Monthly Archives: Diciembre 2017

Editorial: Transiciones

Por Rodrigo Mercado

Director Ejecutivo Fundación Africa Dream

Todas las transiciones se pueden interpretar como oportunidades esperanzadoras. Sin lugar a dudas conllevan un “re-ajuste” de la situación, ya sea personal o institucional, trayendo consigo   reconocimientos y a la vez miradas nuevas de actuar. Las transiciones nos  arrojan  a un nuevo escenario nos vamos adecuando y reconfigurando.

Hay transiciones necesarias, como por ejemplo, la de un país con 16.5 millones de habitantes donde el 21% de la población vive con menos de 2 USD dólares al día y que ha sido liderado por el político más longevo del mundo (Robert Mugabe, 93 años), quien gobernó dictatorialmente por más de 30 años la Republica de Rodesia ex colonia británica, hoy llamada Zimbabue.

Recuerdo mis viajes por Victoria Falls, Bulawayo y Harare en las dos etapas del país: en su tiempo glorioso donde el visitar era grato, económico, seguro y amigable y después de un par de años, recuerdo donde nos gritaban blanco “go home”, donde no nos vendían en los supermercados y hacíamos largas filas para comprar petróleo con los litros limitados para cruzar la frontera a Zambia. Después se experimentó la fuerte inflación (híper-inflación que llegó al 5.000%). Lo amigable se terminó, e ingresar a Zimbabue para el extranjero se complicó. Lo pude entender pues existía ese resentimiento contra el extranjero (no africano), ya que su experiencia era asociada a ser gobernados por una minoría (5% de la población).

Aunque el gobierno de Mugabe fue un símbolo de la independencia en sus inicios, este a la vez se vio lleno de corrupción, se habla de matanzas sanguinarias y de reformas agrarias que eran básicamente expropiaciones. La dimisión de Mugabe en noviembre del presente año (debido a la insurrección del pueblo), ofrece a Zimbabue la posibilidad de forjar un nuevo camino, es tiempo de esperanza y tiempo de transición.

Sin embargo, la transición debe ser acompañada, monitoreada, observada y bien conversada. Deben fijarse metas, tiempos y a la vez, se debe ir evaluando los pasos que se van dando. La transición es definitivamente un cambio. Las transiciones abarcan todo nuestro entorno, desde lo macro a lo micro. Desde lo político a lo personal. Son definitivamente oportunidades de mejoras para todos aquellos que se hacen parte de ésta.

Asumo la Dirección Ejecutiva de Africa Dream, reconociendo a todos los antecesores y a sus equipos que aportaron con distintas metas propuestas las cuales lograron con creces. La oportunidad que se me ofrece en esta nueva etapa es liderar una gestión expansiva, nuevas formas de hacer voluntariado y la sustentabilidad de la Fundación a través de nuevos socios y manteniendo informados a su vez a los ya existentes.

Es una oportunidad que nos tomará su tiempo, que se ira evaluando y que se medirá con la participación y aporte de todos Es un tiempo de esperanza, como lo es también para el bello país de ¡Zimbabue!

 

Mr. Situmbeko

Por Camila Durán, voluntaria médico Fundación Africa Dream.

Sichili, Zambia, África. 2017.

 

La prevalencia de enfermedades crónicas no transmisibles (como diabetes, hipertensión, etc.) versus la de las enfermedades infecciosas, es un indicador de salud que nos puede ayudar a catalogar el nivel de desarrollo de un país.

Aquí en Zambia, a diferencia de Chile, el número de pacientes diabéticos que me ha tocado tratar durante este año, se limita a los dedos de mis manos.

Muchos factores influyen para desarrollar esta enfermedad, uno de los más importantes es la calidad y cantidad de la alimentación.

La gente que atendemos en Sichili vive en el bush (que significa algo muy parecido a estar en las profundidades de una selva), lejos de la civilización, lejos de adquirir los alimentos en un supermercado. Aquí la gente debe cultivar su propio alimento. Es eso o nada. Su alimentación se centra en el maíz, que cuando lo muelen hacen una especie de pasta con agua que llaman Nshima. Esta es la base de su alimentación: en el desayuno comen “porish” que es Nshima pero con más agua, al almuerzo Nshima con vegetales y en la tarde, solo para los pudientes, cenan comiendo otra vez Nshima. De vez en cuando, y de nuevo, solo para los pudientes, le agregan un poco de proteínas a su dieta en forma de pollo, huevos o carne de soya.

Es por eso que ver a gente con sobrepeso es muy raro, por el contrario, casi todos nuestros pacientes son desnutridos. Por eso me llamó la atención un paciente: Mr. Situmbeko.

Mr. Situmbeko Imangolwa es un paciente de 70 años, un viejito de lo más tierno y simpático que hay. Llegó al hospital porque su diabetes estaba descompensada. Mr. Situmbeko tiene diabetes mellitus tipo 2 hace mucho tiempo, tanto tiempo, que no recuerda con exactitud cuándo empezó. Su control no ha sido el mejor, y ya vive con las malditas consecuencias de esta enfermedad: está ciego y prontamente sus riñones dejarán de funcionar.

El viejito vive muy lejos, y le es difícil venir a buscar sus medicamentos a Sichili. Viene de vez a cuando a retirarlos a la farmacia del hospital, pero si no puede venir, manda a alguien para que los retire en su nombre. Esta vez, nadie pudo conseguirle su tratamiento y se quedó sin medicinas por 5 días, razón por la cual su glicemia estaba por las nubes.

Durante su estancia hospitalaria lo acompaña Stima, su nieto de 11 años, que hace de cuidador (que es un tipo de técnico paramédico). Tener un cuidador para los hospitalizados es un requisito para ser ingresado, sin él, el paciente no tiene a nadie que lo alimente, lo lave o lo lleve al baño. En este caso, es Stima el que se hace cargo de su abuelo. Stima va en 6to grado, no habla inglés pero si se sabe los números. Es un niño tímido y amable, siempre lo vi sonriente, a pesar de estar cumpliendo una labor que no es de él. Rafael el enfermero está igual de sorprendido que yo al ver que ese pequeño niño es el cuidador. Me dice que en la ciudad está prohibido, niños no pueden ser cuidadores, ya que su lugar es en el colegio, aprendiendo, no cambiando pañales o lavando platos.

Luego de un par de exámenes me doy cuenta que Mr. Situmbeko no puede seguir con sus medicamentos por vía oral para tratar la diabetes, debe iniciar insulina para intentar controlar su enfermedad. Si ya es complicado iniciar insulina en Chile, imagínense aquí.

Luego de varias gestiones y conversaciones (donde de nuevo mis amigos de la ONG Kubuka me ayudaron desde Livingstone) pudimos conseguirnos la insulina y un glucómetro para el paciente. Pero lo difícil se vino después, intentar controlar la glicemia a un paciente en Sichili es un desafío inmenso (por no decir casi-imposible). A pesar de las mil y una explicaciones, dibujos, videos y fotos que le mostré al paciente y sus familiares, Mr. Situmbkeo seguía comiendo a deshoras, cuando le decía que debía comer un snack se comía no uno, sino cuatro mangos, y cuando le decía que debía comer en la noche, se acostaba sin haberlo hecho. A eso se le suma la labor de enfermería (crucial para el control de las glicemias y administrar la insulina), a pesar de dejar todo escrito en tablas (lo más simple y grande posible), al día siguiente, al ir a revisarlas, estaban incompletas o con información errónea.

Después de unos días, varios dolores de cabeza y muchas, muchas charlas educativas sobre la diabetes, por fin las glicemias mejoraron un poco. Cada logro se lo iba a contar a Mr. Situmbeko, pero luego de decirle las buenas noticias, una mañana me hace una pregunta que me deja descolocada: Doctora, ¿cómo es posible que si las glicemias están mejorando como dice, aún no logre ver ni un poquito de luz? Me quedé muda, nos miramos con Rafael el enfermero y me dice “parece que no le quedó claro eso”. Me acerco y le explico que las complicaciones de la diabetes no son reversibles, que la diabetes se llevó sus ojos, que ya no podemos hacer nada al respecto, pero que sí podemos evitar que se lleve otros órganos. Con su mirada perdida asiente y se queda mirando la nada en silencio.

Finalmente llegó el día. Mr. Situmbeko, Stima y sus hijos estaban muy felices y entusiasmados porque hoy volvían a su casa. Para mí no-agrado las glicemias no llegaron a los objetivos, pero por lo menos se acercaron a la meta (no se podía pedir más). Les explico a todos (de nuevo) todo lo de la diabetes y su tratamiento: cuántas rayitas de insulina poner, dónde inyectarlas, cuando no ponerla, cómo usar el glucómetro, dónde registrar las glicemias, etc.

Mr. Situmbeko

 

Cerca del medio día se van, pero antes nos tomamos una foto para el recuerdo. De izquierda a derecha: Rafael (enfermero), uno de sus hijos, yo, Mr. Situmbeko, Stima y Bridgit (enfermera).

Lo cité en 1 mes a control, justo antes de irme para siempre de Sichili. Espero con todas mis ganas ver buenos dulces resultados ese día.

Un año de voluntariado

Por Pamela Herrera

Voluntaria Médico, Fundación Africa Dream

Sichili, Zambia, 2017.

 

No puedo creer que ya estamos finalizando noviembre. Ya está terminando el año y vamos en cuenta regresiva. La experiencia aquí ya se termina y debo decir que tengo sentimientos encontrados; por un lado tengo ganas de volver a ver a mi familia y amigos, por otra parte no quiero dejar esta villa que ha sido mi hogar por un año.

 

El año ha pasado volando, mas rápido de lo que nunca hubiese pensado, y a pesar que en momentos quise dejar todo y volver a la comodidad de mi hogar, hoy me encuentro en la melancólica agonia del fin del voluntariado.

 

Ya no hay tiempo suficiente para todo lo que quiero hacer, ahora empiezo a prepararme para dejar atrás todo lo que he vivido.

 

Durante este año he conocido una forma de vida distinta, con distinta cultura y distinta forma de pensar, la cual  a veces ha sido chocante, a veces fascinante y  a veces ambas. Me han enseñado de la cultura local y me he empapado en su comida tradicional, he aprendido sobre sus creencias de hechicería y he debido luchar contra ellas para dar un buen tratamiento. He recibido alegatos por no creer que un paciente tiene espíritus y he recibido gestos de gratitud por “salvar” a sus familiares. Pacientes que no me han creído las causas de su enfermedad y otros que han creído que Dios los salvará y han dejado todo tratamiento de lado. La lucha contra las creencias tradicionales no solamente ha sido con la gente que viene a tratarse, si no también con el personal de salud, lo cual me ha traído mas de alguna vez dolores de cabeza.

 

Pero más allá del hospital, hemos pasado tardes escuchando sobre las costumbres locales, conversando temas con respecto a la pareja, al matrimonio, al amor y la religión y cómo todas estas van cambiando según la tribu. Nos hemos adaptado a lo que ellos consideran bien o mal y también hemos inevitablemente juzgado según nuestra forma de ver la vida.

 

Hemos pasado por la temporada lluviosa y temporada seca, por el calor arrasante del verano y el frío no tan frío de la noche invernal. He visto los cambios de la naturaleza en sólo días,  me he maravillado con el sol naranjo y he vivido su atardecer sentada en un estanque de agua. He compartido con gente de los distintos pueblos aledaños. haciendo clases bajo un árbol y he aprendido a hacer máscaras de las cortezas de los árboles por un hombre de la tribu lubale que ha dedicado su vida a eso.

 

He comido frutas de nombres que no puedo recordar, he probado orugas, hongos, nshima y otros vegetales que no existen en mi país, sólo para contentar a los atentos anfritiones, y me he deleitado ante sus risas cuando intento pronunciar una palabra ni remotamente parecida a mi idioma. He vivido tanto y tan poco, estoy empezando a conocer lo que es su vida y su forma de pensar y ya me voy yendo, con la incertidumbre de si alguna vez volveré a ver a este pueblo y esta gente que me ha recibido durante un año.

 

Me encuentro en un lugar que nunca imaginé que alguna vez me encontraría y dentro de todas las frustraciones, tristezas y alegrías siento que este pueblo me ha enseñado mucho más de lo que nunca les podré entregar.

 

Este es un año que quedará marcado a fuego en mi memoria.

La misa en África

Por Diana Vásquez, voluntaria agrónoma Zambia, 2017.

Fundación Africa Dream

 

En lo que va de viaje no he conocido lugareño que sea ateo. Pentecostales, Adventistas, De los santos últimos días, De los 7 apóstoles y por supuesto Católicos, se reúnen todo un sábado o los domingos al mediodía para dedicarse a la oración, estudio bíblico o a la presentación coral.

Se les da muy bien la música, son unos innatos del ritmo en tambores y del baile frenético, pero aún así siguen importando música envasada proveniente del norte sin formar ningún genio de la música. No sabría explicar bien por qué. Quizá va en su naturaleza prodigiosa donde todo crece sin mayor esfuerzo, como los plátanos a orilla del río, o como el vino de palma que se obtiene si cuelgas una botella en un árbol por la noche.

Al respecto, mantenemos largas conversaciones con los representantes de la iglesia en Sichili. Solemos cenar juntos en casa de las monjas, congregación que nos recibe seguido con chapatis, carne de impala y puré picante. Dentro de las largas paredes azules de su convento, te sientes como si fueras a una misión mundial o a recibir un secreto código de la interpol. Al fondo está la sala de oración, perfectamente decorada a la usanza India de las hermanas, mucha alfombra, flores plásticas, cuadros desalineados y brillos dorados esparcidos en cada estatuilla.  Las ventanas de la planta de un piso tiene rejas y en el patio las gallinas picotean entre los limoneros. Oigo cantar al coro desde la capilla y allí sus piadosas voces contrastan por su serenidad con todo el ruido del cercano mercado, los cánticos parecen traídos por el viento desde un lejano pasado religioso. En los caminos de alrededor vemos mujeres que vienen o van desde sus casas llevando cestas llenas de kazaba, maníes o madera para encender el fuego para sus comidas.

El extranjero tiene una extraña aceptación y si es sacerdote, aún más. Dicen que los sacerdotes siguen teniendo mucho poder por aquí y deben responder a solicitudes rarísimas como la vez que tuvieron que ir a ver a una mujer a la cual un familiar le había hecho un conjuro y desde entonces estaba gravemente enferma. Ella creía que el padre blanco era más fuerte que su enemigo  y que podía curarla. Una lectura del evangelio, una imposición de manos y la mujer mejoró en el acto. Todo es psicológico me decía el padre esa vez, resulta que si su enemigo es más fuerte que yo, recaerá de nuevo. Si volvía a llamarle llevará agua bendita y le echará un buen sermón. No muy diferente de lo que hacen los curanderos, que se limitan a ponerse a temblequear frente al enfermo.

Me cuentan que en alguna época los locales le temían a los sacerdotes. Creían en espíritus malignos pero no se atrevían a decirlo por miedo a que lo tomaran por broma. “Sí, esos hechiceros” suspira el padre “siempre atormentando a los demás. Aquí nadie muere de muerte natural, por lo general imaginan que hay algo más” Y si a alguien le va bien, también sacan sus amuletos. Pareciera como si los celos lo corroyeran todo. Si le das a uno un rosario, a continuación te dice otro “¿Y a mí, nada?”

A raíz de tanta habladuría, mejor el domingo me levanto temprano al taller de las campanas de la iglesia. “Si te vas a alojar donde las monjas vas a tener que rezar” me dicen y no tengo posibilidad alguna de librarme de misa. Un poco más tarde me encuentro sentada en un banco en medio de mujeres y niños en la iglesia abarrotada. A mi lado una madre le da pecho a su hijo, después le mete trocitos de pan en la boca al bebé que se atraganta y lo escupe todo. En los bancos laterales están los alumnos del colegio que se han puesto en el pelo las cosas más insólitas, lápices, abalorios, peines, hasta alfileres de gancho.  Los tambores redoblan y se aprovecha cualquier momento para cantar. Entonces la multitud se balancea y también veo al padre Gregory meciéndose rítmicamente en el altar al son de la música. La cosa es hacer mucho ruido.

Aquí cuanto más dura el sermón y más fuerte se escucha, más dinero se recoge en colecta. Aún en eso siguen siendo bastante anticuados, los sermones infernales de antaño acá tendrían mucho éxito. Es que la gente no tiene nada que hacer, ¿no nos poníamos antes todos por las tarde a rezar el rosario en la pieza de estar? Y ahí está nuestro buen padre en el púlpito, sudado, sermoneando con su vida y voz en cuello para que no entre en sopor el auditorio que pacientemente le contesta un lánguido: “Eni” (“De acuerdo” en Silozi)

Se me pasa el domingo entre cenas y misa. Mañana lunes con el alba a trabajar donde seguimos esperando la lluvia, he estado pensado en llevar un chamán que haga llover, ¿pero eso sería brujería no? Tendría que pagarle con algo, no creo que me acepte mangos y ya se me acabaron los rosarios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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