EDITORIAL: Agustín Riesco
Vicepresidente Fundación Africa Dream

 

El desarrollo sustentable es un concepto que sin duda se ha transformado en el paradigma de desarrollo económico que deben seguir tanto los países como las empresas.

La búsqueda del “triple impacto” (económico, social y ambiental) es la nueva triada por la cual las empresas y gobiernos buscan transitar hacia el mundo del mañana, pero con una pequeña dificultad: estas tres condiciones no son transables.

De hecho, son muchas las empresas y grandes corporaciones que se han comprometido con la ejecución de los Objetivos para el Desarrollo Sostenible (ODS) que Naciones Unidas ha establecido como condición base para el buen desarrollo presente y futuro de las naciones y del mundo.

Dicho lo anterior, y considerando que las ONG en el mundo fueron punta de lanza en el desarrollo y posterior implementación de las políticas de desarrollo sostenible, muchas veces nosotros como organizaciones sociales debemos mirar también cómo “andamos por casa”, especialmente en uno de estos aspectos: el económico.

Las ONG siempre tratan de maximizar su impacto social y/o ambiental en sus operaciones. En el caso nuestro es en África, donde por años hemos puesto la mayor de las energías y de los recursos en nuestras operaciones en el continente africano, llegando a comunidades en 4 países y con más de 40 voluntarios en terreno.

Muchas veces esto nos vuelve vulnerables Chile, donde prácticamente destinamos una fracción muy baja de los recursos y eso, soy un convencido, en el mediano plazo puede atentar contra la sustentabilidad del proyecto, pues la vuelve vulnerable y, por ende, en el largo plazo juega en contra del impacto social y ambiental del mismo.

Como organizaciones sociales debemos hacernos cargos de construir instituciones sólidas desde el punto de vista de las personas y recursos, para así crecer de manera orgánica y con sentido de responsabilidad, entendiendo que las comunidades con las que trabajamos merecen que nuestras instituciones tengan estructuras eficientes, y muchas veces livianas, que permitan hacerse cargo de las problemáticas sociales que la propia comunidad ha definido como tal.

Así podremos empujar hacia cumplir la misión de la organización de manera de poder maximizar el impacto social y ambiental que tanto se anhela.

Bien vale a veces dar un paso atrás para volver a saltar 10 pasos hacia adelante.