Son 10 años de mi regreso a Chile, luego de casi 1 año en tierras africanas, y creo que es imposible no recordar el momento en que tomé la decisión de partir a este proyecto en el colegio Holy Rosary School en Xitlhelani. Con la incertidumbre de si contaría con las capacidades para estar tanto tiempo viviendo en un lugar nuevo, y muy diferente a lo que conocía hasta entonces.

Una vez que llegué, recuerdo haber visto muchos voluntarios de diferentes países, donde nos unen las ganas de dar su tiempo (principal activo) y conocimiento, a la comunidad que te acoge.

Es un gran desafío el día a día, en donde el primer paso es encajar en la comunidad a la que uno llega. A medida que uno se va conociendo, uno empieza a notar lo diversa que es este grupo humano, algunas nacionalidades en el colegio eran de Ghana, Zambia, Zimbabwe, Mozambique, y por supuesto, del país que me recibe, Sudáfrica. Después uno nota que en realidad uno puede hilar más fino, y se puede notar que las diferencias parten desde las tribus a las que pertenecen las personas. 

Para esto es importante participar activamente en cada actividad que se presente, y que permita ir generando lazos. Por suerte para nosotros, culturalmente la gente en la aldea es muy acogedora, y entrega mucho más de lo que espera. Quizás la historia que marca a estos pueblos, los ha hecho consciente de lo importante que es formar parte de una comunidad.

Cada evento en la vida de alguien, merece ser celebrado con la familia, amigos y vecinos, nadie es excluido, y si hay que cantar se canta, y si hay que bailar se baila.

El tiempo pasa rápido, obviamente cada cosa es novedad, pero la novedad para uno no se puede compartir. Hoy la tecnología ha avanzado tanto que nos ha acercado, pero el 2011 recién se estaban masificando los teléfonos inteligentes junto a los mensajes de chat, todo estaba en pañales.

A pesar de que uno es bien acogido, uno enfrenta situaciones que uno no aceptaría, pero que son normales para la gente de la aldea, y por consiguiente, uno no puede cuestionar de manera fácil sin pasar a llevar a alguien, y esto genera obviamente frustración. Enfrentarse a estas frustraciones te exige bastante, y quizás estas frustraciones son las que más te hacen crecer. Es clave el respeto al otro, y por esto uno debe ser extremadamente prudente.

Recuerdo una anécdota en especial, en una familia muy humilde de la aldea de Xitlhelani, que me acompañó muy de cerca durante toda mi estadía. Los conocí realmente, y generamos una amistad muy potente entre nosotros. 

La hija mayor de este matrimonio, Nkateko, que significa bendecida (esto lo digo porque hay un tema entre el nombre y el significado de estos), era un niña de alrededor de 14 años llena de sueños y con ganas de poder ayudar a su gente, de hecho su objetivo era estudiar medicina. Excelente alumna, muy buena hija. Cada cierto tiempo conversábamos de sus sueños e inquietudes, y siempre conversábamos lo importante de perseverar para lograr los objetivos. De verdad todo indicaba que estos se cumplirían, y lograría torcer la mano al destino de la mayoría de los jóvenes de zonas rurales de Sudáfrica.  Tiempo después, Nkateko quedó embarazada, y con esto todos sus sueños se vieron de alguna forma se vieron truncados.

La tradición indica que Nkateko debe casarse con el padre de su hija, y pasa a formar parte de la familia de su nuevo marido. Con esto toda posibilidad de surgir para lograr sus objetivos desaparece.

 Esta noticia, de alguna forma frustra porque uno como voluntario y amigo, trata de mostrar opciones que empujaran a Nkateko a cumplir sus sueños. Pero la adversidad en el ambiente juega muchas veces una mala pasada.

Finalmente, la felicité por la noticia, y le dije que quizás la vida te va llevando por diferentes caminos, pero que si uno persiste en el sueño que tiene, puede que se logre llegar a este.

Como dije son 10 años.

De vez en cuando, hago la reflexión de si hubo algo que se podría haber hecho diferente…pero la vida es simplemente así.

El ser voluntario te exige total tolerancia a la frustración, eso es lo más cierto, y por eso hay que tener la capacidad de adaptarse y avanzar.

Para terminar, quiero reflexionar un poco lo que hoy pasa en Chile, muy parecida a la realidad que ví yo en Sudáfrica hace 10 años. Casi el 10% de la población es inmigrante, que es una cifra brutal, la más alta en nuestra historia republicana. Como sociedad (o GRAN comunidad), hay que romper los prejuicios y estereotipos, y terminar con las desconfianzas para adaptarnos juntos a esta nueva realidad de país, y sacar provecho de esta, para construir una sociedad más justa y tolerante para nuestros hijos, con el fin que ellos tengan la posibilidad de desarrollarse en su plenitud.

Ignacio Vilches

Director Africa Dream