Nicolás Fuenzalida, Presidente Fundación Africa Dream

Me quedo mirando la palabra “DIGNIDAD”, escrita así en mayúsculas en lo que hoy muchos llaman “la zona cero” del estallido social que hemos vivido en nuestro país en los últimos meses. Miro esa palabra, pisoteada por una triste dinámica entre dos lados que se muestran ciegos el uno del otro, en un anti-diálogo que parece no tener fin.

Miro esa palabra escrita en el suelo con la escena que la rodea y no puedo sino recordar las palabras de Nelson Mandela en su desgarrador discurso luego de la “masacre de Bisho” de 1992, donde más de 200 personas resultaron heridas y hubo 28 muertos a balazos, en una manifestación social. En ese contexto, Madiba nos decía: “Nuestra gente tiene el derecho a la esperanza, el derecho a un futuro, el derecho a la vida misma. Ningún poder en esta tierra puede destruir la sed por la dignidad humana. Nuestra tierra llora afuera por paz”. 

Cuán vigente son las palabras de “Madiba”, quien dedicó su vida a la paz como un camino más que como un resultado, y quien entendía que para lograr la reconciliación de la gente de Sudáfrica era necesario dialogar y realmente entender a quien pensaba diferente a él, trabajar con ellos y avanzar a caminos que incluyeran a todos.

Miro nuestro Chile, con todo lo que necesita para poder ser un país más justo y solidario, y recuerdo lo tanto que tenemos en común con las naciones africanas, que lucharon por su independencia hace varias décadas y donde muchos hasta el día de hoy siguen peleando por la justicia y la equidad.

Miro a nuestro equipo de Africa Dream, y me siento orgulloso de todo lo que hemos logrado; de cómo veo esperanza en una generación de jóvenes que ve más allá de sus propias fronteras, asumiendo la construcción de un mundo más justo como una verdadera convicción de vida. Las historias y vivencias de más de 50 voluntarios chilenos que han pisado el África a través de la labor de nuestra Fundación son el más grande testimonio de la sed de dignidad y de que hay mejores caminos para la paz y para la justicia.

Recuerdo todo eso y guardo esperanzas de que existe una generación que no es indiferente a estas problemáticas, que tenemos profesionales muy capaces que están haciendo la diferencia en terreno, y que año a año no sólo han desarrollado proyectos sostenibles para el desarrollo de diferentes comunidades de África, sino que además vuelven a su país con una visión mucho más lúcida y con convicciones de los caminos para devolverle la esperanza a Chile.

Por eso, este año 2020 seguiremos creciendo y consolidando nuestros proyectos, tanto en Chile como en África, para poder seguir devolviendo la esperanza a tantas familias, y seguir defendiendo nuestra profunda convicción de que la sed por la dignidad humana no tiene límites ni fronteras.