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Nawa

Nawa Es un día cualquiera en la noche. La semana ha terminado y nosotros estamos agotados, pero realmente acá nada…

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Sembrando en África

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Tres Amaneceres

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Se fue un gigante

Se fue un gigante, un funeral sin muertos. Una motivación adicional. Día lunes. Entramos a un salón perteneciente a la…

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Profesor de la Escuela Secundaria de Sichili valora trabajo de voluntarios chilenos calificándolo de “asombroso” e “inspirador”

Originario de la localidad de Chililabombwe, Zambia, Kawina Toung Kachung´u es un profesor de diseño, arte y estudios sociales de la Escuela Secundaria de Sichili, mismo lugar en donde nuestros voluntarios llevan más de 2 años realizando programas médicos y de nutrición para la comunidad.

Si bien Kawina tiene bastante trabajo como profesor, también se ha hecho cargo de algunos talleres de la escuela, para apoyar y reforzar así la formación de los jóvenes.

Gracias al vínculo que ha logrado generar con la población de Sichili, Kawina es muy querido, sobre todo porque siempre está realizando actividades y aportando más de lo que corresponde, con el fin de potenciar el desarrollo de sus alumnos.

Es por esta razón que Kawina comenzó a recibir el apoyo de los voluntarios de nuestra Fundación Africa Dream en actividades extra curriculares, específicamente en agricultura, donde según este profesor “trabajamos con Fundación Africa Dream porque su programa de apoyo a nuestra comunidad en salud y nutrición es asombroso e inspirador. Además, el principal apoyo que la fundación ofrece a la comunidad son estos temas, junto con proveer de agua limpia”.

Al igual que otros integrantes de la comunidad de Sichili, Kawina destaca que al trabajar con “los chilenos” ha podido aprender muchas cosas, algunas de ellas relacionadas a cómo trabajar y servir a la comunidad, especialmente frente a quienes son vulnerables y huérfanos.

La recepción del trabajo de Africa Dream ha sido más que positiva. “Los niños dicen que trabajar con los chilenos es maravilloso”, asegura el profesor, agregando que espera que este intercambio siga al igual que los programas que la Fundación implementa.

 

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Pamela Herrera, voluntaria médico, 2017. Sichili, Zambia. Fundación Africa Dream

 

Hoy ha sido un día difícil, incluso, más que otros días.

 

Hoy ha llegado una mujer de 76 años que se ha quemado parte de su cara, cuello y brazo derecho. Exactamente como sucedió no lo sé. No era mi paciente, pero por azar de la vida, terminé siendo su cirujano. El evento sucedió siete días atrás, y recién hoy llega para ser examinada, cuando ya el compromiso y la infección es tal que hay que limpiar en pabellón para controlarlo.

 

En África, la realidad contrasta con la de nuestro país, ya que aquí manejamos muy pocos recursos. Y si ya tenemos pocas posibilidades de dar una buena anestesia, la situación se tornó peor debido a la presión de la mujer, que nos imposibilitó a usar Ketamina, único anestésico del que disponemos.

 

En este escenario, tuvimos que sedar. El procedimiento era extremadamente doloroso y ante los quejidos y e intento de contenerlos por parte de esta mujer, mi corazón se partía. ¿No tenemos nada más que ponerle?, pregunto. ¿Cómo va la presión?, agrego.

 

Pero ya no hay nada que administrar, nada que hacer para calmar el dolor que estamos causando. Sólo queda terminar lo más rápido posible, cosa que ni siquiera logramos, ya que la presión es tan alta que no podemos seguir. Sólo nos queda esperar.

 

Y ante esos momentos no puedo dejar de pensar que esto es evitable. Esto no pasa en Chile. ¿Qué mujer adulta se quema con fuego? Ya sea por desconocimiento o falta de recursos, esta señora llegó siete días después del accidente, cuando ya ha perdido gran parte de su piel y la infección se ha vuelto incontrolable, con gran riesgo para su vida. Y bajo estas condiciones deplorables debemos hacer frente con lo que tenemos, con una cirugía interrumpida de casi dos horas donde con un hilo de voz solo podía decir “I’m sorry cucu, I’m sorry” (Lo siento abuelita, lo siento).

 

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La médico Pamela Herrera, junto a uno de sus pacientes del Hospital de Sichili.

Todo lo que he aprendido podré enseñárselo a las nuevas generaciones

Owen Mufuzi, trabajador del huerto:

Desde hace dos años que Owen Mufuzi, residente de Sichili, Zambia, trabaja en el huerto que Fundación Africa Dream desarrolla en la comunidad, como parte del proyecto de nutrición.
El huerto, que convoca a cientos de personas mensualmente, ha logrado mantener ciertos trabajadores estables, quienes como pago diario se llevan parte de los cultivos a sus hogares, junto con adquirir técnicas de agricultura que les permitan replicar el modelo en sus aldeas y hogares.
Las motivaciones son varias, pero para Owen hubo una que fue clave, y que le hizo tomar la decisión de trabajar en el huerto. “Cuando terminé mis estudios en el colegio, quise aprender de agricultura porque me di cuenta que no sabía nada. Comencé haciéndolo con Darío Mujica (ex voluntario agrónomo y actual Director Ejecutivo) y hoy continúo con Sebastián (actual voluntario agrónomo)”, cuenta Owen, agregando que en la actualidad puso una pausa a su trabajo en el huerto para estudiar Ciencias Sociales y Educación Civil, para luego hacer una especialidad en agricultura, y poder enseñar como profesor a los niños y jóvenes sobre estas materias. “Quiero hacerme cargo del huerto en un futuro, y poder enseñarle a los estudiantes cómo mantenerlo y trabajar en este”, añade.
“Cuando sea profesor y enseñe, quiero también traspasar todo lo que he aprendido de agricultura con Darío y Sebastián. Por esa razón quiero estudiar y enseñar, para poder traspasar todo lo que he aprendido”, aclara Owen.
Sus inicios en la huerta fueron junto a Darío Mujica, cuando lo veía trabajando, paciente y en silencio. “Comencé a preguntarle cómo hacer las cosas, y a ayudarlo. Me interesé mucho y cuando regresaba a casa, seguía estudiando. Luego, por las mañanas, me levantaba temprano para llegar al huerto junto a Darío. En el futuro, podré enseñar agricultura a las nuevas generaciones, a mis nietos. Estoy muy feliz”, cuenta emocionado Owen.
Gracias al trabajo que Fundación Africa Dream realiza en la comunidad, la población ha aprendido diversas técnicas de auto abastecimiento. “Los chilenos nos han enseñado cómo manejar un huerto, cómo cuidar las plantas, cómo cuidar a nuestra propia gente y el agua que tenemos. Pero también nos han enseñado de felicidad”, especifica Owen, frente a lo cual Sebastián Ladrón de Guevara añade que él ha aprendió de Owen cómo sonreír.
En la actualidad el huerto tiene trabajos para niños, en donde se les enseña cómo limpiar la tierra, mientras que los padres aprenden a cultivar y trabajar en el campo.

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Owen, a la izquierda de la foto

Voluntarios médicos en Zambia realizan capacitaciones para personal del Hospital

Agitados días han tenido nuestros voluntarios médicos en Sichili, Zambia, ya que no sólo han tenido que atender las distintas urgencias del hospital, sino que también, recientemente realizaron una completa capacitación para el personal de salud, con el fin de enseñarles cómo reaccionar ante ciertas emergencias.

El tema tratado fue Reanimación Cardio Pulmonar, donde la Doctora Camila Durán, junto a Claudio Jerez y Pamela Herrera, efectuaron una capacitación a todo el personal del hospital, incluyendo a las hermanas encargadas del centro de salud.

“Estamos mejorando nuestro conocimiento”, señaló Sister Nimi al respecto, junto con agradecer a los jóvenes voluntarios que con este tipo de capacitaciones están transfiriendo conocimientos, para que frente a emergencias el personal sepa cómo proceder y reducir los riesgos de muerte.

Desde hace años que Fundación Africa Dream ha estado mejorando y apoyando el establecimiento de algunos protocolos en el hospital, contando con el entusiasmo y disposición de todo el equipo africano para ayudar a mejorar los procedimientos y atenciones que se dan a los enfermos.

 

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¡Hazte socio! Campaña Nutrición 2017 – Sichili Zambia

En el marco de nuestro proyecto de nutrición, en Fundación Africa Dream lanzamos una campaña que apunta a buscar nuevos socios, para financiar más huertos que aporten a la transferencia de conocimientos para la población de Sichili, Zambia.

 

Primaveras que no florecerán

Claudio Jerez, médico voluntario. Sichili, Zambia. Marzo 2017

Es martes 21 aunque parece 13.

Por lo general me ducho tercero, pero por un azar que no logro comprender hoy fui segundo, así que invierto los pocos minutos que gané en preparar con fervor el exquisito café que sumaría horas a las 4 que dormí. Abandono absolutamente esa idea al darme cuenta que mi cafetera se desfonda. Pienso de inmediato y por completo: ”Hay que romper los círculos viciosos para convertirlos en virtuosos’’, a ello se me suma la Cami con sus infinitos ojos negros diciéndome que aún puede ser un gran día.

… Y así parece. Llega uno de mis momentos más deseados esta semana: mandar a casa a un adorable bebé de 1 mes junto a su cansada madre.

La mañana avanza como es habitual. El enérgico saludo de los enfermeros en turno, la bienvenida de mil miradas y mil emociones de nuestros niños, los primitivos intentos de darnos a entender en Lozi (la lengua local) con sus familias y las impagables risas de gratitud por el intento. Uno que otro caso difícil, pero esperable.

11:30 de la mañana, guantes en manos y la difusa idea de lo que viene en el servicio de mujeres, soy interrumpido por la cara de duda existencial del enfermero a cargo de pediatría. Por un azar, que agradezco, la Cami está ahí y se encarga de mi tarea.

Primera cama a la izquierda, como un pez, ella de 11 años y nombre que hasta escribirlo no podría, me mira como si yo fuera una luna en su órbita. Las manos más frías que he tocado, sus ojos en sequía y un corazón que no logra colorear sus dedos, nos hacen hacer pocas preguntas, robar un poco de su alma para los exámenes necesarios y activar el protocolo tantos años estudiado. Una hora y sigo con el vaso lleno de optimismo. Sigo en su órbita.

1 litro y algo más de lluvia en sus raíces, en sus hojas secas, me dicen que debo dar un paso más. Tengo tiempo para volar, pido ayuda que no tarda, nos reunimos los 3 voluntarios y hacemos lo inesperado y necesario. Nada cambia, yo no lo veo de inmediato, la Pame sí. En sus hojas aparecen grietas. No responde, no respira, no tiene pulso.

2 lunas aceleran su rotación y la tercera su traslación. Riego directo al corazón y 360 joules no son suficientes para impedir que aquella flor se salte el verano y se congele en otoño. Desierto, pero no seco. Las lágrimas de sus padres crean pequeños salares, los que probablemente quedarán para siempre en mi pequeño desierto, el que hoy guardo conmigo al ver a mi primera paciente morir. Ese pez de once primaveras que no florecerán.

 

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Claudio Jerez, médico voluntario, junto a una de las tantas pacientes que ha tenido en este periodo.

 

Ex refugiado entra a estudiar medicina en Pretoria

Natalia Solar, ex voluntaria de Fundación Africa Dream, fue profesora de Nyiko Paiva, hijo de un refugiado del ex campamento de Rhulani que gracias a su esfuerzo está cursando primer año de medicina, en Pretoria.

A diario escuchamos historias de esfuerzo que nos muestran cómo, a través de la perseverancia, espíritu de superación y entrega, cualquiera puede alcanzar sus metas.

Pero en África, donde las esperanzas parecieran que escasean y el drama humano muchas veces hace insostenible cualquier certeza sobre un futuro mejor, ver este tipo de historias es casi imposible.

Por ello doble mérito tiene cuando nuestra ex voluntaria en Malamulele, Natalia Solar, nos cuenta que uno de sus ex alumnos durante 2011 entró hoy a estudiar medicina en Pretoria, y que el vínculo sigue a través de Facebook, pese a los años que han transcurrido y la distancia.

“Hice clases de matemáticas en el colegio rural y actividades varias con la gente de Rhulani, un ex campamento de refugiados que se transformó en asentamiento. Ahí conocí a Nyiko Paiva, quien era uno de los alumnos del colegio. Como hablaba inglés, él me ayudaba a traducir las clases que hacíamos en Rhulani. Nyiko, por iniciativa propia,  empezó a organizar talleres para los niños y niñas de Rhulani. Un día fui a Rhulani y lo encontré haciendo reforzamiento y compartiendo sus clases con amigos. Desde ese día empezamos a trabajar fuerte con actividades de apoyo para los niños y niñas. El empoderamiento que se logró fue increíble”, rememora Natalia acerca de la experiencia.

Pero el vínculo que se generó no quedó solo ahí, ya que el año pasado Natalia decidió iniciar una colecta para pagar la matrícula del último año de colegio de Nyiko, recolectando lo necesario para que este joven terminase sus estudios.

Y durante 2017, tras la noticia de que Nyiko quedó en la Escuela de Medicina, logró juntar nuevamente otro monto para costear los materiales de su primer año de medicina en Pretoria.

Nuevamente chilenos y gente que no lo conocía decidió sumarse desinteresadamente, aportando gracias a lo que Natalia iba contando sobre él, su vida y esfuerzo.

De la misma manera en que Natalia sigue manteniendo un vínculo con ex alumnos, son varios los voluntarios que han estado en África Subsahariana y que también, tras el trabajo que han hecho en distintas localidades, se mantienen en contacto con las personas para realizar un seguimiento y saber cómo están.

¡Felicitamos a Natalia por su enorme corazón y por todos los gestos que ha tenido estos años, y también a Nyiko por creer y vivir sus sueños!

 

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Nyiko, agradeciendo la ayuda desde Pretoria

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Natalia junto a Nyiko.

El Conejo y el Sombrero

Por Benjamín Morel

Médico voluntario en Sichili, Zambia (año 2016)

Ya ha pasado un año desde que comenzó mi aventura en Zambia, y mientras recibo a los nuevos voluntarios para realizar el traspaso no puedo evitar evaluar todas las experiencias que he vivido este año. Las alegrías, las tristezas, la melancolía, los aprendizajes, etc. Difícil es poder explicar tantas emociones que todavía no logro entender completamente, y la tarea se hace más difícil aún cuando los nuevos voluntarios intentan desprender de nosotros algunos de nuestros aprendizajes y vivencias de este año. Puedo decir con toda sinceridad de que me siento completamente ignorante de mi mismo en este minuto.

Pero aquella ignorancia no es por alguna limitación cognitiva. En cierta manera es una ignorancia electiva. Es comer con los ojos vendados y disfrutar el sabor sin saber exactamente lo que se esta probando, para luego decantar poco a poco lo que fui disfrutando. Es volverse en aquel niño maravillado que ve un conejo saliendo de un sombrero, sin intentar descubrir el truco sino más bien disfrutando del espectáculo boquiabierto dejando la remota posibilidad en mi cabeza de que la magia realmente existe.

Y ahora estoy en la plataforma esperando pacientemente aquella locomotora que me ha de llevar de vuelta a casa por un camino distinto por el que me vine, y veo a los nuevos voluntarios ansiosos de subir hacia aquel tren que no saben a donde los ha de llevar. Podría comentarles como es el camino, podría decirles lo que ha de venir, podría advertirles de los peligros para que estén preparados. Podría decirles que el conejo está debajo de la mesa en donde se apoya el sombrero y explicarles cada truco que ha de venir en el show para que lo entiendan mejor. Pero… ¿para qué arruinar un buen espectáculo con un sobre valorado entendimiento, y no dejar que su viaje sea único, a su manera?

Quizás el día de mañana parado en la plataforma nos encontremos tu y yo, en direcciones opuestas, perpendiculares, cruzadas o similares. No me cuentes de tu viaje, no me hagas ir a los mismos restaurantes que tu, no evites que cometa algunos errores triviales en la absurda manía de buscar la perfección en cada experiencia. Aconsejame como aquel oráculo que permite la libre interpretación de lo inevitable, comparte tus alegrías y sabiduría sin trazar un camino predestinado, déjame maravillarme con el conejo que habrá de salir en la próxima estación y recibe con cariño las historias que he de contarte.

Con este escrito me despido de un año de crónicas, reflexiones y experiencias, gracias a todos quienes me leyeron y a través de ello compartieron mis vivencias. A todos ustedes les prometo que desde Chile seguiré escribiendo desde cada estación, desde cada iluminación y destello de genialidad que me permita entender poco a poco lo que he vivido en estas 20 crónicas zambianas.

Por qué no aceptar lo que estaba ocurriendo sin pretender explicarlo, sin sentar las nociones del orden y el desorden?

– Julio Cortázar

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La vida en el huerto de Sichili

En el huerto de Sichili se trabaja con 3 ayudantes, quienes se ocupan de hacer todas las labores, tales como: regar, desmalezar, ordenar, cosechar, etc. A su vez se encargan de recibir a la gente que llega todos los días. Algunos llegan a comprar verduras, otros a aprender y ver el funcionamiento del huerto, y otros, finalmente, a trabajar a cambio de verduras para su comida.

Gracias al trabajo del huerto de Sichili, dos de los ayudantes están yendo a estudiar cada cierto tiempo. El sueño que ambos persiguen es capacitarse para el día de mañana volver y hacerse cargo ellos del huerto y asegurar su continuidad.

La producción siempre es muy variada, nos preocupamos siempre de tener una alta diversidad de cultivos, lo que ayuda a evitar las plagas, mejoramiento de suelo y también tener alimentos diversos para la comunidad.

El principal problema del último tiempo ha sido el calor, sobre todo en el mes de Octubre, en el cual hubo más de 40° C todos los días, haciendo difícil el manejo del predio. A esto se sumaron cortes de luz recurrentes, que hicieron el desafío aún mayor. Pero ya estamos en Enero y el problema va pasando, porque nos encontramos en la época de lluvias, con lo cual las temperaturas son más agradables tanto para los cultivos como las personas. Durante este período las personas de la comunidad siembran maíz de forma manual, con fe de que llueva y que los rendimientos sean los esperados.

En Abril es cuando se cosecha, y de esto depende la alimentación de las personas del sector. Este grano luego de secado se muele y se come en forma de Shima, una comida típica de Zambia y sus países vecinos.

Además del trabajo en el huerto mismo, se visitan otras comunidades para ver formas en las cuales se puedan mejorar los cultivos y así se opte a una mejor calidad de vida. En este punto actualmente se está desarrollando un programa de mermeladas que, aunque suene simple, es una buena solución para conservar mangos, para así no desaprovechar la cantidad de fruta que hay, y que en otras épocas puede ser consumida cuando escasee.  El problema de esto es que les ha gustado tanto la mermelada, por lo que no se está guardando para más adelante, sino que por el contrario, ¡la ingieren a cucharadas! Creemos firmemente que es un proceso, ya que luego de que una persona se aburra la podrá guardar para más adelante, por lo que no queda más que hacer y hacer mermelada.

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¿Por qué?

Por Benjamín Morel.

Médico voluntario, Sichili, Zambia, 2016.

Prácticamente un año ha pasado desde que comenzamos nuestro viaje a Zambia y en la recta final de nuestro voluntariado la misma pregunta surge una y otra vez… ¿Por qué África? ¿Por qué Zambia? Entre tantos lugares en donde podemos  ayudar, incluyendo nuestro propio país, por qué decidimos dejar atrás a nuestras familias y amigos por un pueblo tan distinto al nuestro y tan desconocido para nosotros.

Como un político en medio de su campaña, repetí la misma respuesta acorde a un guión hecho por mí mismo y que llegue a creer profundamente: Que las necesidades de África y Zambia son mucho mayores que las nuestras, que es un pueblo golpeado por la indiferencia, que es donde creo puedo desarrollar más mi vocación de servicio, etc. Y si bien todas estas son buenas razones y en gran parte influyen en mi decisión de entregarme a un pueblo ajeno, sería insensato decir que esa es la razón principal.

Como todo hombre joven lleno de energía, crecí con delirios de grandeza de que podría cambiar el mundo. Me inscribí en una par de ONG´s, marché por causas que consideraba justas, trabajé en distintos voluntarios y discutía con fervor mis ideas. Como todo hombre joven lleno de energía que intenta cambiar el mundo, sufrí con los mismos tropiezos que sufren todos los que buscamos el mismo fin. Las frustraciones, las efímeras alegrías, el cansancio físico y psicológico, todo por esa idea incorregible de que sí somos capaces de hacer una diferencia. Quizás en parte por una suerte de vanidad que se niega a aceptar nuestras limitaciones y fracasos, o quizás porque la idea en sí misma es, como mencioné antes, incorregible, los voluntarios seguimos trabajando por un mundo mejor. Y ese camino de búsqueda nos lleva a los lugares más impensados, buscando encontrar en algún recóndito pedacito de tierra el punto de inicio que haga una verdadera diferencia.

Los voluntarios somos capaces de llegar hasta donde nos alcancen los pies y el dinero ahorrado en búsqueda de ese santo grial que creemos será el punto de quiebre entre el mundo de ayer y el de hoy.

Es cosa de leer las noticias, el mundo nos necesita, ya sea en Aleppo, en Gaza, en Haití, Zambia o Chile. El mundo necesita de hombres y mujeres jóvenes llenos de energía, con ideas acerca de un mundo mejor. Somos un pueblo nómade que busca su alimento espiritual en cada extraño que podamos ayudar, queremos ser acción y ejemplo, ser fuerza e inspiración para que nuestro delirio sea colectivo. Y es así que entre casualidad y oportunidad nuestra búsqueda nos llevó a Zambia. Nos embarcamos sin saber bien el por qué, nos embarcamos porque era necesario, porque podemos y debemos ser consecuentes con nuestra locura que nos impulsa a seguir caminando, regalando en nuestro paso sonrisas a extraños y tiempo a aquellos desconocidos necesitados.

 

“Los viejos tenemos el conocimiento. Los adultos tienen la seguridad. Los niños tienen la ilusión. Pero sois los jóvenes los que tenéis el poder para cambiar el mundo.”

Laura Gallego García

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