Desde la singularidad de ser una fundación que mira a África, curiosamente encontramos nuestro
“motor” en la pluralidad de voluntarios profesionales con un compromiso social enorme por Chile.
Nos damos cuenta de que aquellos voluntarios que emprenden vuelo a África y se distinguen en su
experiencia transcultural, son justamente aquellos que entendieron que hay un chile vulnerado.
Se dice que una vez que uno asume su vulnerabilidad, se hace más consciente no solo de uno
mismo, sino que trata al otro con mayor delicadeza, pues uno se sabe vulnerable. Entendiendo en
este caso la vulnerabilidad a nivel personal.
Sin embargo, la vulnerabilidad a nivel nacional (material) ha quedado al descubierto durante este
período de crisis, ha dejado a un Chile al desnudo al que de alguna forma se debe seguir
arropando, ahora no con lo usado, sino más bien arroparlo con lo nuevo. Los habitantes de este
largo y angosto Chile lo han dejado de manifiesto de diversas formas en este último tiempo, “lo
nuevo es lo que apela”.
El voluntariado en Chile como en África, se distingue por crear instancias nuevas de participación,
asumiendo lo local y mirando al otro continente como una oportunidad para aportar,
reconociendo las diferencias de ambas realidades, espacios, idiomas y estilos nuevos. Lo nuevo no
es viajar a África, sino más bien, el compromiso de tener conciencia de la vulnerabilidad, y el
entender que el aporte que se hace tanto acá como allá es arropar al otro con aceptación y
respeto por ser quien es. Así como reflexionaba Humberto Maturana: “Sin aceptación y respeto
por sí mismo uno no puede aceptar y respetar al otro, y sin aceptar al otro como un legítimo otro
en la convivencia, no hay fenómeno social”.