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AFR!CA DAY EN CHILE

¿Quieres conocer las maravillas de África en Santiago?

Si es así, agenda entonces el 10 de diciembre para asistir junto a tu familia y amigos al Africa Day.

Conocerás la cultura, costumbres, gastronomía y más, expuesta por la comunidad africana en Chile.

Y además, estaremos con un stand dando a conocer nuestra Fundación. ¡Te esperamos!

Lugar: Salón Parroquial Nuestra Señora de Pompeya. Avenida Bustamente 180.

Horario: 17:30 – 21:00 horas.

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Sibeso

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La primera vez que vimos a Sibeso Mwyundu nos pareció una niña no muy distinta a las demás que hemos visto pasar por el hospital. Nos mira con un poco de susto como lo hacen muchos niños que rara vez (o a veces nunca) han visto a un blanco y llegan con dolor a nuestro hospital. Su pierna derecha tiene una herida que no ha sanado en más de dos años, casi la mitad de sus tiernos 5 años que ha vivido y no tiene la menor idea por qué.

La primera impresión que dimos a Sibeso no fue la mejor. Debíamos limpiar su pierna, lo cual para ella fue bastante doloroso a pesar de la analgesia. En los primeros días ella no sabía qué pensar de nosotros, si éramos amigos o verdugos. Para nosotros ella era una paciente más que debíamos tratar y un gran misterio médico. Sus lesiones eran extrañas y me hacían recordar a algo que sólo había visto por acá un par de veces en algunos adultos. Tomamos algunos exámenes básicos con el sentimiento ambivalente de no saber qué sería mejor: sí nuestro diagnostico era el acertado o que continuara como un misterio médico. sibeso1

Para bien o para mal sucedió lo primero. Nuestra pequeña paciente sufría de lepra, una enfermedad que pareciera ser de tiempos bíblicos o de un mundo antiguo que desconocemos. Nos golpea un poco el diagnóstico: Tiene tanto por delante para cargar con una enfermedad así que no podemos mantenernos indiferentes. Sentimos un poco de pena por ella, hasta que la conocemos un poco más.

Con la inocencia de un niño que no comprende su enfermedad, Sibeso corre por el hospital escapando de su aislamiento constantemente. Debemos perseguirla más de una vez mientras ella va cambiando su miedo hacia nosotros por risa. Todo en su vida era un gran juego, y se le veía con su piernecita cubierta por todo el hospital. Rápidamente se volvió en una de nuestras pacientes estrellas.

Sibeso se convirtió para nosotros en un emblema de lo que vivimos acá, nos recuerda que estamos insertados en un lugar azotado por enfermedades terribles que en nuestro mundo aprendimos a no temer debido a los avances de la ciencia y la tecnología, pero que acá se deciden no temer debido a la inocencia y una felicidad a prueba de todo. 

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Durante semanas nos acompañó mientras intentábamos conseguir los medicamentos necesarios para su condición, pero como todas las historias que vemos acá, llegó el día en que debíamos darla de alta. Cada vez que damos un alta lo hacemos con la esperanza de que nuestros pacientes no nos vuelvan a ver, que nos olviden y que vivan una vida plena, llena de alegrías. Lamentablemente Sibeso necesitará tratamiento por largo tiempo y no podrá olvidarnos al igual que nosotros no podremos olvidarla a ella. Al menos se puede conformar con esa suerte de gratitud al respecto. En cuanto a una vida plena… Pues parece que ella escogió vivirla así hace tiempo.

“El mundo rompe a todos, mas después, algunos se vuelven fuertes en los lugares rotos”

  • Ernest Hemingway

Lo que dejamos atrás

Es curioso el mundo de hoy en día. A pesar de estar a miles de kilómetros de mi tierra natal, Chile, amigos y familiares me llenan de ánimo desde la lejanía, mientras que extraños dan palabras tanto de apoyo como de crítica acerca de lo que hacemos. A veces las comunicaciones nos acercan tanto que nos hacen difícil ver lo que dejamos atrás.

Desde los primeros años en la Escuela de Medicina se nos deja en claro que tendremos que hacer sacrificios. Tendremos poco tiempo para compartir con nuestros seres queridos, tendremos que sacrificar tiempo, recursos y hasta nuestra propia seguridad. Con la ingenuidad y la ilusión de un niño que comienza una gran aventura, hacemos caso omiso a esas advertencias y continuamos sin (o con poco) miedo de lo que nuestras decisiones implican.

Estando en Zambia en momentos de soledad he podido pensar mucho en eso. Con los otros voluntarios dejamos atrás a nuestras familias, nuestros amigos, nuestras parejas. Dejamos atrás los supermercados en cada esquina, el bar para darse un gustito, el jugo en polvo y la marraqueta. Hemos estado rodeados de pacientes con tuberculosis y lepra sin tener las herramientas necesarias para protegernos, hemos estado expuestos a accidentes que involucran peligros como el VIH, he sufrido de malaria (dos veces), dejamos el confort del hogar y la estabilidad económica de una carrera como la medicina para entregar nuestro arte sin costo alguno y aún así, ser criticados. 

Nos entregamos completos, sin reservarnos nada. Nuestro sudor, nuestro cansancio, nuestro conocimiento, nuestras frustraciones. Todo lo entregamos al 100%. Y así como nosotros hay tantos voluntarios y tantos locos apasionados por su profesión que dejan tanto o más.

Lo que olvidan decir es por qué dejamos todas esas cosas atrás…

La tercera ley de Newton nos dice que con cada acción ocurre siempre una reacción igual y contraria. Quizás no sea completamente contraria, pero claramente lo que dejamos atrás nos deja tomar las cosas que tenemos por delante: satisfacción de ayudar haciendo lo que amamos, ser parte de historias únicas, aprender de un mundo antiguo que pareciera no existir en nuestro planeta, conocer el cariño y la alegría de una cultura extraña. En estos casi nueve meses hemos sido partícipes de una aventura única que nos cambiará por siempre. Nos dieron otro par de ojos para ver las cosas de una manera distinta, nos dieron una fuerza que no sabíamos que teníamos dentro para resistir y seguir adelante.

Y así llegará el día que tengamos que dejar nuestro hogar temporal de Sichili para continuar entregando, ya sea en Chile, ya sea en alguna otra misión internacional. Seguiremos desarrollándonos con la misma entrega y pasión que hemos dado.

Y es en ese momento que pienso que no es tan malo dejar atrás algunas cosas por luchar por un futuro un poco mejor. El asunto está en no depender de aquello que dejamos, pero no por eso olvidarlo. Debemos honrar nuestros sacrificios haciendo que valgan la pena, y así a medida que nos adentramos en nuevos horizontes, podemos continuar desprendiéndonos de aquellos pesos que alguna vez creímos indispensables y que se encarnan en distintas comodidades, como el café de la esquina que tanto disfrutábamos o el agua que corre libremente por la llave. Después de todo, Newton si sabía lo que decía: no teman en dejar atrás por un sueño o por una lucha que valga la pena…

La invitación queda hecha entonces, queridos lectores, para dejar atrás y a aventurarse a un mundo nuevo que será solo lo que nosotros hagamos de él.

“Todos y cada uno de nosotros paga puntualmente su cuota de sacrificio conscientes de recibir el premio en la satisfacción del deber cumplido, conscientes de avanzar con todos hacia el hombre nuevo que se vislumbra en el horizonte”

Ernesto “Che” Guevara

Finaliza con éxito postulación a voluntariado de médicos

En Fundación Africa Dream, agradecemos a los cientos y cientos de profesionales médicos que postularon para ser voluntarios por un año en Sichili, Zambia.

Esperamos tener a los 3 médicos seleccionados el mes de octubre, una vez finalizado todo el proceso de entrevistas y distintas evaluaciones. Por ahora ya definimos el grupo de candidatos y estamos en pleno proceso de selección, según los requisitos establecidos por nuestra Fundación, y en base a las necesidades más urgentes que hemos podido apreciar en la zona en donde trabajamos.

Agradecemos también a todos aquellos quienes desde sus más profundas ganas de ayudar nos enviaron sus antecedentes, pese a no ser médicos. Guardaremos todos esos CV que nos llegaron, pero pese a esto, estén atentos a nuevas convocatorias, ya que nuestra Fundación crece día a día con lo que esperamos poder enviar nuevos profesionales para cubrir otras necesidades que vayan surgiendo y así, ayudar a miles de africanos a mejorar sus vidas, enseñándoles desde un respeto de sus creencias y formas de vida, cómo incorporar conocimientos que les permitan ser auto sostenibles.

¡Gracias por tú interés y por apoyarnos en llevar nuestros sueños a África!

Nawa

Nawa

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Es un día cualquiera en la noche. La semana ha terminado y nosotros estamos agotados, pero realmente acá nada termina. Sabemos que ante cualquier emergencia debemos correr hacia el hospital, pese a los pocos metros que separan nuestra casa de éste lugar. 

Evalúo la semana, las muertes, las rabias, las peleas que hemos tenido contra un staff que está acostumbrado a que las cosas no funcionen. Hay días que pareciera que somos los únicos que remamos contra la corriente, porque la gente local ya se ha resignado a que la cosa simplemente es así y no vale la pena pelear por mejorar las condiciones. Y eso es lo que más nos frustra.

Esta semana se acabaron los yesos, el ibuprofeno, varios antibióticos esenciales, anticonvulsivantes endovenosos, la oxitocina y otros fármacos e insumos que son realmente necesarios y básicos. Nos las arreglamos como podemos, la lucha sigue. Inmovilizando fracturas con ramas y antiguos nudos aprendidos en scout, echando mano al ingenio y a cuanto podemos con pacientes realmente graves. La gente sólo nos ve. Los enfermeros nos dicen que simplemente no se puede, que no hay solución, y nosotros tratamos de demostrar lo contrario.

Y más que la lucha contra los bajos recursos, contra las enfermedades desconocidas y las caras cansadas que llegan a altas horas de la noche irrumpiendo nuestro descanso, la lucha que más nos frustra es contra la resignación. Contra la pereza que ello produce, contra el dogma de que la vida es como es y que no podemos remediarlo.

En esos momentos cuando todos se rinden alrededor nuestro, nos preguntamos qué hacemos acá. Por qué no tiramos la toalla y vamos a ayudar a otro lugar o simplemente nos dedicamos a descansar.

Entonces recuerdo a Nawa…

Nawa tiene 9 años y prácticamente todos los días me ve junto a sus hermanos y amigos trotar por fuera de su casa en dirección al “Bush”. Son niños curiosos, un grupo que va desde los 4 hasta los 9 años compuesto por 7 niños. Me gritan ¡Macua! (que significa blanco) al pasar y me saludan. Me sonríen y a veces salen corriendo a mi encuentro intentando alcanzarme. De vez en cuando les doy en el gusto y me acompañan por unos 500 mts hasta 1 km antes de cansarse y volver a sus casas caminando.

Un día Nawa sale con los mayores, me rio junto a ellos, los espero y voy a trote suave preguntándoles si quieren correr conmigo. Por supuesto que todos dicen que si, como es usual, y luego poco a poco van quedando atrás los más pequeños que deciden volver a sus casas. Era un día caluroso y a poco más de 500 mts quedo solo con Nawa. Le pregunto desafiante si quiere correr en serio, y me dice que sí. Comienzo a apurar el paso, se ríe e intenta mantenerse a mi lado con sus pies descalzos. 

Para mi sorpresa ya llevamos 2 km y Nawa sigue ahí, se ve un poco cansado, así que bajo el ritmo para que pueda seguir y le pregunto si quiere volver a su casa o seguir. Con convicción me dice que quiere continuar. 

No sé de dónde viene su convicción, pero continúa, sabiendo que cada paso que damos será un paso que tendremos que recorrer para volver. Llegamos a los 4 km y le ofrezco volver. Me dice que sí y sus pies descalzos continúan poco detrás de los míos el retorno a su casa. A través de la arena que atraviesa la Sabana Africana bajo el sol, Nawa siente que no puede seguir. Le doy ánimo, le digo que ya falta poco y que está logrando algo increíble. Levanta su mirada y continúa. Pareciera que cada vez que se acerca más a su hogar sus piernas se vuelven más fuertes, al punto de desafiarme a una carrera en los últimos 100 mts. Corremos a todo dar, no dejamos ni una gota de energía de reserva y llegamos felices a la meta. Su expresión es inexplicable, había hecho algo que había creído imposible y le muestro mi reloj. 52 minutos con 15 segundos demoró en recorrer 8 km de arena sin zapatillas y sin ningún equipo de deporte. Lo felicito porque su voluntad fue más fuerte y para las condiciones logró hacer un muy buen tiempo.

Recuerdo a Nawa y recuerdo a un niño que creyó que podía más, que a pesar de ser un juego no se rindió, que no dejó de correr ante la arena caliente bajo sus pies, ni se dejó intimidar por las condiciones. Recuerdo a Nawa y recuerdo ese espíritu que nos trajo acá. Esa fuerza que no responde a la razón sino a la voluntad que nos dice que si podemos, que no nos rindamos, que no decaiga el ánimo, que la carrera continúa y que pronto llegaremos a casa. Pero que ahora hay que seguir corriendo, hay que seguir luchando por una salud digna para tanta gente que nos necesita.

“Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.”

Albert Einstein


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Semilla, Sembrado, Cultivo, Cosecha, Semilla…

No sólo el huerto de Sichili, en Zambia, y otros que hemos hecho en África son así: ¡Africa Dream es así!

 

Ciclos y ciclos… Siempre con semillas nuevas y renovaciones, para seguir incorporando compromiso y talento que siga ayudando a concretar nuestros sueños en África, donde hoy consolidamos un equipo en Comunicaciones, compuesto por Fernanda, Alejandra, Felipe e Ignacio.  

Mientras, seguimos enviando voluntarios a África, siempre con  semillas y sembrados nuevos y, que por estos días, tienen a Sebastián Ladrón de Guevara iniciando la segunda etapa del huerto, lo que permite mejorar la nutrición de la población junto con enseñarles principios de auto sustentabilidad. 

 

En Chile, tenemos el gran cultivo de la búsqueda de socios y médicos, para el recambio de doctores en Sichili. Como quien busca y cuida, hemos logrado nuevos brotes, que nos dejan con 30 nuevos miembros para nuestra tribu y ya varios antecedentes que nos comienzan a llegar de médicos dispuestos a partir por un año a África. 

 

Y en la cosecha, nuestro agrónomo Darío Mujica quiso continuar con el voluntariado que inició en África, pero hoy desde Chile, asumiendo la Dirección Ejecutiva de nuestra Fundación.

 

Lo que más nos enseña África, en los distintos lugares rurales donde hemos trabajado, es a re conectarnos con el ritmo de la naturaleza y sus necesarios ciclos, haciéndonos parte de ese fluir…

 

Africa Dream es travesía, es comunidad, es cambio y evolución constante. ¡Es…VIDA !!!

 

Janet Spröhnle 

Abren convocatoria para voluntariado en África

Hasta el 30 de septiembre se podrá postular como voluntario a la Fundación Africa Dream, organización sin fines de lucro que desde el 2005 ha organizado distintos trabajos en lugares remotos de África, posibilitando que la población de pequeñas localidades tengan acceso a salud y alimentación, educación y deporte, entre otros.

 

“La primera vez que fui, lo hice en el año 2007. Con otros dos amigos fuimos los primeros en viajar por Africa Dream, yendo a Zambia para establecer relaciones con el partner local e identificar junto a la comunidad los proyectos a desarrollar en el futuro y, en definitiva, a abrir operaciones. Además hice clases en un colegio y apoyaba en labores administrativas en el hospital”, comenta Agustín Riesco (31), casi 10 años después y hoy como Vicepresidente Ejecutivo de la misma organización en la cual partió como voluntario, viendo con orgullo como ha crecido y como gracias al fuerte trabajo que han realizado junto a otros jóvenes, distintas localidades remotas de África cuentan hoy con médicos, entre otros profesionales.

Agustín Riesco actualmente es Profesor Universitario, dirige una Oficina de Innovación Social y es Vicepresidente Ejecutivo de Africa Dream, fundación que nace en el 2005 gracias al trabajo de la empresaria Janet Spröhnle y al apoyo de muchos jóvenes que han ido trabajando desde distintas áreas para levantar esta fundación. Al respecto, cuenta que el voluntariado es muy relevante para cualquier persona. “A mí me cambió la vida. Tenía 21 años y reafirmó mi convicción de dedicarme a los temas sociales. El voluntariado en ese sentido es un tremendo complemento a la formación profesional que te entregan en la universidad. Independiente que acá en Chile también uno realiza otros voluntariados, el hecho de hacerlo en África tiene un componente distinto. El principal aprendizaje es escuchar, aprender, entender y empatizar, para luego pensar, desde la propia comunidad, cómo podemos mejorar su calidad de vida”, explica.

En la actualidad, Africa Dream ha enviado a más de 35 voluntarios a países como Zambia, Sudáfrica, Mozambique y Kenia. Hoy está buscando reclutar nuevos médicos para que estos sean destinados, por un año, al Hospital Misionero de Sichili, Zambia. 

Una de las doctoras que viajó y pudo entregar durante un año toda su experiencia, conocimientos y ganas de mejorar la situación de miles de africanos, fue Daniela Martín, quien hoy, de 29 años, viajó en el 2013, destacando de las experiencia que “pude desarrollarme como médico en condiciones que nunca más podré vivir, y me enfrenté a situaciones complejas con pocos recursos. Nunca más me voy a sentir tan útil como médico como me sentí allá. Para ellos es difícil entender la medicina tradicional y en general cuando llegan a los hospitales lo hacen en pésimas condiciones. Ellos tienen muchos problemas de salud que acá ya no existen o que se ven muy poco, sobre todo enfermedades infecciosas y de nutrición”.

Algunas de las
competencias necesarias son:  

1.     Manejo de inglés.

2.     Liderazgo de grupos (manejo de situaciones clínicas con staff del hospital).

3.     Capacidad de adaptarse a situaciones adversas, ya sea en la relación con el staff del hospital, las características culturales del país, así como también saber actuar en un contexto con escasos recursos médicos. Tolerar resultados clínicos adversos.

4.     Trabajo en equipo, tanto con staff  local como voluntarios médicos.

Para más información se puede enviar un correo a postulaciones@africadream.cl o visitar la página web www.africadream.cl

Sembrando en África

El voluntario de Africa Dream, Darío Mujica, logró levantar un huerto comunitario, para que niños, jóvenes y adultos se alimenten y mejoren su dieta diaria.En tierra en donde muchas veces el agua no está a la mano, este joven junto a otros profesionales le dieron una vuelta a la agricultura, gracias a lo cual parte de la comunidad de Sichili, Zambia, está alimentándose mejor. Se espera que el modelo se replique a otros sectores de África. 

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Desde el 2007 que la Fundación Africa Dream está presente en distintos lugares de África a través de profesionales voluntarios, quienes buscan en base a las necesidades de la población cómo mejorar la vida de los habitantes, elaborando e implementando proyectos sostenibles para la comunidad.Por ello, y mientras los voluntarios se encontraban en Malamulele (año 2010), lograron generar un huerto para que las personas pudieran mejorar su ingesta diaria de nutrientes y, a su vez, aprendieran cómo cultivar su propio alimento.En la actualidad, y tras la salida de los voluntarios, el huerto está en manos de Eddie, el jardinero de Holy Rosary School, siendo un proyecto exitoso que se mantiene gracias a la comunidad.Esta misma experiencia fue replicada en Sichili durante el año pasado, gracias al voluntariado de un año que el agrónomo Darío Mujica mantuvo en Zambia.“El huerto comunitario de Sichili partió en agosto de 2015, gracias al levantamiento de necesidades que hicieron los doctores en el hospital, tras percatarse de los fuertes problemas de nutrición de la zona, sobre todo en los niños, por lo cual abrieron un cupo para que un agrónomo fuera, y quedé seleccionado”, cuenta con orgullo Darío Mujica, 26 años, quien acaba de volver a Chile. Lo primero para implementar la idea fue escoger el lugar, y dada las buenas relaciones de los voluntarios con la comunidad, se escogió el colegio de la zona para implementar el huerto, pero también para enseñar ciencias de la agricultura a sus alumnos y, por supuesto, un modelo replicable para que las mismas personas fueran cultivando en otros lugares.“El huerto se hizo en el colegio porque estaban muy interesados en crear una instancia para enseñar a los alumnos habilidades relacionadas con la agricultura. Esto porque la zona en la que estamos trabajando es un sector agrícola, y pasa mucho que cuando los alumnos terminan el colegio no tienen donde trabajar, por lo que enseñarles agricultura es una buena alternativa para que tengan su propia fuente de ingresos, y además, de comida”, explica Mujica.El huerto además cuenta con un programa para cosechar todas las semanas. La idea es estar siempre sembrando y cosechando, para que quienes viven en Sichili tengan disponibilidad de hortalizas todo el año. La cosecha se reparte entre los alumnos del colegio y los pacientes del hospital de Sichili. También se vende una parte de la producción para que el proyecto se autosustente. Además, todos los días llega gente de la comunidad a trabajar con los voluntarios. Les dan algunas tarea como desmalezar o aplicar guano y cuando terminan se pueden llevar verduras para sus hogares.Sobre las dificultades, Darío cuenta que “lo más difícil de cultivar en África fue durante las épocas en las que el clima no acompaña. Por ejemplo en el mes de octubre, que hace mucho calor y cuesta mucho manejar el tema del riego. O también en la época de lluvia, en que es muy difícil controlar las enfermedades sobre todo en los tomates. En esa época llueve casi todos los días y además hace calor. Eso hace que lleguen muchas enfermedades a los cultivos. Lo otro difícil es programar los cultivos para estar siempre cosechando. Para eso se necesita conocer los ciclos y como se afectan según las condiciones climáticas. Muchas veces nos pasó que nos quedamos sin poder cosechar algunas semanas por lo mismo”.Por el contrario, el profesional cuenta que lo más fácil es apoyarse en la comunidad y hacer un trabajo en conjunto. La gente allá sabe de agricultura y han sembrado toda la vida. Conocen muy bien el clima y tienen experiencia. “Con el apoyo de ellos se hace mucho más fácil hacer el proyecto”, destaca. Hoy el huerto sigue en proceso de desarrollo, gracias a un nuevo voluntario: Sebastián Ladrón de Guevara, quien está a cargo de organizar un sistema de ventas para que el huerto sea autosustentable. La idea es que en unos años más el huerto lo maneje solamente la comunidad.Gracias a esta
iniciativa, hoy parte de la comunidad beneficiada puede comer zanahorias,
berenjenas, repollo, porotos verdes y muchas otras hortalizas que antes no eran
conocidas por la comunidad.
Por lo mismo, Africa Dream quiere llevar su modelo de huertos sustentables por toda África, frente a lo cual se necesitan más voluntarios y donaciones que permitan mantenerlos y concretar este tipo de proyectos en África.

Tres Amaneceres

Recuerdo hace años cuando escuché por primera vez la canción “Latinoamérica” de Calle 13. A mi corta edad ya me podía jactar de conocer gran parte de mi país y muchos lugares de Sudamérica y, sin duda, fue emocionante escuchar una letra tan vívida. Muchas de sus frases me encantaron, en particular encontraba poético cuando decía “soy el sol que nace y el día que muere, con los mejores atardeceres”. Por mucho tiempo concordé con esas palabras, pero lamentablemente con el pasar del tiempo en el continente negro, he llegado a discrepar. Es relativamente tarde en la noche Nos preparábamos para dormir cuando una llamada irrumpe la paz de la casa. “Doctor, come now to maternity ward” (Doctor, venga ahora al ala de maternidad) nos dice agitado Lifasi, matrón de turno con amplia experiencia en el hospital. La agitación y su tono de voz nos hacían sospechar que la situación era seria. Nos apresuramos a llegar pues, como bien vaticinaron alguna vez nuestros tutores, las emergencias que más nos harían sudar son las maternales y neonatales, y este caso no fue la excepción. Una recién nacida estaba completamente inmóvil a nuestra llegada y rápidamente nos sumamos a la reanimación. Su corazón todavía latía con debilidad y no podía respirar por sí misma. Su cuerpo estaba frío y completamente flácido. Durante tres horas estuvimos ayudándola a respirar hasta que unos quejidos y un cuerpo que lentamente retomaba su fuerza nos sacaron una sonrisa de satisfacción inevitable. Eran cerca de las 1:00 am y esta luchadora anónima recién comenzaba las primeras estaciones de su vía crucis.Gracias a la diferencia de horario logramos comunicarnos con un especialista neonatólogo a quién le describimos el caso. Como sospechábamos antes, todavía no podíamos estar tranquilos con nuestra pequeña paciente. Por el tiempo que estuvo sin poder respirar se esperaban una serie de complicaciones que solo podrían ser bien tratadas en una UCI neonatal. El único problema es que más de 5 horas de viajes a través del bus separaban a nuestra pequeña de la tan necesaria cama de UCI. Decidimos aprovechar esta pequeña primavera de estabilidad que nos dio para poder trasladarla. El auto estaría listo entre las 4:00 y las 5:00 am, por lo que nos preocupamos de mantenerla lo más estable posible mientras terminaban los preparativos para el viaje a Livingstone.Son las 6:00 am del día en el que una recién nacida anónima se aventuraba a través de la sabana para poder tener una posibilidad de vivir y Lifasi nos llama nuevamente. Una madre con un embarazo de término muestra algunos signos de sufrimiento fetal y necesitábamos saber si aquel no nacido podría esperar al parto normal o deberíamos intervenir con una cesárea de urgencia. La monitorizamos por más de una hora y pareciera que todo está calmado. La madre y el feto están bien y ahora estarían bajo nuestro estricto cuidado para intervenir ante la menor señal. Durante el resto del día la madre no nos hace pasar mayores sustos, y todo apuntaba a que no habrían nuevas complicaciones. Lamentablemente la medicina es difícil de predecir y nuevamente durante la noche, cerca de las 3:00 am, la madre muestra nuevos signos de que su hijo está sufriendo. Tras un rápido asesoramiento nos damos cuenta de que tenemos que intervenir a pesar de que la madre está avanzada en el trabajo de parto y la llevamos al pabellón. La acostamos en la mesa y Cristián la vuelve a examinar mientras nos lavábamos para operarla. “Creo que puedo sacarla ahora” nos dice un poco inseguro. La madre tenía dilatación completa pero aún estaba alta la cabeza del bebé. Duda un poco y lo animamos “¡Si crees que puedes, juégatela!”… Mungyanga tiene 8 meses y lleva 7 días luchando contra una neumonía que de a poco comienza a robarle la vida de su cuerpo. Sabemos lo que él necesita: un ventilador mecánico, al igual que sabemos que para poder acceder a él lo debemos someter a un viaje que probablemente no sobrevivirá por falta de oxígeno para transportarlo. Debatimos entre los tres las distintas posibilidades. Hemos visto frente a nuestros ojos como su cuerpo se agota y se le vuelve cada vez más difícil respirar y ya no podemos esperar mucho más, una decisión arriesgada es necesaria para darle una chance de salvar su vida, pero la responsabilidad de arriesgar la vida de un pequeño de 8 meses no es algo que podemos decidir con tanta facilidad. Tras un largo debate tomamos la determinación de arriesgarnos a un traslado que a todas luces es más peligroso para el pequeño Mungyanga de lo que sería para nosotros recibir una bala en el cuerpo. Tomaremos la oportunidad de mi viaje a Livingstone para comenzar mis vacaciones y me lo llevaría en el vehículo. Me armo con todos los elementos necesarios para las complicaciones que más que probables, son seguras, y llego al hospital un par de horas antes del traslado para poder estabilizarlo lo más posible antes de partir. Veo un nuevo amanecer, sería el tercer amanecer seguido que vería durante esa semana (ya sabrán que pasó en el segundo, no os desesperéis) y los sigo viendo con los mismos ojos supersticiosos que buscan en el sol naciente una suerte de señal de que todo estará bien. Mungyanga no se encuentra bien. A pesar de ir apoyándolo su respiración se hace más y más agitada, sus labios se ponen azules y de pronto deja de respirar. No llevábamos ni media hora de camino y le pido a Ndala que pare el auto inmediatamente. Comienzo a reanimar al pequeño Mungyanga, logro intubarlo exitosamente y empieza a dar débiles señales de vida. “¡Rápido! ¡Vamos de vuelta!” le pido a Ndala quien comienza la carrera a toda velocidad. Sé que Mungyanga necesita oxígeno y a pesar de no tener un ventilador en Sichili, tiene más posibilidades de vivir ahí que aguantar 4 horas y media más de viaje. Llegamos a toda velocidad y Cristián recibe a un débil niño que comienza a revivir. Logramos estabilizarlo y conectarlo al escueto oxigeno que nuestros concentradores pueden entregar, rezamos para que sea suficiente sabiendo que las posibilidades son bajas.Estamos en el pabellón y en una rápida maniobra que no debe haber tomado más de 5 minutos Cristián logró sacar a una recién nacida completamente inmóvil del vientre de su madre y con Matías nos apresuramos para iniciar la reanimación. Cerca de una hora estuvimos en ese pabellón frío con otra nueva heroína que comienza su vida luchando contra toda posibilidad. Comienza a repuntar y sus movimientos empiezan a aparecer. Debemos llevarla a un lugar cálido, ya que estaba completamente hipotérmica y nuestro frío pabellón ahora es más amenaza para su vida que ayuda. Terminamos agotados ese día, pero felices viendo el amanecer sabiendo que esta segunda pequeñita lo lograría.El primer amanecer que vimos durante esa semana efectivamente se convirtió en un augurio. Nuestra pequeña heroína logró vivir, no sin su toque de dramatismo en el medio. Una rueda pinchada, convulsiones y un episodio de fiebre que los hizo tener que detenerse en una posta rural en medio del camino para administrarle antibióticos, fueron parte de las aventuras que vivió esta pequeña durante sus primeras 24 horas de vida. Pero sus ganas de vivir fueron más fuertes que la adversidad y hoy al igual que esa otra pequeña anónima crecen bajo la mirada amorosa de sus madres que saben lo cerca que estuvieron de perder a sus recién nacidas.Tres amaneceres, tres luchadores, decenas de horas de trabajo, más de una lágrima y muchas más sonrisas… Lo lamento Latinoamérica, ya no tienes los mejores amaneceres, si bien son hermosos, África mía es igual de bella y su lucha igual de intensa que la tuya. 

Benjamín Morel 

One Zambia, One Nation

Una Zambia, una nación. Por todos los lugares de Zambia se puede leer esa frase. Está, por ejemplo en sus escudos nacionales, en su bandera y en sus canciones. Es coreada por los dj´s en los clubes y encuñada en sus monedas. Por todas las esquinas se pueden apreciar los esfuerzos de unidad de una nación que tiene más de 70 tribus originarias y decenas de idiomas. Realmente admirable, ¿no lo creen?

Mientras leo las noticias de mi país en la lejanía de la sabana no puedo sino pensar en esa frase. Veo con tristeza como Chile se sigue dividiendo cada vez más. En nuestro propio escudo nacional pareciera estar la sentencia de no poder vivir en paz y mantener el conflicto a toda escala: política, social, racial, regional, etc. “Por la razón o la fuerza” se dibuja bajo nuestro hermoso escudo y se nos enseña a luchar y discriminar bajo ese simple emblema. Nuestra política se alimenta de ese conflicto, nuestros pobres sufren por ello y de su rabia e indignación viene más segregación. Veo la violencia con la que se refieren a los que piensan distinto y no puedo sino entristecerme de lo incapaces que somos de intentar de crecer como comunidad, de culpar al otro sector político de esta discapacidad, de culpar a un sector en específico de nuestros problemas.  Todos tenemos nuestros chivos expiatorios en Chile, pero resulta que para encontrar la razón de fondo de nuestros conflictos como nación nos tenemos que mirar más al espejo.

Miremos a nuestros adultos mayores, por ejemplo. Nuestros ancianos son abandonados por sus familias cuando no son estafados por ellas mismas para quitarles los pocos recursos que tuvieron. Ellos crecieron en un Chile más dividido aún, un Chile difícil, inestable, violento. Y ahora cosechan lo mismo que esa sociedad en la que crecieron les dio: una tremenda injusticia e indiferencia. Pero en vez de tratar de protegerlos enfocándonos en ellos, centramos el debate en un sistema individual previsional, pensando más en nosotros mismos y nuestro futuro que en ellos, y formamos un debate violento, tratando de incultos y desinformados a un lado y de ladrones y estafadores al otro.  Buscamos beneficio personal por sobre el colectivo, ya sea propio o de un grupo pequeño. Y ahí es cuando veo a Chile dividido hace años en dos o tres “tribus” sin poder vivir en paz entre ellas. Y pienso en mi Zambia querida, que si bien está desbordada de escándalos de corrupción, inequidad e injusticia, logró unir a más de 70 tribus para una coexistencia pacífica y comunitaria entre ellas.

En los hospitales se ve como las familias que no se conocen se ayudan entre ellas para cuidar a sus enfermos. Consternado miraba como ayer la madre de una paciente de 23 años que falleció, después de llorar y gritar sus penas, se volvía a ayudar a una madre que tenía a un recién nacido con una deformidad.  Podremos jactarnos de muchas cosas como país, pero si hay algo en lo que somos altamente limitados es en nuestra solidaridad. Así lo han mostrado los índices que van bajando cada vez más y más. Fallamos en la empatía a todo nivel y nosotros mismos como nación sufrimos por eso. Es ahí donde Zambia, y nuestra querida Sichili, son infinitamente más sabías y capaces que nosotros. Se ve en sus caminos, con gente siendo asistida por completos desconocidos para poder llegar al hospital. En los niños que se ayudan unos a otros para poder sacar frutas de los árboles y en los pozos de agua donde se auxilian entre sí para poder acarrear tan preciado elemento a sus casas. Familia, comunidad y nación, todos viviendo en el ahora bajo el simple dogma de que la vida es un poco más sencilla y llevadera en solidaridad.

¿Se imaginan que país seríamos si en vez de “por la razón o la fuerza” abrazáramos el “un Chile, una nación”? Los invito a ponerlo en práctica, a respetarse y tolerarse, a dejar tanta discriminación y conflicto inútil y empezar a una vez por todas a vivir en comunidad y más importante aún, a vivir en paz.

Benjamín Morel 

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