La sensibilidad no es debilidad: reflexiones después del Summit 2026

28 de Mayo de 2026

Luego del Summit 2026, volví a mi casa en Concepción con muchas cosas dando vueltas en la cabeza, porque este año pasó algo distinto. Más allá de las instancias de formación, del trabajo en equipo o de seguir construyendo identidad como fundación, hubo una profundidad humana muy difícil de explicar si no se vivió desde adentro.

Esta vez las conversaciones estuvieron atravesadas por otro nivel de honestidad. La empatía, las emociones y la vulnerabilidad ocuparon un lugar mucho más central, y eso cambió completamente el tono de todo. Especialmente para alguien altamente sensible como yo, que muchas veces vive las emociones de manera mucho más intensa y profunda. Me sorprendió muchísimo entrar en conversaciones profundamente personales con voluntarios que prácticamente no conocía. Conversaciones incómodas a ratos, sensibles, muy humanas y llenas de respeto. De esas que aparecen muy pocas veces.

Las personas estamos compuestas por múltiples capas. Inseguridades, temores, heridas, límites, máscaras que vamos construyendo para movernos en la vida cotidiana. Y siento que en este Summit muchos dejamos todo eso un poco de lado para ser brutalmente honestos, tanto con nosotros mismos como con el resto. Porque cuando uno se siente en un lugar seguro, bajan las defensas. Desaparece el miedo al juicio. Y eso genera un espacio muy difícil de encontrar hoy: un lugar sin prejuicios ni competencia, donde lo que predomina es el respeto, la empatía y la aceptación genuina del otro.

Pensé mucho esos días en el filósofo Emmanuel Levinas y en esta idea de que el otro, simplemente con su existencia, nos interpela. Nos obliga a salir de nosotros mismos aunque sea por un momento. Y creo que algo de eso ocurre en experiencias como esta. Hay conversaciones, miradas, personas y encuentros que te sacan de la lógica automática en la que vivimos casi todo el tiempo. Del ego, de la ansiedad diaria, de la obsesión permanente con uno mismo.

Levinas hablaba de la responsabilidad hacia el otro no como algo heroico ni grandilocuente, sino como algo profundamente humano. Y quizás por eso este Summit me dejó tan removida. Porque en medio de una sociedad donde muchas veces la sensibilidad parece verse como debilidad, encontrarse con personas capaces de escuchar, contener, emocionarse y preocuparse genuinamente por otros termina siendo algo mucho más excepcional de lo que debería.

Y después de varios años siendo voluntaria, entendí algo que me quedó dando vueltas fuerte: el voluntariado no es solamente una acción concreta ni algo que uno hace “aparte” de su vida. Hay algo mucho más profundo detrás. Tiene que ver con cómo uno decide habitar el mundo y relacionarse con los demás. Porque en una época donde todo parece empujarte hacia el individualismo, la competencia, la hiperexposición y la obsesión constante por el éxito, encontrarte con personas capaces de salir genuinamente de sí mismas sigue siendo algo raro. Y también muy esperanzador.

Para mí, Africa Dream ocupa un lugar demasiado importante como para explicarlo solamente desde la gratitud. Hay algo en esta fundación que constantemente me vuelve a poner los pies en la tierra. Me saca, afortunadamente, de la pequeñez de las urgencias diarias, del ego, de la ansiedad absurda con la que muchas veces terminamos viviendo sin darnos cuenta. Me recuerda permanentemente lo privilegiada que he sido y también la responsabilidad enorme que existe en hacerse realmente consciente de eso.

Creo que eso es lo más importante que me deja esta experiencia todos los años: volver a entender que siempre existe algo de uno mismo que puede ponerse al servicio de otro. Tiempo. Escucha. Presencia. Cariño. Lo que sea. Y aunque suene simple, en una época tan individualista, eso termina siendo extraordinario.

Mónica Charpentier R.
Voluntaria
Africa Dream