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Uganda: presente y futuro

Uganda: presente y futuro

On October 22, 2018, Posted by , In Agronomía,Educación,Medicina,Noticias,Opinión,Voluntarios, With No Comments

Antonia Garrido
Coordinadora Regional de Voluntariado

En el este de África se ubica el hermoso país de Uganda, caracterizado por sus altos índices de vulnerabilidad y desigualdad en cuanto al acceso servicios que promuevan condiciones mínimas para vivir dignamente.

La economía de Uganda se sustenta en gran parte gracias al desarrollo del sector agropecuario. Según NARO, centro de investigaciones de agricultura, la agricultura en Uganda ha sido por un largo tiempo un sector dominante dentro de la economía del país, contribuye con un 40 % de la exportaciones, además de emplear alrededor del 72% de la fuerza laboral del país, de cuales un 77%  son mujeres y un 63% son jóvenes que mayormente residen en áreas rurales. (NARO, 2018)

La mayoría de los  habitantes de Uganda residen en lugares apartados de la cuidad, lo que los posiciona continuamente en situaciones de vulnerabilidad social producto de la inaccesibilidad a servicios básicos como el agua potable, electricidad, trasporte, salud, educación y alimentación, lo que disminuye considerablemente su calidad de vida.

De especial gravedad es la falta de acceso a agua potable, ya que no existe un sistema general de tratamiento de agua, lo que implica que en la mayoría de las aldeas y en algunas ciudades de Uganda se debe convivir con diversas enfermedades tales como: tifus, hepatitis A, cólera, etc. Considerando que en las aldeas que no existen centros de salud hospitalarios pues estos quedan a horas de los pueblos, cierta parte de la población  muere sin tener acceso a tratamientos “el acceso de tratamientos en  las  aldeas es pobre y deficiente. Mucha gente muere por infecciones que debería poder ser tratadas con facilidad”. (Shabbar et al., 2004)

Ésta es solo una de las problemáticas que cientos de personas deben enfrentar todos los días en las aldeas de Uganda.  Según  el  estudio Demographic and Health Survey of Uganda, 2016, la mayoría de los distritos en Uganda tienen dificultades en acceder a  servicios básicos tanto como agua potable.

Estos problemas en torno al acceso de servicios básicos,inciden de manera directa en el área de la salud, afectando no sólo el desempeño de los equipos profesionales y  el acceso a útiles médicos, sino que también disminuye la calidad de los tratamientos y aumenta sus costos.

Según el estudio Desafíos y barreras  de los centros de  salud en Uganda (2016), la prestación de servicios de salud en el país es a menudo caracterizada por sistemas de salud públicos débiles, con recursos financieros y humanos deficientes en los que falta personal con capacitación médica, que cuenten con instalaciones de diagnóstico y servicios de apoyo clínico, lo que pone en cuestionamiento la fidelidad de los resultados de los  exámenes y diagnósticos. Esta realidad conlleva dilemas al tratar efectivamente a los pacientes con enfermedades.

Otro problema de gran relevancia es la alimentación. En la mayoría de las aldeas habitan niños, niñas y jóvenes que no tienen acceso a alimentación más de una vez por día. Según el estudio de UNICEF, Análisis de situación de pobreza en niños, desarrollado en 2016,  cerca de 2.3 millones de niños en el país  se encuentran crónicamente desnutridos. El estudio hace hincapié en las consecuencias de la mal nutrición en la primera infancia indicando que no sólo pueden hablar repercusiones de carácter físico, sino también puede afectar estrechamente el desarrollo sicológico en la vida adulta.

Se estima que en Uganda el 38% de niños menores a los 5 años han sufrido de mal nutrición. Esta devastadora realidad afecta múltiples áreas de su desarrollo e incentiva nuevas problemáticas como alta deserción escolar, bajos rendimientos y el incentivo del trabajo infantil.

A menudo en las ciudades de Uganda niños y jóvenes se desplazan desde las aldeas en busca de trabajo para poder otorgar mejores condiciones de vida a su entorno familiar,  privándolos de acceder al sistema educacional. “Alrededor de dos tercios de niños y niñas terminan la escuela primaria y en algunos distritos, uno de diez, por costos de escolaridad”.  (UNICEF, 2016).

Desde la introducción del sistema educativo primario universal en 1997, parte de la población de niños y jóvenes ha tenido la oportunidad de acceder a centros educacionales.

No obstante, esta no es la realidad de todos. En el país hay 1.4 millones de niños de entre 6 y 12 años que no asisten a la escuela. Y en el sector de Karamoja (uno de los sectores más pobres de Uganda) solo la mitad de los niños acuden al colegio. (Unicef, 2016)

Existen diversas razones para  explicar esta triste realidad, sin embargo la más frecuente es que los padres no tienen dinero para costear los gastos educacionales de sus hijos. “Independiente de que las mensualidades son gratuitas en el sistema público de Uganda, aún es la responsabilidad de los padres  pagar por los uniformes, materiales y una pequeña contribución monetaria a la escuela, lo cual la mayoría de las veces  es  mucho más de lo que apoderados pueden realmente pagar”. (UNICEF, 2016)

En relación a la calidad de  la educación que se otorga en los centros educacionales del país, se puede mencionar que frecuentemente los profesores carecen de estudios. Según las estadísticas del “programa de educación en Uganda” (UNICEF, 2015) un 60% de los profesores no han asistido a institutos ni universidades, y solo uno de cada cinco profesores de enseñanza básica tienen competencias en inglés y matemáticas. Como consecuencia de lo anterior, un 10% de los estudiantes deben repetir el año escolar en enseñanza primaria. Luego, los jóvenes que se encuentran cursando su segundo ciclo escolar corresponden sólo a un 16% más de la mitad de niños de edad entre 5 y 17 años se encuentran trabajando.

Pese a las adversidades descritas, en diversas comunidades de Uganda se realizan esfuerzos colaborativos diariamente para disminuir las brechas educacionales y de salud pública de su población. La localidad se encuentra constantemente coordinando y articulando redes sociales que les permitan mejorar sus servicios de salud y su sistema educacional. Así mismo, existe un incremento en cuanto a la realización de iniciativas sociales que aportan al acceso a información relevante en una sociedad, sensibilizaciones sobre educación sexual, derechos humanos e igualdad de género.

Este panorama también nos habla de esperanza, y mediante el trabajo de nuestros voluntarios, es lo que queremos potenciar. Hoy iniciamos una ardua tarea, pero con el optimismo de producir frutos que perduren en el tiempo.

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