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Lo nuevo es lo que apela

Desde la singularidad de ser una fundación que mira a África, curiosamente encontramos nuestro “motor” en la pluralidad de voluntarios…

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El secreto del baobab

El baobab esconde un secreto. Así conversábamos con Andrea y Javier, voluntarios de Africa Dream que parten a Etiopía en…

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Solidaridad

SOLIDARIDAD ha sido un concepto bastante usado durante este último tiempo. En la televisión, la radio, diarios, revistas, a voz…

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El arte de donar

La vida no deja de sorprendernos, nada sigue igual, avanzamos el año 2021 desafiados a diario por información que nos…

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Francisco Saldivia, voluntario Africa Dream

Soy Francisco Saldivia Wellmann, docente en el área de la Educación, por mas de 25 años.
Mi especialidad en el área deporte y salud, además entrenador de Básquetbol, Nacido en Chile
Chico, un pueblo al sur de la rivera del Lago general carrera, región de Aysén. Agradecido de mis
padres que me dieron la posibilidad de poder salir y estudiar en la Ciudad de Santiago. En mis
años de experiencia he podido ejercer mi profesión en ciudades tan australes como Punta Arenas
y también en el extremo norte de nuestro país en la ciudad de Antofagasta,.

Uno de mis principales motores que me llevan a ser voluntario es de joven porque tuve esa
oportunidad de salir gracias a un grupo de voluntarios que llego al pueblo hacer trabajo de verano y
desde ahí mi motivación, además de inculcar a mis alumnos lo mismo, esa vocación de servicio
tanto dentro del país como este gran sueño que los que pertenecemos a esta fundación el de
poder hacerlo en Africa que sin duda por las experiencias contadas por los propios voluntarios que
han podido ir son experiencias que seguro te marcaran para toda la vida.

Llevo casi un año en la fundación, primero agradecido por el hecho de poder ser parte de esta
bien llamada “tribu” en donde he podido conocer, compartir y aprender de todos los voluntarios, de
las personas que la componen, diferentes profesiones y oficios, gente distintas edades eso hace
que sea aun más rica la experiencia y compartir vivencia, pero sin duda el motor que nos mueve a
todos es el trabajo de voluntariado, aquí en nuestro país o bien si se da la oportunidad en Africa.
Para terminar debo agradecer a la fundación y quienes la componen, por haberme abierto las
puertas ser parte de esta tremenda obra y poder aportar un granito de arena desde mi área y
experiencia.

Hoy más que nunca con esta tremenda pandemia que vivimos a nivel mundial queda
demostrado que debemos ayudarnos uno a otros, de ser una gran tribu de hermanos y sin duda de
ir en ayuda del mas necesitado y somos llamados para ello y orgulloso de pertenecer a este gran
grupo humano .

Lo nuevo es lo que apela

Desde la singularidad de ser una fundación que mira a África, curiosamente encontramos nuestro
“motor” en la pluralidad de voluntarios profesionales con un compromiso social enorme por Chile.
Nos damos cuenta de que aquellos voluntarios que emprenden vuelo a África y se distinguen en su
experiencia transcultural, son justamente aquellos que entendieron que hay un chile vulnerado.
Se dice que una vez que uno asume su vulnerabilidad, se hace más consciente no solo de uno
mismo, sino que trata al otro con mayor delicadeza, pues uno se sabe vulnerable. Entendiendo en
este caso la vulnerabilidad a nivel personal.
Sin embargo, la vulnerabilidad a nivel nacional (material) ha quedado al descubierto durante este
período de crisis, ha dejado a un Chile al desnudo al que de alguna forma se debe seguir
arropando, ahora no con lo usado, sino más bien arroparlo con lo nuevo. Los habitantes de este
largo y angosto Chile lo han dejado de manifiesto de diversas formas en este último tiempo, “lo
nuevo es lo que apela”.
El voluntariado en Chile como en África, se distingue por crear instancias nuevas de participación,
asumiendo lo local y mirando al otro continente como una oportunidad para aportar,
reconociendo las diferencias de ambas realidades, espacios, idiomas y estilos nuevos. Lo nuevo no
es viajar a África, sino más bien, el compromiso de tener conciencia de la vulnerabilidad, y el
entender que el aporte que se hace tanto acá como allá es arropar al otro con aceptación y
respeto por ser quien es. Así como reflexionaba Humberto Maturana: “Sin aceptación y respeto
por sí mismo uno no puede aceptar y respetar al otro, y sin aceptar al otro como un legítimo otro
en la convivencia, no hay fenómeno social”.

Ser voluntaria de Africa Dream desde China

Soy María José González, Kinesióloga y originaria de la región de Valparaíso. Hace seis años que vivo en China, ya que gané una beca para cursar mis estudios de postgrado en el gigante asiático. Después de terminar mi Master en Medicina Social y Administración de Salud, decidí continuar mis estudios de Doctorado en el mismo país.

Un día estando en la Embajada de Chile en Beijing, me encontré con una revista que mencionaba a Fundación Africa Dream en un reportaje, y quise saber más información al respecto, por lo cual me comuniqué de inmediato al correo. La respuesta fue muy rápida y a los pocos días tuve una entrevista con el Director Ejecutivo. Después de una amena entrevista fui invitada a participar como voluntaria “virtual” en la Fundación, lo cual me dejó muy contenta, ya que siempre he tenido una profunda vocación de servicio y trabajar en África es uno de mis objetivos en el mediano plazo. Siendo voluntaria de Africa Dream he conocido y he sido parte de un gran grupo humano, cada reunión es una oportunidad para conocer más a los otros voluntarios, y se va formando un lazo especial, muy familiar, que puedo sentir a pesar de la distancia.  En las reuniones discutimos ideas y también escuchamos experiencias de otros voluntarios que nos van preparando para lo que podría ser la experiencia en África, aunque claro la experiencia de cada uno siempre será única, pero es muy bueno escuchar como otras personas han vivido este desafío. Por otra parte, algo que me gusta mucho de la Fundación es que el foco no está solo en África, sino también se realizan muchos proyectos y actividades en Chile, por lo cual los voluntarios están siempre activos, y contribuyendo con su trabajo e ideas también en nuestro País.

Sin embargo, siempre existen desafíos al estar lejos, como la diferencia horaria. En China tenemos 12 horas más que en Chile, por lo que a veces me resulta complicado ser parte de todas las actividades que realiza la fundación, pero trato de estar presente en todas las reuniones mensuales para mantenerme al tanto de las últimas informaciones. Además, el equipo siempre me hace sentir parte de la fundación asignándome pequeñas tareas que pueda realizar a distancia. Por eso, no importa dónde estemos, si tenemos ganas y compromiso siempre podemos encontrar la forma de participar.

Mi interés en África nace de mis estudios en Salud Global y de mi proyecto de Tesis para mi Master que se centró en los factores que afectan la mortalidad materna en África Subsahariana. Tuve la oportunidad de adentrarme más en el contexto de salud de ciertos países de África y de ver las principales carencias y problemáticas del área. Además, me di cuenta de la importancia de los determinantes sociales en salud en el continente Africano. En el año 2016, después de un año de haber comenzado mis estudios de postgrado en China, tuve la oportunidad de viajar a África, específicamente a Tanzania, y ver de cerca la gran desigualdad que existe, por lo que sentí aún más ganas de ser partícipe de un cambio.

Creo que África es un continente del que se puede aprender muchísimo, debido a la gran variedad cultural y diversidad étnica y social. Aún en algunos países de África existen grandes  desigualdades sociales que hacen que el acceso a salud para la comunidad sea un gran desafío. En lo personal me gustaría ser parte de proyectos de salud en el continente africano, y creo que Africa Dream me está dando la oportunidad de lograrlo.

Africa Dream realiza una gran labor enviando voluntarios al continente africano, y creo profundamente que si existe en nosotros ese anhelo de contribuir con nuestro tiempo y trabajo a lugares donde existen grandes carencias, deberíamos hacer todo para poder materializarlo. Personalmente, he tenido la oportunidad de formar parte de equipos multiculturales de trabajo y estoy convencida de que trabajar en equipos con personas de otras culturas y contexto es una experiencia que nos ayuda a crecer como profesionales y como personas. Hay muchas habilidades que se desarrollan, como la capacidad de adaptarse más fácilmente a nuevos contextos cuando trabajamos en equipo y una mejor capacidad de resolver problemas.

Tal vez nuestro trabajo como voluntarios no cambie el mundo ni la realidad de un determinado país, pero sí creo que puede impactar sobre la calidad de vida de algunas personas que viven en un contexto de necesidad y eso ya es una gran ganancia.

Me gustaría finalizar diciendo que ojalá que la distancia no sea un límite, sino una oportunidad para crear nuevas formas de participación e ideas que puedan hacernos llegar más lejos. Hoy debido a la globalización, y a la pandemia, muchas actividades se realizan de forma virtual, por lo que lejos de ser una limitante, creo que es una ventaja para encontrar nuevas formas de participar a pesar de las fronteras.

 

 

El desafío de lo nuevo ¿y por qué no?

Ya se cumplen diez años de haber iniciado mi aventura como voluntario en África.

África, hasta ese entonces se veía como algo lejano a mi realidad cultural, y quizás, lejos de mis prioridades de visita en ese tiempo, pero al momento de presentarse la oportunidad de poder aportar a una comunidad en este continente, me dije: ¿Y por qué no?

A fines de Marzo del 2011 estaba en un avión rumbo a África a cumplir con la misión encomendada por la fundación, y con la mejor de las ganas de entregar mi esfuerzo y conocimientos, así como conocer y aprender en un mundo nuevo para mí.

Soy agrónomo, y si bien iba a cargo de un proyecto agrícola comunitario, además, iba de profesor de ciencias naturales en el colegio de las Hermanas Salesianas en la aldea de Xitlhelani (un nombre difícil de pronunciar por lo que de aquí en adelante hablaremos de Malamulele), en donde estaba inserto este proyecto, ubicado en la provincia de Limpopo, Sudáfrica.

Recuerdo el desafío, de lo que era importante llevar, pensando en que estaría un año en un lugar alejado de las grandes urbes, de hecho la ciudad más cercana estaba como a 3 horas en bus.

Fui con lo que creí en ese momento, era lo básico y esencial que me podía servir para trabajar en el proyecto, pero lo que creí que era esencial, no era tal estando allá. Por ejemplo, se me ocurrió llevar las clásicas botas negras de goma, marca Bata, pero la verdad que al mojarse la tierra, se transformaba casi en greda por lo que no era práctica de usar, y fue descartada luego del primer uso.

Ya estando allá, uno se da cuenta que hay tres conceptos siempre presentes, que te ayudan a enfrentar de mejor forma el día a día: la tolerancia a la frustración, resiliencia y capacidad de adaptación.

Uno como agrónomo sabe que no se pueden controlar todos los factores en el ambiente, y por lo mismo uno sabe que se debe ser flexible y moverse rápido para llegar a un mejor resultado. En este caso, no puedo dejar de mencionar las plagas, si uno se confiaba en una semana, se te podía ir el trabajo de tres meses. De verdad increíble la cantidad de insectos devoradores que existen, langostas, coleópteros, milpiés, entre otros. Para esto, es bueno darse el tiempo de observar y ver qué buenas prácticas agrícolas utilizaban nuestros vecinos en el huerto, y ahí uno se da cuenta que uno nunca termina de aprender.

En el caso de la resiliencia, que es la capacidad de sobreponerse a circunstancias de adversidad en tu existencia.  En esto quiero ser bien sincero, uno llega a una cultura muy diferente, por lo que muchas veces uno se siente solo. Hay cosas que son difíciles de compartir por qué uno viene de otra cultura, y lo que es normal para la comunidad, no es tan normal para uno. En mi experiencia, y para enfrentar esto es importante generar redes dentro de la comunidad, ser participativo, y al pasar el tiempo, uno va encontrando real sentido a las cosas.

Es importante generar lazos para ser parte de la comunidad.

Muchos amigos me preguntaban en Malamulele el por qué había elegido este voluntariado tan lejos de todos mis seres queridos, y por qué trabajaba gratis. Para mi sorpresa, al pasar el tiempo, muchos de ellos se iban involucrando con el proyecto, dando tiempo para ayudar a otros, y ahí uno se da cuenta que es posible ir generando un impacto positivo en las personas. Cada avance es un gran logro.

Por otra parte, la tolerancia a la frustración es cómo enfrentamos y manejamos la frustración, que en sí es un sentimiento que no tiene nada de malo, pero hay que saber sobrellevarlo, no siempre es posible lograr cumplir con todas las expectativas en un proyecto. Para esto hay que identificar qué es lo que te genera este sentimiento y enfrentarlo.

Cuando llegué a Malamulele, lo primero que noté es la alta deforestación en que vivían, más aún, al contrastar la vegetación existente en el famoso Parque Nacional Kruger, a tan sólo 20 minutos en auto del proyecto. Por un lado uno veía árboles mutilados y con suelos altamente erosionados, versus la vegetación del parque. Dado esto, me propuse como meta reforestar  con árboles nativos el entorno del proyecto, de manera de lograr tener un huerto realmente sustentable. El árbol protege a la gente del sol, pero también da protección al suelo del viento y la lluvia, y con esto logramos cuidar el principal recurso que se le puede heredar a las generaciones para el futuro, que es precisamente el suelo.

El año 2015, tuve la suerte de volver junto a mi señora, a la aldea de Malamulele que me acogió por ese año, y tuve la sorpresa de ver que a pesar de que la fundación había dado término a este proyecto el 2014, este seguía desarrollándose, y había logrado perdurar en el tiempo, ya que la comunidad lo hizo propio. Por lo que me sentí enormemente satisfecho de saber que el trabajo de todos estos años había dado frutos.

Nunca es tarde para preguntarse ¿y por qué no?

Ignacio Vilches, Director Africa Dream

Etiopía, nuevos destinos (Parte 2)

Respecto a su cultura ¿cómo son sus comidas?

La comida tradicional es la injera, que está hecha de un cereal llamado tef.  Es un ingrediente muy popular que se deja fermentar de un día para otro. Se pone en una plancha caliente y queda muy parecido a un panqueque pero muy grande. Eso es lo que acompaña a un jugo de carne, o lentejas, y siempre utilizan el ají, mucho picante. Por lo mismo los alimentos se vuelven de un color rojo, usan mucho este ingrediente. A mí me gusta mucho la preparación.

También usan mucho ajo, mucha cebolla, jengibre. Entonces quien tiene dinero prepara esta salsa con carne, y si no hay carne usan lentejas, y de estas hay unos 3 tipos distintos. También usan las habas secas, arvejas secas y con esto se hace una salsa que acompaña a la injera.

Preparan remolacha, zanahoria y algunos tipos de col verde, se fríe con cebolla y ajo y sirve como acompañante.

Para las fiestas usan mucho el pollo, es una comida especial. Y les gusta consumir carne cruda con salsas y la mezclan con un poco de condimentos. Eso yo no me atrevo a comer, pero ellos lo disfrutan mucho.

Debo decir que la injera es costosa, no es para todas las personas y popularmente no se come muy seguido. Lo que si las bananas se consumen, y hay varios tipos. Uno de estos bananeros no da fruto, y del tallo sacan una especie de harina y con eso preparan otro tipos de alimentos que son más baratos y lo mezclan con porotos.

Hay una bebida local que preparan con cereales, que es como una cerveza y es muy buena. Además utilizan miel de abejas para esta preparación.

 

Podría contarnos ¿cómo es la educación?

El gobierno no le presta mucha atención, hablando de todos los niveles iniciales y superior. Lamentablemente la educación son muy bajos. Aquí siempre comparamos el nivel de educación con Kenya y existe una gran diferencia. Las escuelas del gobierno no son bien atendidas y los profesores no están a la altura, y así continúa hasta la universidad.

Hay si universidades privadas, pero tampoco están bien implementadas. Por ejemplo, si están estudiando algo relacionado con la salud, no tienen hospitales cerca para realizar sus prácticas y luego les cuesta desenvolverse cuando egresan. Lo mismo pasa en otras disciplinas.

La infraestructura es muy deficiente. He visto tres niños sentarse en una misma silla, con los techos y mesas malas. Los profesores de esta forma están desmotivados, además de los bajos salarios no existe interés, tampoco de los alumnos de querer aprender y ser los mejores estudiantes.

Por eso todos quieren venir a las escuelas de los religiosos y religiosas, lamentablemente nuestro número es limitado, no alcanza para todos y se hace lo mejor que podemos.

 

Conociendo a nuestros Voluntarios

Cuéntanos sobre ti y lo que te caracteriza.

Andrea: Hola, soy enfermera, 34 años, chilena, me caracterizo por ser cercana con mis amigos, disfrutar del aire libre con un trekking y la bicicleta, así como el mar.

Javier: Hola! Soy ingeniero civil en minas, 38 años, español, me gusta el ciclismo, el esquí y deportes de motor como la fórmula 1. Me gusta disfrutar de la montaña, viajar, vivir nuevas experiencias.

¿Cuál es tu interés por realizar un voluntariado?

Andrea: Las ganas de integrarme a una nueva cultura, de la cual quiero aprender y empaparme de sus costumbres, así como también aportar con mi experiencia de vida personal y profesional.

Javier: aportar mi granito de arena al continente que más lo necesita compartiendo mis conocimientos y trabajando de forma desinteresada por unos meses.

¿Por qué optaste por un voluntariado en África?

Andrea/Javier: Optamos por el continente africano, por ser el que más necesita apoyo del resto del mundo. Nos llama la atención su cultura ancestral y modo de vida sencillo que mantienen ajenos a la globalización.

¿Qué te motivó de la fundación Africa Dream?

Andrea/Javier: Nos motivó la gran cercanía y compromiso que tiene Africa Dream tanto con los voluntarios chilenos como las comunidades con las que colabora en África.

¿Qué esperas lograr/aportar?

Andrea: me encantaría lograr compartir en una comunidad africana, comprender y ser parte de sus vivencias, lo que podrá ayudarme a proporcionar un aporte mas cercano y real como persona y enfermera.

Javier: Espero lograr que el trabajo a desarrollar permanezca incluso después de concluido el voluntariado y sirva para que los etíopes involucrados mejoren su calidad de vida.

¿Qué mensaje le darías a aquellos que la piensan pero no se atreven a ir?

Hay que darse el tiempo de pensar lo que uno realmente quiere y no dejarse llevar por el sistema occidental de vida, en que la mayor parte del tiempo la dedicas al trabajo y no a las motivaciones y deseos personales.

¿Qué podrías decirle a los socios y socias de Africa Dream?

Los socios de Africa Dream son el motor de su funcionamiento y es el sustento principal para que esta labor desinteresada permanezca en el tiempo. Cada aporte, se ve reflejado en los proyectos realizados por la fundación, lo que nos permite seguir creciendo y ayudando a las comunidades más necesitadas.

 LA MIRADA DE ÁFRICA

El continente africano es el tercero más grande en tamaño de la tierra, además es el hogar de cientos de diferentes grupos culturales y étnicos. Lo cual lo hace emotivamente interesante a pesar de ser un lugar muy golpeado por la pobreza, por la desnutrición infantil, donde cada año millones de niños mueren por esta razón cada año, donde aún existen enfermedades que en otros lugares del planeta ya están controladas, hay inestabilidad política, falta de acceso a la educación y enfermedades como el VIH que ha dejado a cientos de niños huérfanos.  

Luego de hacer mi voluntariado en África y reflexionar sobre que es lo que debemos aprender como cultura occidental, lo principal es el amor y alegría de vivir que tienen, la forma en que enfrentan cada problema, y ese sentido de comunidad… del que le pasa al otro, como ayudarse, compartir lo poco que tienen, del como está el otro. 

A pesar de lo sencillo que viven los africanos, al extremo de la pobreza la mayoría de ellos, te logran demostrar que lo que de verdad importa es la simpleza de la vida, aprender a mirar las cosas de otra forma sin importar lo que estás enfrentado.

Hay un dicho africano que dice: “Entre hermanos, si la prueba se gana o se pierde, da lo mismo (Ekonda)”. Así es el pueblo africano… La amistad y el sentido de comunidad es más importante que el éxito individual, y en occidente vivimos justamente al contrario, pensando y coexistiendo cada día de forma más individualista, por eso tenemos mucho que aprender de la cultura de África.

 

Karla Jiménez

Directora Fundación Africa Dream

Zambia para siempre

Como Agrónomo sé que la mayoría de la gente no piensa en quedarse sin alimentos realmente hasta que se ven forzados a hacerlo. Pero hace casi tres años no solo me tocó pasar por ese camino, sino que duró varios meses. Y esa experiencia radicalmente cambió lo que soy y quién soy.

El 2017 me embarque con Fundación Africa Dream a Zambia porque estaba especialmente interesada en cómo se producía y como se podía mejorar la producción de alimentos en ese lugar. Mi viaje comenzó con una bienvenida a 37C de calor a la sombra y 7hrs de camino de tierra muy hostil que llevaba a las profundidades de un pequeño pueblo en el corazón de la selva Africana. Allí entendí que hacer agricultura no iba a ser fácil. No teníamos agua corriente, los recursos estaban lejos, eran caros y escasos. Pensé: “debería estar llorando”, pero no lo hice. No entre en pánico, ni en miedos y ni en desazón. Me sentí más viva que nunca.

Fui inmediatamente bienvenida al llegar con emoción por los locales y los voluntarios residentes. En el momento no reconocía a nadie, pero ahora son importantes corazones en mi vida de alguna forma, las religiosas, las doctoras, los matrones locales, trabajadores del huerto y choferes. Estos seres me llevaron por una travesía que me haría experimentar de lo humano y lo divino y que, tras dos años compartiendo el día a día me ofrecía la abrumadora sensación de estar en casa.

Al mismo tiempo avistaba con cautela y de soslayo lo que sería mi vuelta a Chile; cómo resumiría el aluvión y tsunami de emociones y carencias vividas en un “me fue muy bien”. Ya en casa no cesaba de hablar de Zambia su gente y sus lugares, porque mi experiencia y la de los extranjeros con los que conversé allí cambió mi concepto de cultivos para alimentación básica de manera significativa. No creo que ni mis profesores en la Universidad entendiesen de todos estos desafíos. (¡¿Y si es así, por qué no nos preparan?!).

Un buen día le pregunté a mi padre si le aburría escucharme la cantinela, a lo que me dice: “cuando has vivido experiencias que te prueban tan al límite, abren una nueva puerta en ti, y una vez que se abre es difícil cerrarla. Lo importante es darse cuenta que no eres la única y que, aunque el resto no lo pueda entender debes tener fe que tu viaje tuvo un propósito” Como si hubiese atravesado un portal que se hubiese cerrado sin permitirme regresar al lugar donde solía vivir.

La diferencia primordial es que he notado una extraordinaria (y nueva) comprensión hacia el otro, en ocasiones no hubiese hecho caso a ciertas señales o me hubiese encerrado en mi mundo, ahora me encuentro más conectada emocionalmente a la energía de las cosas. Por ejemplo, por mi profesión me ha tocado viajar bastante, en el pasado mi reacción hubiera sido abrirme paso entre la gente agolpada en un avión e instalarme en mi asiento. Ahora no puedo dejar de ayudar a alguien a guardar su equipaje de mano, mientras que hace un par de años ese alguien hubiera sido el blanco de mis empujones. Me he vuelto más receptiva hacia los motivos del otro y esa disposición me permite explorar sin que ningún juicio de valor lo enturbie.

Intento ver la belleza en cada ser vivo, un cambio total de ser una enojada, competitiva y abatida profesional. Y lo que pone las cosas más interesantes es que ahora hay tanto que tiene sentido, vivir en su cultura me entregó una extraordinaria experiencia de despertar que me impone un gran respeto hacia ellos. Con frecuencia me encuentro leyendo libros o escuchando canciones que me embargan de emoción, como si en un santiamén hubiese comenzado a entender aquello que otros buscan por años.

También gozo de un sentido menos acusado del éxito y las posesiones. Ya no me identifico con mis logros y mi currículo, es como si ahora al sentirme sin fronteras, fuera menos rígida con mi misma. Me define un estado de conocimiento que desafía cualquier descripción externa. Ya no me importa lo mucho que conseguí, sino saberme en armonía tanto que ni mis propias etiquetas me son necesarias.

Se ha producido un cambio en mi ética personal: Ya no siento la necesidad de demostrar algo o de dar cuenta de mis creencias. He superado la obsesión de convencer a las personas sobre la verdad de mi posición y trato de ser respetuosa con la manera de ser del otro. He profundizado en algunas relaciones familiares, mientras que otras han dejado de interesarme, así como tampoco me interesa que nadie dependa de mi para su sustento emocional o de cualquier otra clase (con excepción de mis mascotas) pero a pesar de esto me he vuelto mas generosa a acoger con agrado sin prejuicios a otros que operan en una frecuencia diferente. He superado mi tendencia a culpar a los demás por lo que me sucede en la vida, ya no juzgo el mundo en términos de desafortunados accidentes o desgracias, estoy consciente que ejerzo influencia en todo y comienzo a cuestionar porque he generado una determinada situación. Creo en todo lo que tengo y necesito, y sé que soy capaz de hacer milagros cuando mi interior está en paz y que mis circunstancias no me hacen ser quien soy, sino que revelan lo que he elegido ser. Intento recordar a diario que nuestros días constituyen el tesoro mas valioso de esta vida y el modo de pasar los días nos da la medida exacta de nuestra calidad de vida. Vivo haciendo lo que me gusta y concentrándome en lo que tengo y no en lo que me falta.

Siempre he buscado la libertad; Zambia no respondía a un escape de alguna especie de cautiverio, puesto que disfruto muchísimo de aquellos años en que mi horario fue gobernado por otras personas o cosas, si no que preferí concentrarme en lo que afana mi carácter, la libertad. Libertad de ejercer y servir. Los momentos en que he gozado de libertad me han colmado de felicidad y los he vivido tan intensamente que no he podido menos que fijar mi atención a ellos en vez de compadecerme por los difíciles desafíos enfrentados a diario en terreno. Desde mi llegada a Chile y en todo este ascenso nunca he buscado un trabajo mejor remunerado, nunca, y sin embargo, lo que son las cosas, cada puesto de trabajo a los que fui ascendida me reporto mayores y mejores ingresos.

Superar los cómodos dominios convencionales y escuchar esa voz que te anima a ser mas allá de ti mismo vale la pena. Hacer el esfuerzo; yo confié en el camino, en la gente y en la Fundación y no me he arrepentido ni un solo día de mi vida.

 

Diana Vazquez

Agrónoma – ex voluntaria Africa Dream

El secreto del baobab

El baobab esconde un secreto.

Así conversábamos con Andrea y Javier, voluntarios de Africa Dream que parten a Etiopía en algunas semanas, en una reflexión acerca de la historia y el ethos de nuestra Fundación.

Les mostraba con melancolía, esta foto de un baobab que saqué en Xitlhelani hace ya 10 años, a poco tiempo de haber comenzado el proyecto agrícola, aledaño a la escuela de Malamule, en Sudáfrica. La foto muestra este majestuoso baobab, con un ancho tronco y cientos de ramas entrelazadas caóticamente unas con otras, en contraste con la mezcla de colores del atardecer de la sabana. Una imagen vivida y característica del Sur de África.

Y conversábamos acerca del secreto que oculta el baobab: Cuando se trata de África, para que algo crezca, para que los proyectos perduren, y para que nos conectemos con la vida local, hay que tener paciencia. Mucha paciencia.

Y es que los baobabs pueden vivir miles de años, crecen lentamente, llegando sus troncos a medir más de 45 metros de diámetro y 30 metros de altura. En África, los baobabs más antiguos tienen nombres, son reverenciados y respetados por su antigüedad, su resistencia y, ahí está, su paciencia.

El baobab guarda otros secretos. Para muchas culturas en África, el baobab es un símbolo del continente y de la esperanza del pueblo. Representa la victoria de la resiliencia, por su determinación contra la injusticia y la escasez. Es conocido como “el árbol de la vida”, pues los más viejos tienen interiores huecos que sirven de refugio, pueden contener miles de litros de agua en su interior, tiene una corteza increíblemente dura, pueden resistir sequías, incendios o termitas, y sus frutos pueden dar agua, alimento y medicinas a muchas personas.

Una triste realidad es que en los últimos años, numerosos de los baobabs más grandes y antiguos de África han fallecido. Algunos de estos árboles, como el Baobab “Panke” de Zimbabwe, de 2,450 años, se han secado, y algunos científicos atribuyen este suceso al cambio climático. Qué irónico y qué duro es pensar que estos poderosos árboles que le han dado vida a tanta gente, están muriendo por la vida que llevamos, y el impacto que generamos en el medioambiente.

Y quizás sea ese el secreto mejor guardado del baobab: Que a pesar de su fuerza, su capacidad de supervivencia y longevidad, ellos necesitan que no los olvidemos. Que recordemos la paciencia, la dedicación que requiere hacer crecer algo y nuestra responsabilidad con el impacto local, con la sustentabilidad y las vidas que hemos tocado. Eso es lo que nunca debemos olvidar.

Pronto Javier y Andrea partirán a Etiopía, retomando así la labor de nuestros voluntarios en terreno, en nuestro permanente deseo de llevar vida, oportunidades de desarrollo y proyectos sostenibles a muchas comunidades que requieren de nuestro apoyo. Me queda solo desearles que no olviden a los baobabs, de su paciencia, de su resiliencia y de que África necesita más que nunca de nuestra ayuda. Depende de todos nosotros poder encarnar los secretos y valores que estos gigantes de madera milenarios han dejado en nuestras manos.

 

Nicolás Fuenzalida

Director Fundación Africa Dream

Etiopía, nuevos destinos (Parte 1)

¿Cómo son las personas de Etiopía?

Podría decir que las personas aquí son muy alegres, espontáneas, te reciben bien, especialmente los niños. Las personas adultas te reciben con un saludo muy cariñoso. El saludo de ellos es siempre relacionado con Dios. ¿Cómo estás?, estoy bien gracias a Dios, o que Dios vaya contigo, y eso se repite siempre en los saludos.  Cuando hay cierta amistad el saludo dura más tiempo, es como abrazos que se dan muchas veces. Las personas te reciben muy bien, especialmente a los extranjeros.

Entre ellos si hacen sus diferencias, por grupos o tribus, en eso hay que ser claros. Hacen sus diferencias porque hay gran cantidad de tribus, creo que alrededor de cincuenta tribus. Entonces entre ellos saben reconocerse, quien pertenece a esta o aquella tribu.En general son muy acogedores cuando se trata de personas venidas de otros lugares.

También tienen muchas tradiciones en el matrimonio, en los funerales, entonces las siguen mucho, sobretodo las personas mayores. Los jóvenes menos, como que están contagiándose con otras culturas de afuera, así que van dejando las tradiciones. Pero en general las personas conservan sus tradiciones donde te invitan, también a sus comidas, son personas muy acogedoras. Yo pienso lo mismo de todos los seremos humanos, tenemos características parecidas . Si tu recibes bien, ellos te reciben bien. Si tú no aceptas una comida, ellos no te van a ofrecer la próxima.

¿Puedes contarnos algo de su religiosidad y tradiciones?

Los etíopes tienen tradiciones muy fuertes, porque las conocen desde que nacen y en la forma en que son criados, incluso si son religiosos ellos conservan sus tradiciones. Por ejemplo, se nota en el matrimonio y sus ritos. En los funerales son muy unidos, conservan el estilo tradicional y siguen sus prácticas ancestrales. Se los enseñaron desde muy pequeños, por lo tanto están muy arraigados a eso.

En cuanto a la religiosidad, ortodoxos, musulmanes, católicos y protestantes son la mayoría. Los ortodoxos están muy arraigados a sus tradiciones porque son de comunidades primitivas, de acuerdo a su tradición, desde el Antiguo Testamento. Los musulmanes también son mayoría, siguen la línea de su religión. En general, todos son muy unidos, aunque existen problemas entre las mismas religiones, pero aún así se apoyan y celebran juntos.

¿Qué es lo que más admiras de la cultura de Etiopía?

Como dije al comienzo, destaco su hospitalidad. Y algo que es muy impresionante es que los niños son siempre alegres, siempre están alegres. A pesar de que podríamos decir que no tienen nada, y siempre alegres, siempre sonrientes. No tienen un solo juguete, no tienen ropa bonita o ropa decente, pero están siempre alegres, siempre alegren incluso en medio de la pobreza.

 

Hermana Antonieta

Etiopía 2021

 

 

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