El baobab esconde un secreto.

Así conversábamos con Andrea y Javier, voluntarios de Africa Dream que parten a Etiopía en algunas semanas, en una reflexión acerca de la historia y el ethos de nuestra Fundación.

Les mostraba con melancolía, esta foto de un baobab que saqué en Xitlhelani hace ya 10 años, a poco tiempo de haber comenzado el proyecto agrícola, aledaño a la escuela de Malamule, en Sudáfrica. La foto muestra este majestuoso baobab, con un ancho tronco y cientos de ramas entrelazadas caóticamente unas con otras, en contraste con la mezcla de colores del atardecer de la sabana. Una imagen vivida y característica del Sur de África.

Y conversábamos acerca del secreto que oculta el baobab: Cuando se trata de África, para que algo crezca, para que los proyectos perduren, y para que nos conectemos con la vida local, hay que tener paciencia. Mucha paciencia.

Y es que los baobabs pueden vivir miles de años, crecen lentamente, llegando sus troncos a medir más de 45 metros de diámetro y 30 metros de altura. En África, los baobabs más antiguos tienen nombres, son reverenciados y respetados por su antigüedad, su resistencia y, ahí está, su paciencia.

El baobab guarda otros secretos. Para muchas culturas en África, el baobab es un símbolo del continente y de la esperanza del pueblo. Representa la victoria de la resiliencia, por su determinación contra la injusticia y la escasez. Es conocido como “el árbol de la vida”, pues los más viejos tienen interiores huecos que sirven de refugio, pueden contener miles de litros de agua en su interior, tiene una corteza increíblemente dura, pueden resistir sequías, incendios o termitas, y sus frutos pueden dar agua, alimento y medicinas a muchas personas.

Una triste realidad es que en los últimos años, numerosos de los baobabs más grandes y antiguos de África han fallecido. Algunos de estos árboles, como el Baobab “Panke” de Zimbabwe, de 2,450 años, se han secado, y algunos científicos atribuyen este suceso al cambio climático. Qué irónico y qué duro es pensar que estos poderosos árboles que le han dado vida a tanta gente, están muriendo por la vida que llevamos, y el impacto que generamos en el medioambiente.

Y quizás sea ese el secreto mejor guardado del baobab: Que a pesar de su fuerza, su capacidad de supervivencia y longevidad, ellos necesitan que no los olvidemos. Que recordemos la paciencia, la dedicación que requiere hacer crecer algo y nuestra responsabilidad con el impacto local, con la sustentabilidad y las vidas que hemos tocado. Eso es lo que nunca debemos olvidar.

Pronto Javier y Andrea partirán a Etiopía, retomando así la labor de nuestros voluntarios en terreno, en nuestro permanente deseo de llevar vida, oportunidades de desarrollo y proyectos sostenibles a muchas comunidades que requieren de nuestro apoyo. Me queda solo desearles que no olviden a los baobabs, de su paciencia, de su resiliencia y de que África necesita más que nunca de nuestra ayuda. Depende de todos nosotros poder encarnar los secretos y valores que estos gigantes de madera milenarios han dejado en nuestras manos.

 

Nicolás Fuenzalida

Director Fundación Africa Dream