Monthly Archives: Agosto 2016

Tres Amaneceres

Recuerdo hace años cuando escuché por primera vez la canción “Latinoamérica” de Calle 13. A mi corta edad ya me podía jactar de conocer gran parte de mi país y muchos lugares de Sudamérica y, sin duda, fue emocionante escuchar una letra tan vívida. Muchas de sus frases me encantaron, en particular encontraba poético cuando decía “soy el sol que nace y el día que muere, con los mejores atardeceres”. Por mucho tiempo concordé con esas palabras, pero lamentablemente con el pasar del tiempo en el continente negro, he llegado a discrepar. Es relativamente tarde en la noche Nos preparábamos para dormir cuando una llamada irrumpe la paz de la casa. “Doctor, come now to maternity ward” (Doctor, venga ahora al ala de maternidad) nos dice agitado Lifasi, matrón de turno con amplia experiencia en el hospital. La agitación y su tono de voz nos hacían sospechar que la situación era seria. Nos apresuramos a llegar pues, como bien vaticinaron alguna vez nuestros tutores, las emergencias que más nos harían sudar son las maternales y neonatales, y este caso no fue la excepción. Una recién nacida estaba completamente inmóvil a nuestra llegada y rápidamente nos sumamos a la reanimación. Su corazón todavía latía con debilidad y no podía respirar por sí misma. Su cuerpo estaba frío y completamente flácido. Durante tres horas estuvimos ayudándola a respirar hasta que unos quejidos y un cuerpo que lentamente retomaba su fuerza nos sacaron una sonrisa de satisfacción inevitable. Eran cerca de las 1:00 am y esta luchadora anónima recién comenzaba las primeras estaciones de su vía crucis.Gracias a la diferencia de horario logramos comunicarnos con un especialista neonatólogo a quién le describimos el caso. Como sospechábamos antes, todavía no podíamos estar tranquilos con nuestra pequeña paciente. Por el tiempo que estuvo sin poder respirar se esperaban una serie de complicaciones que solo podrían ser bien tratadas en una UCI neonatal. El único problema es que más de 5 horas de viajes a través del bus separaban a nuestra pequeña de la tan necesaria cama de UCI. Decidimos aprovechar esta pequeña primavera de estabilidad que nos dio para poder trasladarla. El auto estaría listo entre las 4:00 y las 5:00 am, por lo que nos preocupamos de mantenerla lo más estable posible mientras terminaban los preparativos para el viaje a Livingstone.Son las 6:00 am del día en el que una recién nacida anónima se aventuraba a través de la sabana para poder tener una posibilidad de vivir y Lifasi nos llama nuevamente. Una madre con un embarazo de término muestra algunos signos de sufrimiento fetal y necesitábamos saber si aquel no nacido podría esperar al parto normal o deberíamos intervenir con una cesárea de urgencia. La monitorizamos por más de una hora y pareciera que todo está calmado. La madre y el feto están bien y ahora estarían bajo nuestro estricto cuidado para intervenir ante la menor señal. Durante el resto del día la madre no nos hace pasar mayores sustos, y todo apuntaba a que no habrían nuevas complicaciones. Lamentablemente la medicina es difícil de predecir y nuevamente durante la noche, cerca de las 3:00 am, la madre muestra nuevos signos de que su hijo está sufriendo. Tras un rápido asesoramiento nos damos cuenta de que tenemos que intervenir a pesar de que la madre está avanzada en el trabajo de parto y la llevamos al pabellón. La acostamos en la mesa y Cristián la vuelve a examinar mientras nos lavábamos para operarla. “Creo que puedo sacarla ahora” nos dice un poco inseguro. La madre tenía dilatación completa pero aún estaba alta la cabeza del bebé. Duda un poco y lo animamos “¡Si crees que puedes, juégatela!”… Mungyanga tiene 8 meses y lleva 7 días luchando contra una neumonía que de a poco comienza a robarle la vida de su cuerpo. Sabemos lo que él necesita: un ventilador mecánico, al igual que sabemos que para poder acceder a él lo debemos someter a un viaje que probablemente no sobrevivirá por falta de oxígeno para transportarlo. Debatimos entre los tres las distintas posibilidades. Hemos visto frente a nuestros ojos como su cuerpo se agota y se le vuelve cada vez más difícil respirar y ya no podemos esperar mucho más, una decisión arriesgada es necesaria para darle una chance de salvar su vida, pero la responsabilidad de arriesgar la vida de un pequeño de 8 meses no es algo que podemos decidir con tanta facilidad. Tras un largo debate tomamos la determinación de arriesgarnos a un traslado que a todas luces es más peligroso para el pequeño Mungyanga de lo que sería para nosotros recibir una bala en el cuerpo. Tomaremos la oportunidad de mi viaje a Livingstone para comenzar mis vacaciones y me lo llevaría en el vehículo. Me armo con todos los elementos necesarios para las complicaciones que más que probables, son seguras, y llego al hospital un par de horas antes del traslado para poder estabilizarlo lo más posible antes de partir. Veo un nuevo amanecer, sería el tercer amanecer seguido que vería durante esa semana (ya sabrán que pasó en el segundo, no os desesperéis) y los sigo viendo con los mismos ojos supersticiosos que buscan en el sol naciente una suerte de señal de que todo estará bien. Mungyanga no se encuentra bien. A pesar de ir apoyándolo su respiración se hace más y más agitada, sus labios se ponen azules y de pronto deja de respirar. No llevábamos ni media hora de camino y le pido a Ndala que pare el auto inmediatamente. Comienzo a reanimar al pequeño Mungyanga, logro intubarlo exitosamente y empieza a dar débiles señales de vida. “¡Rápido! ¡Vamos de vuelta!” le pido a Ndala quien comienza la carrera a toda velocidad. Sé que Mungyanga necesita oxígeno y a pesar de no tener un ventilador en Sichili, tiene más posibilidades de vivir ahí que aguantar 4 horas y media más de viaje. Llegamos a toda velocidad y Cristián recibe a un débil niño que comienza a revivir. Logramos estabilizarlo y conectarlo al escueto oxigeno que nuestros concentradores pueden entregar, rezamos para que sea suficiente sabiendo que las posibilidades son bajas.Estamos en el pabellón y en una rápida maniobra que no debe haber tomado más de 5 minutos Cristián logró sacar a una recién nacida completamente inmóvil del vientre de su madre y con Matías nos apresuramos para iniciar la reanimación. Cerca de una hora estuvimos en ese pabellón frío con otra nueva heroína que comienza su vida luchando contra toda posibilidad. Comienza a repuntar y sus movimientos empiezan a aparecer. Debemos llevarla a un lugar cálido, ya que estaba completamente hipotérmica y nuestro frío pabellón ahora es más amenaza para su vida que ayuda. Terminamos agotados ese día, pero felices viendo el amanecer sabiendo que esta segunda pequeñita lo lograría.El primer amanecer que vimos durante esa semana efectivamente se convirtió en un augurio. Nuestra pequeña heroína logró vivir, no sin su toque de dramatismo en el medio. Una rueda pinchada, convulsiones y un episodio de fiebre que los hizo tener que detenerse en una posta rural en medio del camino para administrarle antibióticos, fueron parte de las aventuras que vivió esta pequeña durante sus primeras 24 horas de vida. Pero sus ganas de vivir fueron más fuertes que la adversidad y hoy al igual que esa otra pequeña anónima crecen bajo la mirada amorosa de sus madres que saben lo cerca que estuvieron de perder a sus recién nacidas.Tres amaneceres, tres luchadores, decenas de horas de trabajo, más de una lágrima y muchas más sonrisas… Lo lamento Latinoamérica, ya no tienes los mejores amaneceres, si bien son hermosos, África mía es igual de bella y su lucha igual de intensa que la tuya. 

Benjamín Morel 

One Zambia, One Nation

Una Zambia, una nación. Por todos los lugares de Zambia se puede leer esa frase. Está, por ejemplo en sus escudos nacionales, en su bandera y en sus canciones. Es coreada por los dj´s en los clubes y encuñada en sus monedas. Por todas las esquinas se pueden apreciar los esfuerzos de unidad de una nación que tiene más de 70 tribus originarias y decenas de idiomas. Realmente admirable, ¿no lo creen?

Mientras leo las noticias de mi país en la lejanía de la sabana no puedo sino pensar en esa frase. Veo con tristeza como Chile se sigue dividiendo cada vez más. En nuestro propio escudo nacional pareciera estar la sentencia de no poder vivir en paz y mantener el conflicto a toda escala: política, social, racial, regional, etc. “Por la razón o la fuerza” se dibuja bajo nuestro hermoso escudo y se nos enseña a luchar y discriminar bajo ese simple emblema. Nuestra política se alimenta de ese conflicto, nuestros pobres sufren por ello y de su rabia e indignación viene más segregación. Veo la violencia con la que se refieren a los que piensan distinto y no puedo sino entristecerme de lo incapaces que somos de intentar de crecer como comunidad, de culpar al otro sector político de esta discapacidad, de culpar a un sector en específico de nuestros problemas.  Todos tenemos nuestros chivos expiatorios en Chile, pero resulta que para encontrar la razón de fondo de nuestros conflictos como nación nos tenemos que mirar más al espejo.

Miremos a nuestros adultos mayores, por ejemplo. Nuestros ancianos son abandonados por sus familias cuando no son estafados por ellas mismas para quitarles los pocos recursos que tuvieron. Ellos crecieron en un Chile más dividido aún, un Chile difícil, inestable, violento. Y ahora cosechan lo mismo que esa sociedad en la que crecieron les dio: una tremenda injusticia e indiferencia. Pero en vez de tratar de protegerlos enfocándonos en ellos, centramos el debate en un sistema individual previsional, pensando más en nosotros mismos y nuestro futuro que en ellos, y formamos un debate violento, tratando de incultos y desinformados a un lado y de ladrones y estafadores al otro.  Buscamos beneficio personal por sobre el colectivo, ya sea propio o de un grupo pequeño. Y ahí es cuando veo a Chile dividido hace años en dos o tres “tribus” sin poder vivir en paz entre ellas. Y pienso en mi Zambia querida, que si bien está desbordada de escándalos de corrupción, inequidad e injusticia, logró unir a más de 70 tribus para una coexistencia pacífica y comunitaria entre ellas.

En los hospitales se ve como las familias que no se conocen se ayudan entre ellas para cuidar a sus enfermos. Consternado miraba como ayer la madre de una paciente de 23 años que falleció, después de llorar y gritar sus penas, se volvía a ayudar a una madre que tenía a un recién nacido con una deformidad.  Podremos jactarnos de muchas cosas como país, pero si hay algo en lo que somos altamente limitados es en nuestra solidaridad. Así lo han mostrado los índices que van bajando cada vez más y más. Fallamos en la empatía a todo nivel y nosotros mismos como nación sufrimos por eso. Es ahí donde Zambia, y nuestra querida Sichili, son infinitamente más sabías y capaces que nosotros. Se ve en sus caminos, con gente siendo asistida por completos desconocidos para poder llegar al hospital. En los niños que se ayudan unos a otros para poder sacar frutas de los árboles y en los pozos de agua donde se auxilian entre sí para poder acarrear tan preciado elemento a sus casas. Familia, comunidad y nación, todos viviendo en el ahora bajo el simple dogma de que la vida es un poco más sencilla y llevadera en solidaridad.

¿Se imaginan que país seríamos si en vez de “por la razón o la fuerza” abrazáramos el “un Chile, una nación”? Los invito a ponerlo en práctica, a respetarse y tolerarse, a dejar tanta discriminación y conflicto inútil y empezar a una vez por todas a vivir en comunidad y más importante aún, a vivir en paz.

Benjamín Morel 

Se fue un gigante

sebacolumna

Se fue un gigante, un funeral sin muertos. Una motivación adicional.
Día lunes. Entramos a un salón perteneciente a la secundaria de Sichili, nos aproximamos hacia una especie de tarima. Debajo de ésta se encuentran los alumnos. Deben ser aproximadamente 300, todos con sus uniformes burdeos, indicando que pertenecen a la institución, ordenados, mas no perfectos.
Tras un par de minutos comienzan a entrar las autoridades del colegio, los profesores, encargados del huerto y también Mr. Tufule, quien dirige el establecimiento educacional. Luego de aproximadamente 5 minutos de su entrada, Tufule, asciende al podio, hace una referencia, todo el auditorio calla. Comienzan una pequeña oración, para la cual todo el alumnado y los asistentes escuchan y predican con sumo respeto, prolijo. Al término de ésta, los alumnos se ponen de pie, se da comienzo al himno nacional de Zambia, francamente fue un momento enternecedor, ver y escuchar la sinfonía cantada por los alumnos, quienes la practican y ensayan durante la semana. Se ve que existe preparación para llevarla a cabo, ya que sin ir más lejos, suena similar a un concierto en vivo.
Mientras suena el himno ya comienzo a impacientarme, no comprendo mucho, la sinfonía es conmovedora. Yo con esos afanes de no mostrar sentimientos comienzo con esa activa lucha por pensar en cualquier cosa para distraer la mente. A decir verdad no me acomodaba caer en llanto en el momento que me iban a presentar frente al colegio, no se si bien o mal, preferí evadir el instante con otros pensamientos.
Termina la canción, los alumnos vuelven a sentarse. En ese momento el rector comenta algo en la asamblea que no logro entender Pasado esto presenta a todos los Chilenos que nos encontrábamos en el lugar, Cristian y Matías, ambos doctores que trabajan en el hospital, Clara (socióloga de profesión, hermana de Darío, voluntario a cargo del proyecto agrícola), Darío y posteriormente a mí, como el nuevo agrónomo en el lugar.
Pasado un par de minutos comienza lo entretenido, Darío hace entrega de diplomas a los ayudantes del huerto, quienes emocionados y felices dan cuenta de su logro, luego de trabajar en este por aproximadamente 1 año.
Continúa el día, trabajamos hasta el medio de éste. Lo anterior para compartir por la tarde con un asado en la casa que habitamos. Se intenta buscar un animal para cocinarlo, chivos o gallinas, eran las opciones existentes. Encargamos a un tipo local que se haga cargo del asunto, sin embargo, este no logró encontrar un animal para comprarlo, o al parecer el precio era elevado para ser simplemente un cabrito. Me da la impresión que estaban cobrando precio de “macua” (blanco) por el valor. Por lo anterior decidimos comenzar la convivencia sin animal. Teníamos invitados a la casa, por lo que comenzamos a organizarnos y se nos ocurrió realizar sopaipillas con ensalada a la Chilena, lo cual fue un éxito absoluto.
Pasan las horas, el cansancio empieza a tomarnos a todos, sin embargo ningún invitado se mueve del lugar, de hecho entran las hermanas de la Misión, un par de niños y el momento toma un segundo aire que alcanza para continuar con un entretenido y dinámico momento.
Cae el sol, y con ello comienzan a salir las preocupaciones. Entro a la casa, y me encuentro con Darío conversando con los tres ayudantes del Huerto, Owen Muniandy y Manandiwa. Se ve a pronta que es un momento distinto a lo que se sentía afuera, todos con caras algo acongojadas comienzan a mirarse unos a otros como sin entender que pasa ni que pasará. Me alejo, para no interrumpir con este episodio y voy a compartir con las personas que se encuentran afuera. Al cabo de unos 20 minutos sale Darío al patio e interactúa con las personas que estaban afuera. En ese momento entro a la casa nuevamente y me encuentro con los tres ayudantes sentados en el living mirando el piso sin hablar. Cada uno sentado en un sillón diferente con la cabeza gacha, la situación era similar a la de una persona que pierde un ser querido. Me acerco a ellos, intento interactuar, pero no obtengo respuesta, el lenguaje corporal demostraba todo. Muniandy, con las manos en la cara haciendo el afecto de limpiándosela en especial énfasis en sus ojos, Owen miraba hacia afuera como queriendo escapar del momento y Manandiwa, quien es el mayor de los tres simplemente inmóvil.
La situación era dramática, otra vez en el mismo día me entro esa emoción, pero en este momento era de pena, una tristeza enorme al ver los rostros de estas personas, y sus posiciones físicas. De más está decir que no contaban con su alegría y chispa habitual. Pasaron unos minutos y entra Clara, ve la situación e intenta alegrar el momento, pone música y comienza a bailar intentando distraer o apaciguar el momento, sin embargo y a pesar del entusiasmo con que busca realizar la tarea, no lo logra.
Era el último día de Darío en Sichili y nos encontrábamos en su despedida…

Sebastián Ladrón 

Concierto a 4 Cesáreas y tres Muertes y Media

Benja 5Numerosas veces he mencionado lo difícil que es describir el día a día en este Macondo nuestro que es Sichili. Cada día dependiendo del ánimo propio y de una fuerza invisible que pareciera mantener todo este lugar en armonía, da una impresión distinta. Este mes el gusto que me queda es el de un concierto. Una orquesta completa con decenas de músicos que nos hacen vibrar con cada movimiento llevándonos desde la calma más enriquecedora hasta el caos más enervante.En particular estos últimos 10 días han acontecido consecutivamente los escenarios más difíciles a los que nos hemos vistos enfrentados, incluyendo 4 cesáreas de urgencia, dos partos prematuros, y pacientes con necesidad de ventilación mecánica (que gracias a un magnánimo donante anónimo podemos disponer desde este mes). … Llega el director de la orquesta y se prepara el primer movimiento en Allegro ma non tanto. En una suave melodía diatónica se nos acerca el viaje a Livingstone para realizar nuestros trámites de inmigración y de paso un merecido descanso, cuando una figuración pianística irrumpe tras la figura de Njeka, una joven con un trabajo de parto detenido. Nos preparamos con el Dr. Makai, el único medico local, para continuar el concierto. Cristian en la cirugía, Matías como arsenalero y yo en la anestesia a través de varios climax feroces logramos realizar la cirugía con éxito, a pesar de las dificultades presentadas. Ese día quedamos tranquilos y el Dr. Makai emprende su camino a Lusaka a tomarse unos días libres para ver a su familia, de los cuales lleva separado un largo periodo por su labor.Benja 1 Pero el primer movimiento todavía no termina, la cadenza llega pocos días después a manos de Kazanga, otra mujer que por un trabajo de parto detenido y sufrimiento fetal nos hace correr nuevamente al pabellón. Esta vez sin el Dr. Makai, Matias y Cristian asumen la posición del operador y yo nuevamente trabajo desde la anestesia y la reanimación del recién nacido. En una intensa contraposición de cuerdas y vientos nace una anónima en pésimas condiciones, iniciando la reanimación inmediatamente. Aspiración, oxigeno, compresiones y estimulación, todo en un caos organizado durante 10 minutos que hace terminar la cadenza con un conmovedor sonido de un recién nacido llorando enérgicamente. El segundo movimiento, Intermezzo Adagio comienza con la decisión personal de quedarme en Sichili y partir después a Livingstone, para poder instalar un sistema de energía solar que fue posible gracias a un proyecto de la fundación. Como médico único solo esperaba que mis días fueran tranquilos. Pero este solo de oboe que buscaba una simple melodía suntuosa no puede evitar la transición a una melodía más dramática bajo la figura de Zhumbwe. Con sus 34 años en la etapa final de su embarazo comienza con un sangrado profuso que la acerca trágicamente a una muerte precoz. Al momento de examinarla ya había sangrado más de dos litros, su condición era de riesgo vital y la vida de su hijo todavía no nacido se veía amenazada en una seguidilla de arpegios ascendentes y descendentes de piano. Con un par de enfermeros locales llevamos lo más rápidamente posible a la madre a una mesa de pabellón en su lecho de muerte, sin tener sangre disponible para una necesaria transfusión y las probabilidades en nuestra contra comenzamos la cirugía. Mientras anestesiaba la paciente y dirigía su reanimación con las escasas drogas vasoactivas que disponíamos, me habría camino a través de sus viseras para sacar a un recién nacido completamente deprimido. Otra reanimación enérgica es realizada mientras detengo los sangrados de la madre en un movimiento rápido y vigoroso. Nuevamente un llanto de un recién nacido que casi me saca una lágrima de la emoción y el sonido de un monitor que muestra una madre estable nos hacen volver a una suave melodía en un cíclico y confortante concierto.Benja 6El segundo movimiento termina de manera abrupta en un dramático cierre con el nacimiento de un anónimo prematuro de apenas 1,7 kg. Sus primeras 24 horas de vida nos hacían mirar el futuro con optimismo. Lamentablemente no puedo dilatar más mi estadía en Sichili y debo partir brevemente a Livingstone para volver al siguiente día para poder realizar mis trámites de inmigración. Poco sabía que en vez de una pausa al tercer movimiento la transición se llevaría attaca súbito detrás de la Cara de Judith, una mujer joven padeciente de VIH que había ingresado hace pocos días inconsciente y convulsionando con una malaria confirmada, una meningitis sospechada y otro mal escondido que terminaría exigiéndonos el máximo de nuestros esfuerzos.El tercer movimiento, Finale: Alla breve, sería el más rápido de todos, usando melodías del primer movimiento uniendo el concierto. Judith no parecía mejorar a pesar del tratamiento contra la malaria y la meningitis y su condición crítica nos hace sospechar un mal escondido del cual no tenemos recursos para estudiar, teniendo que conectarla al ventilador mecánico. Continúa el movimiento con otro parto prematuro y un elemento común en los dos movimientos anteriores, nuevamente una cesárea de emergencia a Rebecca por una presentación anómala de un feto. Sin embargo el tema diverge de la forma de sonata regular que estábamos escuchando, siendo reemplazada por una larga digresión. Namukalo, una futura madre de tan solo 16 años estaba en fase expulsiva del parto y no lograba dar a luz. Tuvimos que demorar brevemente la cesárea para poder ayudarla, llevaba cerca de dos horas intentando y su cuerpo inmaduro y cansado no puede seguir empujando. Tras los esfuerzos del equipo logramos sacar a un neonato deprimido que necesito reanimación. Tras la digresión se vuelve a los temas originales y Rebecca en la mesa del pabellón estaba siendo operada como tantas otras antes de ella. Pero nuevamente se presenta una alternativa al desarrollo convencional, tras el nacimiento de otro niño deprimido a través de una trágica reanimación de 15 minutos en la cual el recién nacido no logra salir adelante a pesar de todos nuestros esfuerzos, y una madre dormida en una mesa de pabellón poco sabe que al despertar tendrá que enterrar a su hijo.
Pero el concierto no termina, continua el contrapunto de cuerdas y vientos, e irrumpen los trombones en la siguiente mañana con la noticia de que Namukalo en su ignorancia baño a su hijo recién nacido en agua helada, llevándolo a un estado crítico que nuestros esfuerzos poco podrían hacer… Dos muertes de dos recién nacidos en menos de 24 horas nos golpean con el sonido de timbales que nos hacen saber que todavía no termina nuestro día. Mientras tanto Judith se balanceaba entre la vida y la muerte, valiéndose de todos nuestros esfuerzos y escasos recursos para aferrarse a este mundo y el vórtice continúa con la llegada de Nyundo, un anciano que padece de Tuberculosis que se encuentra en un estado respiratorio crítico necesitando el único ventilador disponible, que estaba siendo usado en Judith.A pesar de la desesperación, la melodía vuelve a su suave y confortante tono del primer movimiento con la aceptación de los familiares de Judith y Nyundo de que poco se puede hacer por su condición, confortándonos con el reconocimiento de que realmente hicimos todo lo que se podía y que estaban en paz. Desconectamos a Judith y le damos algo de privacidad a la familia para poder despedirse de ella y al breve tiempo Nyundo fallece. Los días han sido largos y cansadores, me retiro brevemente a mi hogar y escribo estas líneas mientras Judith está respirando sus últimas bocanadas de aire acompañada de su hermano quien me llamara para emitir el certificado de defunción.
Termina el concierto y una sensación de derrota nos invade a los tres. Pero la música es así, llena de contraposiciones, pero a la vez fiel y sincera, imparcial y justa. Nos da y nos quita emociones a través de sus movimientos en un equilibrio que a veces nos es difícil de entender en la emoción vivida en ese momento. Y el día de mañana habrá otro concierto, quizás más alegre, quizás más triste, solo podemos continuar practicando para tocar con mayor habilidad la próxima vez, con la esperanza de que la melodía sea más dulce y llevadera. “En la música todos los sentimientos vuelven a su estado más puro y el mundo no es sino música hecha realidad” – Arthur Schopenhauer

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