En este mes de celebraciones en mi Chile lindo, quise aprovechar la oportunidad para agradecer a Eswatini y a su gente, por hacerme sentir en como en casa. Por mostrarme que hay tanta bondad sin importar la razón y los recursos, por recibirme con tanto cariño, enseñarme de su cultura y abrirme las puertas de sus casas con una sonrisa y un abrazo. Tanto así, que incluso han llegado a tocar a mi puerta para regalarme comida, con tanto esfuerzo, y como una tremenda muestra de amor. Quisiera transmitir de alguna forma el aprecio y agradecimiento a cada persona que he tenido la suerte de conocer, por sus sonrisas, por los ojos de alegría de los niños y las historias de cada uno, que han abierto su corazón conmigo.

Sinceramente, para mí es difícil expresar en estas palabras cómo esta experiencia me ha enseñado a apreciar y ver la vida de otra forma, pero si intento definirlo, lo haría con sonrisas, abrazos, (a esta altura, !todos creen que en Chile saludamos con abrazos!), gestos, cariños en el pelo y en la cara, sencillez, amabilidad, felicidad por las cosas simples de la vida, entre tantas otras cosas.

Por otra parte, el cariño de los niños es tan puro y sincero, considerando además que en el Hogar St. Joseph en su mayoría viven niños en situación de discapacidad, y muchos de ellos sufren el abandono de sus padres, sin embargo, te demuestran amor desde el primer segundo.

Por su parte los adultos, con quienes he tenido la oportunidad de compartir tanto como con los niños, son personas tan ricas de espíritu, lo cual demuestran en su vida diaria. Son seres humanos tan agradecidos por lo que tienen, y que que tan solo es lo justo y necesario para vivir, y pesar de eso, se preocupan por el otro, por su vecino, por el que está desvalido. Todo lo anterior, es lo que hace tan especial a las personas de Eswatini, y de las cuales creo, tenemos tanto que aprender e imitar.

En este tiempo, además, he tenido la posibilidad de relacionarme mucho con mis vecinas, mientras lavamos ropa, o cuando vamos a buscar agua para cocinar y ducharnos, y creo que en esos minutos, haciendo cosas tan simples, se han dado las mejores conversaciones y risas a carcajadas. Incluso, un día me prestaron ropa tradicional africana para asistir al “Umhlanga Reed Dance Eswatini”, una celebración donde el Rey elige una nueva esposa, que se suma a las 17 esposas que tiene actualmente. Para mí, esa celebración fue también una experiencia única para sentirme más cerca de la cultura de Eswatini y sentirme parte de ellos.

Para finalizar estas palabras, quisiera agradecer a la Fundación África Dream y a todos los socios que hacen que todo esto sea posible, a las personas que participan de cada uno de nuestros eventos para recaudar fondos, ya que como dijo mi mejor amiga hace unos días “no todo tiene un precio… hay cosas que no tienen valor tangible”, y eso es esta experiencia en África, aprendizaje que no puedes obtener de un libro, tampoco comprarlo, solo vivirlo y llevarlo contigo para siempre.