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El Rin del Angelito

El Rin del Angelito

On December 30, 2016, Posted by , In Uncategorized, With No Comments

El Rin del Angelito

Por Benjamín Morel, médico voluntario en Sichili, Zambia. Año 2016.

“Ya se va para los cielos ese querido angelito, a rogar por sus abuelos, por sus padres y hermanitos”.

Cada cultura tiene su forma particular de enfrentar el fin de la vida. Hay algunas culturas que ven en la muerte una suerte de paso. Hay otros que la ven con tristeza, y existen quienes hacen de ello una celebración. Para otros, no es más que una parte natural de la vida.

No es ningún secreto que en el ejercicio de la medicina el enfrentarse a la muerte es algo tan certero y común, como el mismo hecho de que nosotros también moriremos. Y si bien, hay muertes que nos producen más dolor que otras, creo que hablo por todos los médicos cuando digo que las muertes que más nos marcan y duelen son las de los niños.

En Chile, a principios del siglo XX, en las zonas rurales existía una tradición conocida como “el velorio del angelito”. En ella se celebraba la muerte de un niño pequeño, pues lleno de inocencia no existía otra opción de que volara directo al cielo, en donde gozaría de la gloria eterna. Era una verdadera fiesta que algunos cronistas describían como “horroroso y enternecedor”. El niño fallecido era el centro de la fiesta, en donde se presentaba sobre un pedestal rodeado de arreglos y con ropas blancas. La gente saludaba a la madre afligida diciéndole “el angelito está en el cielo”, como si de consuelo sirviera a esa madre que respondía abnegada “sí, en el cielo”.

Mientras terminamos la reanimación de Sibilo, una pequeña de 1 año y 7 meses no puedo más que pensar en esa tradición, que se contrasta con los gritos y llantos desconsolados de los padres que ven partir a su angelito. Un terrible escenario que hemos visto prácticamente todos los meses desde nuestra llegada acá. Las lágrimas son calladas por un verso que se hace escuchar en mi cabeza: “La tierra lo está esperando con el corazón abierto, es por eso que el angelito parece que está despierto”.

Los enfermeros cierran los ojos de la niña mientras buscan una sábana para envolver su cuerpo inerte. La madre cae desplomada llorando y el padre se lanza al suelo gritando “Mawe” (que significa duele). Los familiares y amigos intentan sostener a los padres para guiarlos en una penosa procesión hacia el velatorio, en donde el cuerpo descansará mientras la familia arregla el rito fúnebre. Las emociones se dejan correr libremente por un breve periodo de tiempo, para luego volver a retomar su ritmo normal. La vida es dura y simple en Sichili, y todo se vuelve práctico a su máxima expresión, dejando lo pasado atrás rápidamente, después de haber sentido intensamente las penas vividas.

Por alguna razón, y en esta cultura, he visto una manera similar a la propia para enfrentar la muerte. Un segundo fugaz de dolor intenso para continuar con la vida a pesar de todo. Teniendo poco menos tiempo que esos padres desconsolados debemos reanudar nuestro trabajo, y esa muerte prematura nos hace querer trabajar con más fuerza para los vivos, que si tenemos algo de suerte, les podemos negociar un poco más de tiempo para gozar entre nosotros.

Ese día no tuvimos tanta suerte, pues seguida a la Muerte de Sibilo otro pequeño de 2 años y 3 meses dejó su cuerpecito cansado, agobiado por la desnutrición y por el peso de haber sufrido por nacer donde le tocó. En mi cabeza suena otro verso: “En su cunita de tierra lo arrullará una campana, mientras la lluvia le limpia su carita en la mañana”

Dos angelitos nos dejaron este día. En días como hoy me gusta pensar que si hay algo más allá de la muerte, ellos estarán gozando de ese cielo dibujado por tantas religiones, viviendo sin el dolor que les tocó vivir en este mundo. Me gusta repetírmelo como si de consuelo sirviera, pero ese consuelo se desvanece levemente al recordar que la principal causa de su partida es haber vivido en este lugar.

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“Cuando se muere la carne, el alma busca en la altura la explicación de su vida, cortada con tal premura

  • Violeta Parra

 

 

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