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Ciudadana del mundo

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On enero 13, 2018, Posted by , In Agronomía,Noticias, By ,, , With No Comments

Por Diana Vásquez, voluntaria agrónoma

Sichili, Zambia, 2018.

Fundación Africa Dream

 

Desde que era muy joven he viajado sola. He visitado varios países europeos y americanos, y siempre siento esa emoción en el estómago cuando me veo en camino. Pero en medio de mi enamoramiento con el planeta, me intrigaba muchísimo un rincón: África. El África subsahariana. Imponente, complicada, remota.

Siempre creí que era un destino para viajeros veteranos y que aún debían pasar muchos años hasta verme allí pero, como suele ocurrir con los acontecimientos que marcan nuestra vida, eso cambió de repente. Por cosas del destino, una mañana de Junio aterricé en Livingstone, Zambia, con la única compañía de una maleta llena de trastos y algo de miedo. Confieso que pasé un mes completamente desorientada en el país, que me acogió con los brazos abiertos e hizo que naciera en mí el gustito por seguir conociendo el continente. No soy para nada una voz autorizada para contar cómo es África, pues aún me queda casi todo por descubrir, pero esa idea, lejos de desanimarme, me emociona muchísimo. Es como abrir una caja llena de sorpresas que nunca se vacía por muchas que hayas sacado.

A medida que pasa el tiempo, me encuentro a más y más personas que me preguntan con extrañeza por qué viajé para allá. Que si eso es seguro, que qué se me ha perdido… Hay muchas razones o, más bien, excusas. Porque el único y verdadero motivo es que me gusta y me contenta estar aquí, con su gente en lo mío. Sé que no a muchos se les pasa por la cabeza venir a África, pero si está planteando dar un salto y tienes dudas, espero que estos argumentos sobre por qué debieras venir alguna vez te ayuden a decidir.

  1. No te debe dar miedo:Es, sin duda, la madre de todas las preguntas que me hacen. Que si no es peligroso y que si no cogeré ninguna enfermedad. Creo que decir que ir a África es arriesgado supone generalizar demasiado. Obviamente, no voy a animar a nadie que se meta en un país en guerra como Sudán del Sur o en uno que sufra una epidemia como el ébola. Pero hay infinidad de lugares totalmente pacíficos. Yo he viajado acompañada y sola, y en ningún momento he tenido ni el más mínimo problema. Muy al contrario, me he topado con gente muy amable. Por supuesto que hay gente cretina, pero como en todo el globo. África, por ser África, no se debe desechar como destino por una cuestión de seguridad. Y por si no me creen, he aquí un dato: en la lista más reciente de las 50 ciudades más peligrosas del mundo sólo figuran cuatro africanas.
  2. Porque no es tan complicado. Uno de mis miedos antes de plantearme venir a Zambia por primera vez era verme en medio de la nada sin acceso a servicios básicos, a comida, a agua, a transporte, a dinero… Ya puedo decir que esto no es un problema. Es obvio que hay que mirar bien dónde va uno y que no es lo mismo plantarte en un pueblo perdido en la estepa zambiana que a la concurrida costa de CapeTown, donde hay wifi hasta en las palmeras. Hoy en día la mayoría de países africanos poseen todo tipo de comodidades y ofertas turísticas interesantes. Es fácil sacar dinero de cajeros, encontrar transporte público o privado que te lleve de un sitio a otro, internet y teléfono, hoteles buenos y excursiones organizadas.
  3. Porque es alucinante sentirse en otra dimensión. Me encanta fijarme en tendencias nuevas y aprender, porque odio eso de que solo el Norte enseña cosas a el Sur cuando esto en realidad es completamente bidireccional. En el Sur, aún lo tengo todo por descubrir. En Zambia todo es nuevo a mis ojos todo es tan diferente que me siento en otro en otro planeta, y eso es fascinante. Los olores, los paisajes, las ciudades, los idiomas, la ropa, las comidas… hasta la luz es distinta.
  4. Porque amo la naturaleza, la vida rural y la soledad:El mundo entero tiene rincones preciosos pero la naturaleza africana es cautivante. No he dormido bajo cielos más estrellados ni he visto más animales salvajes en libertad que allí. No he conocido atardeceres más espectaculares ni he probado una vida rural tan auténtica, con todas sus cosas buenas y malas.
  5. Porque me ayuda a no convertirme en una floja: En algunos lugares donde he estado no he tenido un váter sino un agujero en el suelo, no he tenido agua corriente y me he duchado tirándome cubetas de agua por encima. No he tenido luz y la comida no me gustaba mucho… También me ha ocurrido que el calor era asfixiante, y que debo que caminar mucho para ir a cualquier lado, o que el transporte era muy sucio e incómodo… o que no comprendo en qué idioma me hablan porque hay lugares donde no se habla ni inglés. En estos casos, se recurre al universal lenguaje de signos y, con un poco de buena voluntad por ambas partes, una llega a donde quiere. En definitiva, mil situaciones que me ponen a prueba física y psicológicamente y que me obligan a salir de la zona de confort y ayudan a que no me acomode demasiado.
  6. Porque me pone en mi lugar: Cuando te vas tan lejos de casa y te rodeas de personas tan diferentes a ti, con otras prioridades, rutinas y formas de vida, te das cuenta de que lo que hasta ese momento te parecía importantísimo es, en realidad, una tontera, como una mota de polvo en el universo. Esta es una buena medicina para salir del egocentrismo que nos gobierna sin que nos demos cuenta. Hay vida más allá de nuestros problemas o de las noticias de la portada del diario. Y aunque existen miles de realidades diferentes en el continente, no deja de ser cierto que la pobreza está a la orden del día, y que en este tiempo a veces he sido testigo de situaciones durísimas que me han hecho valorar la suerte que he tenido por nacer en un país sin guerra, por haber podido ir al colegio, porque hasta hoy he comido todos los días y porque no he perdido a un ser querido por una enfermedad fácilmente tratable. Ojo, yo no estoy diciendo que haya que ir a África a observar la desgracia ajena con ese paternalismo asqueroso que no hace ningún bien a nadie. Digo que te la vas encontrar por el camino en algún momento y que, tanto si te gusta como si no, te va a hacer reflexionar mucho. En mi caso, ha hecho que reordene mi escala de prioridades, que me queje menos y me sienta más agradecida por la vida que me ha tocado vivir. Somos ciudadanos de un mundo globalizado y no nos hará mal mirar más allá de nuestras narices.

Por eso aunque África se vea como una tierra remota, insondable y complicada, una vez que la pruebas, te atrapa. Y ya nunca más quieres salir de ella.

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