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AFR!CA DAY EN CHILE

¿Quieres conocer las maravillas de África en Santiago? Si es así, agenda entonces el 10 de diciembre para asistir junto…

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Sibeso

La primera vez que vimos a Sibeso Mwyundu nos pareció una niña no muy distinta a las demás que hemos…

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Nawa

Nawa Es un día cualquiera en la noche. La semana ha terminado y nosotros estamos agotados, pero realmente acá nada…

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Sembrando en África

El voluntario de Africa Dream, Darío Mujica, logró levantar un huerto comunitario, para que niños, jóvenes y adultos se alimenten…

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Tres Amaneceres

Recuerdo hace años cuando escuché por primera vez la canción “Latinoamérica” de Calle 13. A mi corta edad ya me…

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Se fue un gigante

Se fue un gigante, un funeral sin muertos. Una motivación adicional. Día lunes. Entramos a un salón perteneciente a la…

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Voluntarios médicos en Zambia realizan capacitaciones para personal del Hospital

Agitados días han tenido nuestros voluntarios médicos en Sichili, Zambia, ya que no sólo han tenido que atender las distintas urgencias del hospital, sino que también, recientemente realizaron una completa capacitación para el personal de salud, con el fin de enseñarles cómo reaccionar ante ciertas emergencias.

El tema tratado fue Reanimación Cardio Pulmonar, donde la Doctora Camila Durán, junto a Claudio Jerez y Pamela Herrera, efectuaron una capacitación a todo el personal del hospital, incluyendo a las hermanas encargadas del centro de salud.

“Estamos mejorando nuestro conocimiento”, señaló Sister Nimi al respecto, junto con agradecer a los jóvenes voluntarios que con este tipo de capacitaciones están transfiriendo conocimientos, para que frente a emergencias el personal sepa cómo proceder y reducir los riesgos de muerte.

Desde hace años que Fundación Africa Dream ha estado mejorando y apoyando el establecimiento de algunos protocolos en el hospital, contando con el entusiasmo y disposición de todo el equipo africano para ayudar a mejorar los procedimientos y atenciones que se dan a los enfermos.

 

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¡Hazte socio! Campaña Nutrición 2017 – Sichili Zambia

En el marco de nuestro proyecto de nutrición, en Fundación Africa Dream lanzamos una campaña que apunta a buscar nuevos socios, para financiar más huertos que aporten a la transferencia de conocimientos para la población de Sichili, Zambia.

 

Primaveras que no florecerán

Claudio Jerez, médico voluntario. Sichili, Zambia. Marzo 2017

Es martes 21 aunque parece 13.

Por lo general me ducho tercero, pero por un azar que no logro comprender hoy fui segundo, así que invierto los pocos minutos que gané en preparar con fervor el exquisito café que sumaría horas a las 4 que dormí. Abandono absolutamente esa idea al darme cuenta que mi cafetera se desfonda. Pienso de inmediato y por completo: ”Hay que romper los círculos viciosos para convertirlos en virtuosos’’, a ello se me suma la Cami con sus infinitos ojos negros diciéndome que aún puede ser un gran día.

… Y así parece. Llega uno de mis momentos más deseados esta semana: mandar a casa a un adorable bebé de 1 mes junto a su cansada madre.

La mañana avanza como es habitual. El enérgico saludo de los enfermeros en turno, la bienvenida de mil miradas y mil emociones de nuestros niños, los primitivos intentos de darnos a entender en Lozi (la lengua local) con sus familias y las impagables risas de gratitud por el intento. Uno que otro caso difícil, pero esperable.

11:30 de la mañana, guantes en manos y la difusa idea de lo que viene en el servicio de mujeres, soy interrumpido por la cara de duda existencial del enfermero a cargo de pediatría. Por un azar, que agradezco, la Cami está ahí y se encarga de mi tarea.

Primera cama a la izquierda, como un pez, ella de 11 años y nombre que hasta escribirlo no podría, me mira como si yo fuera una luna en su órbita. Las manos más frías que he tocado, sus ojos en sequía y un corazón que no logra colorear sus dedos, nos hacen hacer pocas preguntas, robar un poco de su alma para los exámenes necesarios y activar el protocolo tantos años estudiado. Una hora y sigo con el vaso lleno de optimismo. Sigo en su órbita.

1 litro y algo más de lluvia en sus raíces, en sus hojas secas, me dicen que debo dar un paso más. Tengo tiempo para volar, pido ayuda que no tarda, nos reunimos los 3 voluntarios y hacemos lo inesperado y necesario. Nada cambia, yo no lo veo de inmediato, la Pame sí. En sus hojas aparecen grietas. No responde, no respira, no tiene pulso.

2 lunas aceleran su rotación y la tercera su traslación. Riego directo al corazón y 360 joules no son suficientes para impedir que aquella flor se salte el verano y se congele en otoño. Desierto, pero no seco. Las lágrimas de sus padres crean pequeños salares, los que probablemente quedarán para siempre en mi pequeño desierto, el que hoy guardo conmigo al ver a mi primera paciente morir. Ese pez de once primaveras que no florecerán.

 

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Claudio Jerez, médico voluntario, junto a una de las tantas pacientes que ha tenido en este periodo.

 

Ex refugiado entra a estudiar medicina en Pretoria

Natalia Solar, ex voluntaria de Fundación Africa Dream, fue profesora de Nyiko Paiva, hijo de un refugiado del ex campamento de Rhulani que gracias a su esfuerzo está cursando primer año de medicina, en Pretoria.

A diario escuchamos historias de esfuerzo que nos muestran cómo, a través de la perseverancia, espíritu de superación y entrega, cualquiera puede alcanzar sus metas.

Pero en África, donde las esperanzas parecieran que escasean y el drama humano muchas veces hace insostenible cualquier certeza sobre un futuro mejor, ver este tipo de historias es casi imposible.

Por ello doble mérito tiene cuando nuestra ex voluntaria en Malamulele, Natalia Solar, nos cuenta que uno de sus ex alumnos durante 2011 entró hoy a estudiar medicina en Pretoria, y que el vínculo sigue a través de Facebook, pese a los años que han transcurrido y la distancia.

“Hice clases de matemáticas en el colegio rural y actividades varias con la gente de Rhulani, un ex campamento de refugiados que se transformó en asentamiento. Ahí conocí a Nyiko Paiva, quien era uno de los alumnos del colegio. Como hablaba inglés, él me ayudaba a traducir las clases que hacíamos en Rhulani. Nyiko, por iniciativa propia,  empezó a organizar talleres para los niños y niñas de Rhulani. Un día fui a Rhulani y lo encontré haciendo reforzamiento y compartiendo sus clases con amigos. Desde ese día empezamos a trabajar fuerte con actividades de apoyo para los niños y niñas. El empoderamiento que se logró fue increíble”, rememora Natalia acerca de la experiencia.

Pero el vínculo que se generó no quedó solo ahí, ya que el año pasado Natalia decidió iniciar una colecta para pagar la matrícula del último año de colegio de Nyiko, recolectando lo necesario para que este joven terminase sus estudios.

Y durante 2017, tras la noticia de que Nyiko quedó en la Escuela de Medicina, logró juntar nuevamente otro monto para costear los materiales de su primer año de medicina en Pretoria.

Nuevamente chilenos y gente que no lo conocía decidió sumarse desinteresadamente, aportando gracias a lo que Natalia iba contando sobre él, su vida y esfuerzo.

De la misma manera en que Natalia sigue manteniendo un vínculo con ex alumnos, son varios los voluntarios que han estado en África Subsahariana y que también, tras el trabajo que han hecho en distintas localidades, se mantienen en contacto con las personas para realizar un seguimiento y saber cómo están.

¡Felicitamos a Natalia por su enorme corazón y por todos los gestos que ha tenido estos años, y también a Nyiko por creer y vivir sus sueños!

 

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Nyiko, agradeciendo la ayuda desde Pretoria

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Natalia junto a Nyiko.

El Conejo y el Sombrero

Por Benjamín Morel

Médico voluntario en Sichili, Zambia (año 2016)

Ya ha pasado un año desde que comenzó mi aventura en Zambia, y mientras recibo a los nuevos voluntarios para realizar el traspaso no puedo evitar evaluar todas las experiencias que he vivido este año. Las alegrías, las tristezas, la melancolía, los aprendizajes, etc. Difícil es poder explicar tantas emociones que todavía no logro entender completamente, y la tarea se hace más difícil aún cuando los nuevos voluntarios intentan desprender de nosotros algunos de nuestros aprendizajes y vivencias de este año. Puedo decir con toda sinceridad de que me siento completamente ignorante de mi mismo en este minuto.

Pero aquella ignorancia no es por alguna limitación cognitiva. En cierta manera es una ignorancia electiva. Es comer con los ojos vendados y disfrutar el sabor sin saber exactamente lo que se esta probando, para luego decantar poco a poco lo que fui disfrutando. Es volverse en aquel niño maravillado que ve un conejo saliendo de un sombrero, sin intentar descubrir el truco sino más bien disfrutando del espectáculo boquiabierto dejando la remota posibilidad en mi cabeza de que la magia realmente existe.

Y ahora estoy en la plataforma esperando pacientemente aquella locomotora que me ha de llevar de vuelta a casa por un camino distinto por el que me vine, y veo a los nuevos voluntarios ansiosos de subir hacia aquel tren que no saben a donde los ha de llevar. Podría comentarles como es el camino, podría decirles lo que ha de venir, podría advertirles de los peligros para que estén preparados. Podría decirles que el conejo está debajo de la mesa en donde se apoya el sombrero y explicarles cada truco que ha de venir en el show para que lo entiendan mejor. Pero… ¿para qué arruinar un buen espectáculo con un sobre valorado entendimiento, y no dejar que su viaje sea único, a su manera?

Quizás el día de mañana parado en la plataforma nos encontremos tu y yo, en direcciones opuestas, perpendiculares, cruzadas o similares. No me cuentes de tu viaje, no me hagas ir a los mismos restaurantes que tu, no evites que cometa algunos errores triviales en la absurda manía de buscar la perfección en cada experiencia. Aconsejame como aquel oráculo que permite la libre interpretación de lo inevitable, comparte tus alegrías y sabiduría sin trazar un camino predestinado, déjame maravillarme con el conejo que habrá de salir en la próxima estación y recibe con cariño las historias que he de contarte.

Con este escrito me despido de un año de crónicas, reflexiones y experiencias, gracias a todos quienes me leyeron y a través de ello compartieron mis vivencias. A todos ustedes les prometo que desde Chile seguiré escribiendo desde cada estación, desde cada iluminación y destello de genialidad que me permita entender poco a poco lo que he vivido en estas 20 crónicas zambianas.

Por qué no aceptar lo que estaba ocurriendo sin pretender explicarlo, sin sentar las nociones del orden y el desorden?

– Julio Cortázar

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La vida en el huerto de Sichili

En el huerto de Sichili se trabaja con 3 ayudantes, quienes se ocupan de hacer todas las labores, tales como: regar, desmalezar, ordenar, cosechar, etc. A su vez se encargan de recibir a la gente que llega todos los días. Algunos llegan a comprar verduras, otros a aprender y ver el funcionamiento del huerto, y otros, finalmente, a trabajar a cambio de verduras para su comida.

Gracias al trabajo del huerto de Sichili, dos de los ayudantes están yendo a estudiar cada cierto tiempo. El sueño que ambos persiguen es capacitarse para el día de mañana volver y hacerse cargo ellos del huerto y asegurar su continuidad.

La producción siempre es muy variada, nos preocupamos siempre de tener una alta diversidad de cultivos, lo que ayuda a evitar las plagas, mejoramiento de suelo y también tener alimentos diversos para la comunidad.

El principal problema del último tiempo ha sido el calor, sobre todo en el mes de Octubre, en el cual hubo más de 40° C todos los días, haciendo difícil el manejo del predio. A esto se sumaron cortes de luz recurrentes, que hicieron el desafío aún mayor. Pero ya estamos en Enero y el problema va pasando, porque nos encontramos en la época de lluvias, con lo cual las temperaturas son más agradables tanto para los cultivos como las personas. Durante este período las personas de la comunidad siembran maíz de forma manual, con fe de que llueva y que los rendimientos sean los esperados.

En Abril es cuando se cosecha, y de esto depende la alimentación de las personas del sector. Este grano luego de secado se muele y se come en forma de Shima, una comida típica de Zambia y sus países vecinos.

Además del trabajo en el huerto mismo, se visitan otras comunidades para ver formas en las cuales se puedan mejorar los cultivos y así se opte a una mejor calidad de vida. En este punto actualmente se está desarrollando un programa de mermeladas que, aunque suene simple, es una buena solución para conservar mangos, para así no desaprovechar la cantidad de fruta que hay, y que en otras épocas puede ser consumida cuando escasee.  El problema de esto es que les ha gustado tanto la mermelada, por lo que no se está guardando para más adelante, sino que por el contrario, ¡la ingieren a cucharadas! Creemos firmemente que es un proceso, ya que luego de que una persona se aburra la podrá guardar para más adelante, por lo que no queda más que hacer y hacer mermelada.

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¿Por qué?

Por Benjamín Morel.

Médico voluntario, Sichili, Zambia, 2016.

Prácticamente un año ha pasado desde que comenzamos nuestro viaje a Zambia y en la recta final de nuestro voluntariado la misma pregunta surge una y otra vez… ¿Por qué África? ¿Por qué Zambia? Entre tantos lugares en donde podemos  ayudar, incluyendo nuestro propio país, por qué decidimos dejar atrás a nuestras familias y amigos por un pueblo tan distinto al nuestro y tan desconocido para nosotros.

Como un político en medio de su campaña, repetí la misma respuesta acorde a un guión hecho por mí mismo y que llegue a creer profundamente: Que las necesidades de África y Zambia son mucho mayores que las nuestras, que es un pueblo golpeado por la indiferencia, que es donde creo puedo desarrollar más mi vocación de servicio, etc. Y si bien todas estas son buenas razones y en gran parte influyen en mi decisión de entregarme a un pueblo ajeno, sería insensato decir que esa es la razón principal.

Como todo hombre joven lleno de energía, crecí con delirios de grandeza de que podría cambiar el mundo. Me inscribí en una par de ONG´s, marché por causas que consideraba justas, trabajé en distintos voluntarios y discutía con fervor mis ideas. Como todo hombre joven lleno de energía que intenta cambiar el mundo, sufrí con los mismos tropiezos que sufren todos los que buscamos el mismo fin. Las frustraciones, las efímeras alegrías, el cansancio físico y psicológico, todo por esa idea incorregible de que sí somos capaces de hacer una diferencia. Quizás en parte por una suerte de vanidad que se niega a aceptar nuestras limitaciones y fracasos, o quizás porque la idea en sí misma es, como mencioné antes, incorregible, los voluntarios seguimos trabajando por un mundo mejor. Y ese camino de búsqueda nos lleva a los lugares más impensados, buscando encontrar en algún recóndito pedacito de tierra el punto de inicio que haga una verdadera diferencia.

Los voluntarios somos capaces de llegar hasta donde nos alcancen los pies y el dinero ahorrado en búsqueda de ese santo grial que creemos será el punto de quiebre entre el mundo de ayer y el de hoy.

Es cosa de leer las noticias, el mundo nos necesita, ya sea en Aleppo, en Gaza, en Haití, Zambia o Chile. El mundo necesita de hombres y mujeres jóvenes llenos de energía, con ideas acerca de un mundo mejor. Somos un pueblo nómade que busca su alimento espiritual en cada extraño que podamos ayudar, queremos ser acción y ejemplo, ser fuerza e inspiración para que nuestro delirio sea colectivo. Y es así que entre casualidad y oportunidad nuestra búsqueda nos llevó a Zambia. Nos embarcamos sin saber bien el por qué, nos embarcamos porque era necesario, porque podemos y debemos ser consecuentes con nuestra locura que nos impulsa a seguir caminando, regalando en nuestro paso sonrisas a extraños y tiempo a aquellos desconocidos necesitados.

 

“Los viejos tenemos el conocimiento. Los adultos tienen la seguridad. Los niños tienen la ilusión. Pero sois los jóvenes los que tenéis el poder para cambiar el mundo.”

Laura Gallego García

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Gratitud

Iniciando un nuevo año, lo que más surge es agradecer.

Agradecer por todo lo que tenemos, tomando consciencia que somos muy privilegiados. Agradecer por todo lo que logramos realizar como Africa Dream, hasta el día de hoy.

Agradecer por los maravillosos 4 voluntarios que hemos tenido este ultimo año en Sichili. Agradecer por el férreo, apasionado y unido equipo que logramos armar en Chile,  lleno de mística y trabajo.

Agradecer por todos los socios que hacen posible nuestro proyecto  y, especialmente, a los que durante 2016 se sumaron a nuestra Fundación, pese a que fue un año en donde fue más difícil entregar.

Agradecer por la fuerza que este proyecto tiene en nuestros corazones, y que nos hace seguir adelante y salir airosos, incluso cuando hay dificultades y desafíos que se nos presentan.

Agradecer que nuestros espíritus estén llenos de urgencia  por  ayudar a los mas necesitados, y porque la sensibilidad y empatía no se van de nuestras vidas.

¡Bienvenido 2017 y ayúdanos a llenar de más amor al mundo!

El Rin del Angelito

El Rin del Angelito

Por Benjamín Morel, médico voluntario en Sichili, Zambia. Año 2016.

“Ya se va para los cielos ese querido angelito, a rogar por sus abuelos, por sus padres y hermanitos”.

Cada cultura tiene su forma particular de enfrentar el fin de la vida. Hay algunas culturas que ven en la muerte una suerte de paso. Hay otros que la ven con tristeza, y existen quienes hacen de ello una celebración. Para otros, no es más que una parte natural de la vida.

No es ningún secreto que en el ejercicio de la medicina el enfrentarse a la muerte es algo tan certero y común, como el mismo hecho de que nosotros también moriremos. Y si bien, hay muertes que nos producen más dolor que otras, creo que hablo por todos los médicos cuando digo que las muertes que más nos marcan y duelen son las de los niños.

En Chile, a principios del siglo XX, en las zonas rurales existía una tradición conocida como “el velorio del angelito”. En ella se celebraba la muerte de un niño pequeño, pues lleno de inocencia no existía otra opción de que volara directo al cielo, en donde gozaría de la gloria eterna. Era una verdadera fiesta que algunos cronistas describían como “horroroso y enternecedor”. El niño fallecido era el centro de la fiesta, en donde se presentaba sobre un pedestal rodeado de arreglos y con ropas blancas. La gente saludaba a la madre afligida diciéndole “el angelito está en el cielo”, como si de consuelo sirviera a esa madre que respondía abnegada “sí, en el cielo”.

Mientras terminamos la reanimación de Sibilo, una pequeña de 1 año y 7 meses no puedo más que pensar en esa tradición, que se contrasta con los gritos y llantos desconsolados de los padres que ven partir a su angelito. Un terrible escenario que hemos visto prácticamente todos los meses desde nuestra llegada acá. Las lágrimas son calladas por un verso que se hace escuchar en mi cabeza: “La tierra lo está esperando con el corazón abierto, es por eso que el angelito parece que está despierto”.

Los enfermeros cierran los ojos de la niña mientras buscan una sábana para envolver su cuerpo inerte. La madre cae desplomada llorando y el padre se lanza al suelo gritando “Mawe” (que significa duele). Los familiares y amigos intentan sostener a los padres para guiarlos en una penosa procesión hacia el velatorio, en donde el cuerpo descansará mientras la familia arregla el rito fúnebre. Las emociones se dejan correr libremente por un breve periodo de tiempo, para luego volver a retomar su ritmo normal. La vida es dura y simple en Sichili, y todo se vuelve práctico a su máxima expresión, dejando lo pasado atrás rápidamente, después de haber sentido intensamente las penas vividas.

Por alguna razón, y en esta cultura, he visto una manera similar a la propia para enfrentar la muerte. Un segundo fugaz de dolor intenso para continuar con la vida a pesar de todo. Teniendo poco menos tiempo que esos padres desconsolados debemos reanudar nuestro trabajo, y esa muerte prematura nos hace querer trabajar con más fuerza para los vivos, que si tenemos algo de suerte, les podemos negociar un poco más de tiempo para gozar entre nosotros.

Ese día no tuvimos tanta suerte, pues seguida a la Muerte de Sibilo otro pequeño de 2 años y 3 meses dejó su cuerpecito cansado, agobiado por la desnutrición y por el peso de haber sufrido por nacer donde le tocó. En mi cabeza suena otro verso: “En su cunita de tierra lo arrullará una campana, mientras la lluvia le limpia su carita en la mañana”

Dos angelitos nos dejaron este día. En días como hoy me gusta pensar que si hay algo más allá de la muerte, ellos estarán gozando de ese cielo dibujado por tantas religiones, viviendo sin el dolor que les tocó vivir en este mundo. Me gusta repetírmelo como si de consuelo sirviera, pero ese consuelo se desvanece levemente al recordar que la principal causa de su partida es haber vivido en este lugar.

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“Cuando se muere la carne, el alma busca en la altura la explicación de su vida, cortada con tal premura

  • Violeta Parra

 

 

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Africa Dream nuevamente presente en el África Day

Recientemente se celebró en Santiago el África Day, o día africano, encuentro organizado por la organización UBUNTU África Chile que busca que el pueblo africano y afro descendiente se una, junto con dar a conocer la cultura y costumbres de este continente en nuestro país-

En el Salón Parroquial Nuestra Señora de Pompeya se llevó a cabo la sexta versión del Africa Day, encuentro realizado por la organización civil UBUNTU Africa Chile y que cuenta con el apoyo de nuestra Fundación.

El objetivo del encuentro es reunir a la comunidad africana y afro descendiente de Chile, junto con dar a conocer al resto de la población las costumbres africanas, por lo cual en la ocasión hubo artesanía, comida y stand con información de países africanos.

“África es mucho más que guerras, pobreza, enfermedades o desastres. África es rica en cultura y tradición, en valores y en esperanza. Queremos dar a conocer nuestro continente, queremos unirnos más que nunca en otra patria, porque es importante preservar la identidad, y dar a conocer que día a día somos muchos los que luchamos por un mejor África. África es nuestro Continente madre; la cuna en que nació la humanidad y el lugar del que partieron nuestros ancestros para explorar y establecerse en el rostro del planeta. De algún modo todos tenemos memorias de África”, señala Prince Isemwami, director de UBUNTU y de Africa Dream Chile.

Darío Mujica, Director Ejecutivo de nuestra Fundación, señaló que “como Fundación hemos trabajado desde el 2004 por ayudar a mejorar la vida de las comunidades del África Subsahariana, trabajando en concreto en Zambia, Sudáfrica, Mozambique y Kenia. Pese a la calidad de vida, siempre estos pueblos han logrado mantener la alegría, fuerza y ganas de tener una mejor vida. Por ello como país debemos comenzar a entender los valiosas que pueden ser otras culturas y cómo entre todos nos podemos ayudar, pese a las distancias o diferencias”.

A esto agregó que durante el encuentro destacó la presencia de personas de distintas nacionalidades, todos interesados en comprender más acerca de la cultura africana y de cómo sus tradiciones pueden ser un aporte a nuestra sociedad.

 

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