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Mujeres de África

Pamela Herrera – Voluntaria Médico. Sichili, Zambia, 2017. Fundación Africa Dream   Desde antes de llegar a Zambia, ya me…

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Pamela Herrera, voluntaria médico, 2017. Sichili, Zambia. Fundación Africa Dream   Hoy ha sido un día difícil, incluso, más que…

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Mr. Situmbeko

Por Camila Durán, voluntaria médico Fundación Africa Dream.

Sichili, Zambia, África. 2017.

 

La prevalencia de enfermedades crónicas no transmisibles (como diabetes, hipertensión, etc.) versus la de las enfermedades infecciosas, es un indicador de salud que nos puede ayudar a catalogar el nivel de desarrollo de un país.

Aquí en Zambia, a diferencia de Chile, el número de pacientes diabéticos que me ha tocado tratar durante este año, se limita a los dedos de mis manos.

Muchos factores influyen para desarrollar esta enfermedad, uno de los más importantes es la calidad y cantidad de la alimentación.

La gente que atendemos en Sichili vive en el bush (que significa algo muy parecido a estar en las profundidades de una selva), lejos de la civilización, lejos de adquirir los alimentos en un supermercado. Aquí la gente debe cultivar su propio alimento. Es eso o nada. Su alimentación se centra en el maíz, que cuando lo muelen hacen una especie de pasta con agua que llaman Nshima. Esta es la base de su alimentación: en el desayuno comen “porish” que es Nshima pero con más agua, al almuerzo Nshima con vegetales y en la tarde, solo para los pudientes, cenan comiendo otra vez Nshima. De vez en cuando, y de nuevo, solo para los pudientes, le agregan un poco de proteínas a su dieta en forma de pollo, huevos o carne de soya.

Es por eso que ver a gente con sobrepeso es muy raro, por el contrario, casi todos nuestros pacientes son desnutridos. Por eso me llamó la atención un paciente: Mr. Situmbeko.

Mr. Situmbeko Imangolwa es un paciente de 70 años, un viejito de lo más tierno y simpático que hay. Llegó al hospital porque su diabetes estaba descompensada. Mr. Situmbeko tiene diabetes mellitus tipo 2 hace mucho tiempo, tanto tiempo, que no recuerda con exactitud cuándo empezó. Su control no ha sido el mejor, y ya vive con las malditas consecuencias de esta enfermedad: está ciego y prontamente sus riñones dejarán de funcionar.

El viejito vive muy lejos, y le es difícil venir a buscar sus medicamentos a Sichili. Viene de vez a cuando a retirarlos a la farmacia del hospital, pero si no puede venir, manda a alguien para que los retire en su nombre. Esta vez, nadie pudo conseguirle su tratamiento y se quedó sin medicinas por 5 días, razón por la cual su glicemia estaba por las nubes.

Durante su estancia hospitalaria lo acompaña Stima, su nieto de 11 años, que hace de cuidador (que es un tipo de técnico paramédico). Tener un cuidador para los hospitalizados es un requisito para ser ingresado, sin él, el paciente no tiene a nadie que lo alimente, lo lave o lo lleve al baño. En este caso, es Stima el que se hace cargo de su abuelo. Stima va en 6to grado, no habla inglés pero si se sabe los números. Es un niño tímido y amable, siempre lo vi sonriente, a pesar de estar cumpliendo una labor que no es de él. Rafael el enfermero está igual de sorprendido que yo al ver que ese pequeño niño es el cuidador. Me dice que en la ciudad está prohibido, niños no pueden ser cuidadores, ya que su lugar es en el colegio, aprendiendo, no cambiando pañales o lavando platos.

Luego de un par de exámenes me doy cuenta que Mr. Situmbeko no puede seguir con sus medicamentos por vía oral para tratar la diabetes, debe iniciar insulina para intentar controlar su enfermedad. Si ya es complicado iniciar insulina en Chile, imagínense aquí.

Luego de varias gestiones y conversaciones (donde de nuevo mis amigos de la ONG Kubuka me ayudaron desde Livingstone) pudimos conseguirnos la insulina y un glucómetro para el paciente. Pero lo difícil se vino después, intentar controlar la glicemia a un paciente en Sichili es un desafío inmenso (por no decir casi-imposible). A pesar de las mil y una explicaciones, dibujos, videos y fotos que le mostré al paciente y sus familiares, Mr. Situmbkeo seguía comiendo a deshoras, cuando le decía que debía comer un snack se comía no uno, sino cuatro mangos, y cuando le decía que debía comer en la noche, se acostaba sin haberlo hecho. A eso se le suma la labor de enfermería (crucial para el control de las glicemias y administrar la insulina), a pesar de dejar todo escrito en tablas (lo más simple y grande posible), al día siguiente, al ir a revisarlas, estaban incompletas o con información errónea.

Después de unos días, varios dolores de cabeza y muchas, muchas charlas educativas sobre la diabetes, por fin las glicemias mejoraron un poco. Cada logro se lo iba a contar a Mr. Situmbeko, pero luego de decirle las buenas noticias, una mañana me hace una pregunta que me deja descolocada: Doctora, ¿cómo es posible que si las glicemias están mejorando como dice, aún no logre ver ni un poquito de luz? Me quedé muda, nos miramos con Rafael el enfermero y me dice “parece que no le quedó claro eso”. Me acerco y le explico que las complicaciones de la diabetes no son reversibles, que la diabetes se llevó sus ojos, que ya no podemos hacer nada al respecto, pero que sí podemos evitar que se lleve otros órganos. Con su mirada perdida asiente y se queda mirando la nada en silencio.

Finalmente llegó el día. Mr. Situmbeko, Stima y sus hijos estaban muy felices y entusiasmados porque hoy volvían a su casa. Para mí no-agrado las glicemias no llegaron a los objetivos, pero por lo menos se acercaron a la meta (no se podía pedir más). Les explico a todos (de nuevo) todo lo de la diabetes y su tratamiento: cuántas rayitas de insulina poner, dónde inyectarlas, cuando no ponerla, cómo usar el glucómetro, dónde registrar las glicemias, etc.

Mr. Situmbeko

 

Cerca del medio día se van, pero antes nos tomamos una foto para el recuerdo. De izquierda a derecha: Rafael (enfermero), uno de sus hijos, yo, Mr. Situmbeko, Stima y Bridgit (enfermera).

Lo cité en 1 mes a control, justo antes de irme para siempre de Sichili. Espero con todas mis ganas ver buenos dulces resultados ese día.

Un año de voluntariado

Por Pamela Herrera

Voluntaria Médico, Fundación Africa Dream

Sichili, Zambia, 2017.

 

No puedo creer que ya estamos finalizando noviembre. Ya está terminando el año y vamos en cuenta regresiva. La experiencia aquí ya se termina y debo decir que tengo sentimientos encontrados; por un lado tengo ganas de volver a ver a mi familia y amigos, por otra parte no quiero dejar esta villa que ha sido mi hogar por un año.

 

El año ha pasado volando, mas rápido de lo que nunca hubiese pensado, y a pesar que en momentos quise dejar todo y volver a la comodidad de mi hogar, hoy me encuentro en la melancólica agonia del fin del voluntariado.

 

Ya no hay tiempo suficiente para todo lo que quiero hacer, ahora empiezo a prepararme para dejar atrás todo lo que he vivido.

 

Durante este año he conocido una forma de vida distinta, con distinta cultura y distinta forma de pensar, la cual  a veces ha sido chocante, a veces fascinante y  a veces ambas. Me han enseñado de la cultura local y me he empapado en su comida tradicional, he aprendido sobre sus creencias de hechicería y he debido luchar contra ellas para dar un buen tratamiento. He recibido alegatos por no creer que un paciente tiene espíritus y he recibido gestos de gratitud por “salvar” a sus familiares. Pacientes que no me han creído las causas de su enfermedad y otros que han creído que Dios los salvará y han dejado todo tratamiento de lado. La lucha contra las creencias tradicionales no solamente ha sido con la gente que viene a tratarse, si no también con el personal de salud, lo cual me ha traído mas de alguna vez dolores de cabeza.

 

Pero más allá del hospital, hemos pasado tardes escuchando sobre las costumbres locales, conversando temas con respecto a la pareja, al matrimonio, al amor y la religión y cómo todas estas van cambiando según la tribu. Nos hemos adaptado a lo que ellos consideran bien o mal y también hemos inevitablemente juzgado según nuestra forma de ver la vida.

 

Hemos pasado por la temporada lluviosa y temporada seca, por el calor arrasante del verano y el frío no tan frío de la noche invernal. He visto los cambios de la naturaleza en sólo días,  me he maravillado con el sol naranjo y he vivido su atardecer sentada en un estanque de agua. He compartido con gente de los distintos pueblos aledaños. haciendo clases bajo un árbol y he aprendido a hacer máscaras de las cortezas de los árboles por un hombre de la tribu lubale que ha dedicado su vida a eso.

 

He comido frutas de nombres que no puedo recordar, he probado orugas, hongos, nshima y otros vegetales que no existen en mi país, sólo para contentar a los atentos anfritiones, y me he deleitado ante sus risas cuando intento pronunciar una palabra ni remotamente parecida a mi idioma. He vivido tanto y tan poco, estoy empezando a conocer lo que es su vida y su forma de pensar y ya me voy yendo, con la incertidumbre de si alguna vez volveré a ver a este pueblo y esta gente que me ha recibido durante un año.

 

Me encuentro en un lugar que nunca imaginé que alguna vez me encontraría y dentro de todas las frustraciones, tristezas y alegrías siento que este pueblo me ha enseñado mucho más de lo que nunca les podré entregar.

 

Este es un año que quedará marcado a fuego en mi memoria.

La misa en África

Por Diana Vásquez, voluntaria agrónoma Zambia, 2017.

Fundación Africa Dream

 

En lo que va de viaje no he conocido lugareño que sea ateo. Pentecostales, Adventistas, De los santos últimos días, De los 7 apóstoles y por supuesto Católicos, se reúnen todo un sábado o los domingos al mediodía para dedicarse a la oración, estudio bíblico o a la presentación coral.

Se les da muy bien la música, son unos innatos del ritmo en tambores y del baile frenético, pero aún así siguen importando música envasada proveniente del norte sin formar ningún genio de la música. No sabría explicar bien por qué. Quizá va en su naturaleza prodigiosa donde todo crece sin mayor esfuerzo, como los plátanos a orilla del río, o como el vino de palma que se obtiene si cuelgas una botella en un árbol por la noche.

Al respecto, mantenemos largas conversaciones con los representantes de la iglesia en Sichili. Solemos cenar juntos en casa de las monjas, congregación que nos recibe seguido con chapatis, carne de impala y puré picante. Dentro de las largas paredes azules de su convento, te sientes como si fueras a una misión mundial o a recibir un secreto código de la interpol. Al fondo está la sala de oración, perfectamente decorada a la usanza India de las hermanas, mucha alfombra, flores plásticas, cuadros desalineados y brillos dorados esparcidos en cada estatuilla.  Las ventanas de la planta de un piso tiene rejas y en el patio las gallinas picotean entre los limoneros. Oigo cantar al coro desde la capilla y allí sus piadosas voces contrastan por su serenidad con todo el ruido del cercano mercado, los cánticos parecen traídos por el viento desde un lejano pasado religioso. En los caminos de alrededor vemos mujeres que vienen o van desde sus casas llevando cestas llenas de kazaba, maníes o madera para encender el fuego para sus comidas.

El extranjero tiene una extraña aceptación y si es sacerdote, aún más. Dicen que los sacerdotes siguen teniendo mucho poder por aquí y deben responder a solicitudes rarísimas como la vez que tuvieron que ir a ver a una mujer a la cual un familiar le había hecho un conjuro y desde entonces estaba gravemente enferma. Ella creía que el padre blanco era más fuerte que su enemigo  y que podía curarla. Una lectura del evangelio, una imposición de manos y la mujer mejoró en el acto. Todo es psicológico me decía el padre esa vez, resulta que si su enemigo es más fuerte que yo, recaerá de nuevo. Si volvía a llamarle llevará agua bendita y le echará un buen sermón. No muy diferente de lo que hacen los curanderos, que se limitan a ponerse a temblequear frente al enfermo.

Me cuentan que en alguna época los locales le temían a los sacerdotes. Creían en espíritus malignos pero no se atrevían a decirlo por miedo a que lo tomaran por broma. “Sí, esos hechiceros” suspira el padre “siempre atormentando a los demás. Aquí nadie muere de muerte natural, por lo general imaginan que hay algo más” Y si a alguien le va bien, también sacan sus amuletos. Pareciera como si los celos lo corroyeran todo. Si le das a uno un rosario, a continuación te dice otro “¿Y a mí, nada?”

A raíz de tanta habladuría, mejor el domingo me levanto temprano al taller de las campanas de la iglesia. “Si te vas a alojar donde las monjas vas a tener que rezar” me dicen y no tengo posibilidad alguna de librarme de misa. Un poco más tarde me encuentro sentada en un banco en medio de mujeres y niños en la iglesia abarrotada. A mi lado una madre le da pecho a su hijo, después le mete trocitos de pan en la boca al bebé que se atraganta y lo escupe todo. En los bancos laterales están los alumnos del colegio que se han puesto en el pelo las cosas más insólitas, lápices, abalorios, peines, hasta alfileres de gancho.  Los tambores redoblan y se aprovecha cualquier momento para cantar. Entonces la multitud se balancea y también veo al padre Gregory meciéndose rítmicamente en el altar al son de la música. La cosa es hacer mucho ruido.

Aquí cuanto más dura el sermón y más fuerte se escucha, más dinero se recoge en colecta. Aún en eso siguen siendo bastante anticuados, los sermones infernales de antaño acá tendrían mucho éxito. Es que la gente no tiene nada que hacer, ¿no nos poníamos antes todos por las tarde a rezar el rosario en la pieza de estar? Y ahí está nuestro buen padre en el púlpito, sudado, sermoneando con su vida y voz en cuello para que no entre en sopor el auditorio que pacientemente le contesta un lánguido: “Eni” (“De acuerdo” en Silozi)

Se me pasa el domingo entre cenas y misa. Mañana lunes con el alba a trabajar donde seguimos esperando la lluvia, he estado pensado en llevar un chamán que haga llover, ¿pero eso sería brujería no? Tendría que pagarle con algo, no creo que me acepte mangos y ya se me acabaron los rosarios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Actualizaciones médicas en Sichili

Por Camila Durán

Voluntaria médico Fundación Africa Dream.

Sichili, Zambia.

 

La medicina es un continuo aprendizaje. El conocimiento en cuanto al ser humano y su funcionamiento nunca termina, del mismo modo en que nunca podremos saberlo todo. Lo que ayer era una verdad absoluta, hoy ya está obsoleto.

En nuestro mundo occidental acceder a lo nuevo está al alcance de todos, pero aquí, en una villa tan alejada de la modernidad, acceder al nuevo conocimiento tiene sus dificultades. Aquí no tenemos acceso fluido a internet, tampoco tenemos bibliotecas donde clarificar nuestras dudas, dejando a nuestro Hospital un paso atrás de lo que es el ahora.

Es por eso que, como voluntarios del área de la salud, es nuestro deber traer los nuevos conocimientos al actuar médico sichiliano.

Todos los viernes del año tenemos una reunión clínica, dónde todas las áreas del hospital exponen actualizaciones de distintos temas. Así, todos estamos al tanto de lo nuevo y hacemos un trabajo en equipo en pos de una misma meta.

Cuando fue mi turno, ya tenía claro cuál iba a ser el tema. Los enfermeros y matrones no tenían claro los conocimientos para el manejo de un recién nacido con complicaciones. Se bloqueaban y hacían lo que podían para salvar las vidas de los bebes, con resultados no tan felices como quisiéramos. Es por eso que decidí esquematizar los algoritmos médicos de cómo resucitar a un recién nacido, algoritmos complejos si se va al detalle, pero que con dedicación logré simplificarlos, y así con una demostración práctica, todo el personal fue capacitado para saber qué hacer frente a esta situación.

Para finalizar, pedí a la Fundación, ubicada en Santiago, imprimir los esquemas en grande, para dejarlos en la sala de partos y en pabellón, estando ahora a vista de todos el cómo actuar acorde a lo recomendado por la literatura y así contribuir con un granito de arena a disminuir la mortalidad infantil en Zambia, que sigue siendo un gran tema por combatir.

Los niños de África

Por Pamela Herrera, voluntaria médico.

Zambia 2017. Fundación Africa Dream.

 

Los niños aquí siempre me han sorprendido. El primer día  que llegué y vi un tropel de niños corriendo hacia nosotros gritando “mukua, mukua”note que eran diferentes.

Los veo y me recuerdan a las historias que nuestros padres nos han contado de su infancia; niños despreocupados, independientes que pasan el día entero en la casa del vecino jugando y creando fantasias.

Estos niños todavía no han sido (o muy poco) tocados por la tecnología, no hay necesidad de celular, de ipad o de netflix para entretenerse, no van donde los padres a decir que están aburridos, porque estos niños no se aburren. El pueblo entero es su sala de juegos; niños de todas las edades juegan juntos, brincan y saltan y trepan los arboles sin el menor esfuerzo, los escuchas gritar, reír y cantar todo el día y si te ven, su máxima expectación es que les des dulces o stickers.

Los niños de aquí me siguen sorprendiendo, obedientes como soldados, jamás una mala palabra. Empiezan desde muy pequeños colaborando en el hogar, los vez cargando baldes con agua, con el hermano pequeño en la espalda, cargando comida o yendo a lavar los platos al río. A una sola orden de un adulto se ponen inmediatamente en movimiento a cumplir con su deber.

Un día fui a visitar a una amiga, como siempre los niños iban de un lado a otro, llevando los platos, cargando el agua, preparando el fuego… En mi mente tecnologízada había bajado algunas apps de juegos para que los niños se entretuvieran. Les entregué el celular mientras estábamos sentados en la esterilla y quedaron inmediatamente absorbidos por él.

Nosotras continuamos conversando y cuando mi amiga volvió a necesitar la ayuda de sus hijos los llamó. Pero esta vez ninguno de ellos se levantó ni hubo señal de respuesta, estaban absortos en el juego que equivocadamente yo había traído. “Que error más grande!” pensé e inmediatamente les pedí el teléfono de vuelta, a lo que los niños comenzaron a obedecer nuevamente a su madre.

He descubierto lo que ya todos sabemos, como la tecnología va transformando a nuestra sociedad. Se nos ha olvidado que lo mejor esta afuera en la naturaleza y bajo nuestros miedos hemos cambiado las conductas de los niños y los hemos encerrado en una burbuja.  En este pequeño pueblo en medio de la nada doy gracias de poder ver a los niños del pasado, donde todavía viven el día a día y hacen volar su imaginación en el patio de mi casa, sin límites y sin miedo.

Redefiniendo la palabra “Voluntariado”: ¿Cómo la defines tú?

Editorial: Viviana Zambrano.

 

Voluntario y Voluntariado, palabras que hoy escuchamos con bastante frecuencia, más aún en el ámbito de las Fundaciones sin fines de lucro. Pensé que sería más simple aproximarme a estos conceptos, pero no, hay muchos matices. Me atengo a una definición de Diccionario: “El voluntariado es el trabajo de las personas que sirven a una comunidad o al medio ambiente por decisión propia y libre. El término también hace referencia al conjunto de dichas personas, los voluntarios. Por definición, los voluntarios no cobran por su trabajo”.
No obstante, se enriquecen, se hacen más humanos, más empleables, más y mucho más. Cuando pienso en los Voluntarios de África Dream, me conecto con el profesionalismo, el sentido, la capacidad infinita de trabajo que da vida a los sueños de la Fundación.

Hablar de voluntariado en este contexto hace que se redefina el concepto… ¿Qué es el voluntariado en África Dream? Es la experiencia que acrecenta la pasión de jóvenes profesionales; el flujo inagotable de energía cuando se está cultivando un huerto y vuelan las horas preparando la tierra para las semillas que enriquecerán la alimentación de la comunidad. Es el conocimiento, la disciplina y el amor que engrandece el Alma cuando sanas las heridas de un niño. Es caminar al caer la tarde compartiendo con las personas de la aldea; el polvo, el calor, la lluvia, dejar atrás las comodidades de la propia casa para reflejarse en las pupilas de niñas y niños curiosos. Es materializar el sueño de una mejor vida para las comunidades del África Subsahariana.

El voluntariado se define en las manos de Camila, en los ojos de Benjamín, en el empuje de Sebastián, en la energía de Nacha, el conocimiento de Pamela, el cariño de Darío. Toma un color único con el corazón de cada uno de los voluntarios que han sido parte y son parte de la historia de nuestra fundación.

El Voluntariado ilumina el alma de quien lo vive… Ilumina el Alma de quien ayuda a que se haga realidad. Te invito a ser parte de esa definición propia. Te invito a brillar, a ser voluntario por los sueños de un voluntario, colaborando con nuestra Fundación. Ser voluntario, un llamado. Tú también puedes definir voluntariado a través de las manos de quienes están en África.

Colegio Santa Emilia de Antofagasta inicia campaña para ayudar a la comunidad escolar de Sichili

Tal como lo hizo la Escuela Presbiteriana de la misma ciudad, el Colegio Santa Emilia decidió lanzar una campaña que tiene por fin recolectar útiles escolares, los cuales luego serán distribuidos por voluntarios de nuestra Fundación entre los niños y niñas de la Escuela Primaria de Sichili.

Motivados por la docente Marisol Cepeda de la Escuela Presbiteriana de Antofagasta, el Colegio Santa Emilia decidió iniciar una campaña en directa ayuda de los escolares de la Escuela Primaria de Sichili, en Zambia.

La ayuda recolectada, que consiste en útiles escolares, será entregada por las voluntarias médicos y agrónomas de Fundación Africa Dream.

Sergio Guerra, profesor del colegio y encargado de Pastoral, está liderando la campaña, ante lo cual comenta que “vamos a comenzar la campaña el lunes 20 de noviembre y a terminarla el viernes 01 de diciembre. Nos comprometemos con 540 estuches con lápices de colores y grafito, goma, sacapunta y lapiceros.  El colegio está muy entusiasmado con la campaña y sobre todo con poder ayudar”.

Entre las motivaciones señala que la comunidad escolar es muy consciente de tener comodidades y bendiciones, por lo cual esperan ser un aporte y ampliar la mirada de una manera más globalizada. “El sentirnos ciudadanos del mundo nos hace responsables de ampliar la mirada y reaccionar ante las injusticias sociales, sobre todo a través de acciones concretas como esta.  Sin duda que el poder ayudar nos da la oportunidad de que nuestros niños desarrollen actitudes que les acompañarán toda la vida. Estamos nosotros también siendo bendecidos con formar ciudadanos del mundo con responsabilidad social”, agrega el profesor Sergio Guerra.

Sergio Guerra, Santa Emilia

Belén Caballero, nueva médico voluntaria de Fundación Africa Dream

La doctora Belén Caballero será la nueva voluntaria médico que en el 2018 viajará por un año a Sichili, Zambia, trabajando en el hospital de la localidad y visitando a las comunidades, en un trabajo en conjunto con el voluntario agrónomo.

 

¿Dónde estudiaste y cuándo te titulaste?

Finalicé recientemente mis estudios universitarios. Fue un largo camino, pero al fin podemos decir que soy médico cirujano de la U. De Chile.

 

¿Por qué decidiste postular a nuestra fundación?

En realidad todo empezó en 2016, cuando estaba terminando sexto año de medicina, cursando pediatría. Todo partió por un muy buen amigo quien estando allá me comentaba qué hacía, sus experiencias, los pros y contras. Cada vez que recibía un pedacito de historia, más me convencía de que era algo que debía hacer, o por lo menos intentar. Pasó el tiempo y ya estaba en séptimo de medicina. Ahora estaba en ginecología donde pude estar directamente en contacto con población inmigrante. El tratar de que me entendieran y ellas a mí fue algo que me marcó mucho. Pensar que son personas que vienen sin nada, con una vida a punto de nacer y sin poder contar qué les pasaba, me motivó aún más y entendí que mis ganas de intentar mejorar las cosas en una población de riesgo estaban latentes. Así que no lo dudé más y postulé.

 

¿Cuál fue tu reacción al saber que quedaste seleccionada?

Honestamente tuve que pedirle a una amiga que me leyera la noticia, porque no podía creerlo. Estábamos en un auditorio lleno, a punto de hacer una especie de prueba cuando lo revisé. Fue la misma sensación que tuve cuando hace varios años atrás me llegó la carta de aceptación para medicina en la Universidad de Chile. No pude aguantar y tuve que salir del auditorio. Una amiga me atrapó cerca de la salida, y de solo mirarme me dijo “quedaste”. Nos abrazamos y lloré como hace mucho tiempo no lo hacía, pero no de pena, todo lo contrario, lloraba porque algo que deseaba con todo mi corazón realmente estaba pasando, ya no sólo era un sueño, ¡era real!

 

¿Cómo se lo tomó tu familia?

¡Están felices! Siempre me han apoyado en todo lo que me propongo realizar y ésta, si bien fue una decisión más osada, no fue la excepción. Mi mamá siempre dice que en una familia nunca pueden faltar 3 cosas: comida, cama y ropa limpia. Yo agregaría una cuarta: apoyo incondicional.

Probablemente este nuevo desafío no es fácil para ellos, pero nunca he dejado de ver en sus caras una sonrisa cuando les hablo de este viaje,  jamás me han dicho piénsalo y siempre he recibido un abrazo con un “solo cuídate”. Así que sí, lo han tomado bastante bien, porque saben que no viajaré sola, viajo con todos y cada uno de los que quiero.

 

¿Qué esperas aportar en la comunidad africana con la cual estarás un año?

Espero aportar en lo que sea necesario. Sé que dentro de los objetivos de la fundación mi trabajo será dar apoyo en el área médica, sin embargo no tengo limitación establecida.

Soy médico, sí y me encanta, pero uno de mis objetivos principales siempre han sido fortalecer los lazos de comunicación entre los que necesitan ayuda y los que no. Durante la carrera descubrí que si para algo soy buena es en ayudar, en tomar responsabilidades y en intentar solucionar problema; y en conjunto con esto, que tengo una visión comunitaria y social de la salud un poco más arraigada dentro de mí y es a esto a lo que pretendo sacarle provecho.

Más que aportar, quizás espero dejar una pequeña muestra de quién soy, de lo que puedo hacer y aportar con mi granito de arena a intentar mejorar la salud en esta nueva tierra, Sichili, ojalá realizando promoción y prevención de la salud y sobretodo apoyarlos en lo que ellos necesiten, aunque sea escucharlos en un idioma que no conozca, yo estaré ahí.

 

¿Habías hecho voluntariado antes?

Siempre he participado en actividades, principalmente de colegios y de la iglesia, pero no pude participar de algún voluntariado más “formal”. Es una de esas cosas de las cuales te arrepientes varias veces, hasta que llega la oportunidad. Bueno, la mía llegó y estoy intensamente agradecida.

Decisiones y voluntariado

Por Diana Vázquez, voluntaria agrónoma.

Sichili, Zambia. Fundación Africa Dream. 2017.

 

Una amiga muy querida me pregunta por mensaje, entre otras cosas, cual sería para mí la fórmula mágica para tomar buenas decisiones, porque después de todo tengo una hermosa carrera y para hacer hermosas carreras tienes que tomar decisiones y hacerte responsable de ellas. Debo tener más buenas decisiones que malas para mantener un equilibrio sostenible y saludable y seguir en Agronomía por mucho tiempo.

Y es verdad, las decisiones que se toman afectan la vida de otros, y la habilidad de tomar más buenas decisiones que malas decisiones es lo que nos separa entre aciertos o fracasos en la vida. No puedo negar que haber tirado del cable y desconectar toda vida como la conocía en Chile no fue difícil, dejando casa, trabajo, salario y familia atrás. También mi amiga tiene razón cuando menciona que hay técnicas para tomar buenas decisiones. No tienes que tener la gran carrera para darte cuenta que son técnicas bastante útiles ya que tomamos cientos de decisiones personales que marcan tu vida para siempre casi todos los días.

Comencé con el primer gran ingrediente para tomar una buena decisión: Valentía. Algunas decisiones son fáciles, otras más difíciles. Nunca estarás 100% seguro de que tu decisión de venirte a África es la más acertada, así que al final del día se resume entre valentía o confort, nunca podrás tener ambos. Piensa en lo que quieres y no en lo que sientes; entiende que hay una diferencia entre lo que crees que quieres (digamos, más vacaciones) y lo que realmente quieres (un balance mejor entre tu pasión, misión, vocación y talentos)

Lo segundo es actitud. Gente que conozco me dice todo el tiempo: ¿Cómo te largas dejando todo en espera para irte a lo incierto en un país desconocido? ¡Eres terrible! pero es más terrible llegar al final de tu vida preguntándote que hubiera pasado si no te hubieses atrevido y hubieses tomado el otro camino. Así que funciona muy bien cambiar la actitud al tomar decisiones y vivir la vida con un sentido de “posibilidad” y preguntarse “cuál es la oportunidad en todo esto” o “que es lo peor que puede pasar”.

Si acepto que hay un riesgo en toda decisión, ese algo te deja expuesto. Es como cuando dices “Te amo” independiente de lo que él/ella vaya a decirte. Personalmente diría esto si lo sintiera aún sin haber garantías de que vaya a recibir lo mismo de vuelta e invertiría siempre tiempo en una relación que puede o no puede resultar.

Tomar decisiones aplomadas por ti mismo es la piedra angular de la seguridad y autoestima; has decidido lo que es bueno para ti y te pusiste en camino a lograrlo. Seguridad en ti mismo es la clave, si tú crees en ti como profesional y mujer, otros también lo harán.

Mi padre, mi fan número uno, el primero en arriesgar su reino para que yo tomara este trabajo, alguna vez me dijo que existen muchos asientos baratos en este mundo. Esos son los asientos lejos de los acontecimientos, donde la gente se sienta a la distancia y crítica a otros que si están haciendo algo en la vida. La gente en estos asientos, nunca arriesga nada o se acerca un poco a los acontecimientos. Ignoré a esta gente, no tiene real valor.

Puedo asegurar, como alguien que busca incesantemente algo distinto en este paso de vida y como una convencida de que debemos trabajar para vivir y no al revés, que atreverte lo suficiente para tomar decisiones no se trata de ganar o perder. Se trata de no rendirse. Construirte una libre y bella vida empieza cuando tienes la valentía de cerrar los ojos, respirar profundo y confiar tu instinto a la hora de tomar tus propias y acertadas decisiones.

Escuela Presbiteriana de Antofagasta lanza campaña en apoyo de alumnos de la Escuela Primaria de Sichili

Esta campaña de apoyo se extenderá por dos semanas, oportunidad en la cual alumnos del norte de Chile reunirán útiles escolares, los cuales luego serán enviados a África para ser distribuidos por voluntarios de la Fundación Africa Dream en la localidad de Sichili, Zambia.

 

Desde el 2004 que Fundación Africa Dream mantiene proyectos en distintas localidades del África Subsahariana, enfocados en mejorar la calidad de vida de las comunidades y transferir conocimientos que permitan a las personas estar mejor preparados frente a distintas situaciones cotidianas.
En la actualidad, nuestra Fundación ha decidido comenzar a canalizar la ayuda que distintas organizaciones o personas quieren entregar, sumando este nuevo frente a los proyectos médicos y de agricultura, permitiendo a chilenos comunes y corrientes enviar ayuda a África.

 

Escuela Antofagasta 1

Marisol Cepeda, docente en la Escuela 23 Presbiteriana de Antofagasta, es la encargada de organizar la campaña de recolección de útiles escolares.

Tal es el caso de la Escuela 23 Presbiteriana de Antofagasta, donde la docente de Pedagogía General Básica, Marisol Cepeda, dio inicio a una campaña para recopilar útiles escolares que sirvan a los niños y niñas de la Escuela Primaria de Sichili.
La campaña, que durará dos semanas, pretende recopilar materiales nuevos, donados por los mismos alumnos y apoderados del establecimiento, que facilitarán los estudios de los menores, en Zambia.
Los materiales, que se componen de cuadernos y estuches con saca puntas, lápices y gomas de borrar, entre otros, son una verdadero apoyo pedagógico para los estudiantes de Zambia, ya que por los escasos recursos muchos de ellos no tienen materiales de primera necesidad que les faciliten su aprendizaje.
Al respecto Marisol Cepeda comentó “todos en el Colegio son bien solidarios. Hablé con alumnos por celular la semana pasada, y ya el lunes comencé a recibir las primeras donaciones. Son útiles básicos que las familias con esfuerzo donan, pero que sin duda son de gran ayuda para los alumnos de Sichili, Zambia”.
Agradecemos esta gran iniciativa, liderada por Marisol Cepeda, e invitamos a otras escuelas que quieran sumarse a campañas que vayan en directo beneficio de las comunidades africanas.

Escuela Antofagasta 2
Para conocer más sobre la Escuela Presbiteriana, se puede visitar http://www.escuelapresbiteriana.cl/

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