Blog

El capital más importante

Nicolás Fuenzalida Plaza Director Africa Dream Hace sólo un par días, durante la conferencia ministerial de agricultura entre la unión africana…

Read More

Las mujeres en Uganda

Antonia Garrido Coordinadora de voluntariado en Uganda   En Uganda las mujeres constituyen el 51% de la población total del…

Read More

Ignacio Vilches: la experiencia de un exvoluntario

Ignacio Vilches
Ingeniero Agrónomo
Director Africa Dream

El origen

Mi voluntariado partió en enero del 2011 y terminó con mi regreso en febrero del 2012, aunque he estado ligado a la fundación desde ese momento. He capacitado a nuevos voluntarios, participando también en la obtención de fondos concursables para nuevos proyectos y en entrevistas para difundir nuestro trabajo en medios de comunicación.

La inquietud de ayudar la traigo por formación familiar, algo que se fue potenciando fuerte en mi etapa universitaria, trabajando en los CCAA de mi facultad, en los trabajos de verano e invierno, misiones y ejecutando mi labor como bombero.

La inquietud de irme como voluntario a África nació después, cuando me encontraba trabajando en el Ministerio de Agricultura. En esa época me llegó un correo donde se buscaba a un agrónomo para liderar un proyecto comunitario en Sudáfrica. El proyecto me hizo mucho sentido, ya que significaba entregar mi experiencia y conocimiento al servicio de una comunidad que lo necesitaba y al mismo tiempo, era una oportunidad para probarme a mí mismo y salir de mi zona de confort.

Todo esto traía bastantes interrogantes sobre dónde iba a llegar —cultura, idiomas, creencias— pero a la vez, el desafío como experiencia de vida era incalculable, por lo que mis dudas iniciales se desvanecieron una vez que acepté sumarme al proyecto. Yo llegaba al segundo año del proyecto iniciado por la fundación con apoyo de nuestra contraparte en Sudáfrica, una misión de hermanas salesianas —orden católica—, responsables del colegio Holy Rosary School.

Sin lugar a dudas, debo decir que en este importante proceso conté con apoyo absoluto de mi familia y amigos.

El voluntariado

El proyecto estaba inserto en la aldea de Xitlhelani, en la provincia de Limpopo en Sudáfrica. Esto es cerca de la frontera norte con Zimbabue y Mozambique, al lado de uno de los grandes parques de África, el Parque Kruger. Esta zona se caracteriza por ser una zona muy rural, muy alejada de las grandes urbes del país —Johannesburgo se encuentra a cerca de 7 horas del lugar en auto—, en donde conviven dos etnias locales, la tribu tsonga y la tribu Venda, además de refugiados de países vecinos en busca de oportunidades. Estos refugiados vienen escapando de la dictadura en Zimbabue, y de la guerra civil que tuvo lugar en Mozambique entre 1977 y 1992 —con más de 5 millones de desplazados—. Prácticamente no hay “blancos” en esta zona.

El proyecto tenía 3 grandes líneas de trabajo. El corazón del proyecto era el proyecto comunitario. Este consistía en retomar el trabajo con mujeres, jefas de hogar, normalmente viudas o separadas, y que estaban a cargo de su grupo familiar, que por lo demás era bastante extenso —en este siempre habían muchos niños, y era normal contar con abuelos—. El origen de las señoras eran de la tribu tsonga, venda, mozambiqueñas y zimbabuenses. Las salesianas le prestában la tierra, y nosotros le pasábamos las semillas de maíz —este es la base de la dieta en la África Subsahariana— y el maní, y además la apoyábamos con horas de tractor para preparar la tierra. Junto con eso las acompañaba en todo el proceso, y se capacitaban con apoyo de la oficina de apoyo del Ministerio de Agricultura de Sudáfrica.

La segunda línea de trabajo era como apoyo en el colegio, como profesor de los niños entre 4° a 7° grado en sus clases de ciencia. En estas clases, prácticamente todas las clases se hacían en un huerto experimental, en donde se cultivaban verduras, hierbas y frutales, bajo el concepto de permacultura (agricultura sustentable con el medio ambiente). La idea era mostrar diferentes cultivos que se podían desarrollar en el clima del lugar —de tipo sabana con inviernos frescos y secos, y veranos lluviosos y calurosos—, con uso de riego tecnificado —el agua es un recurso bastante escazo en este continente—, y sustentable con el medio ambiente.

Por último, y no menos importante, el trabajo con los niños de la aldea y campamento de refugiados. Este trabajo consistía en entregar valores del trabajo de equipo, superación e integración a través del deporte. Este trabajo se hacía dos días de la semana con niños entre 7 y 13 años.

La experiencia

Inicialmente no fue fácil, ya que existía cierta rivalidad y discriminación por parte de los niños de la aldea hacia los niños pertenecientes al campamento de refugiados de Rhulani.

Con la ayuda de otra voluntaria, llamada Natalia acercábamos a los niños del campamento en una camioneta, luego del horario del colegio, y usábamos las instalaciones que nos prestaba el colegio administrado por las hermanas salesianas. El resultado de estas actividades fue buenísimo. En promedio, eran más de 20 niños que participaban semana a semana, generando grandes lazos de amistad. Más tarde, Natalia replicó este trabajo con las niñas del campamento de refugiados.

Mirando desde la distancia, ¿cuál sería el mayor aprendizaje de mi experiencia?

Sin duda la alegría, el cariño y generosidad de la gente que fui conociendo a lo largo de mi estadía. Realmente impagable, más en momentos en que sentí la lejanía de mi familia y amigos. Igualmente importante fue el desarrollo del respeto y la tolerancia. Esto fue muy importante para enfrentarme a un mundo muy diferente al que estaba acostumbrado, y la base para generar lazos con la comunidad que me recibió.

Otra cosa que aprendí de esta experiencia es lo importante del apoyo de nuestro equipo que estaba en Chile, para ver que yo pudiera desarrollar mi trabajo en este lugar tan lejano, y por otra parte dar seguridad a mi familia de que las cosas se estaban haciendo bien, y de manera seria.

Innegablemente mi visión de mundo cambió después de mi experiencia en África. Uno se da cuenta de que la vida es mucho más simple de lo que creemos, y que además se ha ido perdiendo el sentido de ser comunidad y el respeto al otro.

Un mensaje para los voluntarios del futuro

Mi consejo es que aprovechen esta experiencia al máximo, que de verdad es única e irrepetible. Hay mucho que podemos aportar a la comunidad a la cual llegamos, y también, mucho que recibir como voluntario. Los amigos que uno hace quedan para siempre, tanto es así, que fui con mi señora 3 años después a Sudáfrica, y el cariño de la gente se mantenía intacto.

Karla Jiménez: nuestra nueva enviada a Esuatini

Karla Jiménez tiene 34 años y es Ingeniero Civil Industrial. Nació en la ciudad de Temuco y vive en Santiago desde hace casi 3 años. Durante casi 10 años fue jugadora de hockey césped y además es una apasionada de la fotografía, la música, los libros y los trabajos voluntarios —en especial si es con niños y adultos mayores—.

Actualmente, Karla prepara las maletas para convertirse en la primera voluntaria que partirá a Esuatini este año, con la misión de de crear un informe preliminar de las necesidades más urgentes del orfanato con el que la fundación comenzará a colaborar en su próxima operación.

A pocas horas de iniciar su vuelo, Karla nos cuenta sobre sus motivaciones y expectativas en torno a este nuevo desafío en su vida.

 

—¿Cuál es tu interés por realizar un voluntariado?

Creo firmemente que ayudar a una persona a tener esperanza no tiene precio, y si todos aportáramos con un granito de arena, desde las posibilidades de cada uno, podríamos hacer una gran diferencia en la vida de los niños y familias que viven en pobreza. Eso es lo que personalmente me impulsa a poder contribuir a una sociedad más justa: tener la posibilidad de conectarme con personas que lo necesitan, y generar un espacio para aportar, ya que al fin y al cabo, ellos nos permiten aprender tanto de sus experiencias y formas de enfrentar la vida, lo cual creo retribuye cualquier esfuerzo realizado; que es mucho más de lo que uno puede aportar como voluntario.

—¿Por qué optaste por un voluntariado en África?

Durante los años que viví en la Región de La Araucanía —la con mayor pobreza del país— traté de participar activamente en voluntariados. Al llegar a Santiago busqué instituciones que estuvieran comprometidas con la ayuda a los más necesitados y por una casualidad conocí la Fundación Africa Dream.

Personalmente, siempre tuve el sueño de hacer un voluntariado en África, pero tenía la idea que era algo que podría haber hecho sólo siendo médico. Al conocer la fundación, vi la tremenda oportunidad  que le dan a todo profesional que esté interesado en hacer un voluntariado en el continente más pobre del mundo, donde tristemente los niños trabajan desde los 5 años, en vez de estudiar y jugar. Por lo tanto para mí es, sin duda, un sueño hecho realidad.

—¿Qué te motivó de la fundación Africa Dream?

Primero que todo, creo que es increíble que a diferencia de otras fundaciones u ONGs no le cierren la puerta a ningún profesional para participar y aportar desde los conocimientos de cada uno. Además, la recepción del director, el equipo y los voluntarios es extraordinaria y acogedora desde el primer minuto. Te hacen sentir como en casa y es un lugar donde todas las ideas son un aporte. Además, los proyectos que se implementan buscan aportar conocimientos a las personas de África para que tengan herramientas para poder superar la pobreza sin la necesidad del apoyo de alguna institución.

—¿Qué esperas aportar en el proyecto que vas a realizar a Esuatini?

La Fundación Africa Dream me está dando la oportunidad y ha confiado en mí para ir como ingeniero a Esuatini. Mi labor será hacer levantamiento de información en un hogar de 200 niños, en su mayoría en situación de discapacidad, por lo que espero poder transmitir a los voluntarios que van a llegar después de mí, la realidad del lugar lo más detallado posible, para que luego podamos generar proyectos en áreas de la salud y educación que puedan aportar lo máximo posible.

—¿Qué mensaje le darías a aquellos que la piensan pero no se atreven a ir?

Creo firmemente que el poder vivir una experiencia de voluntariado en África va a ser una de las vivencias más importantes que voy a tener en mi vida e invito a las personas que tengan las ganas de hacer lo mismo que se atrevan. La vida es una y es ahora.  La retribución y crecimiento personal valdrán la pena con creces, además, tener la oportunidad de aportar aunque sea en lo más mínimo a la superación de la pobreza en el continente más pobre del mundo es algo que no tiene precio.

—¿Y qué podrías decirle a los socios de Africa Dream?

Lo más importante es agradecer la gran contribución de cada uno de los socios, ya que muchos profesionales de todas las áreas tenemos la posibilidad de ir a aportar con un granito de arena a África, en mi caso a niños que tanto lo necesitan, donde por nacer en situación de discapacidad, culturalmente los rechazan y abandonan. A través de nuestros proyectos y gracias a sus aportes, están contribuyendo a cambiar de alguna forma la vida de personas al otro lado del mundo, donde la vida es tan cruda y diferente a nuestra realidad.

Aprovecho además de pedir a nuestros socios que inviten a sus familiares y amigos a ser parte de esta noble causa, que sólo tiene como fin entregar herramientas a las personas de África para que puedan salir del círculo de la pobreza, en especial los niños.

¿ Por qué deberías ser parte de la tribu?

Amparo Velasco
Directora Africa Dream

Cada año, la Africa Dream va tras un nuevo sueño, un nuevo proyecto en una nueva localidad, un nuevo desafío, derivado de la necesidad urgente de tantos niños, adultos y ancianos en condiciones de extrema pobreza y enfermedad. Cada año el desafío es mayor… y se suma una nueva causa a las que se mantienen actualmente, y que se financian completamente con el aporte de nuestros socios en Chile.

Cada año se envían distintos profesionales que regalan su tiempo y su trabajo a una localidad, con un objetivo claro desde el inicio. Este objetivo puede ser una nueva escuela, un hospital, un huerto comunitario… Se necesitan médicos, agrónomos, profesores, ingenieros, técnicos, kinesiólogos, terapeutas y todo aquel que sienta en su corazón el impulso, la fuerza y la voluntad de salir de la comodidad de su entorno para trabajar en las condiciones más difíciles a las que se verá enfrentado en su vida, pero con la satisfacción y alegría de haber sido parte de una tribu que no lo olvidará jamás.

Por cada voluntario que la fundación envía, por cada proyecto a desarrollar, debemos asegurar un flujo permanente de ingresos que nos permitan solventar la estadía, con todo lo que ello implica, asegurando todas las condiciones necesarias. No se corren riesgos. Tenemos que estar seguros de cubrir todos los gastos antes de planificar un viaje, antes de comprar insumos, antes de alimentar esperanzas.

El único ingreso para desarrollar y construir todo este increíble trabajo es tu aporte. Con tu compromiso, con tu aporte mensual, podemos proyectar, planificar, evaluar y cumplir con el plan de atender, sanar, educar, cultivar, generar sueños y esperanzas en cada uno de los niños y adultos.

Hoy tenemos un nuevo sueño que también es urgente: el orfanato de Eswatini. Este proyecto busca acoger y atender a niños abandonados y con alguna discapacidad. Es necesario cubrir sus necesidades básicas de alojamiento, salud y alimentación, pero también hay que dedicar tiempo a ayudarlos a desarrollarse como adultos autovalentes, darles herramientas, enseñarles cómo salir adelante, cómo vivir mejor. Para ello viajarán primero un médico y una Ingeniero, quienes realizarán un levantamiento de las condiciones actuales, tanto de infraestructura como del estado general de esos niños, de manera de que, en pocas semanas, ya estén por allá profesionales de la salud, entregándoles las terapias y cuidados que necesitan, como así también profesores para la educación diferenciada.

El aporte de cada socio es vital para realizar este sueño. Es increíble lo que puede significar. Ningún monto es pequeño. Uno no se imagina que con sólo $5.000 mensuales se puede alimentar una familia entera, por un mes, en África. ¡Y puede transformar la vida de tantos que lo necesitan!

Por eso te pedimos que te hagas socio. Con tu aporte nos mantenemos trabajando y seguimos haciendo realidad este gran Sueño por Africa.

El capital más importante

Nicolás Fuenzalida Plaza
Director Africa Dream

Hace sólo un par días, durante la conferencia ministerial de agricultura entre la unión africana y la unión europea, se declaró que la población en África pasaría de 1.200 millones de habitantes a 2.400 millones de habitantes en 2050. Para muchos pareciera ser contraintuitivo pensar que una región con los problemas de pobreza y de inequidad como el África Subsahariana se pueda “permitir” aumentar su población al doble en sólo algunas décadas.

Y sin duda alguna, el dato no deja de ser importante para todas las organizaciones que trabajamos en proyectos de cooperación para el desarrollo del continente, sabiendo que, a pesar de todos nuestros esfuerzos, los desafíos y problemas que enfrentamos en la erradicación de la pobreza podrían crecer al doble.

Sin embargo, las convicciones que nos mueven no cambian: ante todos los desafíos que nos ha generado nuestro trabajo en África, la respuesta de la fundación siempre ha tenido y seguirá teniendo el mismo foco: el capital humano.

Porque existen muchos modelos de cooperación humanitaria: mientras algunas fundaciones optan por canalizar la ayuda a través de programas de ayuda subsidiaria, otras triangulan interesantes estructuras de colaboración entre organizaciones gubernamentales y privadas. En Fundación Africa Dream, en cambio, siempre hemos centrado nuestros programas en el desarrollo de proyectos sostenibles, implementados por voluntarios profesionales que concentran su trabajo en la generación de vínculos con la comunidad, para la instalación de capacidades, el cultivo de una cultura de la colaboración y el poner al servicio de los demás nuestra historia, nuestros talentos y todo lo que somos.

Esto, más allá de enfocar nuestra labor y misión como Fundación, nos empuja a recordar lo delicado y fundamental que se torna nuestra operación en terreno. Pues las personas son, ante todo, seres tremendamente complejos y no se les puede mirar simplemente como un engranaje más de la operación de una organización en particular. El enfocar nuestros esfuerzos en el capital humano, no puede sino empujarnos a renovar constantemente nuestra vocación a entregar un servicio profesional, nutrido desde el conocimiento de las buenas y malas prácticas de los programas de cooperación, motivado por nuestras convicciones más profundas y apuntando a ser la mejor versión de nosotros mismos como organización humana.

Quién sabe dónde estaremos de aquí al 2050, pero confiamos en que el servicio social que hoy ofrecemos estará siempre empujado por este anhelo de constante mejora y profesionalización, para poder llegar a ver los frutos de nuestro trabajo donde todo hace realmente sentido: en los rostros de felicidad de aquellos que queremos acompañar. He ahí nuestro capital más importante.

1er Voluntariado en La Bandera

Jorge Molina
Coordinador Voluntariado en Chile

Una de los motivaciones de Africa Dream, además de enviar voluntarios al continente africano, es realizar lo que denominamos como “voluntariado espejo”. Esto quiere decir, replicar las actividades que desarrollamos en África en Chile y viceversa. Con esto buscamos que los voluntarios generen conciencia, ideas y energía para su viaje, para que después vuelvan a compartir su experiencia y así retroalimentar a las siguientes generaciones de voluntarios.

En esta ocasión, como primer acto voluntario del año, nuestro equipo en Santiago se unió al jardín infantil JUNJI Crecer con Amor, ubicado en la comuna de San Ramón, cerca de la población La Bandera. Allí propusimos desarrollar una serie de actividades que tuvieran el objetivo de incluir tanto al jardín como a la comunidad, para que el voluntariado no fuera una mera intervención material. Entre ellas, un taller dirigido a enseñar cómo fabricar un herbario, la construcción de una compostera y enseñanza sobre los beneficios de las hierbas medicinales.

El mes de mayo, como primera actividad, realizamos la construcción de cinco huertos verticales. Con la idea de fomentar el reciclaje o la reutilización, usamos pallets; y para obtener variedad, usamos semillas de distintas especies —cultivares de lechugas, cebolla, repollo, etc.—, y el ingrediente más importante: la motivación.

La actividad se realizó un sábado por la mañana. Cuando llegamos fuimos muy bien recibidos por la directora y su equipo, con un encuentro que nos permitió conversar y conocernos antes de poner manos a la obra. La gran mayoría del equipo no conocía el jardín infantil, por lo que procedimos a realizar un recorrido por el establecimiento para decidir y aclarar los detalles del montaje. Entre los nervios y las ansias, lo único que se sabía era que se debían construir los huertos y que habría tres equipos pero, ¿cómo lo haríamos?

El desafío era lograr que aquellos que nunca habían hecho algo parecido, entendieran rápidamente cómo realizar el trabajo y llegar a un resultado  satisfactorio. En estas situaciones se requiere, por supuesto, la habilidad de abrirse de mente, de escuchar y tener la iniciativa. Al final, todo eso existió. La conversación entre los equipos y los apoderados asistentes se dio de manera natural. Existieron risas y chistes en todo el jardín infantil a lo largo de la jornada. Hubo tanta motivación este día que al final, las tías del jardín trajeron sus propias plantas para ponerlas en el patio.

Pasada la hora de término, los huertos instalados y con una gran satisfacción de haber logrado hacer esta actividad, sólo quedaba ordenar y guardar. ¿Terminamos cansados? Aseguro que más de alguno se fue a dormir su siesta, un merecido descanso…

Días después de realizada la actividad, puedo recoger varias conclusiones, evaluar con una mirada crítica y hacer observaciones. Sin embargo, lo más importante es aprender de lo que hicimos, vimos y escuchamos en el jardín. Estos huertos verticales pueden ser el inicio de un sello para Africa Dream. Podemos seguir desarrollando en el tiempo la construcción, la estética o incluso innovar con algún diseño nuevo. Lo importante es que ese día dimos el primer paso para crear algo que puede ser replicado en distintos colegios y/o jardines infantiles, aportar una nueva solución y un nuevo conocimiento a los niños y quién sabe, tal vez incluso, trasladar la idea al continente africano en el futuro.

Los primeros meses de Gabriel en Kenia

Gabriel Melo
Voluntario en Kenia

África… Qué complejo se me hace hablar hoy de África. Estando cerca de cumplir el cuarto mes en este hermoso continente, se me hace inevitable querer compartir mi experiencia.

Los primeros días los defino como el tiempo de la inocencia, donde el encontrarme con un mundo totalmente nuevo y atractivo me llenaron el alma. Me emocionaba con frecuencia, tan solo incluso  al estar en presencia de tanta gente necesitada pero que, a pesar de estar en esa condición, siempre devolvían una sonrisa —de esas que hoy no se logran ni en cien selfies—.

Luego vino el tiempo de aterrizar y “ponerme las pilas” con mi labor en la granja orgánica, que lleva por nombre “The 3000 Friends Farm”. La motivación post-visita a las tierras Samburu —que es el lugar donde están las misiones y donde está la gente a quienes está destinado el programa— ya estaba, y con las convicciones muy arraigadas en mí. El primer tiempo me dediqué a aprender, tratando de participar de todos los quehaceres diarios que se desarrollaban en la tierra. Aprendí de los animales, cómo cuidar de ellos y cómo tratar con ellos. Además, me di cuenta de lo duro que es el trabajo manual en la tierra, tanto que hoy he aprendido a valorar con gran admiración a tanta gente que le entrega su vida a esta noble profesión.

Por otro lado, los fines de semana he destinado mi tiempo libre a conocer y desenvolverme en los alrededores del gran Nairobi, lo que ha sido muy provechoso para entablar nuevas amistades y enriquecerme con opiniones y nuevas formas de ver el mundo. De la misma forma y a medida que fue pasando el tiempo, con la comunidad chilena en el país, hemos creado lazos e instancias para juntarnos y recordar desde este otro lado del planeta a nuestra querida patria.

Sobre de las realidades con las que me he encontrado en estos meses, puedo decir que han sido diversas. Por una parte, conocí las condiciones de vida de los pueblos en las tierras Samburu al centro-norte del país: gente tradicionalista y muy apegada a sus costumbres, gente que aprende a reír al máximo teniendo “el mínimo”. Mientras tanto, en su contraparte, la gran metrópolis de Nairobi, comparable con nuestra capital, donde los contrastes sociales son abismantes y donde los problemas con las instituciones son evidentes, me hace reflexionar a menudo sobre lo que es éticamente correcto en una sociedad moderna.

Sin embargo, a pesar de los choques culturales, no cambiaría esta experiencia por nada. Creo que a medida que pasa el tiempo, África me va mostrando su belleza en los pequeños detalles del día a día, dándome en distintos momentos una oportunidad para superarme y romper mis esquemas y barreras auto impuestas, lo que creo sin dudas me está ayudando para crecer como persona.

Del mismo modo, el trabajo en la granja ha sido un tremendo desafío. Al menos hoy estoy tranquilo al saber que le hemos puesto todas las ganas y el corazón para sacar adelante el proyecto, porque creemos en la gente que trabaja con nosotros, así como en el crecimiento de la gente Samburu, quienes son nuestro norte cada mañana al comenzar un nuevo día.

Para finalizar esta pequeña crónica, quiero agradecer a Fundación Africa Dream por la oportunidad de estar acá y su constante preocupación por sus voluntarios en terreno, asimismo al Instituto Misioneros de Yarumal, por acogerme e incluirme como un misionero más en su comunidad.

Mis días en Naigobya

Mayra Rujano
Voluntaria Africa Dream

Los días en Naigobya comienzan muy temprano, a eso de las 4 -5 puedes escuchar los primeros cantos musulmanes y a partir de las 6.30 empiezas a ver niños y niñas caminando a sus respectivas escuelas. Los ves de todas las edades, un carnaval de uniformes, solos, acompañados, en grupos, hermanos agarrados de la mano, todos animados de ir a la escuela y vaya que se esfuerzan por ir y de llegar a tiempo.

Después de mi llegada a la aldea, de haber conocido las escuelas en las que estaría trabajando y de haber terminado los detalles finales para dar inicio al programa llega lo que llamo “el primer contacto”, comenzamos por St Paul School con los niños de P1 (Primaria 1) con una audiencia de 27 niños entre edades de 6 a 8 años. En vista que era la primera vez, decidí iniciar de a poco, con el tema más fácil: la boca y sus partes. Sosteniendo mi espalda estuvieron los profesores quienes me ayudaron con el manejo de los niños y por supuesto, con la traducción inglés-lusoga.

Para mi sorpresa, estos pequeñines ya manejaban algunas palabras en ingles y podían decir mouth, teeth y tongue con mucha facilidad y naturalidad. Es claro que, como era la primera vez que me veían, había mucho temor y vergüenza de por medio, pero bastó hasta que llegáramos a la parte del juego para que todos se animaran a participar. Fue en este momento donde me gané un baile y un abrazo grupal.

Como el primer día fue calmado y holgado de tiempo, decidí ver de una a vez a los niños de P2 (Primaria 2), niños entre 7 – 9 años de edad, quienes también hicieron un excelente trabajo y me recibieron con mucha hospitalidad.

Algo curioso acá es que los salones no siguen una secuencia estricta en cuanto a las edades. En P1 que es como un primero básico —supuestamente para niños entre 6 – 7 años— puedes encontrar niños de hasta 9 años. Esto sucede porque no todos los niños inician la época escolar como está “establecido”, pero creo que eso no es relevante, lo importante es que vayan a la escuela.

Después del primer contacto ya me movía de forma más libre, incluso me atreví a arrendar una bicicleta para irme en bici a las escuelas, en especial a  Naigobya Primary que era una escuela un poco mas lejos, pasando el conocido centre, pero lo especial de este trayecto es que pasaba por un camino con muchos árboles que me refrescaban y después me esperaba una pequeña “colina” que siempre me desafiaba, me hacia sudar y llegaba hiperventilada a la escuela. Esta, sin duda alguna, es la escuela que más me sorprendió. Es gigante, con 800 alumnos, una asistencia de casi 100 alumnos por salón, pero con profesores comprometidos que trabajan día a día con no menos de 60 niños en su clase.

Al término de la primera semana, ya tenía una rutina armada que variaba según la escuela a la que iba. Cada mañana sentía emoción y entusiasmo por enseñarles algo nuevo, pero lo que más me motivaba eran sus reacciones. Ya para la segunda semana, ya era un familiar e incluso empezaron a llamarme muzzungo, que significa “blanco” en un sentido positivo. Esta palabra todos la utilizan, es clásico escuchar “muzzungo bye” pero como nos encontrábamos en la escuela, no se atrevían al principio.

Una de las cosas ricas de salir todas las mañanas era que me dieran los buenos días y que yo, al responder sabiendo lo mínimo de lusoga, la gente igual sonriera; y que a pesar de que todos me veían pasar todos los días, igual me saludaran, en especial los niñitos que salían corriendo a alcanzarme.

Enseñando a través del juego estuvimos por tres semanas, entregando herramientas de fácil aplicación a los niños de estas escuelas, siguiendo así el sentir y la motivación de este proyecto, que es, el poder de la prevención. Durante este tiempo tuvimos la presencia de mas de 200 niños que participaron en los talleres en donde aprendieron una correcta técnica de cepillado, la importancia de lavar nuestros dientes al menos dos veces al día, qué hacer cuando sentimos dolor y cómo prevenir enfermedades dentales como la caries.

Estos niños me sorprendieron gratamente cuando llegamos a la tercera semana, donde realizamos actividades de repaso y recordaron absolutamente todo: realizaron técnica de cepillado perfecta, recordaron qué es bueno y qué es malo para nuestros dientes, entre otras cosas más, demostrándome que a pesar de la barrera del idioma, el mensaje llegó y fue asimilado. Sin duda esto me demuestra que los niños en Naigobya son extremadamente inteligentes y se interesan por aprender algo nuevo.

Naigobya marcó un hito en mí, y fue el inicio de una nueva vida llena de otras perspectivas, vivencias y herramientas. Se convirtió en un lugar donde reflexioné mucho, pero al mismo tiempo, me dio mucho descanso. Un lugar que me demostró que podemos llevar un vida más simple, sin tantas ataduras, que somos capaces de convivir con otras culturas y otras realidades y que a pesar de todas las necesidades que estas personas tienen, pueden ser felices, en especial, los niños.

Ir a Uganda fue sin duda un sueño cumplido que sobrepasó mis expectativas, en donde los actores principales fueron esos 254 niños (más nuestros vecinitos) con los que compartí  y que llenaron mi corazón con su gratitud, amabilidad y amor.

Gracias Naigobya.

Desafío de la Diversidad Cultural ¿multiculturalidad?

Rodrigo Mercado
Director Ejecutivo

El término diversidad es de origen latino: “diversitas”, que se refiere a la diferencia o a la distinción entre personas, animales o cosas, a la variedad, a la infinidad o a la abundancia de cosas diferentes, a la desemejanza, a la disparidad o a la multiplicidad.

Hace algunos años  que nuestra cultura comenzó a entender que la diversidad era desafiante e inspiradora. Somos más conscientes que ya no somos solo chilenos, sino que dentro de Chile tenemos a nuestros pueblos originarios, por generaciones quizás, olvidados, relegados, ignorados…. que también habitan en el territorio nacional.

Cuando conviven varias culturas diferentes en un mismo territorio se habla de multiculturalidad, y no necesariamente deben existir relaciones igualitarias entre los diferentes grupos culturales, sino una interacción sana, de valoración mutua, reconociendo igualmente al otro como distinto (interculturalidad).

En nuestra cultura  local,  hoy se suman además las culturas que han llegado de diversas partes del mundo. Las más recientes son las centroamericanas, que definitivamente  han traído otro color, música y espontaneidad a nuestro país, entre otros valores.

África como continente está llena de esta cohabitación de culturas (multiculturalidad), que se da de una manera natural, única, y rica en estilo. Kenia, siendo la cultura que acoge a la fundación en estos momentos, no está exenta de esta multiplicidad de culturas y no deja de desafiar a quien nunca ha crecido en esta riqueza cultural (nuestros voluntarios).

Generalmente, cuando pensamos en la cultura de Kenia se nos viene a la memoria la famosa cultura Masai, distribuida en Kenia meridional, Tanzania septentrional y aunque en mucho menos medida, en la cultura de Etiopía. Aunque existen aproximadamente 42 grupos étnicos que conforman la cultura de Kenia, y cada uno posee sus propios patrones culturales claramente identificados, todos tienen también puntos en común que se pueden observar, por ejemplo, en la similitud de las lenguas, la cercanía geográfica y la proximidad racial.

La cultura y las tradiciones nos forman y sin lugar a dudas, formarán también a quienes harán vida en Kenia. El desafío de nuestros voluntarios es aportar también con su propia cultura en esta amalgama única, rica y diversa que es la interculturalidad. El desafío es poder captar también la esencia de aquello que lleva años forjándose y creciendo no solo como identidad cultural sino también como nación.

Por esta valoración de la diversidad cultural es que la fundación Africa Dream sigue creyendo en sus proyectos y confía en que sus voluntarios asumirán el gran desafío de ser uno más en un contexto que desde los orígenes siempre fue multicultural.

Voluntarios de Concepción nos hablan de sus motivaciones y expectativas por trabajar en Africa Dream

Yahaira Salgado (27) y Gabriel Ortega (23) ingresaron a mediados de 2018 al equipo de voluntarios de Africa Dream en Concepción. Estudiantes de obstetricia y medicina veterinaria respectivamente, ambos jóvenes sintieron la necesidad de compartir sus habilidades y talentos con quienes más lo necesitan, tanto en Chile como en el resto del mundo.

En la siguiente entrevista, Yahaira y Gabriel nos cuentan sobre sus motivaciones por realizar un voluntariado en África y su experiencia integrando el equipo regional.

 

—¿Qué te motivó a sumarte como voluntario al equipo de Africa Dream?

(Yahaira) El poder ayudar a quienes más lo necesitan, sobre todo en un continente donde los recursos son limitados. Es un desafío tanto personal como profesional.

(Gabriel) Todo empezó con la invitación de un ex compañero de colegio a participar en un evento en Concepción. Ese día me contó sobre los objetivos, las metas y la visión de la fundación, y quedé sinceramente enamorado de todo lo se busca lograr. Desde entonces he participado en la mayoría de las actividades del equipo, tanto en reuniones aportando ideas como en terreno, dando a conocer lo lindo que es formar parte de la fundación.

 

—¿Cuáles son los desafíos por los que crees que deberíamos trabajar?

(Yahaira) Hay muchos desafíos, pero creo que hoy en África se debe trabajar —en lo que respecta mi campo— ITS, control preconcepcional y control prenatal, principalmente.

(Gabriel) En las reuniones se han logrado plantear diversas ideas con el mismo fin: poder darnos a conocer más, llegar a público de todas las edades, participar en universidades y eventos masivos; pero también debemos enfocarnos en la recaudación de fondos con el propósito de enviar los recursos necesarios para los que están contribuyendo con sus conocimientos a los más necesitados en el continente africano.

 

—¿Qué te conecta con África? ¿Cómo ves la posibilidad de realizar una experiencia de voluntariado allá?

(Yahaira) Quiero ir a ayudar. Es una forma de darle gracias a la vida porque nunca me ha faltado nada.

(Gabriel) Me conecto bastante con la idea de viajar y vivir esa experiencia única de poder ayudar en el continente africano. Además, como estudiante de medicina veterinaria, significaría un beneficio profesional, ya que me abriría las puertas a conocer un mundo nuevo, una fauna totalmente nueva y poner en práctica mis conocimientos con proyectos que ya estoy pensando efectuar.

 

—¿Cuáles son tus objetivos participando en nuestra organización?

(Yahaira) Adquirir experiencia para trabajar bajo situaciones adversas e impregnarme de su cultura, aprender de ellos.

(Gabriel) Por ahora, ayudar en todo lo que esté a mi alcance, para aportar desde Chile mi granito de arena. Una vez que termine la carrera, quiero viajar a contribuir como voluntario en terreno, haciendo lo posible por mejorar la calidad de vida de las comunidades en las cuales pueda convivir.

 

—¿Cómo ha sido la experiencia hasta ahora?

(Yahaira) Hasta el momento todo ha marchado muy bien. He participado captando socios y prontamente estaré desarrollando un taller prenatal para mujeres extranjeras, lo que me tiene muy entusiasmada.

(Gabriel) ¡Muy buena! El ambiente dentro de la fundación es muy reconfortante, desde el llamado de bienvenida hasta la convivencia en reuniones y eventos. Todo es tomado con mucha seriedad y se reciben todas las ideas. Esta ha sido mi primera participación en un voluntariado y me ha gustado demasiado, no solo por la ventaja de que a futuro pueda viajar, sino por el crecimiento personal que me ha significado estar en la fundación.

Las mujeres en Uganda

Antonia Garrido
Coordinadora de voluntariado en Uganda

 

En Uganda las mujeres constituyen el 51% de la población total del país y uno de cada cuatro hogares es liderado por ellas. Pese a existir una gran cantidad de mujeres, esta población se encuentra dentro de los grupos más vulnerados y vulnerables a nivel nacional en cuanto a la promoción y protección de sus derechos humanos.

¿Cuáles son los principales desafíos a los que se enfrentan hoy las mujeres ugandesas?

 

Matrimonio Juvenil

En sectores rurales del país, las mujeres jóvenes son tradicionalmente obligadas a casarse a muy temprana edad, tanto por tradiciones familiares, comunitarias o de índole cultural. Se estima que el 48% de las niñas se casan antes de cumplir los dieciocho años de edad. Del mismo modo, en los sectores rurales, el embarazo juvenil o la maternidad adolescente es más común que en las zonas más urbanizadas, con un 27% frente a un 19% respectivamente.

Adicionalmente, las adolecentes que se encuentran dentro del quintil de riqueza más bajo tienden a comenzar a tener hijos antes que aquellas pertenecientes al quintil mas alto, tal como indica un estudio de las Naciones Unidas que demuestra que un 33,5% de las mujeres del quintil más bajo habría comenzado a tener hijos a edad temprana en contraste con un 15,1% que corresponde a las mujeres del quintil más alto. (UNFPA, 2017)

Esta realidad se presenta como un desafío que no solo limita las posibilidades de desarrollo personal de las mujeres más jóvenes, sino también como una negación de los derechos de las mujeres jóvenes a vivir su infancia y adolescencia de acuerdo a las etapas de su desarrollo, puesto que una maternidad a tan temprana edad y sin el apoyo familiar y los recursos de los cuales disponemos en sociedades más desarrolladas, interrumpe fuertemente sus procesos educativos, limita sus oportunidades laborales, aumenta los riesgos de violencia y abuso y pone en peligro su salud mental y calidad de vida.

 

Mortalidad Maternal

Dadas las vulnerabilidades asociadas con el embarazo en la adolescencia, las mujeres jóvenes de entre quince y diecinueve años, contribuyen con el 28% del Índice General de Mortalidad Materna en Uganda. La tasa de abortos en Uganda es de 54 por cada 1.000 mujeres. Según un estudio del Instituto Guttmacher de 2017, el 52% de los embarazos en Uganda no son planificados y el 25% de ellos terminan en abortos. (UNFPA, 2017).

 

Anticonceptivos

El uso de anticonceptivos, especialmente entre mujeres casadas, ha aumentado de un 8% a un 34.8 % entre los años 2000 y 2016 respectivamente. Sin embargo, existe una marcada diferencia entre los quintiles de riqueza con una diferencia de 19.8 puntos entre el más bajo (22.4%) y el más alto (42.2%).

Las diferencias socioculturales y la desigualdad de género son factores que impiden el acceso a los servicios, especialmente en las comunidades rurales. La movilización comunitaria con escasa coordinación, junto con una participación masculina inadecuada en la salud, restringe a las mujeres y los jóvenes de utilizar los servicios disponibles. (UNFPA, 2017)

Sin embargo, en numerosas comunidades de Uganda se encuentran en movilización y en procesos de realización de proyectos bien coordinados y que permiten acceder a la comunidad a los servicios básicos más requeridos por la población (educación, salud, vivienda, producción de alimentos, etc.).

Donar ahora

Llámanos
+56 2 29 13 9616

Escríbenos
info@africadream.cl

Visítanos
Av. Apoquindo 3039 Piso 9 – Santiago
Privacy Settings
We use cookies to enhance your experience while using our website. If you are using our Services via a browser you can restrict, block or remove cookies through your web browser settings. We also use content and scripts from third parties that may use tracking technologies. You can selectively provide your consent below to allow such third party embeds. For complete information about the cookies we use, data we collect and how we process them, please check our Privacy Policy
Youtube
Consent to display content from Youtube
Vimeo
Consent to display content from Vimeo
Google Maps
Consent to display content from Google