Nicolás Fuenzalida Plaza
Director Africa Dream

Hace sólo un par días, durante la conferencia ministerial de agricultura entre la unión africana y la unión europea, se declaró que la población en África pasaría de 1.200 millones de habitantes a 2.400 millones de habitantes en 2050. Para muchos pareciera ser contraintuitivo pensar que una región con los problemas de pobreza y de inequidad como el África Subsahariana se pueda “permitir” aumentar su población al doble en sólo algunas décadas.

Y sin duda alguna, el dato no deja de ser importante para todas las organizaciones que trabajamos en proyectos de cooperación para el desarrollo del continente, sabiendo que, a pesar de todos nuestros esfuerzos, los desafíos y problemas que enfrentamos en la erradicación de la pobreza podrían crecer al doble.

Sin embargo, las convicciones que nos mueven no cambian: ante todos los desafíos que nos ha generado nuestro trabajo en África, la respuesta de la fundación siempre ha tenido y seguirá teniendo el mismo foco: el capital humano.

Porque existen muchos modelos de cooperación humanitaria: mientras algunas fundaciones optan por canalizar la ayuda a través de programas de ayuda subsidiaria, otras triangulan interesantes estructuras de colaboración entre organizaciones gubernamentales y privadas. En Fundación Africa Dream, en cambio, siempre hemos centrado nuestros programas en el desarrollo de proyectos sostenibles, implementados por voluntarios profesionales que concentran su trabajo en la generación de vínculos con la comunidad, para la instalación de capacidades, el cultivo de una cultura de la colaboración y el poner al servicio de los demás nuestra historia, nuestros talentos y todo lo que somos.

Esto, más allá de enfocar nuestra labor y misión como Fundación, nos empuja a recordar lo delicado y fundamental que se torna nuestra operación en terreno. Pues las personas son, ante todo, seres tremendamente complejos y no se les puede mirar simplemente como un engranaje más de la operación de una organización en particular. El enfocar nuestros esfuerzos en el capital humano, no puede sino empujarnos a renovar constantemente nuestra vocación a entregar un servicio profesional, nutrido desde el conocimiento de las buenas y malas prácticas de los programas de cooperación, motivado por nuestras convicciones más profundas y apuntando a ser la mejor versión de nosotros mismos como organización humana.

Quién sabe dónde estaremos de aquí al 2050, pero confiamos en que el servicio social que hoy ofrecemos estará siempre empujado por este anhelo de constante mejora y profesionalización, para poder llegar a ver los frutos de nuestro trabajo donde todo hace realmente sentido: en los rostros de felicidad de aquellos que queremos acompañar. He ahí nuestro capital más importante.