Por Diana Vásquez, voluntaria agrónoma
Fundación Africa Dream

 

Me entero que de los 20 países identificados como los peores para vivir siendo mujer, 16 están en África, según cataloga la organización ONE. Afortunadamente Zambia no cae en el plato, pero tenemos más que claro que tampoco es el paraíso de la igualdad ni el pulmón Africano de la equidad de género.
Muchos de los hombres, siendo educados y con formación en Universidades locales, asumen que hasta hace muy poco la mujer se servía la cena después de que todos comieran en casa, caminaba detrás de él y hasta su reverencia le hacía al entregarle el plato de comida, todo con risas hasta que pregunto si es en serio lo que me dicen, y allí es donde todos callan.
Sabemos que sus niñas van menos años al colegio y que se las priva de salud primaria, mientras que las adultas no tienen acceso a cuentas bancarias, y que también la representación política es casi nula.
Digamos, Ruth me muestra su cabaña en el pueblo bajo un sol implacable que calienta la arena a nivel que traspasa mis sandalias y sin una sola nube que ofrezca un resquicio de sombra. Ésta consiste en una cama con unos géneros apilados, algunos cacharros, niños por todos lados, cabras y gallinas que la rodean en la puerta.
Otras vecinas mientras tanto limpian el duro maíz tirándolo desde arriba en bandejas, otra viene llegando cargada de decenas de litros de agua en un balde empinado en la mollera, mientras más tarde, una mujer mayor me cuenta lo complejo de su lucha por evitar los embarazos de menores en un país con altísima tasa de fertilidad. Son momentos cotidianos de vidas anónimas de las mujeres por acá, un lugar bastante hostil para ser ellas.

 

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Trabajo queda mucho por hacer. Pero si quisiéramos optimizar la energía podríamos comenzar con la mejor y más importante razón que incluso Mandela (del cual me he interiorizado mucho últimamente por razones geográficas y culturales obvias) aludía hasta el cansancio: Educación y formación. Si cada niña cursara al menos hasta la educación secundaria, se podrían incluso salvar las vidas, ya que se ha demostrado que con la educación los conflictos se reducen, y se contribuye a la seguridad y la estabilidad.
Si la madre recibe educación tiene mejor salud, mayor empoderamiento económico y mejor autoestima, lo que contribuye a la reducción de su pobreza. Cabe mencionar que la educación en este país tiene un costo mínimo hasta 7mo grado, desde ahí hasta 12vo grado la matricula por trimestre sube en un 800%, si ochocientos por ciento. Se entenderá entonces porqué la tasa de deserción escolar a esa altura es tan grande, y las primeras en sufrirlo son ellas, que al verse sin prospección futura, lo que les suena lógico es tener un hijo, completando así un circulo de pobreza que es muy difícil de romper.
Luego mi tema favorito, a lo que vine, a lo que veo; potenciar la agricultura. Que feliz se siente saber que el Gobierno de Zambia está gestionando presupuesto para poner en cada escuela un profesor de agricultura para 2018. Si las mujeres tienen el mismo acceso que los hombres a los recursos productivos, podrían incrementar las cosechas entre un 20% y un 30% (la FAO es concluyente en esto) más aún con las ganas, entusiasmo y seriedad con que se toman el trabajo, como recogen cada consejo que se le da y como perseveran si es que una cosecha no estuvo como se esperaba.
Pero, aunque el 80% de las mujeres trabaja la tierra, el gran dueño, dueño en masculino, sigue siendo él. Ella poco o nada figura con dominio sobre la propiedad o las decisiones que se toman sobre ella. Si tan solo confiáramos en la capacidad administrativa de estas fuertes mujeres podríamos al menos compararlas a sus pares masculinos. Se sabe que la mujer es más hábil administrando dinero y que el consumo de bienes y servicios esenciales para la familia se incrementa cuando ella está a cargo, contribuyendo nuevamente a la reducción de la pobreza de sus hogares y a una mayor escolarización de sus hijos.
El trabajo de la mujer y su oportunidad de inserción, pueden ser el factor más importante para reducir la pobreza en las economías en desarrollo. Zambia ya lo está entendiendo. La mujer Zambiana con sus nuevas generaciones ya de a pocos también. Seguiremos con un grano cada vez trabajando para no bajar los brazos, para llevarles otro prisma y animarles a tomar rienda, porque ya lo de ellas se cansa, año a año, de seguir esperando.