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La primera vez que vimos a Sibeso Mwyundu nos pareció una niña no muy distinta a las demás que hemos visto pasar por el hospital. Nos mira con un poco de susto como lo hacen muchos niños que rara vez (o a veces nunca) han visto a un blanco y llegan con dolor a nuestro hospital. Su pierna derecha tiene una herida que no ha sanado en más de dos años, casi la mitad de sus tiernos 5 años que ha vivido y no tiene la menor idea por qué.

La primera impresión que dimos a Sibeso no fue la mejor. Debíamos limpiar su pierna, lo cual para ella fue bastante doloroso a pesar de la analgesia. En los primeros días ella no sabía qué pensar de nosotros, si éramos amigos o verdugos. Para nosotros ella era una paciente más que debíamos tratar y un gran misterio médico. Sus lesiones eran extrañas y me hacían recordar a algo que sólo había visto por acá un par de veces en algunos adultos. Tomamos algunos exámenes básicos con el sentimiento ambivalente de no saber qué sería mejor: sí nuestro diagnostico era el acertado o que continuara como un misterio médico. sibeso1

Para bien o para mal sucedió lo primero. Nuestra pequeña paciente sufría de lepra, una enfermedad que pareciera ser de tiempos bíblicos o de un mundo antiguo que desconocemos. Nos golpea un poco el diagnóstico: Tiene tanto por delante para cargar con una enfermedad así que no podemos mantenernos indiferentes. Sentimos un poco de pena por ella, hasta que la conocemos un poco más.

Con la inocencia de un niño que no comprende su enfermedad, Sibeso corre por el hospital escapando de su aislamiento constantemente. Debemos perseguirla más de una vez mientras ella va cambiando su miedo hacia nosotros por risa. Todo en su vida era un gran juego, y se le veía con su piernecita cubierta por todo el hospital. Rápidamente se volvió en una de nuestras pacientes estrellas.

Sibeso se convirtió para nosotros en un emblema de lo que vivimos acá, nos recuerda que estamos insertados en un lugar azotado por enfermedades terribles que en nuestro mundo aprendimos a no temer debido a los avances de la ciencia y la tecnología, pero que acá se deciden no temer debido a la inocencia y una felicidad a prueba de todo. 

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Durante semanas nos acompañó mientras intentábamos conseguir los medicamentos necesarios para su condición, pero como todas las historias que vemos acá, llegó el día en que debíamos darla de alta. Cada vez que damos un alta lo hacemos con la esperanza de que nuestros pacientes no nos vuelvan a ver, que nos olviden y que vivan una vida plena, llena de alegrías. Lamentablemente Sibeso necesitará tratamiento por largo tiempo y no podrá olvidarnos al igual que nosotros no podremos olvidarla a ella. Al menos se puede conformar con esa suerte de gratitud al respecto. En cuanto a una vida plena… Pues parece que ella escogió vivirla así hace tiempo.

“El mundo rompe a todos, mas después, algunos se vuelven fuertes en los lugares rotos”

  • Ernest Hemingway