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El capital más importante

Nicolás Fuenzalida Plaza Director Africa Dream Hace sólo un par días, durante la conferencia ministerial de agricultura entre la unión africana…

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Pablo Mellado: educar, prevenir, ayudar

Se realizó el taller de educación prenatal enfocado a mujeres migrantes residentes en  Concepción,  el objetivo era informar sobre el sistema de salud que rige en nuestro país y la importancia de los controles  de salud en mujeres embarazadas.

El taller se llevó a cabo en dependencias de Urban Station, aliado estratégico del equipo África Dream Concepción, quienes nos aportan con el espacio necesario para la realización de talleres y reuniones.

La charla fue liderada por Yahaira Salgado, Interna de Obstetricia de la Universidad San Sebastián, quien se desempeña como voluntaria de nuestro equipo desde el año pasado.

Ella indica lo siguiente :
“Lo que me motiva a hacer este taller prenatal es enseñarle a las mujeres migrantes residentes en Chile, todas las prestaciones que el gobierno les garantiza, además de los beneficios para ese niño o niña en gestación. Es importante incluir a esta población respecto a este tipo de cuidados (prenatales) ya que en sus paises de origen no cuentan con estos tipos de controles ni beneficios, ni matronas, por lo tanto no acuden al cesfam a chequearse, lo que ha significado un desafío para la matronería en nuestro territorio.
Al realizar el primer taller estuve cómoda, traté de ocupar lenguaje sencillo para explicar los procedimientos que se realizarán cuando vayan al CESFAM a controlar su gestación. Lo hice con mucho amor y dedicación, espero haber llegado a ellos y que apenas quedan embarazadas sepan como proceder.”

Algunos de los asistentes indicaron lo siguiente :
Madeleine Redondo, en conjunto con su pareja, Isaac Muñoz, ambos provenientes de Venezuela indicaron:” nos pareció super bueno el taller, la forma en que se realizó, lo instructivo que fue, las dudas y los mitos que se resolvieron, cosas que uno no sabía y que desconocía totalmente en cuanto al apoyo que podemos encontrar en los diversos cesfam y los controles que ellos otorgan”

Hinetide Louissant, proveniente de Haití, quien actualmente se encuentra embarazada con 4 meses de gestación indicó: “muy agradecida por la labor que están realizando, fue super bueno el taller para resolver las dudas sobre mi embarazo, y la forma en que se realizan los controles, estaré atenta para cuando realicen los próximos talleres”.

 

Pablo Mellado, Enfermero, Director regional Africa Dream indica:  “Como equipo estamos super contentos con el resultado de la actividad, la recepción y llegada fue super buena, cumplimos totalmente el objetivo en esta primera sesión, y finalmente quedan pendientes 2 nuevos talleres para informar sobre la temática educación pre y post natal, los cuales se desarrollarán las primeras semanas de octubre y estaremos informando por nuestras redes sociales, invitamos a todas las mujeres migrantes residentes en Concepción, que se encuentren gestando actualmente y también a sus parejas, para que puedan conocer un poco más sobre la importancia del apoyo al momento del parto y el cuidado del bebé “

Karla Jiménez: Eswatini y su gente

En este mes de celebraciones en mi Chile lindo, quise aprovechar la oportunidad para agradecer a Eswatini y a su gente, por hacerme sentir en como en casa. Por mostrarme que hay tanta bondad sin importar la razón y los recursos, por recibirme con tanto cariño, enseñarme de su cultura y abrirme las puertas de sus casas con una sonrisa y un abrazo. Tanto así, que incluso han llegado a tocar a mi puerta para regalarme comida, con tanto esfuerzo, y como una tremenda muestra de amor. Quisiera transmitir de alguna forma el aprecio y agradecimiento a cada persona que he tenido la suerte de conocer, por sus sonrisas, por los ojos de alegría de los niños y las historias de cada uno, que han abierto su corazón conmigo.

Sinceramente, para mí es difícil expresar en estas palabras cómo esta experiencia me ha enseñado a apreciar y ver la vida de otra forma, pero si intento definirlo, lo haría con sonrisas, abrazos, (a esta altura, !todos creen que en Chile saludamos con abrazos!), gestos, cariños en el pelo y en la cara, sencillez, amabilidad, felicidad por las cosas simples de la vida, entre tantas otras cosas.

Por otra parte, el cariño de los niños es tan puro y sincero, considerando además que en el Hogar St. Joseph en su mayoría viven niños en situación de discapacidad, y muchos de ellos sufren el abandono de sus padres, sin embargo, te demuestran amor desde el primer segundo.

Por su parte los adultos, con quienes he tenido la oportunidad de compartir tanto como con los niños, son personas tan ricas de espíritu, lo cual demuestran en su vida diaria. Son seres humanos tan agradecidos por lo que tienen, y que que tan solo es lo justo y necesario para vivir, y pesar de eso, se preocupan por el otro, por su vecino, por el que está desvalido. Todo lo anterior, es lo que hace tan especial a las personas de Eswatini, y de las cuales creo, tenemos tanto que aprender e imitar.

En este tiempo, además, he tenido la posibilidad de relacionarme mucho con mis vecinas, mientras lavamos ropa, o cuando vamos a buscar agua para cocinar y ducharnos, y creo que en esos minutos, haciendo cosas tan simples, se han dado las mejores conversaciones y risas a carcajadas. Incluso, un día me prestaron ropa tradicional africana para asistir al “Umhlanga Reed Dance Eswatini”, una celebración donde el Rey elige una nueva esposa, que se suma a las 17 esposas que tiene actualmente. Para mí, esa celebración fue también una experiencia única para sentirme más cerca de la cultura de Eswatini y sentirme parte de ellos.

Para finalizar estas palabras, quisiera agradecer a la Fundación África Dream y a todos los socios que hacen que todo esto sea posible, a las personas que participan de cada uno de nuestros eventos para recaudar fondos, ya que como dijo mi mejor amiga hace unos días “no todo tiene un precio… hay cosas que no tienen valor tangible”, y eso es esta experiencia en África, aprendizaje que no puedes obtener de un libro, tampoco comprarlo, solo vivirlo y llevarlo contigo para siempre.

Honrar las tradiciones es honrarnos

Viviana Zambrano

Directora Africa Dream

Durante el mes de Septiembre en Chile experimentamos una estimulación de símbolos patrios, de programas que nos muestran las tradiciones de diferentes lugares de nuestro país y mientras más nos acercamos al 18 de Septiembre, nuestras Fiestas Patrias, la música de las radios se vuelven tonadas y cuecas y algo nos comienza a pasar que nos conectamos con recuerdos infantiles, bailes, empanadas, juegos. Seguramente los extranjeros nos miran con ojos de asombro y sin entender mucho. No obstante, intuyen que “todo esto”, nos importa. Esos mismos ojos de asombro son los que abrimos nosotros cuando viajamos y nos enfrentamos a fiestas culturales de otras realidades, esas mismas expresiones de curiosidad son las que nuestros voluntarios en Africa muestran cuando se enfrentan a manifestaciones culturales de tradiciones que les son “ajenas” a su experiencia de vida.

En Africa Dream, sabemos que los rituales y prácticas culturales de cada comunidad con la que interactuamos tiene un valor para ellos y nos conectamos con ese sentido, empatizando y abrazando esa diferencia. A veces, eso no es fácil y desafía nuestros modelos mentales. Allí es cuando invitamos a nuestros voluntarios y a nosotros mismos a conectarnos con una dimensión que nos hace “uno”: como   seres humanos buscamos expresar lo que sentimos, celebrar y ser felices.

Conectarse con ese espíritu común de la humanidad, que está en nuestro ADN, que viene de nuestros antepasados, por miles de generaciones hacia atrás, nos hace hermanos en esencia de todos los que habitamos este planeta. Y en las familias se honra a los antepasados, se respetan sus costumbres, se preguntan por su sentido poniéndose en sus zapatos. Como voluntarios nos acogen para co-crear una mejor realidad, y también nos ponemos en sus zapatos y honramos sus tradiciones, honrando el planeta entero, nuestra Gran Familia.

Gabriel Melo: Compartiendo conocimientos

El tiempo ha pasado volando, los primeros cinco meses de trabajo en la granja han sido de mucho aprendizaje, sin embargo, nunca hemos perdido nuestro norte; capacitar en agricultura orgánica a las comunidades Samburu.

A finales del mes de julio dimos oficialmente inicio al programa denominado “Community Gardens in Samburu: Lodungokwe, Tuum and Barsaloi”, materializado con la ejecución en terreno del primer taller sobre manejo de suelo a los grupos s que participarán durante el primer ciclo de instrucción, el que consta de un total de 18 meses.

Desde el momento de enterarnos de este primer viaje al norte para comenzar el programa, el entusiasmo se apodera de uno, y el saber que por fin comenzaría el programa, al cual granja se ha estado preparando los últimos dos años, nos emociona profundamente.

A nuestra llegada, el reencuentro con la gente de las misiones del norte siempre es motivo de alegría, siempre hay tanto por compartir con los Padres, seminaristas, voluntarios, hermanas teresitas, trabajadores de la misión y con la misma gente de las comunidades. El hecho de darnos cuenta de la fuerte expectación por el programa en las misiones es algo que te llena de motivaciones para dar lo mejor.

Luego de una cálida bienvenida en Barsaloi, conocimos al grupo que está compuesto principalmente por mujeres. Nos dio mucha alegría ver como todos mostraban un gran interés en el taller, realizando preguntas, conversando entre ellos o simplemente escuchando en silencio los conocimientos que les compartíamos.

En Tuum la historia no fue distinta, nuevamente el grupo compuesto únicamente de mujeres demostró una gran predisposición a aprender y a hacer con sus propias manos los experimentos que llevábamos preparados, los cuales consistían en determinar las texturas de sus suelos y luego una confección a baja escala de una pila de compost. A diferencia de Barsaloi, en Tuum existen algunas pocas familias que si se han aventurado en prácticas de agricultura, principalmente de verduras como la “Sukuma Wiki” y la acelga (frecuentemente consumidas en el país), según lo reflejado en las encuestas de conducto de entrada que hicimos.

Luego del largo viaje desde Tuum, logramos alcanzar nuestro último destino: Lodungokwe. Éste último grupo, el menos homogéneo en edad y sexo, está compuesto por cinco jóvenes hombres y seis mujeres, lo que es también algo muy positivo según nuestro punto de vista, ya que permitirá el trabajo cooperativo entre todos, algo que no siempre es usual en las comunidades Samburu, especialmente en las familias más tradicionalistas.

En términos generales, los resultados del experimento de suelo son bastante similares en las tres misiones, predominando la arena sobre el limo y la arcilla, lo cual plantea sin dudas un gran desafío al programa, obligando a buscar diversas técnicas de mejoras de suelo y optimización de agua necesarias para superar esta barrera.

Ya de vuelta en la granja y con las pilas recargadas, podemos afirmar con seguridad la importancia que tiene para la gente el programa que estamos desarrollando. Aunque recién iniciamos, tenemos la convicción de que en un futuro cercano puedan ser muchas más las personas beneficiadas gracias a este tipo de programas. Esto se verá reflejado en la mejora en su dieta alimentaria, donde incluso con el tiempo, estas nuevas habilidades puedan convertirse en un ingreso monetario para cada familia.

José Miguel Cárdenas: Una verdadera comunicación

El mes de agosto estuvo empañado por el caso de dos menores fallecidos en Uganda en el marco de posibles irregularidades en el funcionamiento de una organización no gubernamental (ONG) de origen estadounidense, que opera en dicho país y que actualmente es objeto de investigación por las autoridades locales. Recibimos esta noticia con dolor y como fundación que brinda apoyo a diferentes países de África, creemos que es una oportunidad para compartir con ustedes nuestra mirada con respecto a la ayuda humanitaria en el continente.

En todo el mundo se estima que existen más de 10 millones de ONG. La mitad de ellas fueron fundadas durante las últimas dos décadas y desde entonces, el mundo ha mejorado sustancialmente. Según datos aportados por las Naciones Unidas decenas de millones de personas han salido de la pobreza. Pero la situación en África apenas ha cambiado. ¿Por qué? El doctor en economía del Instituto Tecnológico de Massachusetts William Easterly pareciera tener la respuesta. El año 2006, el economista publicó su polémico libro ‘La carga del hombre blanco. Por qué los esfuerzos de Occidente por ayudar al resto del mundo han hecho mucho daño y poco bien’. En él hace una dura crítica al modelo de ayuda imperante, haciendo énfasis en que el problema no está en la cantidad de dinero. Según cifras aportadas por la OCDE, el año pasado el gasto total de las ONG a nivel global superó los cuarenta millones de dólares. Entonces, ¿qué estamos haciendo mal?, para Easterly el problema reside en que la ayuda se brinda sin atender a las necesidades reales de las personas a las que se quiere ayudar.

Actualmente, Africa Dream concentra sus esfuerzos en tres áreas principales: salud, educación y agricultura, con objetivos claros y resultados cuantificables. Para ello, nuestra fundación desarrolla proyectos en donde es fundamental contar con un representante local quien funciona como nexo entre la comunidad que solicita nuestra asistencia y la fundación. Se establece así, un modelo de ayuda basado en la comunicación, en donde nos convertimos en promotores de proyectos sustentables que tienen a la comunidad como agente gestor de cambio. Todo desde una mirada de respeto con quiénes nos dan la oportunidad para poder, si es posible, entregar las herramientas para salir adelante.

Francisca Vergara: Historias de una ex voluntaria

Estuve exactamente un año en África (2011-2012). En mi caso estuve en Kenia. Ahí las personas viven muy felices con poco, ellos como que no necesitan cosas materiales, quizás porque tienen una alta riqueza espiritual y eso es lo que finalmente importa. Hay otras necesidades básicas y nosotros damos por sentado lo que tenemos; yo quería experimentar eso en primera persona.

Durante mi experiencia, desarrollé un proyecto de empoderamiento con jóvenes de la calle, construimos un gallinero. Fue idea de ellos y esto se convirtió en su pequeño negocio que también los ayudó a reinsertarse en la comunidad considerando que son grupos marginados por la sociedad.

Mi mayor aprendizaje de toda la experiencia, es vivir felices con lo que tenemos y dejar de lado nuestros sentimientos pesimistas cuando hay tanto por sonreír. Esta experiencia marcó mi vida profesional, y mi visión de la vida cambió absolutamente. Cambió por ejemplo, la forma en cómo experimento el día a día, y que ser amable con las personas (quienquiera que sea) no cuesta nada. Me di cuenta de lo afortunada que soy y de lo importante que es vivir cada momento, aprovechar las horas que tenemos en este mundo haciendo algo que llene espiritualmente porque la plata no es todo.

Para aquellos que desean una experiencia con Africa Dream, recomiendo tomarse cada instante como venga, y que se van a un continente donde absolutamente todo es diferente. También recomiendo decir “te quiero” más a menudo, porque muchos creen que no es necesario, cuando en realidad lo es. Y por último, recomiendo estar con quienes importan y nos hacen felices, rodearnos de esas personas llena el alma (durante ese año de experiencia en África muchos de esos “amigos fantasmas” que desaparecieron en el camino.

Ignacio Vilches: la experiencia de un exvoluntario

Ignacio Vilches
Ingeniero Agrónomo
Director Africa Dream

El origen

Mi voluntariado partió en enero del 2011 y terminó con mi regreso en febrero del 2012, aunque he estado ligado a la fundación desde ese momento. He capacitado a nuevos voluntarios, participando también en la obtención de fondos concursables para nuevos proyectos y en entrevistas para difundir nuestro trabajo en medios de comunicación.

La inquietud de ayudar la traigo por formación familiar, algo que se fue potenciando fuerte en mi etapa universitaria, trabajando en los CCAA de mi facultad, en los trabajos de verano e invierno, misiones y ejecutando mi labor como bombero.

La inquietud de irme como voluntario a África nació después, cuando me encontraba trabajando en el Ministerio de Agricultura. En esa época me llegó un correo donde se buscaba a un agrónomo para liderar un proyecto comunitario en Sudáfrica. El proyecto me hizo mucho sentido, ya que significaba entregar mi experiencia y conocimiento al servicio de una comunidad que lo necesitaba y al mismo tiempo, era una oportunidad para probarme a mí mismo y salir de mi zona de confort.

Todo esto traía bastantes interrogantes sobre dónde iba a llegar —cultura, idiomas, creencias— pero a la vez, el desafío como experiencia de vida era incalculable, por lo que mis dudas iniciales se desvanecieron una vez que acepté sumarme al proyecto. Yo llegaba al segundo año del proyecto iniciado por la fundación con apoyo de nuestra contraparte en Sudáfrica, una misión de hermanas salesianas —orden católica—, responsables del colegio Holy Rosary School.

Sin lugar a dudas, debo decir que en este importante proceso conté con apoyo absoluto de mi familia y amigos.

El voluntariado

El proyecto estaba inserto en la aldea de Xitlhelani, en la provincia de Limpopo en Sudáfrica. Esto es cerca de la frontera norte con Zimbabue y Mozambique, al lado de uno de los grandes parques de África, el Parque Kruger. Esta zona se caracteriza por ser una zona muy rural, muy alejada de las grandes urbes del país —Johannesburgo se encuentra a cerca de 7 horas del lugar en auto—, en donde conviven dos etnias locales, la tribu tsonga y la tribu Venda, además de refugiados de países vecinos en busca de oportunidades. Estos refugiados vienen escapando de la dictadura en Zimbabue, y de la guerra civil que tuvo lugar en Mozambique entre 1977 y 1992 —con más de 5 millones de desplazados—. Prácticamente no hay “blancos” en esta zona.

El proyecto tenía 3 grandes líneas de trabajo. El corazón del proyecto era el proyecto comunitario. Este consistía en retomar el trabajo con mujeres, jefas de hogar, normalmente viudas o separadas, y que estaban a cargo de su grupo familiar, que por lo demás era bastante extenso —en este siempre habían muchos niños, y era normal contar con abuelos—. El origen de las señoras eran de la tribu tsonga, venda, mozambiqueñas y zimbabuenses. Las salesianas le prestában la tierra, y nosotros le pasábamos las semillas de maíz —este es la base de la dieta en la África Subsahariana— y el maní, y además la apoyábamos con horas de tractor para preparar la tierra. Junto con eso las acompañaba en todo el proceso, y se capacitaban con apoyo de la oficina de apoyo del Ministerio de Agricultura de Sudáfrica.

La segunda línea de trabajo era como apoyo en el colegio, como profesor de los niños entre 4° a 7° grado en sus clases de ciencia. En estas clases, prácticamente todas las clases se hacían en un huerto experimental, en donde se cultivaban verduras, hierbas y frutales, bajo el concepto de permacultura (agricultura sustentable con el medio ambiente). La idea era mostrar diferentes cultivos que se podían desarrollar en el clima del lugar —de tipo sabana con inviernos frescos y secos, y veranos lluviosos y calurosos—, con uso de riego tecnificado —el agua es un recurso bastante escazo en este continente—, y sustentable con el medio ambiente.

Por último, y no menos importante, el trabajo con los niños de la aldea y campamento de refugiados. Este trabajo consistía en entregar valores del trabajo de equipo, superación e integración a través del deporte. Este trabajo se hacía dos días de la semana con niños entre 7 y 13 años.

La experiencia

Inicialmente no fue fácil, ya que existía cierta rivalidad y discriminación por parte de los niños de la aldea hacia los niños pertenecientes al campamento de refugiados de Rhulani.

Con la ayuda de otra voluntaria, llamada Natalia acercábamos a los niños del campamento en una camioneta, luego del horario del colegio, y usábamos las instalaciones que nos prestaba el colegio administrado por las hermanas salesianas. El resultado de estas actividades fue buenísimo. En promedio, eran más de 20 niños que participaban semana a semana, generando grandes lazos de amistad. Más tarde, Natalia replicó este trabajo con las niñas del campamento de refugiados.

Mirando desde la distancia, ¿cuál sería el mayor aprendizaje de mi experiencia?

Sin duda la alegría, el cariño y generosidad de la gente que fui conociendo a lo largo de mi estadía. Realmente impagable, más en momentos en que sentí la lejanía de mi familia y amigos. Igualmente importante fue el desarrollo del respeto y la tolerancia. Esto fue muy importante para enfrentarme a un mundo muy diferente al que estaba acostumbrado, y la base para generar lazos con la comunidad que me recibió.

Otra cosa que aprendí de esta experiencia es lo importante del apoyo de nuestro equipo que estaba en Chile, para ver que yo pudiera desarrollar mi trabajo en este lugar tan lejano, y por otra parte dar seguridad a mi familia de que las cosas se estaban haciendo bien, y de manera seria.

Innegablemente mi visión de mundo cambió después de mi experiencia en África. Uno se da cuenta de que la vida es mucho más simple de lo que creemos, y que además se ha ido perdiendo el sentido de ser comunidad y el respeto al otro.

Un mensaje para los voluntarios del futuro

Mi consejo es que aprovechen esta experiencia al máximo, que de verdad es única e irrepetible. Hay mucho que podemos aportar a la comunidad a la cual llegamos, y también, mucho que recibir como voluntario. Los amigos que uno hace quedan para siempre, tanto es así, que fui con mi señora 3 años después a Sudáfrica, y el cariño de la gente se mantenía intacto.

Karla Jiménez: nuestra nueva enviada a Esuatini

Karla Jiménez tiene 34 años y es Ingeniero Civil Industrial. Nació en la ciudad de Temuco y vive en Santiago desde hace casi 3 años. Durante casi 10 años fue jugadora de hockey césped y además es una apasionada de la fotografía, la música, los libros y los trabajos voluntarios —en especial si es con niños y adultos mayores—.

Actualmente, Karla prepara las maletas para convertirse en la primera voluntaria que partirá a Esuatini este año, con la misión de de crear un informe preliminar de las necesidades más urgentes del orfanato con el que la fundación comenzará a colaborar en su próxima operación.

A pocas horas de iniciar su vuelo, Karla nos cuenta sobre sus motivaciones y expectativas en torno a este nuevo desafío en su vida.

 

—¿Cuál es tu interés por realizar un voluntariado?

Creo firmemente que ayudar a una persona a tener esperanza no tiene precio, y si todos aportáramos con un granito de arena, desde las posibilidades de cada uno, podríamos hacer una gran diferencia en la vida de los niños y familias que viven en pobreza. Eso es lo que personalmente me impulsa a poder contribuir a una sociedad más justa: tener la posibilidad de conectarme con personas que lo necesitan, y generar un espacio para aportar, ya que al fin y al cabo, ellos nos permiten aprender tanto de sus experiencias y formas de enfrentar la vida, lo cual creo retribuye cualquier esfuerzo realizado; que es mucho más de lo que uno puede aportar como voluntario.

—¿Por qué optaste por un voluntariado en África?

Durante los años que viví en la Región de La Araucanía —la con mayor pobreza del país— traté de participar activamente en voluntariados. Al llegar a Santiago busqué instituciones que estuvieran comprometidas con la ayuda a los más necesitados y por una casualidad conocí la Fundación Africa Dream.

Personalmente, siempre tuve el sueño de hacer un voluntariado en África, pero tenía la idea que era algo que podría haber hecho sólo siendo médico. Al conocer la fundación, vi la tremenda oportunidad  que le dan a todo profesional que esté interesado en hacer un voluntariado en el continente más pobre del mundo, donde tristemente los niños trabajan desde los 5 años, en vez de estudiar y jugar. Por lo tanto para mí es, sin duda, un sueño hecho realidad.

—¿Qué te motivó de la fundación Africa Dream?

Primero que todo, creo que es increíble que a diferencia de otras fundaciones u ONGs no le cierren la puerta a ningún profesional para participar y aportar desde los conocimientos de cada uno. Además, la recepción del director, el equipo y los voluntarios es extraordinaria y acogedora desde el primer minuto. Te hacen sentir como en casa y es un lugar donde todas las ideas son un aporte. Además, los proyectos que se implementan buscan aportar conocimientos a las personas de África para que tengan herramientas para poder superar la pobreza sin la necesidad del apoyo de alguna institución.

—¿Qué esperas aportar en el proyecto que vas a realizar a Esuatini?

La Fundación Africa Dream me está dando la oportunidad y ha confiado en mí para ir como ingeniero a Esuatini. Mi labor será hacer levantamiento de información en un hogar de 200 niños, en su mayoría en situación de discapacidad, por lo que espero poder transmitir a los voluntarios que van a llegar después de mí, la realidad del lugar lo más detallado posible, para que luego podamos generar proyectos en áreas de la salud y educación que puedan aportar lo máximo posible.

—¿Qué mensaje le darías a aquellos que la piensan pero no se atreven a ir?

Creo firmemente que el poder vivir una experiencia de voluntariado en África va a ser una de las vivencias más importantes que voy a tener en mi vida e invito a las personas que tengan las ganas de hacer lo mismo que se atrevan. La vida es una y es ahora.  La retribución y crecimiento personal valdrán la pena con creces, además, tener la oportunidad de aportar aunque sea en lo más mínimo a la superación de la pobreza en el continente más pobre del mundo es algo que no tiene precio.

—¿Y qué podrías decirle a los socios de Africa Dream?

Lo más importante es agradecer la gran contribución de cada uno de los socios, ya que muchos profesionales de todas las áreas tenemos la posibilidad de ir a aportar con un granito de arena a África, en mi caso a niños que tanto lo necesitan, donde por nacer en situación de discapacidad, culturalmente los rechazan y abandonan. A través de nuestros proyectos y gracias a sus aportes, están contribuyendo a cambiar de alguna forma la vida de personas al otro lado del mundo, donde la vida es tan cruda y diferente a nuestra realidad.

Aprovecho además de pedir a nuestros socios que inviten a sus familiares y amigos a ser parte de esta noble causa, que sólo tiene como fin entregar herramientas a las personas de África para que puedan salir del círculo de la pobreza, en especial los niños.

¿ Por qué deberías ser parte de la tribu?

Amparo Velasco
Directora Africa Dream

Cada año, la Africa Dream va tras un nuevo sueño, un nuevo proyecto en una nueva localidad, un nuevo desafío, derivado de la necesidad urgente de tantos niños, adultos y ancianos en condiciones de extrema pobreza y enfermedad. Cada año el desafío es mayor… y se suma una nueva causa a las que se mantienen actualmente, y que se financian completamente con el aporte de nuestros socios en Chile.

Cada año se envían distintos profesionales que regalan su tiempo y su trabajo a una localidad, con un objetivo claro desde el inicio. Este objetivo puede ser una nueva escuela, un hospital, un huerto comunitario… Se necesitan médicos, agrónomos, profesores, ingenieros, técnicos, kinesiólogos, terapeutas y todo aquel que sienta en su corazón el impulso, la fuerza y la voluntad de salir de la comodidad de su entorno para trabajar en las condiciones más difíciles a las que se verá enfrentado en su vida, pero con la satisfacción y alegría de haber sido parte de una tribu que no lo olvidará jamás.

Por cada voluntario que la fundación envía, por cada proyecto a desarrollar, debemos asegurar un flujo permanente de ingresos que nos permitan solventar la estadía, con todo lo que ello implica, asegurando todas las condiciones necesarias. No se corren riesgos. Tenemos que estar seguros de cubrir todos los gastos antes de planificar un viaje, antes de comprar insumos, antes de alimentar esperanzas.

El único ingreso para desarrollar y construir todo este increíble trabajo es tu aporte. Con tu compromiso, con tu aporte mensual, podemos proyectar, planificar, evaluar y cumplir con el plan de atender, sanar, educar, cultivar, generar sueños y esperanzas en cada uno de los niños y adultos.

Hoy tenemos un nuevo sueño que también es urgente: el orfanato de Eswatini. Este proyecto busca acoger y atender a niños abandonados y con alguna discapacidad. Es necesario cubrir sus necesidades básicas de alojamiento, salud y alimentación, pero también hay que dedicar tiempo a ayudarlos a desarrollarse como adultos autovalentes, darles herramientas, enseñarles cómo salir adelante, cómo vivir mejor. Para ello viajarán primero un médico y una Ingeniero, quienes realizarán un levantamiento de las condiciones actuales, tanto de infraestructura como del estado general de esos niños, de manera de que, en pocas semanas, ya estén por allá profesionales de la salud, entregándoles las terapias y cuidados que necesitan, como así también profesores para la educación diferenciada.

El aporte de cada socio es vital para realizar este sueño. Es increíble lo que puede significar. Ningún monto es pequeño. Uno no se imagina que con sólo $5.000 mensuales se puede alimentar una familia entera, por un mes, en África. ¡Y puede transformar la vida de tantos que lo necesitan!

Por eso te pedimos que te hagas socio. Con tu aporte nos mantenemos trabajando y seguimos haciendo realidad este gran Sueño por Africa.

El capital más importante

Nicolás Fuenzalida Plaza
Director Africa Dream

Hace sólo un par días, durante la conferencia ministerial de agricultura entre la unión africana y la unión europea, se declaró que la población en África pasaría de 1.200 millones de habitantes a 2.400 millones de habitantes en 2050. Para muchos pareciera ser contraintuitivo pensar que una región con los problemas de pobreza y de inequidad como el África Subsahariana se pueda “permitir” aumentar su población al doble en sólo algunas décadas.

Y sin duda alguna, el dato no deja de ser importante para todas las organizaciones que trabajamos en proyectos de cooperación para el desarrollo del continente, sabiendo que, a pesar de todos nuestros esfuerzos, los desafíos y problemas que enfrentamos en la erradicación de la pobreza podrían crecer al doble.

Sin embargo, las convicciones que nos mueven no cambian: ante todos los desafíos que nos ha generado nuestro trabajo en África, la respuesta de la fundación siempre ha tenido y seguirá teniendo el mismo foco: el capital humano.

Porque existen muchos modelos de cooperación humanitaria: mientras algunas fundaciones optan por canalizar la ayuda a través de programas de ayuda subsidiaria, otras triangulan interesantes estructuras de colaboración entre organizaciones gubernamentales y privadas. En Fundación Africa Dream, en cambio, siempre hemos centrado nuestros programas en el desarrollo de proyectos sostenibles, implementados por voluntarios profesionales que concentran su trabajo en la generación de vínculos con la comunidad, para la instalación de capacidades, el cultivo de una cultura de la colaboración y el poner al servicio de los demás nuestra historia, nuestros talentos y todo lo que somos.

Esto, más allá de enfocar nuestra labor y misión como Fundación, nos empuja a recordar lo delicado y fundamental que se torna nuestra operación en terreno. Pues las personas son, ante todo, seres tremendamente complejos y no se les puede mirar simplemente como un engranaje más de la operación de una organización en particular. El enfocar nuestros esfuerzos en el capital humano, no puede sino empujarnos a renovar constantemente nuestra vocación a entregar un servicio profesional, nutrido desde el conocimiento de las buenas y malas prácticas de los programas de cooperación, motivado por nuestras convicciones más profundas y apuntando a ser la mejor versión de nosotros mismos como organización humana.

Quién sabe dónde estaremos de aquí al 2050, pero confiamos en que el servicio social que hoy ofrecemos estará siempre empujado por este anhelo de constante mejora y profesionalización, para poder llegar a ver los frutos de nuestro trabajo donde todo hace realmente sentido: en los rostros de felicidad de aquellos que queremos acompañar. He ahí nuestro capital más importante.

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