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Primaveras que no florecerán

Primaveras que no florecerán

On March 21, 2017, Posted by , In Uncategorized, With No Comments

Claudio Jerez, médico voluntario. Sichili, Zambia. Marzo 2017

Es martes 21 aunque parece 13.

Por lo general me ducho tercero, pero por un azar que no logro comprender hoy fui segundo, así que invierto los pocos minutos que gané en preparar con fervor el exquisito café que sumaría horas a las 4 que dormí. Abandono absolutamente esa idea al darme cuenta que mi cafetera se desfonda. Pienso de inmediato y por completo: ”Hay que romper los círculos viciosos para convertirlos en virtuosos’’, a ello se me suma la Cami con sus infinitos ojos negros diciéndome que aún puede ser un gran día.

… Y así parece. Llega uno de mis momentos más deseados esta semana: mandar a casa a un adorable bebé de 1 mes junto a su cansada madre.

La mañana avanza como es habitual. El enérgico saludo de los enfermeros en turno, la bienvenida de mil miradas y mil emociones de nuestros niños, los primitivos intentos de darnos a entender en Lozi (la lengua local) con sus familias y las impagables risas de gratitud por el intento. Uno que otro caso difícil, pero esperable.

11:30 de la mañana, guantes en manos y la difusa idea de lo que viene en el servicio de mujeres, soy interrumpido por la cara de duda existencial del enfermero a cargo de pediatría. Por un azar, que agradezco, la Cami está ahí y se encarga de mi tarea.

Primera cama a la izquierda, como un pez, ella de 11 años y nombre que hasta escribirlo no podría, me mira como si yo fuera una luna en su órbita. Las manos más frías que he tocado, sus ojos en sequía y un corazón que no logra colorear sus dedos, nos hacen hacer pocas preguntas, robar un poco de su alma para los exámenes necesarios y activar el protocolo tantos años estudiado. Una hora y sigo con el vaso lleno de optimismo. Sigo en su órbita.

1 litro y algo más de lluvia en sus raíces, en sus hojas secas, me dicen que debo dar un paso más. Tengo tiempo para volar, pido ayuda que no tarda, nos reunimos los 3 voluntarios y hacemos lo inesperado y necesario. Nada cambia, yo no lo veo de inmediato, la Pame sí. En sus hojas aparecen grietas. No responde, no respira, no tiene pulso.

2 lunas aceleran su rotación y la tercera su traslación. Riego directo al corazón y 360 joules no son suficientes para impedir que aquella flor se salte el verano y se congele en otoño. Desierto, pero no seco. Las lágrimas de sus padres crean pequeños salares, los que probablemente quedarán para siempre en mi pequeño desierto, el que hoy guardo conmigo al ver a mi primera paciente morir. Ese pez de once primaveras que no florecerán.

 

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Claudio Jerez, médico voluntario, junto a una de las tantas pacientes que ha tenido en este periodo.

 

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