con tozudez nuevas formas de llevar al continente personas que se atrevan a ir más allá, que quieran también reinventarse, buscar, equivocarse, rearmarse y volver a intentarlo.

Son aquellos rostros a quienes les debemos la tarea de seguir intentándolo.
No nos detendremos.

Ciudadana del mundo

Por Diana Vásquez, voluntaria agrónoma

Sichili, Zambia, 2018.

Fundación Africa Dream

 

Desde que era muy joven he viajado sola. He visitado varios países europeos y americanos, y siempre siento esa emoción en el estómago cuando me veo en camino. Pero en medio de mi enamoramiento con el planeta, me intrigaba muchísimo un rincón: África. El África subsahariana. Imponente, complicada, remota.

Siempre creí que era un destino para viajeros veteranos y que aún debían pasar muchos años hasta verme allí pero, como suele ocurrir con los acontecimientos que marcan nuestra vida, eso cambió de repente. Por cosas del destino, una mañana de Junio aterricé en Livingstone, Zambia, con la única compañía de una maleta llena de trastos y algo de miedo. Confieso que pasé un mes completamente desorientada en el país, que me acogió con los brazos abiertos e hizo que naciera en mí el gustito por seguir conociendo el continente. No soy para nada una voz autorizada para contar cómo es África, pues aún me queda casi todo por descubrir, pero esa idea, lejos de desanimarme, me emociona muchísimo. Es como abrir una caja llena de sorpresas que nunca se vacía por muchas que hayas sacado.

A medida que pasa el tiempo, me encuentro a más y más personas que me preguntan con extrañeza por qué viajé para allá. Que si eso es seguro, que qué se me ha perdido… Hay muchas razones o, más bien, excusas. Porque el único y verdadero motivo es que me gusta y me contenta estar aquí, con su gente en lo mío. Sé que no a muchos se les pasa por la cabeza venir a África, pero si está planteando dar un salto y tienes dudas, espero que estos argumentos sobre por qué debieras venir alguna vez te ayuden a decidir.

  1. No te debe dar miedo:Es, sin duda, la madre de todas las preguntas que me hacen. Que si no es peligroso y que si no cogeré ninguna enfermedad. Creo que decir que ir a África es arriesgado supone generalizar demasiado. Obviamente, no voy a animar a nadie que se meta en un país en guerra como Sudán del Sur o en uno que sufra una epidemia como el ébola. Pero hay infinidad de lugares totalmente pacíficos. Yo he viajado acompañada y sola, y en ningún momento he tenido ni el más mínimo problema. Muy al contrario, me he topado con gente muy amable. Por supuesto que hay gente cretina, pero como en todo el globo. África, por ser África, no se debe desechar como destino por una cuestión de seguridad. Y por si no me creen, he aquí un dato: en la lista más reciente de las 50 ciudades más peligrosas del mundo sólo figuran cuatro africanas.
  2. Porque no es tan complicado. Uno de mis miedos antes de plantearme venir a Zambia por primera vez era verme en medio de la nada sin acceso a servicios básicos, a comida, a agua, a transporte, a dinero… Ya puedo decir que esto no es un problema. Es obvio que hay que mirar bien dónde va uno y que no es lo mismo plantarte en un pueblo perdido en la estepa zambiana que a la concurrida costa de CapeTown, donde hay wifi hasta en las palmeras. Hoy en día la mayoría de países africanos poseen todo tipo de comodidades y ofertas turísticas interesantes. Es fácil sacar dinero de cajeros, encontrar transporte público o privado que te lleve de un sitio a otro, internet y teléfono, hoteles buenos y excursiones organizadas.
  3. Porque es alucinante sentirse en otra dimensión. Me encanta fijarme en tendencias nuevas y aprender, porque odio eso de que solo el Norte enseña cosas a el Sur cuando esto en realidad es completamente bidireccional. En el Sur, aún lo tengo todo por descubrir. En Zambia todo es nuevo a mis ojos todo es tan diferente que me siento en otro en otro planeta, y eso es fascinante. Los olores, los paisajes, las ciudades, los idiomas, la ropa, las comidas… hasta la luz es distinta.
  4. Porque amo la naturaleza, la vida rural y la soledad:El mundo entero tiene rincones preciosos pero la naturaleza africana es cautivante. No he dormido bajo cielos más estrellados ni he visto más animales salvajes en libertad que allí. No he conocido atardeceres más espectaculares ni he probado una vida rural tan auténtica, con todas sus cosas buenas y malas.
  5. Porque me ayuda a no convertirme en una floja: En algunos lugares donde he estado no he tenido un váter sino un agujero en el suelo, no he tenido agua corriente y me he duchado tirándome cubetas de agua por encima. No he tenido luz y la comida no me gustaba mucho… También me ha ocurrido que el calor era asfixiante, y que debo que caminar mucho para ir a cualquier lado, o que el transporte era muy sucio e incómodo… o que no comprendo en qué idioma me hablan porque hay lugares donde no se habla ni inglés. En estos casos, se recurre al universal lenguaje de signos y, con un poco de buena voluntad por ambas partes, una llega a donde quiere. En definitiva, mil situaciones que me ponen a prueba física y psicológicamente y que me obligan a salir de la zona de confort y ayudan a que no me acomode demasiado.
  6. Porque me pone en mi lugar: Cuando te vas tan lejos de casa y te rodeas de personas tan diferentes a ti, con otras prioridades, rutinas y formas de vida, te das cuenta de que lo que hasta ese momento te parecía importantísimo es, en realidad, una tontera, como una mota de polvo en el universo. Esta es una buena medicina para salir del egocentrismo que nos gobierna sin que nos demos cuenta. Hay vida más allá de nuestros problemas o de las noticias de la portada del diario. Y aunque existen miles de realidades diferentes en el continente, no deja de ser cierto que la pobreza está a la orden del día, y que en este tiempo a veces he sido testigo de situaciones durísimas que me han hecho valorar la suerte que he tenido por nacer en un país sin guerra, por haber podido ir al colegio, porque hasta hoy he comido todos los días y porque no he perdido a un ser querido por una enfermedad fácilmente tratable. Ojo, yo no estoy diciendo que haya que ir a África a observar la desgracia ajena con ese paternalismo asqueroso que no hace ningún bien a nadie. Digo que te la vas encontrar por el camino en algún momento y que, tanto si te gusta como si no, te va a hacer reflexionar mucho. En mi caso, ha hecho que reordene mi escala de prioridades, que me queje menos y me sienta más agradecida por la vida que me ha tocado vivir. Somos ciudadanos de un mundo globalizado y no nos hará mal mirar más allá de nuestras narices.

Por eso aunque África se vea como una tierra remota, insondable y complicada, una vez que la pruebas, te atrapa. Y ya nunca más quieres salir de ella.

Editorial: Transiciones

Por Rodrigo Mercado

Director Ejecutivo Fundación Africa Dream

Todas las transiciones se pueden interpretar como oportunidades esperanzadoras. Sin lugar a dudas conllevan un “re-ajuste” de la situación, ya sea personal o institucional, trayendo consigo   reconocimientos y a la vez miradas nuevas de actuar. Las transiciones nos  arrojan  a un nuevo escenario nos vamos adecuando y reconfigurando.

Hay transiciones necesarias, como por ejemplo, la de un país con 16.5 millones de habitantes donde el 21% de la población vive con menos de 2 USD dólares al día y que ha sido liderado por el político más longevo del mundo (Robert Mugabe, 93 años), quien gobernó dictatorialmente por más de 30 años la Republica de Rodesia ex colonia británica, hoy llamada Zimbabue.

Recuerdo mis viajes por Victoria Falls, Bulawayo y Harare en las dos etapas del país: en su tiempo glorioso donde el visitar era grato, económico, seguro y amigable y después de un par de años, recuerdo donde nos gritaban blanco “go home”, donde no nos vendían en los supermercados y hacíamos largas filas para comprar petróleo con los litros limitados para cruzar la frontera a Zambia. Después se experimentó la fuerte inflación (híper-inflación que llegó al 5.000%). Lo amigable se terminó, e ingresar a Zimbabue para el extranjero se complicó. Lo pude entender pues existía ese resentimiento contra el extranjero (no africano), ya que su experiencia era asociada a ser gobernados por una minoría (5% de la población).

Aunque el gobierno de Mugabe fue un símbolo de la independencia en sus inicios, este a la vez se vio lleno de corrupción, se habla de matanzas sanguinarias y de reformas agrarias que eran básicamente expropiaciones. La dimisión de Mugabe en noviembre del presente año (debido a la insurrección del pueblo), ofrece a Zimbabue la posibilidad de forjar un nuevo camino, es tiempo de esperanza y tiempo de transición.

Sin embargo, la transición debe ser acompañada, monitoreada, observada y bien conversada. Deben fijarse metas, tiempos y a la vez, se debe ir evaluando los pasos que se van dando. La transición es definitivamente un cambio. Las transiciones abarcan todo nuestro entorno, desde lo macro a lo micro. Desde lo político a lo personal. Son definitivamente oportunidades de mejoras para todos aquellos que se hacen parte de ésta.

Asumo la Dirección Ejecutiva de Africa Dream, reconociendo a todos los antecesores y a sus equipos que aportaron con distintas metas propuestas las cuales lograron con creces. La oportunidad que se me ofrece en esta nueva etapa es liderar una gestión expansiva, nuevas formas de hacer voluntariado y la sustentabilidad de la Fundación a través de nuevos socios y manteniendo informados a su vez a los ya existentes.

Es una oportunidad que nos tomará su tiempo, que se ira evaluando y que se medirá con la participación y aporte de todos Es un tiempo de esperanza, como lo es también para el bello país de ¡Zimbabue!

 

Mr. Situmbeko

Por Camila Durán, voluntaria médico Fundación Africa Dream.

Sichili, Zambia, África. 2017.

 

La prevalencia de enfermedades crónicas no transmisibles (como diabetes, hipertensión, etc.) versus la de las enfermedades infecciosas, es un indicador de salud que nos puede ayudar a catalogar el nivel de desarrollo de un país.

Aquí en Zambia, a diferencia de Chile, el número de pacientes diabéticos que me ha tocado tratar durante este año, se limita a los dedos de mis manos.

Muchos factores influyen para desarrollar esta enfermedad, uno de los más importantes es la calidad y cantidad de la alimentación.

La gente que atendemos en Sichili vive en el bush (que significa algo muy parecido a estar en las profundidades de una selva), lejos de la civilización, lejos de adquirir los alimentos en un supermercado. Aquí la gente debe cultivar su propio alimento. Es eso o nada. Su alimentación se centra en el maíz, que cuando lo muelen hacen una especie de pasta con agua que llaman Nshima. Esta es la base de su alimentación: en el desayuno comen “porish” que es Nshima pero con más agua, al almuerzo Nshima con vegetales y en la tarde, solo para los pudientes, cenan comiendo otra vez Nshima. De vez en cuando, y de nuevo, solo para los pudientes, le agregan un poco de proteínas a su dieta en forma de pollo, huevos o carne de soya.

Es por eso que ver a gente con sobrepeso es muy raro, por el contrario, casi todos nuestros pacientes son desnutridos. Por eso me llamó la atención un paciente: Mr. Situmbeko.

Mr. Situmbeko Imangolwa es un paciente de 70 años, un viejito de lo más tierno y simpático que hay. Llegó al hospital porque su diabetes estaba descompensada. Mr. Situmbeko tiene diabetes mellitus tipo 2 hace mucho tiempo, tanto tiempo, que no recuerda con exactitud cuándo empezó. Su control no ha sido el mejor, y ya vive con las malditas consecuencias de esta enfermedad: está ciego y prontamente sus riñones dejarán de funcionar.

El viejito vive muy lejos, y le es difícil venir a buscar sus medicamentos a Sichili. Viene de vez a cuando a retirarlos a la farmacia del hospital, pero si no puede venir, manda a alguien para que los retire en su nombre. Esta vez, nadie pudo conseguirle su tratamiento y se quedó sin medicinas por 5 días, razón por la cual su glicemia estaba por las nubes.

Durante su estancia hospitalaria lo acompaña Stima, su nieto de 11 años, que hace de cuidador (que es un tipo de técnico paramédico). Tener un cuidador para los hospitalizados es un requisito para ser ingresado, sin él, el paciente no tiene a nadie que lo alimente, lo lave o lo lleve al baño. En este caso, es Stima el que se hace cargo de su abuelo. Stima va en 6to grado, no habla inglés pero si se sabe los números. Es un niño tímido y amable, siempre lo vi sonriente, a pesar de estar cumpliendo una labor que no es de él. Rafael el enfermero está igual de sorprendido que yo al ver que ese pequeño niño es el cuidador. Me dice que en la ciudad está prohibido, niños no pueden ser cuidadores, ya que su lugar es en el colegio, aprendiendo, no cambiando pañales o lavando platos.

Luego de un par de exámenes me doy cuenta que Mr. Situmbeko no puede seguir con sus medicamentos por vía oral para tratar la diabetes, debe iniciar insulina para intentar controlar su enfermedad. Si ya es complicado iniciar insulina en Chile, imagínense aquí.

Luego de varias gestiones y conversaciones (donde de nuevo mis amigos de la ONG Kubuka me ayudaron desde Livingstone) pudimos conseguirnos la insulina y un glucómetro para el paciente. Pero lo difícil se vino después, intentar controlar la glicemia a un paciente en Sichili es un desafío inmenso (por no decir casi-imposible). A pesar de las mil y una explicaciones, dibujos, videos y fotos que le mostré al paciente y sus familiares, Mr. Situmbkeo seguía comiendo a deshoras, cuando le decía que debía comer un snack se comía no uno, sino cuatro mangos, y cuando le decía que debía comer en la noche, se acostaba sin haberlo hecho. A eso se le suma la labor de enfermería (crucial para el control de las glicemias y administrar la insulina), a pesar de dejar todo escrito en tablas (lo más simple y grande posible), al día siguiente, al ir a revisarlas, estaban incompletas o con información errónea.

Después de unos días, varios dolores de cabeza y muchas, muchas charlas educativas sobre la diabetes, por fin las glicemias mejoraron un poco. Cada logro se lo iba a contar a Mr. Situmbeko, pero luego de decirle las buenas noticias, una mañana me hace una pregunta que me deja descolocada: Doctora, ¿cómo es posible que si las glicemias están mejorando como dice, aún no logre ver ni un poquito de luz? Me quedé muda, nos miramos con Rafael el enfermero y me dice “parece que no le quedó claro eso”. Me acerco y le explico que las complicaciones de la diabetes no son reversibles, que la diabetes se llevó sus ojos, que ya no podemos hacer nada al respecto, pero que sí podemos evitar que se lleve otros órganos. Con su mirada perdida asiente y se queda mirando la nada en silencio.

Finalmente llegó el día. Mr. Situmbeko, Stima y sus hijos estaban muy felices y entusiasmados porque hoy volvían a su casa. Para mí no-agrado las glicemias no llegaron a los objetivos, pero por lo menos se acercaron a la meta (no se podía pedir más). Les explico a todos (de nuevo) todo lo de la diabetes y su tratamiento: cuántas rayitas de insulina poner, dónde inyectarlas, cuando no ponerla, cómo usar el glucómetro, dónde registrar las glicemias, etc.

Mr. Situmbeko

 

Cerca del medio día se van, pero antes nos tomamos una foto para el recuerdo. De izquierda a derecha: Rafael (enfermero), uno de sus hijos, yo, Mr. Situmbeko, Stima y Bridgit (enfermera).

Lo cité en 1 mes a control, justo antes de irme para siempre de Sichili. Espero con todas mis ganas ver buenos dulces resultados ese día.

Un año de voluntariado

Por Pamela Herrera

Voluntaria Médico, Fundación Africa Dream

Sichili, Zambia, 2017.

 

No puedo creer que ya estamos finalizando noviembre. Ya está terminando el año y vamos en cuenta regresiva. La experiencia aquí ya se termina y debo decir que tengo sentimientos encontrados; por un lado tengo ganas de volver a ver a mi familia y amigos, por otra parte no quiero dejar esta villa que ha sido mi hogar por un año.

 

El año ha pasado volando, mas rápido de lo que nunca hubiese pensado, y a pesar que en momentos quise dejar todo y volver a la comodidad de mi hogar, hoy me encuentro en la melancólica agonia del fin del voluntariado.

 

Ya no hay tiempo suficiente para todo lo que quiero hacer, ahora empiezo a prepararme para dejar atrás todo lo que he vivido.

 

Durante este año he conocido una forma de vida distinta, con distinta cultura y distinta forma de pensar, la cual  a veces ha sido chocante, a veces fascinante y  a veces ambas. Me han enseñado de la cultura local y me he empapado en su comida tradicional, he aprendido sobre sus creencias de hechicería y he debido luchar contra ellas para dar un buen tratamiento. He recibido alegatos por no creer que un paciente tiene espíritus y he recibido gestos de gratitud por “salvar” a sus familiares. Pacientes que no me han creído las causas de su enfermedad y otros que han creído que Dios los salvará y han dejado todo tratamiento de lado. La lucha contra las creencias tradicionales no solamente ha sido con la gente que viene a tratarse, si no también con el personal de salud, lo cual me ha traído mas de alguna vez dolores de cabeza.

 

Pero más allá del hospital, hemos pasado tardes escuchando sobre las costumbres locales, conversando temas con respecto a la pareja, al matrimonio, al amor y la religión y cómo todas estas van cambiando según la tribu. Nos hemos adaptado a lo que ellos consideran bien o mal y también hemos inevitablemente juzgado según nuestra forma de ver la vida.

 

Hemos pasado por la temporada lluviosa y temporada seca, por el calor arrasante del verano y el frío no tan frío de la noche invernal. He visto los cambios de la naturaleza en sólo días,  me he maravillado con el sol naranjo y he vivido su atardecer sentada en un estanque de agua. He compartido con gente de los distintos pueblos aledaños. haciendo clases bajo un árbol y he aprendido a hacer máscaras de las cortezas de los árboles por un hombre de la tribu lubale que ha dedicado su vida a eso.

 

He comido frutas de nombres que no puedo recordar, he probado orugas, hongos, nshima y otros vegetales que no existen en mi país, sólo para contentar a los atentos anfritiones, y me he deleitado ante sus risas cuando intento pronunciar una palabra ni remotamente parecida a mi idioma. He vivido tanto y tan poco, estoy empezando a conocer lo que es su vida y su forma de pensar y ya me voy yendo, con la incertidumbre de si alguna vez volveré a ver a este pueblo y esta gente que me ha recibido durante un año.

 

Me encuentro en un lugar que nunca imaginé que alguna vez me encontraría y dentro de todas las frustraciones, tristezas y alegrías siento que este pueblo me ha enseñado mucho más de lo que nunca les podré entregar.

 

Este es un año que quedará marcado a fuego en mi memoria.

La misa en África

Por Diana Vásquez, voluntaria agrónoma Zambia, 2017.

Fundación Africa Dream

 

En lo que va de viaje no he conocido lugareño que sea ateo. Pentecostales, Adventistas, De los santos últimos días, De los 7 apóstoles y por supuesto Católicos, se reúnen todo un sábado o los domingos al mediodía para dedicarse a la oración, estudio bíblico o a la presentación coral.

Se les da muy bien la música, son unos innatos del ritmo en tambores y del baile frenético, pero aún así siguen importando música envasada proveniente del norte sin formar ningún genio de la música. No sabría explicar bien por qué. Quizá va en su naturaleza prodigiosa donde todo crece sin mayor esfuerzo, como los plátanos a orilla del río, o como el vino de palma que se obtiene si cuelgas una botella en un árbol por la noche.

Al respecto, mantenemos largas conversaciones con los representantes de la iglesia en Sichili. Solemos cenar juntos en casa de las monjas, congregación que nos recibe seguido con chapatis, carne de impala y puré picante. Dentro de las largas paredes azules de su convento, te sientes como si fueras a una misión mundial o a recibir un secreto código de la interpol. Al fondo está la sala de oración, perfectamente decorada a la usanza India de las hermanas, mucha alfombra, flores plásticas, cuadros desalineados y brillos dorados esparcidos en cada estatuilla.  Las ventanas de la planta de un piso tiene rejas y en el patio las gallinas picotean entre los limoneros. Oigo cantar al coro desde la capilla y allí sus piadosas voces contrastan por su serenidad con todo el ruido del cercano mercado, los cánticos parecen traídos por el viento desde un lejano pasado religioso. En los caminos de alrededor vemos mujeres que vienen o van desde sus casas llevando cestas llenas de kazaba, maníes o madera para encender el fuego para sus comidas.

El extranjero tiene una extraña aceptación y si es sacerdote, aún más. Dicen que los sacerdotes siguen teniendo mucho poder por aquí y deben responder a solicitudes rarísimas como la vez que tuvieron que ir a ver a una mujer a la cual un familiar le había hecho un conjuro y desde entonces estaba gravemente enferma. Ella creía que el padre blanco era más fuerte que su enemigo  y que podía curarla. Una lectura del evangelio, una imposición de manos y la mujer mejoró en el acto. Todo es psicológico me decía el padre esa vez, resulta que si su enemigo es más fuerte que yo, recaerá de nuevo. Si volvía a llamarle llevará agua bendita y le echará un buen sermón. No muy diferente de lo que hacen los curanderos, que se limitan a ponerse a temblequear frente al enfermo.

Me cuentan que en alguna época los locales le temían a los sacerdotes. Creían en espíritus malignos pero no se atrevían a decirlo por miedo a que lo tomaran por broma. “Sí, esos hechiceros” suspira el padre “siempre atormentando a los demás. Aquí nadie muere de muerte natural, por lo general imaginan que hay algo más” Y si a alguien le va bien, también sacan sus amuletos. Pareciera como si los celos lo corroyeran todo. Si le das a uno un rosario, a continuación te dice otro “¿Y a mí, nada?”

A raíz de tanta habladuría, mejor el domingo me levanto temprano al taller de las campanas de la iglesia. “Si te vas a alojar donde las monjas vas a tener que rezar” me dicen y no tengo posibilidad alguna de librarme de misa. Un poco más tarde me encuentro sentada en un banco en medio de mujeres y niños en la iglesia abarrotada. A mi lado una madre le da pecho a su hijo, después le mete trocitos de pan en la boca al bebé que se atraganta y lo escupe todo. En los bancos laterales están los alumnos del colegio que se han puesto en el pelo las cosas más insólitas, lápices, abalorios, peines, hasta alfileres de gancho.  Los tambores redoblan y se aprovecha cualquier momento para cantar. Entonces la multitud se balancea y también veo al padre Gregory meciéndose rítmicamente en el altar al son de la música. La cosa es hacer mucho ruido.

Aquí cuanto más dura el sermón y más fuerte se escucha, más dinero se recoge en colecta. Aún en eso siguen siendo bastante anticuados, los sermones infernales de antaño acá tendrían mucho éxito. Es que la gente no tiene nada que hacer, ¿no nos poníamos antes todos por las tarde a rezar el rosario en la pieza de estar? Y ahí está nuestro buen padre en el púlpito, sudado, sermoneando con su vida y voz en cuello para que no entre en sopor el auditorio que pacientemente le contesta un lánguido: “Eni” (“De acuerdo” en Silozi)

Se me pasa el domingo entre cenas y misa. Mañana lunes con el alba a trabajar donde seguimos esperando la lluvia, he estado pensado en llevar un chamán que haga llover, ¿pero eso sería brujería no? Tendría que pagarle con algo, no creo que me acepte mangos y ya se me acabaron los rosarios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Actualizaciones médicas en Sichili

Por Camila Durán

Voluntaria médico Fundación Africa Dream.

Sichili, Zambia.

 

La medicina es un continuo aprendizaje. El conocimiento en cuanto al ser humano y su funcionamiento nunca termina, del mismo modo en que nunca podremos saberlo todo. Lo que ayer era una verdad absoluta, hoy ya está obsoleto.

En nuestro mundo occidental acceder a lo nuevo está al alcance de todos, pero aquí, en una villa tan alejada de la modernidad, acceder al nuevo conocimiento tiene sus dificultades. Aquí no tenemos acceso fluido a internet, tampoco tenemos bibliotecas donde clarificar nuestras dudas, dejando a nuestro Hospital un paso atrás de lo que es el ahora.

Es por eso que, como voluntarios del área de la salud, es nuestro deber traer los nuevos conocimientos al actuar médico sichiliano.

Todos los viernes del año tenemos una reunión clínica, dónde todas las áreas del hospital exponen actualizaciones de distintos temas. Así, todos estamos al tanto de lo nuevo y hacemos un trabajo en equipo en pos de una misma meta.

Cuando fue mi turno, ya tenía claro cuál iba a ser el tema. Los enfermeros y matrones no tenían claro los conocimientos para el manejo de un recién nacido con complicaciones. Se bloqueaban y hacían lo que podían para salvar las vidas de los bebes, con resultados no tan felices como quisiéramos. Es por eso que decidí esquematizar los algoritmos médicos de cómo resucitar a un recién nacido, algoritmos complejos si se va al detalle, pero que con dedicación logré simplificarlos, y así con una demostración práctica, todo el personal fue capacitado para saber qué hacer frente a esta situación.

Para finalizar, pedí a la Fundación, ubicada en Santiago, imprimir los esquemas en grande, para dejarlos en la sala de partos y en pabellón, estando ahora a vista de todos el cómo actuar acorde a lo recomendado por la literatura y así contribuir con un granito de arena a disminuir la mortalidad infantil en Zambia, que sigue siendo un gran tema por combatir.

Los niños de África

Por Pamela Herrera, voluntaria médico.

Zambia 2017. Fundación Africa Dream.

 

Los niños aquí siempre me han sorprendido. El primer día  que llegué y vi un tropel de niños corriendo hacia nosotros gritando “mukua, mukua”note que eran diferentes.

Los veo y me recuerdan a las historias que nuestros padres nos han contado de su infancia; niños despreocupados, independientes que pasan el día entero en la casa del vecino jugando y creando fantasias.

Estos niños todavía no han sido (o muy poco) tocados por la tecnología, no hay necesidad de celular, de ipad o de netflix para entretenerse, no van donde los padres a decir que están aburridos, porque estos niños no se aburren. El pueblo entero es su sala de juegos; niños de todas las edades juegan juntos, brincan y saltan y trepan los arboles sin el menor esfuerzo, los escuchas gritar, reír y cantar todo el día y si te ven, su máxima expectación es que les des dulces o stickers.

Los niños de aquí me siguen sorprendiendo, obedientes como soldados, jamás una mala palabra. Empiezan desde muy pequeños colaborando en el hogar, los vez cargando baldes con agua, con el hermano pequeño en la espalda, cargando comida o yendo a lavar los platos al río. A una sola orden de un adulto se ponen inmediatamente en movimiento a cumplir con su deber.

Un día fui a visitar a una amiga, como siempre los niños iban de un lado a otro, llevando los platos, cargando el agua, preparando el fuego… En mi mente tecnologízada había bajado algunas apps de juegos para que los niños se entretuvieran. Les entregué el celular mientras estábamos sentados en la esterilla y quedaron inmediatamente absorbidos por él.

Nosotras continuamos conversando y cuando mi amiga volvió a necesitar la ayuda de sus hijos los llamó. Pero esta vez ninguno de ellos se levantó ni hubo señal de respuesta, estaban absortos en el juego que equivocadamente yo había traído. “Que error más grande!” pensé e inmediatamente les pedí el teléfono de vuelta, a lo que los niños comenzaron a obedecer nuevamente a su madre.

He descubierto lo que ya todos sabemos, como la tecnología va transformando a nuestra sociedad. Se nos ha olvidado que lo mejor esta afuera en la naturaleza y bajo nuestros miedos hemos cambiado las conductas de los niños y los hemos encerrado en una burbuja.  En este pequeño pueblo en medio de la nada doy gracias de poder ver a los niños del pasado, donde todavía viven el día a día y hacen volar su imaginación en el patio de mi casa, sin límites y sin miedo.

Redefiniendo la palabra “Voluntariado”: ¿Cómo la defines tú?

Editorial: Viviana Zambrano.

 

Voluntario y Voluntariado, palabras que hoy escuchamos con bastante frecuencia, más aún en el ámbito de las Fundaciones sin fines de lucro. Pensé que sería más simple aproximarme a estos conceptos, pero no, hay muchos matices. Me atengo a una definición de Diccionario: “El voluntariado es el trabajo de las personas que sirven a una comunidad o al medio ambiente por decisión propia y libre. El término también hace referencia al conjunto de dichas personas, los voluntarios. Por definición, los voluntarios no cobran por su trabajo”.
No obstante, se enriquecen, se hacen más humanos, más empleables, más y mucho más. Cuando pienso en los Voluntarios de África Dream, me conecto con el profesionalismo, el sentido, la capacidad infinita de trabajo que da vida a los sueños de la Fundación.

Hablar de voluntariado en este contexto hace que se redefina el concepto… ¿Qué es el voluntariado en África Dream? Es la experiencia que acrecenta la pasión de jóvenes profesionales; el flujo inagotable de energía cuando se está cultivando un huerto y vuelan las horas preparando la tierra para las semillas que enriquecerán la alimentación de la comunidad. Es el conocimiento, la disciplina y el amor que engrandece el Alma cuando sanas las heridas de un niño. Es caminar al caer la tarde compartiendo con las personas de la aldea; el polvo, el calor, la lluvia, dejar atrás las comodidades de la propia casa para reflejarse en las pupilas de niñas y niños curiosos. Es materializar el sueño de una mejor vida para las comunidades del África Subsahariana.

El voluntariado se define en las manos de Camila, en los ojos de Benjamín, en el empuje de Sebastián, en la energía de Nacha, el conocimiento de Pamela, el cariño de Darío. Toma un color único con el corazón de cada uno de los voluntarios que han sido parte y son parte de la historia de nuestra fundación.

El Voluntariado ilumina el alma de quien lo vive… Ilumina el Alma de quien ayuda a que se haga realidad. Te invito a ser parte de esa definición propia. Te invito a brillar, a ser voluntario por los sueños de un voluntario, colaborando con nuestra Fundación. Ser voluntario, un llamado. Tú también puedes definir voluntariado a través de las manos de quienes están en África.

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