Por Camila Durán, Médico Voluntaria. Sichili, Zambia, 2017.

Fundación Africa Dream.

 

Ella es Mary. Tiene 2 años 7 meses y pesa 5.5 kilogramos, pese a que según los patrones de crecimiento infantil de la Organización Mundial de la Salud, su peso debería ser de 13 kilogramos. Mary además padece VIH, recién diagnosticado. Mary se ve cansada, tiene todos los signos de la desnutrición, su pelo dejó de crecer, tiene la piel descamada, tiene las piernas, manos y hasta los ojos hinchados por tanta falta de proteínas. Apenas puede verme cuando la voy a examinar. Mary está enojada con la vida, y tiene razón. Vivir el día a día es una lucha. La pobre Mary está tan anémica que se queda dormida sentada y, al molestarse por algo, sus mínimas fuerzas no la dejan ni quejarse.

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Junto con Mr. Person, el nutricionista del Hospital, iniciamos el tratamiento para la desnutrición. Se alimenta con fórmulas especiales, poquito a poquito, para evitar las complicaciones de sobrealimentarla. Estas fórmulas son oro, hay tanta desnutrición y tan pocas fórmulas que su administración es preciada. Mary tolera bien los primeros días de tratamiento, pero es esencial conseguir sangre para transfundirla, a la pequeña no le quedan energías.

Como ya es usual, no hay sangre en Sichili, y la única opción que tenemos que enviar a los familiares al Hospital de Livingstone (a 6 horas) para poder donar sangre y luego volver a Sichili con el producto. Empezamos en busca de familiares candidatos a donar, pero el gran problema es que todos compartían la enfermedad del VIH, por lo que, aunque quisieran, no podían donar sangre para Mary.

¡Qué grande es tener amigos! Resulta que en Livingstone existe una fundación española llamada Kubuka, grandes amigos, con grandes proyectos y enormes corazones. Se me ocurre pedirles ayuda y, a primera hora, estaban en el Hospital de Livingstone dispuestos a recibir los pinchazos de las ajugas para que les extrajeran un poco de su sangre. Sangre que en unas horas corría por las arterias de Mary, reviviendo todo lo que la enfermedad había destruido. A las pocas horas Mary era otra persona. Para gran alegría de todos en el servicio de pediatría, Mary reía. Nunca habíamos visto su sonrisa, nunca la habíamos visto jugando o comiendo sola. La pobre Mary estaba reviviendo gracias al altruismo de unos desconocidos.

Al cabo de unas semanas Mary mejoró notablemente, subió de peso, apareció el apetito y ya podía mirarnos con sus ojos deshincados. Se fue de alta a continuar con esta lucha. Mary, el comienzo fue duro, pero espero que la vida empiece a sonreírte y que finalmente ganes esta gran batalla.

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