Monthly Archives: Julio 2019

Ignacio Vilches: la experiencia de un exvoluntario

Ignacio Vilches
Ingeniero Agrónomo
Director Africa Dream

El origen

Mi voluntariado partió en enero del 2011 y terminó con mi regreso en febrero del 2012, aunque he estado ligado a la fundación desde ese momento. He capacitado a nuevos voluntarios, participando también en la obtención de fondos concursables para nuevos proyectos y en entrevistas para difundir nuestro trabajo en medios de comunicación.

La inquietud de ayudar la traigo por formación familiar, algo que se fue potenciando fuerte en mi etapa universitaria, trabajando en los CCAA de mi facultad, en los trabajos de verano e invierno, misiones y ejecutando mi labor como bombero.

La inquietud de irme como voluntario a África nació después, cuando me encontraba trabajando en el Ministerio de Agricultura. En esa época me llegó un correo donde se buscaba a un agrónomo para liderar un proyecto comunitario en Sudáfrica. El proyecto me hizo mucho sentido, ya que significaba entregar mi experiencia y conocimiento al servicio de una comunidad que lo necesitaba y al mismo tiempo, era una oportunidad para probarme a mí mismo y salir de mi zona de confort.

Todo esto traía bastantes interrogantes sobre dónde iba a llegar —cultura, idiomas, creencias— pero a la vez, el desafío como experiencia de vida era incalculable, por lo que mis dudas iniciales se desvanecieron una vez que acepté sumarme al proyecto. Yo llegaba al segundo año del proyecto iniciado por la fundación con apoyo de nuestra contraparte en Sudáfrica, una misión de hermanas salesianas —orden católica—, responsables del colegio Holy Rosary School.

Sin lugar a dudas, debo decir que en este importante proceso conté con apoyo absoluto de mi familia y amigos.

El voluntariado

El proyecto estaba inserto en la aldea de Xitlhelani, en la provincia de Limpopo en Sudáfrica. Esto es cerca de la frontera norte con Zimbabue y Mozambique, al lado de uno de los grandes parques de África, el Parque Kruger. Esta zona se caracteriza por ser una zona muy rural, muy alejada de las grandes urbes del país —Johannesburgo se encuentra a cerca de 7 horas del lugar en auto—, en donde conviven dos etnias locales, la tribu tsonga y la tribu Venda, además de refugiados de países vecinos en busca de oportunidades. Estos refugiados vienen escapando de la dictadura en Zimbabue, y de la guerra civil que tuvo lugar en Mozambique entre 1977 y 1992 —con más de 5 millones de desplazados—. Prácticamente no hay “blancos” en esta zona.

El proyecto tenía 3 grandes líneas de trabajo. El corazón del proyecto era el proyecto comunitario. Este consistía en retomar el trabajo con mujeres, jefas de hogar, normalmente viudas o separadas, y que estaban a cargo de su grupo familiar, que por lo demás era bastante extenso —en este siempre habían muchos niños, y era normal contar con abuelos—. El origen de las señoras eran de la tribu tsonga, venda, mozambiqueñas y zimbabuenses. Las salesianas le prestában la tierra, y nosotros le pasábamos las semillas de maíz —este es la base de la dieta en la África Subsahariana— y el maní, y además la apoyábamos con horas de tractor para preparar la tierra. Junto con eso las acompañaba en todo el proceso, y se capacitaban con apoyo de la oficina de apoyo del Ministerio de Agricultura de Sudáfrica.

La segunda línea de trabajo era como apoyo en el colegio, como profesor de los niños entre 4° a 7° grado en sus clases de ciencia. En estas clases, prácticamente todas las clases se hacían en un huerto experimental, en donde se cultivaban verduras, hierbas y frutales, bajo el concepto de permacultura (agricultura sustentable con el medio ambiente). La idea era mostrar diferentes cultivos que se podían desarrollar en el clima del lugar —de tipo sabana con inviernos frescos y secos, y veranos lluviosos y calurosos—, con uso de riego tecnificado —el agua es un recurso bastante escazo en este continente—, y sustentable con el medio ambiente.

Por último, y no menos importante, el trabajo con los niños de la aldea y campamento de refugiados. Este trabajo consistía en entregar valores del trabajo de equipo, superación e integración a través del deporte. Este trabajo se hacía dos días de la semana con niños entre 7 y 13 años.

La experiencia

Inicialmente no fue fácil, ya que existía cierta rivalidad y discriminación por parte de los niños de la aldea hacia los niños pertenecientes al campamento de refugiados de Rhulani.

Con la ayuda de otra voluntaria, llamada Natalia acercábamos a los niños del campamento en una camioneta, luego del horario del colegio, y usábamos las instalaciones que nos prestaba el colegio administrado por las hermanas salesianas. El resultado de estas actividades fue buenísimo. En promedio, eran más de 20 niños que participaban semana a semana, generando grandes lazos de amistad. Más tarde, Natalia replicó este trabajo con las niñas del campamento de refugiados.

Mirando desde la distancia, ¿cuál sería el mayor aprendizaje de mi experiencia?

Sin duda la alegría, el cariño y generosidad de la gente que fui conociendo a lo largo de mi estadía. Realmente impagable, más en momentos en que sentí la lejanía de mi familia y amigos. Igualmente importante fue el desarrollo del respeto y la tolerancia. Esto fue muy importante para enfrentarme a un mundo muy diferente al que estaba acostumbrado, y la base para generar lazos con la comunidad que me recibió.

Otra cosa que aprendí de esta experiencia es lo importante del apoyo de nuestro equipo que estaba en Chile, para ver que yo pudiera desarrollar mi trabajo en este lugar tan lejano, y por otra parte dar seguridad a mi familia de que las cosas se estaban haciendo bien, y de manera seria.

Innegablemente mi visión de mundo cambió después de mi experiencia en África. Uno se da cuenta de que la vida es mucho más simple de lo que creemos, y que además se ha ido perdiendo el sentido de ser comunidad y el respeto al otro.

Un mensaje para los voluntarios del futuro

Mi consejo es que aprovechen esta experiencia al máximo, que de verdad es única e irrepetible. Hay mucho que podemos aportar a la comunidad a la cual llegamos, y también, mucho que recibir como voluntario. Los amigos que uno hace quedan para siempre, tanto es así, que fui con mi señora 3 años después a Sudáfrica, y el cariño de la gente se mantenía intacto.

Karla Jiménez: nuestra nueva enviada a Esuatini

Karla Jiménez tiene 34 años y es Ingeniero Civil Industrial. Nació en la ciudad de Temuco y vive en Santiago desde hace casi 3 años. Durante casi 10 años fue jugadora de hockey césped y además es una apasionada de la fotografía, la música, los libros y los trabajos voluntarios —en especial si es con niños y adultos mayores—.

Actualmente, Karla prepara las maletas para convertirse en la primera voluntaria que partirá a Esuatini este año, con la misión de de crear un informe preliminar de las necesidades más urgentes del orfanato con el que la fundación comenzará a colaborar en su próxima operación.

A pocas horas de iniciar su vuelo, Karla nos cuenta sobre sus motivaciones y expectativas en torno a este nuevo desafío en su vida.

 

—¿Cuál es tu interés por realizar un voluntariado?

Creo firmemente que ayudar a una persona a tener esperanza no tiene precio, y si todos aportáramos con un granito de arena, desde las posibilidades de cada uno, podríamos hacer una gran diferencia en la vida de los niños y familias que viven en pobreza. Eso es lo que personalmente me impulsa a poder contribuir a una sociedad más justa: tener la posibilidad de conectarme con personas que lo necesitan, y generar un espacio para aportar, ya que al fin y al cabo, ellos nos permiten aprender tanto de sus experiencias y formas de enfrentar la vida, lo cual creo retribuye cualquier esfuerzo realizado; que es mucho más de lo que uno puede aportar como voluntario.

—¿Por qué optaste por un voluntariado en África?

Durante los años que viví en la Región de La Araucanía —la con mayor pobreza del país— traté de participar activamente en voluntariados. Al llegar a Santiago busqué instituciones que estuvieran comprometidas con la ayuda a los más necesitados y por una casualidad conocí la Fundación Africa Dream.

Personalmente, siempre tuve el sueño de hacer un voluntariado en África, pero tenía la idea que era algo que podría haber hecho sólo siendo médico. Al conocer la fundación, vi la tremenda oportunidad  que le dan a todo profesional que esté interesado en hacer un voluntariado en el continente más pobre del mundo, donde tristemente los niños trabajan desde los 5 años, en vez de estudiar y jugar. Por lo tanto para mí es, sin duda, un sueño hecho realidad.

—¿Qué te motivó de la fundación Africa Dream?

Primero que todo, creo que es increíble que a diferencia de otras fundaciones u ONGs no le cierren la puerta a ningún profesional para participar y aportar desde los conocimientos de cada uno. Además, la recepción del director, el equipo y los voluntarios es extraordinaria y acogedora desde el primer minuto. Te hacen sentir como en casa y es un lugar donde todas las ideas son un aporte. Además, los proyectos que se implementan buscan aportar conocimientos a las personas de África para que tengan herramientas para poder superar la pobreza sin la necesidad del apoyo de alguna institución.

—¿Qué esperas aportar en el proyecto que vas a realizar a Esuatini?

La Fundación Africa Dream me está dando la oportunidad y ha confiado en mí para ir como ingeniero a Esuatini. Mi labor será hacer levantamiento de información en un hogar de 200 niños, en su mayoría en situación de discapacidad, por lo que espero poder transmitir a los voluntarios que van a llegar después de mí, la realidad del lugar lo más detallado posible, para que luego podamos generar proyectos en áreas de la salud y educación que puedan aportar lo máximo posible.

—¿Qué mensaje le darías a aquellos que la piensan pero no se atreven a ir?

Creo firmemente que el poder vivir una experiencia de voluntariado en África va a ser una de las vivencias más importantes que voy a tener en mi vida e invito a las personas que tengan las ganas de hacer lo mismo que se atrevan. La vida es una y es ahora.  La retribución y crecimiento personal valdrán la pena con creces, además, tener la oportunidad de aportar aunque sea en lo más mínimo a la superación de la pobreza en el continente más pobre del mundo es algo que no tiene precio.

—¿Y qué podrías decirle a los socios de Africa Dream?

Lo más importante es agradecer la gran contribución de cada uno de los socios, ya que muchos profesionales de todas las áreas tenemos la posibilidad de ir a aportar con un granito de arena a África, en mi caso a niños que tanto lo necesitan, donde por nacer en situación de discapacidad, culturalmente los rechazan y abandonan. A través de nuestros proyectos y gracias a sus aportes, están contribuyendo a cambiar de alguna forma la vida de personas al otro lado del mundo, donde la vida es tan cruda y diferente a nuestra realidad.

Aprovecho además de pedir a nuestros socios que inviten a sus familiares y amigos a ser parte de esta noble causa, que sólo tiene como fin entregar herramientas a las personas de África para que puedan salir del círculo de la pobreza, en especial los niños.

¿ Por qué deberías ser parte de la tribu?

Amparo Velasco
Directora Africa Dream

Cada año, la Africa Dream va tras un nuevo sueño, un nuevo proyecto en una nueva localidad, un nuevo desafío, derivado de la necesidad urgente de tantos niños, adultos y ancianos en condiciones de extrema pobreza y enfermedad. Cada año el desafío es mayor… y se suma una nueva causa a las que se mantienen actualmente, y que se financian completamente con el aporte de nuestros socios en Chile.

Cada año se envían distintos profesionales que regalan su tiempo y su trabajo a una localidad, con un objetivo claro desde el inicio. Este objetivo puede ser una nueva escuela, un hospital, un huerto comunitario… Se necesitan médicos, agrónomos, profesores, ingenieros, técnicos, kinesiólogos, terapeutas y todo aquel que sienta en su corazón el impulso, la fuerza y la voluntad de salir de la comodidad de su entorno para trabajar en las condiciones más difíciles a las que se verá enfrentado en su vida, pero con la satisfacción y alegría de haber sido parte de una tribu que no lo olvidará jamás.

Por cada voluntario que la fundación envía, por cada proyecto a desarrollar, debemos asegurar un flujo permanente de ingresos que nos permitan solventar la estadía, con todo lo que ello implica, asegurando todas las condiciones necesarias. No se corren riesgos. Tenemos que estar seguros de cubrir todos los gastos antes de planificar un viaje, antes de comprar insumos, antes de alimentar esperanzas.

El único ingreso para desarrollar y construir todo este increíble trabajo es tu aporte. Con tu compromiso, con tu aporte mensual, podemos proyectar, planificar, evaluar y cumplir con el plan de atender, sanar, educar, cultivar, generar sueños y esperanzas en cada uno de los niños y adultos.

Hoy tenemos un nuevo sueño que también es urgente: el orfanato de Eswatini. Este proyecto busca acoger y atender a niños abandonados y con alguna discapacidad. Es necesario cubrir sus necesidades básicas de alojamiento, salud y alimentación, pero también hay que dedicar tiempo a ayudarlos a desarrollarse como adultos autovalentes, darles herramientas, enseñarles cómo salir adelante, cómo vivir mejor. Para ello viajarán primero un médico y una Ingeniero, quienes realizarán un levantamiento de las condiciones actuales, tanto de infraestructura como del estado general de esos niños, de manera de que, en pocas semanas, ya estén por allá profesionales de la salud, entregándoles las terapias y cuidados que necesitan, como así también profesores para la educación diferenciada.

El aporte de cada socio es vital para realizar este sueño. Es increíble lo que puede significar. Ningún monto es pequeño. Uno no se imagina que con sólo $5.000 mensuales se puede alimentar una familia entera, por un mes, en África. ¡Y puede transformar la vida de tantos que lo necesitan!

Por eso te pedimos que te hagas socio. Con tu aporte nos mantenemos trabajando y seguimos haciendo realidad este gran Sueño por Africa.

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+56 2 29 13 9616

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