Tener la suerte de convivir, trabajar y disfrutar con etíopes permite adentrarse en lo más profundo de su cultura, costumbres y tradiciones de tal forma que con un tour de algunas semanas es imposible alcanzar. Etiopía en general y Dilla en particular se caracterizan por sus gentes amables, joviales y cercanas. Ser una persona de tez blanca, nunca pasa desapercibido y alienta a que todos los niños a tu paso por la calle griten desesperadamente: you, you!! ferengi, ferengi!! (tú tú!!, extranjero, extranjero!!) buscando llamar la atención, una sonrisa, un cruce de miradas, un saludo. A las pocos días de llegar a Dilla un niño me gritó al salir de la iglesia: Malata, malata!, los demás niños alrededor reían sin parar, poco después descubrí que significaba calvo y ese momento marcó el que sería mi sobrenombre durante toda mi estancia en Dilla.

Siempre me pregunto qué piensan de nosotros los ferengi, los niños de Dilla. ¿Por qué nos llaman con tanta efusividad? ¿Somos rockstars para ellos? ¿Tan distintos nos perciben? ¿Qué esperan de nosotros? Uno siempre trata de ser amable con los niños al igual que lo son ellos, si tienen la oportunidad incluso te abrazan aunque no te conocen de nada. El hombre blanco debe ser para ellos como un referente, un salvador, deben relacionarnos con las distintas ONG que trabajan en las zonas rurales construyendo pozos de agua, colegios, hospitales, profesores de inglés, médicos, enfermeras, nos ven lejanos, a otro nivel, con formación académica avanzada. Es difícil poder transmitir que somos personas iguales, que la única diferencia es que nos hemos criado en entornos distintos.

Queremos ayudar a mejorar su calidad de vida, por eso hemos venido como voluntarios a Etiopía, el primer mes identificas infinidad de cosas por mejorar, te preguntas por que hacen esto así y no como tu estás acostumbrado a hacerlo, crees que en poco tiempo vas a solucionar el problema de África, el segundo mes empiezas a profundizar, a entender el problema desde dentro, ya no parece tan fácil cambiar las cosas, ellos no siempre colaboran en cambiar lo que siempre han hecho así. ¿Por qué cambiar si así funciona? El cambiar supone un nuevo aprendizaje, salir de la zona de confort de la vida sencilla que llevan. Después del tercer mes te replanteas todo, llegan los momentos de crisis existenciales, ¿estoy realmente ayudando o complicándoles la vida? Los objetivos cambian drásticamente, de lo planteado el primer mes, no has conseguido casi ningún objetivo planteado. Ahora los objetivos son distintos, sencillos; sencillos como los etíopes, sin mucha complejidad, prácticos, directos y efectivos, las cosas se hacen al día, sin mucha planificación, pero se hacen igual. Dilla y Etiopía siguen funcionando a su ritmo y el ritmo lo marcan ellos, no lo marcan otros.

Ya llevamos 7 meses en Etiopía, el objetivo ahora con los niños es simplemente conseguir que les llame la atención aprender inglés, el inglés les va a abrir puertas en el futuro, ojalá que cuando sean mayores se acuerden del profesor malata que tuvieron cuando estaban en el jardín infantil. Si consiguen entrar en primaria en el colegio Don Bosco, eso sería un éxito absoluto y les garantizaría una educación excelente comparada con el entorno en el que viven. Con el tiempo creo que he ido entendiendo porque los italianos nunca conquistaron Etiopía, son muy llevados a sus ideas, fuertes, resistentes, simples, aferrados a su territorio y su bandera, Etiopía y sus gentes son los que conquistan a los ferengi.

Javier Fresnillo, Ingeniero Civil en Minas

Voluntario Africa Dream en Etiopía