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Se fue un gigante, un funeral sin muertos. Una motivación adicional.
Día lunes. Entramos a un salón perteneciente a la secundaria de Sichili, nos aproximamos hacia una especie de tarima. Debajo de ésta se encuentran los alumnos. Deben ser aproximadamente 300, todos con sus uniformes burdeos, indicando que pertenecen a la institución, ordenados, mas no perfectos.
Tras un par de minutos comienzan a entrar las autoridades del colegio, los profesores, encargados del huerto y también Mr. Tufule, quien dirige el establecimiento educacional. Luego de aproximadamente 5 minutos de su entrada, Tufule, asciende al podio, hace una referencia, todo el auditorio calla. Comienzan una pequeña oración, para la cual todo el alumnado y los asistentes escuchan y predican con sumo respeto, prolijo. Al término de ésta, los alumnos se ponen de pie, se da comienzo al himno nacional de Zambia, francamente fue un momento enternecedor, ver y escuchar la sinfonía cantada por los alumnos, quienes la practican y ensayan durante la semana. Se ve que existe preparación para llevarla a cabo, ya que sin ir más lejos, suena similar a un concierto en vivo.
Mientras suena el himno ya comienzo a impacientarme, no comprendo mucho, la sinfonía es conmovedora. Yo con esos afanes de no mostrar sentimientos comienzo con esa activa lucha por pensar en cualquier cosa para distraer la mente. A decir verdad no me acomodaba caer en llanto en el momento que me iban a presentar frente al colegio, no se si bien o mal, preferí evadir el instante con otros pensamientos.
Termina la canción, los alumnos vuelven a sentarse. En ese momento el rector comenta algo en la asamblea que no logro entender Pasado esto presenta a todos los Chilenos que nos encontrábamos en el lugar, Cristian y Matías, ambos doctores que trabajan en el hospital, Clara (socióloga de profesión, hermana de Darío, voluntario a cargo del proyecto agrícola), Darío y posteriormente a mí, como el nuevo agrónomo en el lugar.
Pasado un par de minutos comienza lo entretenido, Darío hace entrega de diplomas a los ayudantes del huerto, quienes emocionados y felices dan cuenta de su logro, luego de trabajar en este por aproximadamente 1 año.
Continúa el día, trabajamos hasta el medio de éste. Lo anterior para compartir por la tarde con un asado en la casa que habitamos. Se intenta buscar un animal para cocinarlo, chivos o gallinas, eran las opciones existentes. Encargamos a un tipo local que se haga cargo del asunto, sin embargo, este no logró encontrar un animal para comprarlo, o al parecer el precio era elevado para ser simplemente un cabrito. Me da la impresión que estaban cobrando precio de “macua” (blanco) por el valor. Por lo anterior decidimos comenzar la convivencia sin animal. Teníamos invitados a la casa, por lo que comenzamos a organizarnos y se nos ocurrió realizar sopaipillas con ensalada a la Chilena, lo cual fue un éxito absoluto.
Pasan las horas, el cansancio empieza a tomarnos a todos, sin embargo ningún invitado se mueve del lugar, de hecho entran las hermanas de la Misión, un par de niños y el momento toma un segundo aire que alcanza para continuar con un entretenido y dinámico momento.
Cae el sol, y con ello comienzan a salir las preocupaciones. Entro a la casa, y me encuentro con Darío conversando con los tres ayudantes del Huerto, Owen Muniandy y Manandiwa. Se ve a pronta que es un momento distinto a lo que se sentía afuera, todos con caras algo acongojadas comienzan a mirarse unos a otros como sin entender que pasa ni que pasará. Me alejo, para no interrumpir con este episodio y voy a compartir con las personas que se encuentran afuera. Al cabo de unos 20 minutos sale Darío al patio e interactúa con las personas que estaban afuera. En ese momento entro a la casa nuevamente y me encuentro con los tres ayudantes sentados en el living mirando el piso sin hablar. Cada uno sentado en un sillón diferente con la cabeza gacha, la situación era similar a la de una persona que pierde un ser querido. Me acerco a ellos, intento interactuar, pero no obtengo respuesta, el lenguaje corporal demostraba todo. Muniandy, con las manos en la cara haciendo el afecto de limpiándosela en especial énfasis en sus ojos, Owen miraba hacia afuera como queriendo escapar del momento y Manandiwa, quien es el mayor de los tres simplemente inmóvil.
La situación era dramática, otra vez en el mismo día me entro esa emoción, pero en este momento era de pena, una tristeza enorme al ver los rostros de estas personas, y sus posiciones físicas. De más está decir que no contaban con su alegría y chispa habitual. Pasaron unos minutos y entra Clara, ve la situación e intenta alegrar el momento, pone música y comienza a bailar intentando distraer o apaciguar el momento, sin embargo y a pesar del entusiasmo con que busca realizar la tarea, no lo logra.
Era el último día de Darío en Sichili y nos encontrábamos en su despedida…

Sebastián Ladrón