Nicolás Fuenzalida

Vivimos en los tiempos del resultado rápido. Del test rápido, de comida gourmet por delivery en 30 minutos, relaciones que se inician con un click en una App y de entretención “a la carta” en nuestros televisores. Ni las nuevas generaciones que buscan desesperadamente el sentido, ni las crisis que hemos vivido en estos últimos años, han logrado ralentizar el ritmo acelerado del resultado apresurado y la satisfacción rápida que impera en el ambiente.

 

Sin embargo, quienes han trabajado para las comunidades rurales de África, saben que hay algunos lugares, culturas y sentimientos que se mantienen latentes en un ritmo bajo y expectante. Que existe una cultura de la espera, de la rutina paciente, de la sonrisa sincera y de la vida que sólo es vida cuando se comparte con otros.

 

Hoy, el COVID-19 ha puesto a toda la humanidad en un estado de espera conjunta. La necesidad de proteger nuestras vidas nos ha puesto el desafío de la espera como un destino repentino, teniendo que poner viajes, proyectos, expectativas, encuentros y sueños en un estado de espera, de guarda y de resiliencia, como casi un ejercicio forzado de bajar la velocidad y volver a añorar nuestros encuentros.

 

En Africa Dream, también hemos tenido que poner en pausa los sueños de continuar nuestros proyectos en terreno con toda la fuerza con la que venían; hemos tenido que aplicar protocolos de cuidado, repensar fechas y estar en constante comunicación con nuestros partners locales, buscando nuevas formas de apoyarlos y proyectar hacia el futuro una alianza para la cooperación con nuevas formas y desafíos.

 

Hoy, estando a la espera, hemos podido reflexionar profundamente nuestro rol como Fundación, y hemos podido re-confirmar nuestra profunda vocación social, nuestro amor por África y estamos poco a poco retomando los proyectos sociales en terreno, para los cuales nuestros voluntarios están ya preparándose, a la espera una vez más.

 

Confiamos que el testimonio de nuestros voluntarios, tanto en Chile como en África, siga siendo ejemplo de que podemos trabajar en conjunto culturas completamente diferentes a las nuestras, que los talentos están para compartirlos con los demás y quizás, que la paciencia que hemos tenido transformará la espera en esperanza, para seguir promoviendo y creyendo en una solidaridad sin fronteras.