Una Zambia, una nación. Por todos los lugares de Zambia se puede leer esa frase. Está, por ejemplo en sus escudos nacionales, en su bandera y en sus canciones. Es coreada por los dj´s en los clubes y encuñada en sus monedas. Por todas las esquinas se pueden apreciar los esfuerzos de unidad de una nación que tiene más de 70 tribus originarias y decenas de idiomas. Realmente admirable, ¿no lo creen?

Mientras leo las noticias de mi país en la lejanía de la sabana no puedo sino pensar en esa frase. Veo con tristeza como Chile se sigue dividiendo cada vez más. En nuestro propio escudo nacional pareciera estar la sentencia de no poder vivir en paz y mantener el conflicto a toda escala: política, social, racial, regional, etc. “Por la razón o la fuerza” se dibuja bajo nuestro hermoso escudo y se nos enseña a luchar y discriminar bajo ese simple emblema. Nuestra política se alimenta de ese conflicto, nuestros pobres sufren por ello y de su rabia e indignación viene más segregación. Veo la violencia con la que se refieren a los que piensan distinto y no puedo sino entristecerme de lo incapaces que somos de intentar de crecer como comunidad, de culpar al otro sector político de esta discapacidad, de culpar a un sector en específico de nuestros problemas.  Todos tenemos nuestros chivos expiatorios en Chile, pero resulta que para encontrar la razón de fondo de nuestros conflictos como nación nos tenemos que mirar más al espejo.

Miremos a nuestros adultos mayores, por ejemplo. Nuestros ancianos son abandonados por sus familias cuando no son estafados por ellas mismas para quitarles los pocos recursos que tuvieron. Ellos crecieron en un Chile más dividido aún, un Chile difícil, inestable, violento. Y ahora cosechan lo mismo que esa sociedad en la que crecieron les dio: una tremenda injusticia e indiferencia. Pero en vez de tratar de protegerlos enfocándonos en ellos, centramos el debate en un sistema individual previsional, pensando más en nosotros mismos y nuestro futuro que en ellos, y formamos un debate violento, tratando de incultos y desinformados a un lado y de ladrones y estafadores al otro.  Buscamos beneficio personal por sobre el colectivo, ya sea propio o de un grupo pequeño. Y ahí es cuando veo a Chile dividido hace años en dos o tres “tribus” sin poder vivir en paz entre ellas. Y pienso en mi Zambia querida, que si bien está desbordada de escándalos de corrupción, inequidad e injusticia, logró unir a más de 70 tribus para una coexistencia pacífica y comunitaria entre ellas.

En los hospitales se ve como las familias que no se conocen se ayudan entre ellas para cuidar a sus enfermos. Consternado miraba como ayer la madre de una paciente de 23 años que falleció, después de llorar y gritar sus penas, se volvía a ayudar a una madre que tenía a un recién nacido con una deformidad.  Podremos jactarnos de muchas cosas como país, pero si hay algo en lo que somos altamente limitados es en nuestra solidaridad. Así lo han mostrado los índices que van bajando cada vez más y más. Fallamos en la empatía a todo nivel y nosotros mismos como nación sufrimos por eso. Es ahí donde Zambia, y nuestra querida Sichili, son infinitamente más sabías y capaces que nosotros. Se ve en sus caminos, con gente siendo asistida por completos desconocidos para poder llegar al hospital. En los niños que se ayudan unos a otros para poder sacar frutas de los árboles y en los pozos de agua donde se auxilian entre sí para poder acarrear tan preciado elemento a sus casas. Familia, comunidad y nación, todos viviendo en el ahora bajo el simple dogma de que la vida es un poco más sencilla y llevadera en solidaridad.

¿Se imaginan que país seríamos si en vez de “por la razón o la fuerza” abrazáramos el “un Chile, una nación”? Los invito a ponerlo en práctica, a respetarse y tolerarse, a dejar tanta discriminación y conflicto inútil y empezar a una vez por todas a vivir en comunidad y más importante aún, a vivir en paz.

Benjamín Morel