Janet Spröhnle
Directora Fundación Africa Dream

Me comprometí a escribir la editorial de este mes… y me ha costado. Ocurre que recorro y conozco Japón, una cultura tan fuerte, profunda y ancestral que desafía a pensar en África: la pequeñez del mundo no se condice con la  infinita variedad y diversidad de culturas y realidades que habitan en él.

Japón, un país que como el ave fénix, después de su debacle en la Segunda Guerra Mundial, se levanta en solitario e inicia un desarrollo inimaginable. Sin embargo, ese increíble desarrollo y vanguardia no le hace perder de vista sus ancestros, sus orígenes y sus ancestrales tradiciones. ¡Qué contraste con la precariedad de desarrollo de África subsahariana!, donde día a día llegan millones de euros y otras monedas, y todo se esfuma, como si tiráramos pétalos de cerezos en el torrente de un rabioso río.

Aquí la educación, el respeto, la salud, los valores, la confianza, la belleza y la limpieza son bienes sagrados. Quizás el hecho de que se levantaron autónomamente, sin intervención ni el poder de terceros, explica su avance. África, en cambio, al ser tan explotada por otros, con poderes tan corruptos y con grandes riquezas que son sólo para algunos, más bien intenta sobrevivir y, lo más triste, hasta sus creencias y tradiciones se borran o se extinguen.

Por eso existimos como Africa Dream, un sueño para este vapuleado continente.