José Miguel Cárdenas Galli
Neurólogo Infantil

Director África Dream

Hace uno días, el Centro para el Control de Enfermedades (CDC) entregó nuevas cifras sobre COVID-19 en África. Con 88,172 casos confirmados, 33,863 personas recuperadas y 2,834 fallecidos de coronavirus en todo el continente, varios países africanos imponen una serie de medidas de prevención y contención contra la propagación de la pandemia.

Según estos datos, desde el 13 de Mayo, todo el continente registra casos confirmados, siendo el último país en hacerlo Lesotho hace apenas una semana. Sin embargo, apenas a dos meses desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarase oficialmente la pandemia, la mayoría de los países africanos no informan muchos casos y, lo que es más importante, también informan muy pocas muertes. En un continente de 1.300 millones de personas, el 17% de la población mundial, África representa apenas el 1% de la cantidad de infecciones e incluso menos del 1% de las muertes.

Entonces esto plantea la pregunta ¿Por qué? Algunos sugieren que podría estar subinformado; que las pruebas simplemente no se realizan y las personas no reconocen los síntomas. Otros plantean que la demografía ha ayudado. El 60% de las personas que viven en el continente tienen menos de 65 años y sabemos que el nuevo coronavirus afecta desproporcionadamente a los ancianos. Además, algunos países africanos, como Ruanda y Uganda, cerraron temprano y con fuerza. Eso definitivamente habría ayudado, pero muchos otros han tomado muy pocas medidas y hasta ahora han logrado escapar de cualquier aumento masivo de casos. Finalmente hay quienes consideran que la respuesta más probable es que se trate de una cuestión de tiempo. Todavía estamos en las primeras etapas de esta pandemia mundial. La mayor parte de África está menos conectada que Europa o América del Norte, pero el virus, con toda probabilidad, eventualmente se consolidará.

Eso no quiere decir que el coronavirus no esté golpeando fuertemente al continente más pobre del mundo. El Banco Mundial predice que este año se espera que África Subsahariana sufra su primera recesión en 25 años. Si esto se cumple, la pandemia podría empujar a decenas de millones más a la pobreza. La ONU estima que la crisis, que recién comienza, dejará sin acceso a métodos anticonceptivos a 47 millones de mujeres, y el número de hambrientos agudos podría duplicarse este año hasta los 265 millones de personas debido a la rotura de las cadenas de suministro alimentario y otras medidas para evitar la propagación del virus, según el Programa Mundial de Alimentos. En esta misma línea, la OMS advierte que la crisis sanitaria podría afectar la cadena de abastecimiento de vacunas y medicamentos, impactando negativamente en el control de otras enfermedades. La entidad estima que podría duplicarse la letalidad de la tuberculosis y una interrupción en el suministro de terapia antirretroviral para el tratamiento del VIH podría suponer un aumento de 500.000 muertes en la región subsahariana entre 2020 y 2021 por enfermedades vinculadas con esta enfermedad.

Como fundación seguimos de cerca lo que sucede en el continente y en particular en aquellos países donde hemos marcado presencia a lo largo de estos 13 años de historia. En Kenia, la mayoría de las localidades cuenta con una red sanitaria deficiente, no tienen sistema de alcantarillado configurado ni recogida de basuras. Mantener la distancia física está fuera de la realidad diaria. Los alimentos comienzan a escasear y ya comienzan a verse los primeros efectos colaterales de la pandemia. Es por eso que, en conjunto con nuestro partner local en ese país, realizamos una campaña para asegurar el acceso a la alimentación en tres localidades rurales que se han visto particularmente afectadas.